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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 03-01-2017

Se termin el neoliberalismo?

Marcelo Colussi
Rebelin


El Amo tiembla aterrorizado delante del Esclavo porque sabe que, inexorablemente, tiene sus das contados.


I

Acaban de suceder dos hechos muy importantes en trminos polticos a nivel mundial, que para ms de alguno hicieron pensar en el fin del neoliberalismo. Nos referimos al rechazo de los votantes britnicos para la continuidad del Reino Unido de Gran Bretaa en la Unin Europea (lo que popularmente se conoci como Brexit), y a las recientes elecciones presidenciales en Estados Unidos con el triunfo de Donald Trump.

Si fuera cierto ese final (aunque creemos que no es as exactamente), ello nos obligara a replantearnos el sentido de la lucha para el campo popular: si se termin el neoliberalismo, cul es el enemigo a enfrentar entonces? Con neoliberalismo o sin l -a lo que podra agregarse, homologando las cosas: con imperialismo o sin l, o con Estado de bienestar keynesiano o sin l, o ms an: con repblica o con monarqua parlamentaria- el verdadero ncleo del problema es el sistema de base del que todas las anteriores son expresiones determinadas y puntuales: el problema de fondo sigue siendo el capitalismo. El neoliberalismo es una expresin determinada de ese sistema, de ese modo de produccin en su desarrollo histrico, con capitales monopolistas y transnacionalizados, en su fase de imperialismo.

El sistema capitalista -nunca est de ms recordarlo- se fundamenta en la explotacin del trabajo a partir de la propiedad privada de los medios de produccin, no importando la forma que ese trabajo asuma: proletariado industrial urbano, proletariado agrcola -incluso si se trata de trabajadores estacionales-, productores intelectuales, trabajo hogareo no remunerado, habitualmente desarrollado por mujeres amas de casa. El corazn del problema est en la plusvala, el trabajo no remunerado apropiado por los dueos de los medios de produccin bajo la forma de renta, de ganancia, sean ellos industriales, terratenientes o banqueros. Ese es el problema a enfrentar: No se trata de reformar la propiedad privada, sino de abolirla; no se trata de paliar los antagonismos de clase, sino de abolir las clases; no se trata de mejorar la sociedad existente, sino de establecer una nueva (Marx).

En realidad, lo que hoy da conocemos como neoliberalismo, siempre asociado a la idea de globalizacin, es una forma que el sistema adquiri entre los aos 70 y 80 del siglo pasado, surgido como doctrina en los llamados pases centrales, en el que retoma la iniciativa econmica, poltica, militar e ideolgico-cultural que haba ido perdiendo a travs de dcadas de avance popular. Recurdese que los aos 60/70 marcaron un alza significativa de las luchas anti-sistmicas, con distintas expresiones de rechazo que van desde organizaciones sindicales combativas hasta movimientos campesinos organizados, el desarrollo de guerrillas de orientacin socialista hasta la aparicin de un ala progresista de la Iglesia Catlica surgida luego del Concilio Vaticano II y su opcin preferencial por los pobres, el rechazo a la guerra de Vietnam y el movimiento hippie llamando al pacifismo y el no-consumismo al Mayo Francs como fuente inspiradora de protestas, el auge de los procesos de liberacin nacional en frica al impetuoso avance de los movimientos feministas y de liberacin sexual, la mstica guevarista que va marcando esos aos as como el auge de un espritu contestatario y rebelde que se expande por doquier. Vale recordar que para los aos 80 del siglo XX, al menos un 25% de la poblacin mundial viva en sistemas que, salvando las diferencias histricas y culturales existentes entre s, podan ser catalogados como socialistas (Unin Sovitica y el este europeo, China, Vietnam, Corea del Norte, Cuba, Nicaragua, muchos pases africanos de reciente liberacin, etc.).

II

Ante todo esto, para el sistema, entendido como unidad global y monoltica, ms all de diferencias y pujas intercapitalistas, se prendieron las luces rojas de alarma. El llamado neoliberalismo fue la reaccin a ese estado de cosas. De hecho, la primera experiencia como tal tiene lugar en el medio de una sangrienta dictadura latinoamericana: el Chile del general Augusto Pinochet. A partir de all, el modelo se expande por innumerables pases del Sur, para llegar luego a las naciones metropolitanas. All, Estados Unidos bajo la presidencia de Ronald Reagan y Gran Bretaa, dirigida por Margaret Tatcher, son los pases que enarbolan el neoliberalismo como insignia triunfal, para impulsarlo a escala planetaria. Sus mentores intelectuales: los austracos Friedrich von Hayek, Ludwig von Mises y lo que luego se conocer como la Escuela de Chicago, capitaneada por el estadounidense Milton Friedman y sus as llamados Chicago Boys, reflotan y llevan a un grado sumo los principios liberales del capitalismo ingls clsico.

En pocas palabras, este nuevo liberalismo se emparenta directamente con el viejo liberalismo dieciochesco y decimonnico de los padres de aquella economa poltica clsica burguesa: Adam Smith, David Ricardo, Thomas Malthus, John Stuart Mill: el acento est puesto en la entronizacin absoluta de la libertad de mercado, reduciendo drsticamente el papel del Estado a un mero mecanismo garante que asegura la renta de la empresa privada. El actual neoliberalismo y sus recetas de privatizacin de los principales servicios estatales, desarman el Estado de bienestar keynesiano surgido despus de la Gran Depresin de 1930, teniendo como resultado dos elementos fundamentales: 1) el enriquecimiento exponencial de los grandes capitales en detrimento de toda la masa asalariada (trabajadores varios y sectores medios), y 2) el descabezamiento de toda protesta popular. Es elocuente al respecto lo dicho por la Dama de Hierro, Margaret Tatcher, para resumir esta nueva perspectiva: No hay alternativa. Dicho de otro modo: O capitalismo o capitalismo! Eso no se discute.

El instrumento desde donde se impulsaron esas nuevas polticas fueron los grandes organismos crediticios de Bretton Woods: el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial, instancias financieras manejadas por los grandes capitales corporativos de unos pocos pases centrales, Estados Unidos fundamentalmente. Desde ah se fijaron las recetas neoliberales que prcticamente la casi totalidad de pases del mundo debieron impulsar estas ltimas dcadas. Y por supuesto, no para beneficio de las grandes mayoras populares sino para esos pocos capitales transnacionales.

Las dos tareas mencionadas (acumulacin de riquezas y freno de la protesta popular) se han venido cumpliendo a la perfeccin en estas ltimas cuatro dcadas. La acumulacin de riquezas de los ms acaudalados se llev a niveles descomunales. A partir de ello, hoy da 500 corporaciones multinacionales globales manejan prcticamente la economa mundial, con facturaciones que se miden por decenas o centenas de miles de millones de dlares (una sola empresa con ms renta que el PBI total de muchos pases del Sur), y el patrimonio de las 358 personas cuyos activos sobrepasan los 1.000 millones de dlares -selecto grupo que cabe en un Boeing 747, en su gran mayora de origen estadounidense- supera el ingreso anual combinado de naciones en las que vive el 45% de la poblacin mundial. En otros trminos: la polarizacin econmico-social se llev a extremos que nunca antes haba conocido el capitalismo, surgido con los ideales (perversamente engaosos) de libertad, igualdad y fraternidad. Esa acumulacin fabulosa de riqueza se hizo sobre la base de un empobrecimiento maysculo de las grandes mayoras.

Ese fabuloso acrecentamiento de riquezas vino de la mano de las nuevas tecnologas de la comunicacin que convirtieron el planeta en una verdadera aldea global, eliminando distancias y homogeneizando culturas, gustos y tendencias, aplastando tradiciones locales de un modo impiadoso. El internet fue su cono por antonomasia. De ah que, en muy buena medida como producto de una ilusin meditica que as lo presenta, esa nueva forma de capitalismo despiadado que se erigi contra el alza de las luchas populares de dcadas anteriores, suele estar asociado a la mundializacin o planetarizacin, a lo que hoy se llama globalizacin, y siempre de la mano de las nuevas tecnologas de la comunicacin y la informacin. Pero ese fenmeno no es nuevo. La tarea especfica de la sociedad burguesa es el establecimiento del mercado mundial () y de la produccin basada en ese mercado. Como el mundo es redondo, esto parece tener ya pleno sentido [por lo que ahora estamos presenciando], anunciaba Marx en 1858. En realidad, la globalizacin no comenz con la cada del Muro de Berln, como malintencionadamente se arguye, cuando el mundo libre vence a la tirana comunista, sino la madrugada del 12 de octubre de 1492, cuando Rodrigo de Triana avist tierra desde la nave insignia de la expedicin de Cristbal Coln.

La otra faceta del neoliberalismo: la neutralizacin de todo tipo de protesta popular anti-sistmica, igualmente se llev a cabo de modo perfecto. En Amrica Latina los planes neoliberales se asentaron a partir de feroces dictaduras sangrientas que prepararon el terreno. Fueron todos gobiernos civiles, llamados democracias, las que impulsaron las recetas fondomonetaristas y privatistas, sobre montaas de cadveres y ros de sangre que les antecedieron. En el llamado Primer Mundo, esas polticas se impusieron tambin a sangre y fuego, pero sin la necesidad de dictaduras militares previas. El resultado fue similar en todo el mundo: los sindicatos obreros fueron cooptados, la ideologa conservadora fue imponindose, y toda forma de descontento y/o contestacin fue reducida a oprobiosa rmora de un pasado que no deba volver. Desmoronado el bloque socialista (fenecida la revolucin en la Unin Sovitica y revertida la revolucin hacia un confuso socialismo de mercado en la Repblica Popular China), Cuba fue prcticamente el nico baluarte que permaneci fiel al ideario socialista. Y as le fue. El capitalismo global le ajust cuentas, hacindole sufrir el penoso perodo especial. Sin ningn lugar a dudas, estas nuevas polticas neoliberales (o capitalismo sin anestesia, para ser ms explcito, sin el colchn que haba generado el Estado socialdemcrata de las ideas keynesianas) desarmaron, desmovilizaron e hicieron retroceder toda protesta social. Conservar el puesto de trabajo (indignamente en muchos casos) pas a ser lo nico que se poda hacer. La protesta significa el desempleo, y ante el nuevo paisaje que crearon estas polticas, eso es equivalente casi a la muerte. En Latinoamrica los campos de concentracin clandestinos, la desaparicin forzada de personas y las torturas pavimentaron el camino para estos planes, de los que todos los trabajadores del mundo, Norte prspero y Sur msero, siguen sufriendo hoy las consecuencias.

III

Decir entonces que el neoliberalismo fracas, es un tanto osado. Para quienes lo impulsaron, definitivamente no fracas. Si lo que se buscaba, adems de ampliar la riqueza, era tener a raya al movimiento obrero y a cualquier tipo de protesta social, eso se cumpli a cabalidad, con ms que sobrado xito. La parlisis evidenciada por la izquierda a nivel global es ms que evidente. Por otro lado, decir que fracas porque empobreci a muy buena parte de la humanidad es ms que cuestionable, pues para eso surgi, no para resolver sus problemas.

Hoy por hoy faltan propuestas de cambio. El socialismo real, ms all de todas sus falencias -a veces abominables-, funcionaba como paradigma anticapitalista, como esperanza. Al menos, era un contrapeso para el mundo capitalista. Hoy, con honrosas excepciones como Cuba, ese modelo alternativo est en crisis. La experiencia pareciera demostrar que, aunque sepamos que no es as, tena razn Margaret Tatcher: No hay alternativa. Aunque sea incorrecto que hemos llegado al fin de la historia (dislate absoluto que no puede mantenerse con ninguna justificacin!), el problema se plantea en que no aparecen esas alternativas. El socialismo real, el que se conoci en buena parte del planeta, no pareciera un modelo atractivo. Y las luchas populares actuales se encuentran un tanto -o bastante- perdidas, sin norte. Quin hoy, en su sano juicio, querra formar una fuerza guerrillera para irse a la montaa a pelear por un mundo ms justo? Ni siquiera montaa queda ya!

Pero ms all de esa desazn generalizada que nos ha ganado, de ese espritu negativo que se ha venido imponiendo, el sistema de base sigue siendo el mismo monstruo generador de injusticias que inspir las grandes luchas populares de otros tiempos; e inspir a Marx y Engels a formular la teora del socialismo cientfico. Las luchas de clases no han terminado, y el ideal de justicia, aunque se haya acallado temporalmente por la represin feroz de las bayonetas y/o de los planes de ajuste econmico, no han desaparecido. Por el contrario, aunque nos hayan querido hacer creer que la historia termin y desaparecieron las ideologas, la lucha de clases sigue siendo el motor imperecedero de la dinmica humana. Si as no fuera, el neoliberalismo no existiera. Es decir: como la lucha de clases sigue estando absolutamente presente, la clase dominante hoy canta victoria porque, temporalmente al menos, ha logrado maniatar a la clase trabajadora. Pero como dice el epgrafe: el Amo tiembla aterrorizado delante del Esclavo porque sabe que, inexorablemente, tiene sus das contados, porque en algn momento ese Esclavo abrir los ojos (aunque se los quiera cerrar a toda costa) y reaccionar. El materialismo histrico, el marxismo, expresin terico-cientfica de esas luchas, reiteradamente ha sido declarado muerto. Aunque Curioso cadver el del marxismo, que necesita ser enterrado peridicamente (Kohan). Si tan muerto estuviera, no habra necesidad de andar matndolo continuamente.

Lo que acaba de suceder con los votantes en Gran Bretaa y Estados Unidos, eligiendo en ambos casos propuestas que hablan de una crtica a las polticas en curso, no significa, precisamente, el fin del neoliberalismo. Significa, en todo caso, que la poblacin reacciona a un estado de precariedad en que ha ido cayendo cada vez ms. De hecho, reacciones a estas recetas neoliberales ha habido desde el momento mismo de su aplicacin. Quiz la ms fuerte, la ms notoria, fue el Caracazo de 1989, en Venezuela, violentamente reprimida con miles de muertos luego arrojados al mar Caribe, que prepar el camino para la llegada al poder ms tarde de Hugo Chvez con una propuesta anti-neoliberal. Pero ese es un cono, evidente y particularmente estridente; la historia de estas ltimas dcadas est plagada de reacciones contra las polticas de ajuste estructural, de precarizacin del trabajo y de avance impetuoso de los capitales por sobre los derechos de los trabajadores cada vez ms empobrecidos.

No podra decirse que la salida de Gran Bretaa de la Unin Europea o la llegada a la Casa Blanca del magnate Donald Trump representen el fin de esta era neoliberal. En todo caso, tanto el referndum en las islas britnicas como el descontento de los trabajadores estadounidenses expresan que la poblacin trabajadora est agobiada. Cambiarn ahora esos planteos fondomonetaristas?

IV

Esto remite a la pregunta sobre cmo se estructura verdaderamente el sistema capitalista actual. Est claro que quien manda, quien pone las condiciones y fija las lneas a largo plazo, son estos capitales globales, financieros en muy buena medida, que establecen las vas por donde habr de circular la poblacin del planeta. Esos megacapitales realmente no tienen patria. Los Estados nacionales modernos conformados con el triunfo de la sociedad burguesa sobre el feudalismo medieval en Europa, y luego replicados en todas partes del orbe, ya no les son funcionales ni necesarios. El capitalismo globalizado actual no se maneja desde las casas de gobierno. La Casa Blanca, representacin por antonomasia del poder mundial (con acceso a uno de los dos botones nucleares ms poderosos del planeta) no es la que realmente decide por dnde van las estrategias. Extremando las cosas, el presidente de la primera potencia mundial es un operador de esos grandes capitales, donde el complejo militar-industrial juega un papel de primera importancia, as como las petroleras. A quin pertenece, por ejemplo, la empresa automotriz ms grande del orbe actualmente, el gigante Daimler-Chrysler? A los accionistas, que pueden ser tanto estadounidenses como alemanes, o de cualquier parte del mundo (quin sabe realmente la composicin de esos capitales? Podrn tener ah acciones el Vaticano, o algn cartel de la droga? Por qu no?) Los dueos del capital no tienen color de bandera: su nico himno nacional es el billete de banco, que se tie de rojo (sangre) cuando alguien se les opone. El Plan Marshall posterior a la Segunda Guerra Mundial busc justamente eso: internacionalizar los capitales para evitar una nueva confrontacin entre los pases centrales.

Hay tantas armas y tantas guerras en el mundo, en casi todos los casos impulsadas desde Washington, porque ese entramado industrial necesita realizar su plusvala, no descender su tasa de ganancia. Quin decide las guerras entonces: los gobiernos, o los poderes que le hablan al odo (dndole rdenes)? Del mismo modo, existe una cantidad insufrible de vehculos automotores circulando por el globo impulsados por motores de combustin interna que necesitan derivados del petrleo; sabido es que a) se podran reemplazar tantos vehculos particulares por transporte pblico de pasajeros para hacer ms amigable la circulacin y, fundamentalmente, b) se podra prescindir de los motores alimentados por sub-productos del oro negro reemplazndolos por otros menos contaminantes: agua, energa solar, electricidad. Todo ello, sin embargo, no pasa. Quin lo decide: los gobiernos o las megaempresas productoras de petrleo y/o de vehculos? (que le hablan al odo y le dan rdenes a esas administraciones). Los ejemplos podran multiplicarse bastante abundantemente. La salud de la poblacin mundial se beneficiara infinitamente ms con atencin primaria que con la profusin monumental de medicamentos que llegan al mercado; los ministros de salud lo saben. Quin decide que eso as suceda: los gobiernos o las mega-empresas farmacuticas? Con la produccin de transgnicos se podra acabar con el hambre en el mundo; cualquier gobierno lo sabe, pero ello no sucede. Quin decide eso? Y ni qu decir del capital financiero global: son necesarios esos parasos fiscales donde, a velocidad de la luz, se mueven cifras astronmicas de dinero virtual? A quin beneficia eso? Obviamente, no a la poblacin. Pero cuando quiebran esos gigantes, son los gobiernos los que los socorren, cosa que no sucede cuando los trabajadores pierden su empleo, por ejemplo.

Esos megacapitales, que cuando tienen traspis son asistidos por ese mismo Estado que tanto critican desde su visin neoliberal (por ejemplo, el fabricante de vehculos General Motors, o la gran banca, como sucedi con el Bank of America, o el Citigroup, o el JP Morgan, todos en Estados Unidos, o el Lloyds Bank en Gran Bretaa, o el Deutsche Bank en Alemania), son los que conducen finalmente las polticas mundiales. Obviamente la humanidad no se necesita ni tantas armas ni guerras, ni tantos medicamentos ni tantos automotores circulando, ni la infinita variedad de productos prescindibles que deben reciclarse de continuo; si eso se da generando el cambio climtico -eufemismo moderado por no decir catstrofe medioambiental por la sobreexplotacin de recursos-, y gobiernos como los de Washington o los de la Unin Europea lo avalan, es porque el complejo de mega-empresas globales lo imponen.

En esta nueva fase del capitalismo iniciada entre los 70 y 80 del siglo pasado, la globalizacin neoliberal encontr que es ms fcil producir fuera de los pases del Norte, trasladando su parque industrial al Sur, pues all la mano de obra es mucho ms barata y desorganizada, se pueden evitar impuestos y las regulaciones medioambientales son mucho ms laxas o inexistentes. Esa globalizacin de la produccin para un mercado igualmente global (lo que ya entreva Marx a mediados del siglo XIX), que tom su forma acabada desde fines del siglo XX con tecnologas que eliminan distancias, lleg para quedarse. Sin dudas, a lo interno de los pases metropolitanos (Estados Unidos, Unin Europea, Japn), esa nueva recomposicin del capital provoc severos daos a la clase trabajadora, aumentando en forma creciente su desocupacin, lo que permiti recortar el precio de la mano de obra -congelamiento de salarios y de beneficios varios-. Eso es lo que produjo el notorio descontento de britnicos y estadounidenses, que ante una eleccin determinada (el referndum para ver si el Reino Unido de Gran Bretaa permaneca o no en la UE, la eleccin presidencial en Estados Unidos) dijeron no a esas polticas. Pero eso en modo alguno significa que el neoliberalismo se termin.

V

Por qu gan Donald Trump? Porque levant un discurso populista y emotivo llamando a reconstruir la hegemona econmica estadounidense perdida, que detent por varias dcadas despus de la Segunda Guerra Mundial. La promesa, creda por buena parte de los votantes, es que podrn volver esos tiempos dorados. Pero esa hegemona del gran pas, cuando aportaba el 52% del PBI mundial (ahora aporta solo el 18%), seguramente ya no podr volver. Las megaempresas que manejan a Estados Unidos -y a buena parte del planeta- encuentran que es mucho ms lucrativo producir fuera de la nacin que dentro. Su mercado ya no es el territorio estadounidense: su mercado es el mundo todo. Ah no hay nacionalismo que valga: lo nico que rige es el hambre de lucro. Si su clase trabajadora queda desocupada y hambreada, no es problema de los capitales. La otrora meca del automvil, la ciudad de Detroit, que albergaba hacia mediados del S. XX a las tres megaempresas fabricantes de automviles, General Motors, Ford y Chrysler, con casi dos millones de habitantes, es hoy una ciudad empobrecida, casi fantasma, con apenas 700.000 pobladores e infinidad de establecimientos y casas abandonadas. Quien se perjudica es el trabajador, no la empresa: para esas compaas sigue siendo ms redituable ensamblar sus vehculos en cualquier parte del planeta: la India, Mxico, Portugal o Puerto Rico, pues su mercado es igualmente mundial. Si uno de sus vehculos lo adquiere un comprador estadounidense, pakistan, senegals o noruego, a la empresa le da exactamente igual: la ganancia se la sigue embolsando; si el anterior obrero productor de ese automvil, camin o microbs queda en la calle, es prdida para el trabajador y su familia, no para la empresa.

El discurso con el que gana Donald Trump -efectista, meditico- abre ilusiones, para la clase obrera y capas medias golpeadas, sobre la repatriacin de esos capitales que ahora producen en cualquier punto del globo. Su promesa se complementa con un xenofbico llamado a cerrar el pas de los indeseables latinoamericanos que llegan ilegales en bsqueda del pretendido american dream, supuestamente robando puestos de trabajo. Si todo eso hace pensar que el neoliberalismo est en retirada, hay un error de apreciacin.

Cmo lograr el nuevo presidente hacer que retornen esas empresas a suelo estadounidense? Por lo pronto, hay all, ante todo, pirotecnia verbal de campaa electoral. Y si alguna empresa retornara, como ya ha comenzado a amagarse, ello sera a condicin de enormes exoneraciones impositivas. Como Trump es una rara avis de la poltica (bicho raro, dicho en otros trminos), puede hacer creer que va en contra del sistema. Pero en modo alguno es as! Como tampoco va en contra del sistema neoliberal la salida de Gran Bretaa del bloque econmico-poltico europeo. Esas acciones expresan un descontento de la poblacin, tanto como lo expres el Caracazo o la interminable cantidad de protestas, marchas, saqueos y actividades de repudio a las polticas vigentes que se dieron, y se siguen dando, en innumerables puntos del planeta.

Si fuera cierto que termina el neoliberalismo: qu sigue luego, entonces? Terminaron los males de la humanidad? Era el neoliberalismo el malo de la pelcula? En modo alguno. Lo que se evidencia es un descontento que est por doquier. Pero esa desarticulacin de la protesta es lo que busc ese neoliberalismo justamente: el tener a la clase trabajadora de rodillas, desorganizada, sin modelos ni referentes alternativos. El No hay alternativas de una ampulosa y dictatorial Dama de Hierro es la expresin poltica concreta de esa ideologa socio-econmica que surgi en la Universidad de Chicago, en Estados Unidos, funcional a las grandes empresas que vienen manejando el mundo desde hace tiempo, y que tienen en el ciudadano de a pie, el trabajador explotado, a su enemigo eterno, en tanto antagonista de clase. Ah es donde cobra ms que nunca sentido el epgrafe: el Amo tiembla aterrorizado (tratando que no se note, por supuesto, armndose hasta los dientes y neutralizando por todos los medios posibles una amenaza transformadora) ante el Esclavo porque sabe que, irremediablemente (porque hay una injusticia en juego, no natural, mantenida a capa y espada, con represin ideolgico-cultural, en principio, y a garrotazos limpios cuando las cosas se ponen complicadas) tiene sus das contados (sus privilegios se asientan en la explotacin, y eso no debe cambiar). El neoliberalismo es una forma de forzar a muerte, llevando a lmites paroxsticos, esa dominacin.

Una democrtica eleccin donde la gente expresa ese descontento no significa que las polticas en curso estn fenecidas. Volvern ahora, entonces, los sindicatos con sus reivindicaciones? Eso es lo que abren el Brexit y la llegada del millonario Donald Trump a la Casa Blanca? En Venezuela esa protesta -con varios miles de muerto de por medio- dio como resultado un Hugo Chvez, un lder carismtico y populista que enarbol banderas anti-neoliberales, prometiendo un socialismo del Siglo XXI que nunca termin de salir de los moldes del capitalismo (capitalismo rentista-petrolero con rostro ms humano -mejor distribucin de la riqueza- que sus antecesores, pero capitalismo al fin). Qu sigue ahora en Estados Unidos y en Gran Bretaa? Un populismo que vocifera contra los males de la globalizacin? Qu sigue entonces: se desarman los megacapitales transnacionales que ponen las condiciones del mundo? Terminan los parasos fiscales y las compaas que producen en el Tercer Mundo, a costos ridculos, retornan a sus pases de origen?

Aunque la ideologa dominante y todo el aparato meditico-cultural global han intentado sacar de circulacin el discurso socialista, la lucha de clases y la explotacin de los trabajadores, ese sigue siendo el ncleo del problema. Ah es donde debemos dirigir las bateras; el problema, en definitiva, no es el neoliberalismo, o neo-capitalismo: es el capitalismo mismo!


Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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