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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 30-12-2016

Manual antiimperialista de abandono de la revolucin siria

Fadi A. Bardawil
Al-Jumhuriya English

Traducido del ingls para Rebelin por Sinfo Fernndez.



Pisos, Tammam Azzam, 2014.

 

Los muertos, los torturados, los ejecutados; no, ni las rehabilitaciones pstumas, ni los funerales nacionales, ni los discursos oficiales pueden derrotarles. Ellos no son la clase de fantasmas de los que uno pueda librarse con una frase mecnica.

Los fantasmas de Csaire

El 24 de marzo de 1956, Aim Csaire escribi esas palabras en los prrafos iniciales de su carta de renuncia a Maurice Thorez, secretario general del Partido Comunista Francs. Csaire arremete contra el Partido por su renuencia a condenar a Stalin, a desestalinizar sus propias prcticas y por endosar las polticas del gobierno francs en su colonia argelina. En cualquier caso, escribe, est claro que nuestra lucha la lucha de los pueblos colonizados contra el colonialismo, la lucha de los pueblos de color contra el racismo- es ms compleja, o mejor an, de una naturaleza completamente diferente de la lucha del trabajador francs contra el capitalismo francs, y no puede en forma alguna considerarse como una parte o un fragmento de esa lucha. Csaire diagnosticaba su presente como caracterizado por un doble fracaso: primero, el fracaso evidente del capitalismo, y segundo, el terrible fracaso de lo que durante mucho tiempo tomamos por socialismo cuando no era sino estalinismo.

La carta de Csaire plantea cuestiones fundamentales para la Izquierda que, en estos momentos, continan siendo importantes. Hay una larga historia en la tradicin izquierdista de justificar las atrocidades perpetradas por el propio campo en nombre del necesario precio a pagar por X sustituyan esa X con progreso, con preservar la revolucin, con la lucha antiimperialista, etc.- o, al menos, de hacer la vista gorda ante las mismas. Csaire llama tambin la atencin sobre otra relacin poltica y terica llena de tensin que vincul a los izquierdistas metropolitanos con los militantes anticoloniales en las periferias. La carta de Csaire declara un doble fracaso y aboga por un doble divorcio, tanto de la justificacin de los crmenes estalinistas cometidos en nombre del socialismo como de la subordinacin de las luchas anticoloniales a la lucha de clases en la Metrpoli.

Las contradicciones producidas por ese mundo de Guerra Fra se dividieron en un campo capitalista y uno socialista, por lo que puede parecer que el norte colonial y el sur colonizado pertenecen a un mundo hace tiempo desaparecido. Dicho esto, las preguntas de Csaire sobre la brecha entre ideologa (socialismo) y prctica poltica (estalinismo), la teorizacin de la lucha en las colonias, as como las tensas polticas de solidaridad internacionalista entre los izquierdistas en las metrpolis y los revolucionarios en las periferias, estn volviendo a aparecer hoy en la estela de las revoluciones rabes. En ninguna parte destacan ms que en el caso del fracaso poltico y moral de amplios segmentos de la izquierda anticapitalista en las metrpolis que apoyan sin rodeos a Asad por su antiimperialismo y laicismo, o que han retirado su solidaridad de la lucha siria por la emancipacin posicionndose a favor de un rgimen que perpetra asesinatos masivos.

Los debates alrededor de amplios segmentos de la izquierda antiimperialista metropolitana, que se muestran crticos con la lucha siria por la emancipacin, se quedan atrapados en la cuestin de si los escritores en cuestin son o no apologistas de Asad. En este artculo me preocupan mucho menos las creencias de los individuos particulares y lo que ocurre en lo profundo de sus corazones. Lo que busco ms bien es examinar los discursos polticos de la izquierda metropolitana respecto a Siria, los argumentos y las lgicas en que se basan y qu es lo que estn eludiendo. No busco borrar las diferencias entre los propagandistas y los que no lo son, sino agruparlas ms bien momentneamente para diagnosticar una serie ms profunda de trazos compartidos por los antiimperialistas metropolitanos, en particular por los estadounidenses.

McCarthy en Twitter

Fredrik DeBoer escribi recientemente un artculo denunciando lo que denomina caza de brujas mccarthysta hacia quienes estn en contra de una intervencin militar de EEUU en Siria. Al final de su ensayo, escribe: Asad es un tipo especial de monstruo; Siria es un tipo especial de infierno. Confo en que el rgimen de Asad caiga. No hay razn para dudar de la sinceridad de la declaracin de DeBoer respecto al rgimen. Dicho esto, la asociacin de los crticos prorrevolucionarios, y de los ataques ad hominem contra gente como Max Blumenthal y Rania Khaled, con los anticomunistas y con el mccarthysmo es problemtica en varios aspectos. No hace sino volver a reflejar las divisiones internas en la izquierda respecto a Siria apropindose del lenguaje de la derecha y de los ataques sistemticos del Estado contra los izquierdistas de EEUU durante la Guerra Fra. Al hacerlo as, reactiva los recuerdos de las persecuciones del Estado y los juicios a la izquierda, volviendo a colocar a esos izquierdistas como vctimas de una campaa organizada y del poder de las leyes. Pero nada de eso est sucediendo hoy.

Los izquierdistas no estn bajo vigilancia, obligados a renunciar a sus puestos de trabajo, a testificar y a chivarse de sus compaeros. El mccarthysmo reemergente de DeBoer tiene lugares, escalas y herramientas diferentes. Segn DeBoer, el McCarthy actual est muy ocupado haciendo su trabajo en las redes sociales. La especificidad del medio, su horizontalidad, la velocidad de circulacin de los discursos y de las imgenes que conllevan, as como las prcticas especficas que posibilita, como es su difusin, no son tenidas en cuenta por el autor. La brecha entre las palabras y el mundo apenas puede ampliarse en esta nueva descripcin del mccarthysmo. Resucitar el espectro del mccarthysmo es una llamada a poner fin al debate interno dentro de la izquierda sobre Siria. No debates con el mccarthysmo, sino que lo combates. Y ms importante an, se vuelve hacia quienes estn pidiendo solidaridad con los sirios que estn siendo bombardeados y asesinados por el ejrcito de Asad, sus aliados regionales e internacionales, con el tcito acuerdo de las potencias occidentales con sus perseguidores. El orden del da de la Izquierda no es intentar parar la continuada carnicera de Asad en Siria sino combatir la reaparicin del mccarthysmo en EEUU que levanta de nuevo su fea cabeza, esta vez en Twitter.

Objetividad equilibrada

En su convincente etnografa Back Stories: US News Production and Palestinian Politics (2012), Amahl Bishara acua el concepto de objetividad equilibrada para comprender la prctica de informar que busca el equilibrio entre las partes israel y palestina. La objetividad equilibrada incluye la forma en que los periodistas hablan sobre su trabajo, cmo escriben sus textos y estructuran sus burs, as como la tica de informar in situ. La objetividad equilibrada, sostiene Bishara, es una prctica problemtica. En primer lugar, pasa por alto la diversidad de posiciones en ambos campos. En segundo lugar, tergiversa el espacio comunicativo entre ellos. En tercer lugar, y ms importante, la objetividad equilibrada esconde la diferencia en la escala y el tipo de violencia experimentada durante la segunda Intifada entre palestinos e israeles.

Las discusiones en la Izquierda sobre Siria recurren a esa misma prctica que critican de los medios liberales y dominantes de comunicacin en su cobertura de Palestina. Por ejemplo, durante el panel sobre Siria y la Izquierda, organizado por Muftah y Verso, Max Blumenthal sealaba que el enfoque en la grave situacin en el este de Alepo se estaba utilizando para proteger una narrativa que borra el oeste de Alepo. Mientras que su copanelista Zein al-Amine deca que las continuas referencias a una zona de exclusin area, a pesar de lo improbable de su realizacin, es lo que est haciendo que ambas partes incrementen e intensifiquen la masacre del pueblo sirio. La segunda forma que la objetividad equilibrada adoptada no equilibra ambos lados sino que los borra a los dos. Esto se logra refirindose a la lucha siria por la emancipacin simplemente como la guerra, la tragedia siria, la crisis siria, el desastre sirio, como si Siria estuviera siendo golpeada por una calamidad natural que la estuviera destruyendo. Ambas formas ocultan las diferencias entre la escala y tipos de violencia experimentados por ambas partes, que van desde los ataques areos y destruccin de ciudades enteras por parte del rgimen, a la sutil violencia estructural de una burocracia estatal que priva de derechos a sus oponentes al negarse a proporcionarles documentos oficiales y a renovar sus pasaportes.

Discurso desviado

Desviar el discurso es otro tropo retrico muy comn desplegado por los izquierdistas de la metrpoli que tratan de desviar el debate totalmente de Siria o de la discusin sobre las atrocidades del rgimen. Durante el mismo panel de Muftah, Zein al-Amin intent ms de una vez dirigir la conversacin hacia la difcil situacin del Yemen. Mientras Robert Fisk escribe un artculo cuando Alepo est siendo destruida, en su visita al museo Pergamon de Berlin, reflexiona sobre si "nosotros, los occidentales, deberamos conservar las antigedades del mundo como consecuencia de lo que denomina la tragedia de Alepo. Esa tragedia no tiene autor para l, pero le ofrece una oportunidad para meditar sobre si Occidente es un saqueador colonial o un salvador del patrimonio de la humanidad.

La encarnacin ms comn de la desviacin toma la forma de cambiar el debate de la violencia real que el rgimen de Asad ha desencadenado sobre sus propios ciudadanos a una hipottica intervencin militar estadounidense u occidental como la de imponer una zona de exclusin area.

Resucitando el movimiento antibelicista

Al discutir sobre una intervencin hipottica, a menudo se toma la movilizacin antibelicista contra la invasin estadounidense de Iraq como caso paradigmtico. Una simple comparacin revela que la situacin en Siria no es comparable con la de Iraq en 2003. Adems de los aliados regionales e internacionales del rgimen y de la implicacin turca, Es una fbula, dijo recientemente Yassin al-Haj, decir que los pases occidentales no han intervenido en Siria. La realidad es que intervinieron de una forma muy especfica que impidi que Asad cayera pero garantiz que el pas quedara destruido. EEUU presion a Turqua y a otros pases desde los primeros momentos para impedirles que pudieran proporcionar una ayuda decisiva a la oposicin siria.

En 2003, EEUU estaba preparando sus tropas, basndose en falsas afirmaciones inventadas, para invadir un pas soberano gobernado por un tirano. El movimiento antibelicista mundial se opuso a la inminente destruccin de Iraq sin colocarse necesariamente del lado del rgimen iraqu. En Siria, por otro lado, surgi en 2011 un movimiento de base por la emancipacin contra el brutal rgimen autoritario poscolonial en la estela de los levantamientos rabes. La revolucin siria cambia el lugar de la prctica poltica de un movimiento de oposicin en Occidente a un movimiento emancipador en la propia Siria, volviendo a abrir en el proceso la cuestin de la solidaridad internacionalista. La reestructuracin por la Izquierda de la revolucin siria, a pesar de sus implicaciones en agendas polticas conflictivas, definidas por la potencial intervencin de Occidente, es un movimiento que vuelve a inscribir la poltica en monopolio de los centros imperiales. Imagina la poltica slo en relacin al Imperio (y practicada por el Imperio), anulando en el proceso los esfuerzos del pueblo sirio para hacer su propia historia, restableciendo a Occidente como sujeto y agente principal de la Historia.

El argumento complementario ofrecido por la Izquierda es que en Siria no hay actores revolucionarios con quienes ser solidarios, ya que los opositores a Asad son en su mayora rebeldes yihadistas o sunnes sectarios. Esta posicin no slo borra la variedad de actores no religiosos, sino que enfanga tambin las distinciones entre los diferentes actores que utilizan un lenguaje religioso para articular su visin poltica. Al actuar as, los crticos despliegan las mismas categoras que el rgimen sirio y los asesores polticos del gobierno imperial, propagando el discurso islamofbico en un momento en que es una de las principales armas ideolgicas en manos de los movimientos populistas racistas de derechas que pululan por EEUU y Europa.

Este pasado verano surgi la Coalicin Manos Fuera de Siria (Hands Off Syria). El grupo inicial redact y aprob una declaracin con una serie de Puntos de Unidad. Segn la pgina web de la coalicin 250 organizaciones, 500 activistas por la paz y cerca de 1.500 personas de todo el mundo han firmado el comunicado de Puntos de Unidad de la Coalicin. Entre los firmantes estn los partidos polticos comunistas de todo el mundo, los comits antibelicistas estadounidenses, los captulos de los Veteranos por la Paz, las ligas antiimperialistas. El Punto 1 afirma: La continuacin de la guerra en Siria es el resultado de una intervencin orquestada por EEUU, la OTAN, sus aliados regionales y fuerzas reaccionarias, con el objetivo de cambiar el rgimen en Siria.

El levantamiento del pueblo sirio se inscribe en la narrativa del rgimen de una guerra instrumentada por EEUU y sus aliados. La sustitucin del agente principal de la prctica poltica por el imperio estadounidense transforma directamente el horizonte deseable de accin. Ya no se trata de una revolucin contra un rgimen asesino sino un cambio de rgimen impuesto desde fuera en violacin del derecho internacional, la declaracin de los derechos humanos y los derechos del pueblo sirio a la independencia, soberana nacional y autodeterminacin (Punto 5). De estos dos puntos se desprende claramente que la versin siria de la campaa contra la guerra ha adoptado totalmente la retrica de Asad, a pesar de su afirmacin de que no es asunto nuestro apoyar ni oponernos al presidente Asad o al gobierno sirio (Punto 7).

Una separacin

Desde la prdida de la solidaridad internacionalista del Tercer Mundo con el eclipse de la poltica de izquierdas y la ascendencia del renacer islmico en las dcadas de 1970 y 1980, la Izquierda metropolitana adopt una poltica de oposicin a las intervenciones imperiales, aunque carente de aliados polticos en la regin. Este antiimperialismo entr en tensin con los antiguos izquierdistas y una nueva generacin de activistas en el mundo rabe que se valan del lenguaje liberal de los derechos humanos para combatir la represin de los regmenes de sus pases. Los izquierdistas metropolitanos consideraban los derechos humanos como un caballo de Troya imperial que buscaba socavar la soberana de los regmenes anti-EEUU con sanciones econmicas e intervenciones militares. Por otra parte, los activistas sobre el terreno condenaban la sordera de sus supuestos aliados izquierdistas ante la violencia de esos regmenes, as como su adopcin de una retrica similar a la del antiimperialismo nacionalista de tales regmenes.

Los levantamientos rabes trascendieron el anterior estancamiento entre los activistas liberales de los derechos humanos en las periferias y los antiimperialistas izquierdistas de la metrpoli. Las revoluciones volvieron a introducir las polticas populares de masas desde abajo a pesar de las divisiones infranacionales de los pueblos a lo largo de lneas tnicas, sectarias y regionales en ocasiones- contra los regmenes. Tampoco se alinearon en seguimiento de la posicin que toma el imperialismo de Occidente como punto central. En este aspecto se diferenciaron de los movimientos anticoloniales por la liberacin nacional de los regmenes autoritarios poscoloniales que afirmaban preservar la soberana de la nacin contra las intrusiones imperialistas.

La Izquierda no tuvo escrpulos a la hora de animar las revoluciones cuando iban contra los regmenes apoyados por EEUU, como Tnez, Egipto y Bahrin. Sin embargo, cuando se trat de Siria, el apoyo se evapor. Y se sustituy por la ceguera ante la dura situacin de los sirios y por la sordera ante su sufrimiento. Siria marc un segundo divorcio, anlogo al anterior de Csaire entre la poltica de izquierdas de la Metrpoli y la lucha por la emancipacin en las periferias. En esta ocasin no se trata del divorcio de las luchas anticoloniales de su subordinacin a la centralidad de la lucha de clases. Es el divorcio de las luchas contra el Estado rabe Autoritario poscolonial de su subordinacin a las consideraciones geopolticas de la Metrpoli.

El culto antiimperialista al tefln

Este divorcio seala tanto el fracaso poltico como moral de los izquierdistas de la metrpoli que estn visceralmente adscritos a la fantasa antiimperialista del tefln que el mundo exterior no puede rayar. En el mundo real, los aviones de combate rusos bombardean masivamente la asediada Alepo. En el mundo de la fantasa, EEUU est orquestando una campaa dirigida por la OTAN para cambiar el rgimen de Siria. En efecto, determinadas variantes de la izquierda antiimperialista estadounidense se acercan mucho a las formas de cultos conservadores que esconden su propia realidad caracterizada por miedos concomitantes de polucin moral. Fabrican identidades buscando la redencin a los pecados imperiales que EEUU ha cometido en el mundo en su nombre, anunciando un credo que busca la mxima oposicin y distancia para uno mismo mediante un proceso de purificacin ritual respecto a estas polticas. Una poltica que se basa ms en una afirmacin de creencias, que le convierte a uno en miembro de los elegidos, ms que una prctica que responda a coyunturas cambiantes y modele sus posiciones en consecuencia, como revela en estos momentos la resurreccin de las consignas de los antibelicistas de la guerra de Iraq.

Dicho eso, el antiimperialismo de la Metrpoli, en lo que a Siria se refiere, est increblemente posedo por argumentos, lgicas y sensibilidades imperiales. Ambos grupos no pueden imaginar una prctica poltica que no est vinculada al Imperio y que se defina por su relacin con el mismo. Ambos se basan en el mismo conjunto de conceptos islamofbicos, distinguiendo entre buenos musulmanes y malos musulmanes. Ambos estn convencidos de que saben ms que la gente sobre el terreno, especialmente si se oponen a su poltica imperial/antiimperialista. Ambos practican una poltica saturada de moralismo; posedos por un espritu de cruzada que busca erradicar el mal en el mundo (EEUU es el extirpador de todo Mal/EEUU es la fuente de todo Mal). En el nivel de las sensibilidades, ambos se sienten dotados de la autocomplacencia y autoconfianza de estar en el lugar correcto de la Historia.

Recientemente, Asad declar que Donald Trump poda ser un aliado natural. Los izquierdistas que excluyen la posibilidad de la solidaridad con la lucha del pueblo sirio por la emancipacin eliminando a los revolucionarios del dominio de lo poltico, tildndoles a todos ellos de yihadistas y sectarios, podran bien inspirarse en el mismo grupo conceptual de quienes proponen una registro musulmn en la Metrpoli.

Tomo prestadas por ltima vez las palabras de Csaire para cerrar este ensayo. Lo que yo quiero, escribi Csaire, es que el marxismo y el comunismo estn al servicio de los pueblos negros, y no los pueblos negros al servicio del marxismo y el comunismo. Que la doctrina y el movimiento se hagan a la medida del ser humano, y no el ser humano a la medida de la doctrina o el movimiento.


Fadi A. Bardawil es profesor adjunto de Culturas rabes Contemporneas en el Departamento de Estudios Asiticos de la Universidad de Carolina del Norte (UNC), en Chapel Hill

Fuente: http://aljumhuriya.net/en/syrian-revolution/forsaking-the-syrian-revolution-a-metropolitan-anti-imperialist-handbook

Esta traduccin puede reproducirse libremente a condicin de respetar su integridad y mencionar al autor, a la traductora y a Rebelin.org como fuente de la misma.



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