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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 02-01-2017

Desigualdad, inversin y especulacin
A propsito de Zara

Albert Recio
Viento Sur


I

La legitimacin ms utilizada de la desigualdad es que sta genera incentivos a la inversin. Y esta inversin se traduce en innovaciones tiles a la especie humana. Al final, la desigualdad acaba generando bienestar al conjunto de la sociedad. El convencimiento de que los incentivos monetarios son la clave del proceso est fuertemente arraigado entre la mayora de economistas profesionales y constituye el mantra con el que se adoctrina desde sus inicios a los futuros titulares (como ejemplo, el captulo introductorio del manual de Mankiw, uno de los ms utilizados).

Se trata, sin embargo, de una explicacin que pasa por alto mltiples cuestiones. En primer lugar, no hay ninguna evidencia clara de que la mera desigualdad genere estmulos. Muchas sociedades precapitalistas se han caracterizado por su elevado grado de desigualdad sin que necesariamente promovieran la innovacin ni mucho menos el bienestar. A menudo, la mayor preocupacin de los que estn arriba en una estructura desigual es la de crear mecanismos que les garanticen la continuidad de sus privilegios, y ello se convierte en la generacin de estructuras sociales orientadas a tal fin, con una consiguiente sobrecarga de costes de control social.

Es cierto que las sociedades capitalistas se han caracterizado por un enorme dinamismo en la generacin de nuevos procesos e inversiones. Pero estas no pueden explicarse slo por la desigualdad, sino tambin por otro conjunto de instituciones y procesos que han fomentado este dinamismo. Desde la produccin cientfica (desarrollada en gran parte fuera de un contexto completamente capitalista) hasta la presin del movimiento obrero (como han explicado bien estudiosos del cambio tcnico como Salter o Rosenberg) u otros movimientos sociales (por ejemplo en las demandas de energas renovables).

Y no hay ningn automatismo que traduzca beneficios capitalistas en inversin real e innovacin til. Dejamos a un lado el debate sobre la utilidad real de muchas innovaciones y procesos productivos, pues no es el objetivo de esta nota, aunque se trata de una cuestin crucial. Hay dos cuestiones fundamentales que permiten explicar por qu en las economas capitalistas el enriquecimiento personal y la generacin de inversin real pueden ser cosas dispares.

En primer lugar, est el hecho de que en una sociedad monetarizada la riqueza tiende a medirse en trminos monetarios, y para un individuo puede resultar indiferente tener su riqueza en activos productivos o conservarla en forma de activo financiero (al fin y al cabo, el dinero acta como depsito de valor y ste puede transformarse en cualquier momento en un activo real). Individualmente, esto puede tener sentido, pero en trminos colectivos el efecto es el contrario. Si todas las personas que consiguen ahorrar dinero lo mantuvieran en forma monetaria, la economa colapsara. Esta es, en una versin ms compleja, una de las causas de las recesiones que peridicamente experimentan las economas capitalistas.

En segundo lugar est la cuestin de la confusin entre inversin y compra de activos. En el mundo real existen muchos bienes diferentes, que se pueden adquirir para fines diversos. El fin ms esencial es el consumo. Pero no todas las compras son para el consumo, para el uso real de los bienes. De hecho, en una economa de tipo capitalista-consumista compramos muchas cosas que no utilizamos realmente, simplemente llenamos nuestras casas de objetos. Esto tambin se puede aplicar a la inversin capitalista. No es lo mismo gastar el dinero en ampliar un centro productivo, abrir un nuevo establecimiento o invertir en un nuevo proceso productivo que, simplemente, comprar un activo ya existente, por ejemplo, un edificio o una obra de arte. En el primer caso la decisin tendr un efecto sobre la capacidad productiva de la sociedad y sobre el empleo. En el otro simplemente cambiar la titularidad del propietario.

De nuevo desde el punto de vista del empresario individual, se puede esperar obtener dinero produciendo un nuevo producto (o ampliando la produccin) o simplemente con las rentas que genera el bien que ya exista (por ejemplo, quin compra un edificio esperar cobrar alquileres). Pero, una vez ms, el impacto global es totalmente diferente. De hecho si las inversiones se concentran en la compra de activos preexistentes es bastante probable que se acabe generando una burbuja especulativa que genere ganancias a corto plazo a costa de provocar problemas en el futuro (cuando la burbuja estalle) o en el mismo presente (la compraventa compulsiva de activos inmobiliarios anima a la subida de alquileres a su alrededor).

En el actual modelo de capitalismo globalizado, estos problemas se han acentuado por la combinacin de tres factores: el nuevo marco institucional y poltico (especialmente la poltica econmica), que ha favorecido la concentracin de rentas en la cspide (fundamentalmente el 10% ms rico de la poblacin); el desarrollo de un sofisticado sistema financiero que posibilita ganancias en mil y un tipo de especulaciones (la economa del casino); y la libertad de movimientos de capitales, que ha facilitado el trasiego de inversiones en activos preexistentes.

El sector inmobiliario es uno de los casos de libro de la nueva situacin, bsicamente el de las grandes ciudades donde se est produciendo una intensa actividad inversora, que facilita importantes plusvalas a corto plazo al tiempo que favorece que los centros urbanos tiendan a vaciarse de habitantes. Se trata de inversiones que no aaden nada al bienestar colectivo, que en parte se benefician de una trama urbana generada por un lento proceso histrico y que, en cambio, generan enormes presiones sobre el precio de la vivienda (sea de compra o alquiler) que expulsa tanto a residentes como a negocios pequeos. Este es un proceso que se est dando en todas las grandes ciudades del mundo, y constituye uno de los muchos costes negativos de la globalizacin neoliberal.

II

En Espaa vuelven a detectarse procesos de especulacin con el suelo. Era algo previsible, al menos en algunas localizaciones especficas. Aunque en conjunto siga existiendo un gran nmero de viviendas invendidas desde la crisis, y de promociones inmobiliarias de todo tipo estancadas (viviendas, polgonos industriales, etc.), la burbuja surge en localidades concretas. El suelo, los edificios y el espacio urbano no son homogneos, dependen de factores especficos que los hacen ms o menos interesantes. Gran parte del excedente invendido se sita en reas tursticas, en zonas con atractivo menor. Pero las ciudades, especialmente las grandes ciudades, son espacios atractivos, y estn muy construidos: turismo, centros comerciales, espacios urbanos interesantes, etc.

Son factores que explican la facilidad con la que reaparecen inversores dispuestos a colocar su dinero en edificios que puedan considerarse atractivos. En muchos casos, con inters directamente lucrativo ―obtener altos alquileres del uso de estos edificios o venderlos a compradores con recursos―. En otros, como una forma de posesin consumista ―por ejemplo, tener una residencia en un sitio chic a la que slo se acude en perodos cortos de tiempo―. No hace falta ser muy fantasioso para entender que esto ocurre; al fin y al cabo, gran parte de la gente con un mnimo de recursos tiene segundas residencias que en trminos habitacionales estn infrautilizadas la mayor parte del ao. Si una modesta familia de clase media puede considerar razonable tener un apartamento de ocio, no hay razones para pensar que un superrico no renunciar a contar con varias residencias en lugares chic.

El PP siempre trabaj en favor de esta oportunidad. Por esto una de sus pocas medidas de poltica industrial (o sea de sus medidas para favorecer a alguna actividad econmica) consisti en conceder el derecho de residencia automtica a quin adquiriera vivienda en Espaa. Una forma de dar seguridad jurdica a los presuntos inversores. Y estos parecen estar llegando a los centros urbanos, especialmente a Barcelona, generando un rpido crecimiento de los precios de la vivienda y de los alquileres. De hecho, ambos son vasos comunicantes, pues de lo que se trata es de ponerle precio a un conjunto habitacional fundamentalmente construido y difcil de expandir. Es posible adems que la cada de los tipos de inters anime tambin a agentes locales que ven en lo inmobiliario una inversin de futuro, como lo ha sido en muchos perodos del pasado.

Los efectos sociales de este trasiego son evidentes. El fin de la proteccin de los alquileres comerciales ha generado en Barcelona una verdadera eutanasia de comercios tradicionales (incluidos varios que haban sido galardonados como comercios emblemticos). Los alquileres se vuelven a disparar, y aaden un nuevo factor de gravedad a la crisis habitacional que generan los desahucios y el paro. El turismo masivo ha reforzado esta presin por la conversin de espacios de vivienda habitual en apartamentos tursticos mucho ms rentables. Y los intentos de controlarlo, en forma de moratoria a la construccin de nuevos hoteles, han generado nuevas oportunidades de inversin lucrativa con la compraventa de los hoteles ya existentes. Y una nueva picaresca urbanstica consistente en camuflar hoteles en forma de residencias de estudiante o apartamentos de lujo.

El resultado de todo ello no puede ser otro que agravar los problemas de vivienda de parte de la poblacin y de desertizar o semidesertizar partes del centro urbano. Sin contar con que todas estas operaciones inmobiliarias que tanto dinero mueven no contribuyen en absoluto a crear empleo.

III

Para ejemplificar esta historia, nadie mejor que Amancio Ortega, la persona que figura como uno de los ciudadanos ms ricos del mundo (aunque esto de los rankings siempre hay que relativizarlo). Sus enormes ingresos proceden fundamentalmente del Grupo Inditex, una de las cadenas comerciales de ropa y complementos ms importantes del mundo. La historia del grupo est plagada de puntos negros en muchos aspectos. Para recordar los ms conocidos: de una parte, el bajsimo coste de produccin de sus prendas en pases en desarrollo (aunque al principio fue en la Galicia rural donde consigui producir a bajo coste con mano de obra femenina). No slo se trata de bajos salarios, sino de superexplotacin por medio de una red de subcontratistas que peridicamente reaparecen en los estudios-denuncia de las ONG especializadas. Denuncias que incluyen casos de esclavismo en Brasil o de trabajo infantil en la India, o en la ausencia de seguridad en el trabajo en Bangladesh.

Por otra, los bajos sueldos y las malas condiciones de trabajo de las cadenas comerciales del grupo. Donde no slo el trabajo a tiempo parcial est bastante generalizado, sino que cada semana los trabajadores pueden verse obligados a cambiar de horario (lo que impide cualquier gestin decente de su vida cotidiana). Y, por ltimo pero no menos importante, el uso de tcnicas sofisticadas de evasin fiscal apoyndose en sus empresas en parasos fiscales ―Holanda, Irlanda y Suiza― como recientemente ha puesto de manifiesto un detallado estudio del Grupo Verde en el Parlamento Europeo. Gracias a condiciones laborales indignas y a una baja fiscalidad, Inditex es una mquina de ganar dinero (2.875 millones de euros en 2015), y Amancio Ortega, como principal accionista, recibe una parte sustancial (960 millones en 2015). O sea que, en el esquema convencional, recibe buenos incentivos.

En qu invierte estas ganancias? Pues en la compra de activos inmobiliarios en todo el mundo, preferentemente edificios singulares donde estn instalados hoteles o centros comerciales, a travs de su empresa Pontegadea.

La moraleja es clara: uno se hace muy rico a cuenta de pagar mal y eludir impuestos. Y en lugar de utilizar esta riqueza para generar empleo o bienestar social, la utiliza para seguir acumulando activos (que generarn nuevas rentas). Es evidente que, si Inditex pagara mejor a sus empleados directos e indirectos, mejorara sus condiciones de trabajo, y pagara decentemente los impuestos, sus beneficios seran menores y Amancio Ortega no habra sido capaz de construir su actual imperio inmobiliario. En trminos sociales, el balance es claro: mejorar condiciones salariales y rentas pblicas mejorara el bienestar de mucha gente. Aumentar el imperio inmobiliario de un magnate no aporta nada en trminos de bienestar social. Es posible incluso que tenga un efecto negativo al contribuir a mantener una burbuja inmobiliaria en alguna ciudad.

IV

Todo ello conduce a una cuestin que me parece fundamental. Una gran parte del capitalismo actual se basa no tanto en la bsqueda de una ganancia en una actividad recurrente, sino en la bsqueda de plusvalas en la compraventa de activos preexistentes. Y esta actividad, adems de tener negativos efectos sobre el empleo y la produccin de bienes necesarios en condiciones dignas, genera adems otros males sociales. Claramente visibles en los desarrollos urbanos que experimentan las grandes ciudades.

Cortar los hiperbeneficios y los mecanismos de generacin de plusvalas debera ser un elemento prioritario en la construccin de otra legitimidad. La lucha por mejorar derechos y condiciones laborales, por un lado, y la lucha contra la elusin y evasin fiscal, por otro, forman ya parte de esta poltica. Pero hay que ir ms all en dos direcciones. En primer lugar, algo ya sugerido por el Ayuntamiento de Barcelona, fijando topes a los alquileres. Y en segundo lugar, articulando una lucha poltica y cultural por imponer un sistema impositivo que atente contra las plusvalas inmobiliarias (el actual impuesto es slo una fuente muy pequea de ingresos pblicos, y est ms pensada para no enfrentarse a los pequeos propietarios que otra cosa). Porque estas plusvalas se hacen a costa de crear enormes costes sociales en trminos urbanos y sociales. Hay adems que reconocer que cualquier giro hacia ciudades sostenibles exige niveles importantes de inversin para remodelar los entornos urbanos, los sistemas de transporte o el aprovisionamiento energtico. Y hay que crear estmulos en esta direccin castigando duramente formas de negocio claramente antisociales.

Fuente: http://www.vientosur.info/spip.php?article12077#sthash.F7AGjAHT.dpuf


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