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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 30-12-2016

Los tratados de libre comercio y la alimentacin
Un maridaje agridulce

Beln Fernndez
CTXT


Ni el CETA ni el TTIP seran los primeros grandes acuerdos comerciales en firmarse, por lo que podemos recurrir a ejemplos para prever las consecuencias que tendran sobre el sistema agroalimentario y la cultura alimentaria de Europa y de Espaa

Mercado en Ciudad de Mxico. MARK CRAIGE

El pasado 30 de octubre se nos llenaron las redes con una para algunas alarmante noticia: la Comisin Europea daba luz verde al acuerdo de libre comercio con Canad (CETA, por sus siglas en ingls). Se haba superado el bache de Valonia, y seguamos avanzando hacia la firma del tratado. Hubo quienes celebraron este gran logro poltico, y hubo quienes lo lloraron. Con la aprobacin del CETA, no slo se abran las puertas de la Unin Europea a las empresas canadienses, sino que se dejaba el camino rodado para otro tratado ms amplio y ms peligroso, el TTIP.

TTIP, CETA y TISA, los tres megaacuerdos comerciales en marcha por el momento, incluyen a la mayora de las economas ms poderosas del mundo. Juntas, consolidaran su poder, ya de por s muy amplio, para sentar las bases de las relaciones comerciales internacionales. Sus postulados seran la gua, el motor y el ejemplo para otros acuerdos y para cualquier transaccin econmica mundial. Por esta razn, es necesario revisar muy atentamente, y con un ojo ms que crtico, las clusulas que encierran sus textos e intentar entender las repercusiones que podran tener a todos los niveles: econmico, poltico, social, ambiental... En este artculo nos centraremos en algo muy cotidiano y muy importante, que se va a ver notablemente afectado si llegara a firmarse aunque slo sea uno de esos megaacuerdos: la alimentacin, y ms concretamente, la cultura alimentaria.

Cuando hablamos de cultura alimentaria nos referimos a todo el proceso que conlleva alimentarse en un determinado grupo cultural (un pas, una regin, una etnia). Es decir, qu productos son aptos para consumirse, cmo se producen esos alimentos y en qu cantidades, cmo se procesan despus, cmo llegan hasta las familias, cmo se cocinan para que sean aceptados En definitiva, la suma de los alimentos, los conocimientos, el comportamiento, las tcnicas y los valores asociados a los alimentos en una determinada sociedad o comunidad. Dentro de esto quedan, por supuesto, la cultura gastronmica y los platos tpicos, que son importantes, pero no nicos. La cultura alimentaria espaola va mucho ms all de la tortilla de patatas y el salmorejo, y las transformaciones que vendrn de la mano del TTIP y el CETA supondrn mucho ms que la irrupcin de las hamburguesas y los hot dogs en el men semanal de las familias (si es que no lo estn ya).

Por suerte o por desgracia, en este caso no andamos a ciegas. Ni el CETA ni el TTIP seran los primeros grandes acuerdos comerciales en firmarse, por lo que podemos recurrir a ejemplos muy claros para imaginar o prever las consecuencias que tendran sobre el sistema agroalimentario y la cultura alimentaria de Europa y de Espaa. El ejemplo ms ilustrativo lo encontramos en Mxico, donde en 1994 se firm el Tratado de Libre Comercio de Amrica del Norte (TLCAN). Ms de 20 aos de rodaje de este acuerdo nos permiten analizar los resultados de este tipo de pactos.

En el TLCAN, como en cualquier otro acuerdo mercantil de amplio espectro como son el TTIP y el CETA, se establece una serie de normas que minimizan las barreras en materia de comercio e inversiones (aranceles, restricciones, cuotas mximas de capital extranjero). En consecuencia, los mercados y la produccin agroalimentaria de Estados Unidos y de Mxico empiezan a fundirse en uno solo, y se abren las puertas de ambos Estados a la inversin extranjera sin cortapisas. Esto allana el terreno a las grandes empresas para que amplen todava ms su radio de actuacin, engrosando su poder y convirtindose en verdaderos gigantes agroalimentarios transnacionales. Veamos cmo ha afectado todo esto a la forma de alimentarse de la poblacin mexicana.

El TLCAN y la cultura alimentaria mexicana. Un ejemplo a evitar

En primer lugar, se vivi una transformacin de las polticas agrarias, que pasaron de centrarse en el abastecimiento de la poblacin nacional a orientarse hacia los cultivos de exportacin. En nombre de la ventaja comparativa, ambos Estados se especializan en unos y otros productos, con el objetivo de ampliar el margen de beneficios al reducir costes de produccin, al tiempo que se asegura un suministro constante de alimentos a travs del comercio con el otro Estado firmante. Un negocio perfecto!

Adems, result que la agricultura mexicana y la estadounidense eran perfectamente complementarias. Actualmente, la gran mayora de las frutas y verduras que digieren los estadounidenses proviene de campos mexicanos, mientras que casi todos los granos y oleaginosas consumidos en Mxico llegan desde las producciones estadounidenses. Y estos son slo algunos ejemplos. La interdependencia de estos dos Estados en cuestin alimentaria es notoria, y no ha hecho ms que crecer desde la firma del TLCAN.

Sin embargo, las consecuencias de estas tendencias agrcolas no han sido especialmente beneficiosas para la vida y la dieta de las poblaciones rurales mexicanas. Durante los primeros aos de la entrada en vigor de TLCAN se produjo un abandono masivo de las tareas de cultivo y trabajo del campo en las regiones rurales mexicanas, sobre todo las ubicadas al norte del pas. La razn fue la llegada de grandes empresas agroexplotadoras (estadounidenses o mexicanas con financiacin estadounidense) que compraron o alquilaron los terrenos, por lo que los antiguos campesinos cambiaron su forma de vida, pasando a vivir de las rentas obtenidas de estas empresas. Empez a proliferar un modo de vida sedentario que, en conjuncin con la mayor disponibilidad de alimentos y bebidas procesadas y un deterioro de su poder adquisitivo por lo insuficiente de las rentas percibidas por el alquiler de sus terrenos, produjo un cambio en los hbitos alimentarios del campesinado y un empeoramiento notable de la calidad de sus dietas y de su salud.

Esta mayor disponibilidad de alimentos y bebidas procesadas, por otro lado, tambin fue consecuencia directa del TLCAN, a travs de la liberalizacin de las inversiones. Entre 1987 y 1999, poco ms de 10 aos, la inversin extranjera directa (IED) proveniente de Estados Unidos en empresas de alimentacin se multiplic por 25, pasando de 210 millones de dlares a ms de 5.000 millones. Para 2004, dos terceras partes de la IED que llegaba a la industria agroalimentaria mexicana, ms de seis mil millones de dlares, provena de su vecino del norte. De esa cuantiosa suma, tres cuartas partes se estaban destinando a empresas dedicadas a la comida procesada y las bebidas azucaradas, cuyas ventas crecieron entre un 5% y un 10% anual desde la entrada en vigor del acuerdo.

A la vista de estos datos, no es de extraar que Mxico se haya convertido en uno de los diez principales productores de comida procesada del mundo, y que todas las grandes transnacionales alimentarias (PepsiCo, Coca Cola, Nestl) hayan expandido sus operaciones all en las ltimas dcadas. En 2012, las ventas totales de comida procesada del pas ya ascendan a 124.000 millones de dlares, con unos beneficios por encima de los 28.000 millones, un 45.6% ms que Brasil, la mayor economa de Amrica Latina. A estas cifras tan alentadoras hay que sumar los bajos costes asociados a la produccin en este pas (un 14% menos que en EEUU) y las ventajas competitivas que se pueden adquirir al situar la produccin all, gracias a la densa red de tratados comerciales que permite el acceso a grandes mercados como EEUU o la Unin Europea. Es fcil entender, por tanto, que Mxico sea considerado como un verdadero paraso para las empresas de comida procesada.

Y no slo se trata de la produccin, sino que las inversiones se han destinado tambin a hacer crecer las empresas agroalimentarias de forma vertical. Se ha buscado ampliar sus sectores de actividad para poder hacerse con todo el proceso, desde la produccin hasta la venta, pasando por la distribucin. Como consecuencia, el tejido comercial mexicano se ha ido transformando a marchas forzadas. En primer lugar, proliferaron las grandes superficies y las cadenas de supermercados, donde se podan poner a la venta muchos y muy variados productos, creando nuevas tendencias de consumo. Pero esto no era suficiente, dado que este modelo de negocio no era viable en las poblaciones ms pequeas o en lo ms profundo de las ciudades. Para acceder a ese jugoso nicho de mercado era necesario hacerse con el comercio local. Por un lado, se ha tratado de inundar las pequeas tiendas con productos de comida procesada y bebidas azucaradas. Por otro lado, se han sustituido las tienditas familiares por cadenas comerciales que mantienen la red de pequeos espacios de venta pero unidos en una extensa y poderosa red. El mejor ejemplo de esto es la cadena Oxxo, perteneciente al grupo Femsa (subsidiaria de Coca Cola), la cual se situ como la segunda compaa de venta minorista del pas en 2014, con casi 14.000 tiendas y una media de apertura de tres tiendas al da.

Como consecuencia de este proceso de integracin vertical y esta inundacin del tejido comercial, la comida procesada y las bebidas azucaradas se encuentran ahora al alcance de todos los habitantes mexicanos, independientemente de su lugar de asentamiento. Y no slo eso, sino que, con la agresiva estrategia de control del mercado que han puesto en marcha las grandes corporaciones, se han convertido en prcticamente la nica opcin disponible. Un dato muy ilustrativo de este fenmeno es el hecho de que, hoy en da, hay pueblos en el entorno rural mexicano a los que no llega el agua potable, pero tienen a su disposicin una oferta variadsima de bebidas azucaradas a precios relativamente asequibles.

No es de extraar, por tanto, que esta explosin y expansin de la oferta haya provocado un cambio en los hbitos alimenticios de los mexicanos. Hay que tener en cuenta tambin el cambio en el modelo de trabajo y de vida que ha trado consigo la globalizacin, un modelo que deja muy poco tiempo para las tareas que se encuentran fuera del mercado productivo y monetarizado, las tareas de cuidados, como es la alimentacin. Por tanto, se va a tender en mayor medida a consumir productos procesados, fcilmente disponibles y muy rpidos de preparar. Una tendencia que ya conocemos bien en Europa.

No ha sido fruto de la casualidad que Mxico se haya convertido en la cuna de la produccin y consumo de comida procesada. Detrs de esta transformacin se encuentra un esfuerzo consciente de las empresas transnacionales de la alimentacin por imponer y expandir el consumo de estos alimentos y bebidas, en detrimento de aquellos que haban sido tradicionalmente producidos y consumidos por la poblacin de acuerdo a sus culturas y necesidades reales. La transformacin alimentaria no responde, por tanto, a un cambio en el patrn provocado sencillamente por la ampliacin de las opciones disponibles, sino al inters privado de las transnacionales, favorecido a menudo por las acciones gubernamentales a travs de acuerdos internacionales, polticas comerciales, etc. El TLCAN fue uno de los primeros ejemplos del poder de las transnacionales sobre las polticas de los Estados. El TTIP y el CETA seguirn profundizando en esa asimetra de poder, como dejan bien claro los sistemas de arbitraje privado que promueven.

Y en Europa, qu?

Cierto es que el caso de Europa no es del todo asimilable al mexicano. La vida del campesinado europeo ya est bastante trastocada, y no se puede decir que no tengamos a nuestra disposicin un sinfn de alimentos y bebidas procesadas. De hecho, en Europa ya se ha vivido gran parte de esa transicin nutricional que hemos estado esbozando y que ya est bastante avanzada en Mxico. No obstante, en esta lectura de las consecuencias que puede tener un acuerdo de libre comercio para la alimentacin encontramos tambin importantes aprendizajes.

A travs del TTIP se pretende abrir las compuertas a productos y prcticas como los transgnicos o el pollo clorado, que van a tener consecuencias directas sobre nuestra alimentacin y sobre nuestros ecosistemas agrcolas. Y no slo eso, sino que van a poner en peligro las ya debilitadas culturas e identidades alimentarias de los pases europeos. Tal y como ya ha ocurrido en Mxico, las transnacionales, con ms poder que nunca, impondrn sus modelos de produccin basados en la industria de comida y bebida procesadas. Con esto, se terminarn de romper los lazos con las dietas tradicionales, como la mediterrnea.

Adems, las consecuencias de esta transculturacin alimentaria no se dejarn ver nicamente sobre la salud y la nutricin. Ya se ha hablado de los sistemas de arbitraje privados, que supondrn una importante prdida de soberana para los Estados firmantes. Pero estos sistemas de arbitraje no sern el nico punto de fuga. La ciudadana europea perder por completo el poco control que le queda sobre su alimentacin, sobre su soberana alimentaria, que caer en manos de esas megaindustrias y de sus intereses.

Adems, una revisin de las consecuencias del TLCAN y de la tendencia general de la alimentacin mexicana en el mundo globalizado debe servir tambin como punto de partida para un anlisis crtico del estado actual de la cultura alimentaria de las distintas comunidades europeas. Hasta qu punto mantenemos esa soberana alimentaria que podramos perder si se firman los acuerdos?, qu trayectoria se ha seguido a este lado del charco, en materia alimentaria? En definitiva, conviene ir ms all del rechazo concreto al TTIP, continuar profundizando hasta encontrar las races de este tratado y de este proceso de prdida cultural que lleva tiempo en marcha. Debemos echar la vista atrs y ampliar la mirada, para poder trabajar hacia la reconstruccin de una soberana y una cultura alimentaria en deterioro.

Beln Fernndez. Economistas sin Fronteras.

Fuente: http://ctxt.es/es/20161228/Firmas/10275/acuerdos-comerciales-alimentacion-ceta-TTIP-comercio.htm



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