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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 03-01-2017

Lo que los gobiernos espaoles no cuentan y los espaoles no quieren comprender respecto a Catalunya

Pablo A. Martin Bosch (Aritz)
Rebelin


A lo largo de los ltimos aos, los deferentes Gobiernos del Reino de Espaa se encuentran enrocados en una tautologa que, por ellos mismos, no son capaces de resolver. Para tales concepciones Democracia es sinnimo de Constitucin Espaola de 1977, de manera que Constitucin Espaola de 1977 es sinnimo de Democracia. Si se anula una, se hace lo propio con la otra, y viceversa. Ntese que no se equipara Democracia con Constitucin, puesto que tal innovacin planteara nuevas cuestiones que el pensamiento nico no puede ni quiere plantear. No se trata de la Constitucin Republicana; ni tan siquiera de la posibilidad de la Reforma en los trminos que marca la Ley de Leyes, no, si eso ha de abrir la posibilidad de replantear la unidad sacrosanta del Estado Espaol, puesta negro sobre blanco en la misma Legislacin.

A falta de argumentacin democrtica que oponer al derecho a decidir sobre su propio futuro de una parte del todo, a los Gobiernos del Reino y de la Repblica slo les quedan as siguientes salidas: negar la calidad de sujeto poltico a la poblacin catalana, afirmando que la soberana se encuentra en el conjunto nacional (estatal); se trata de un argumento pobre en calidad democrtica, puesto que, aun suponiendo que el 100% de los catalanes optaran por la secesin, estos seran 8/46 millones, aproximadamente, lo que impide automticamente la separacin (aunque se tratara, como se indica, del 100%) o la reforma constitucional en dicho sentido. La mayora de la poblacin estatal estara obligando a la totalidad de una regin a pertenecer al territorio en contra de su voluntad. Se puede llegar a acordar realizar un referndum vinculante en todo el Estado, pero si los independentistas logran una mayora suficiente en su territorio, Para qu sirve lo que vote el resto?

Evidentemente queda una segunda va, tanto para la independencia como para el unionismo, camino que, afortunadamente parece definitivamente rechazado por ambas partes (aunque ms por los primeros que por los segundos): se trata del uso de las armas (reaparicin de Terra Lliure, envo de tanques, represin policial, etc.). Como queda dicho, tal camino parece definitivamente cerrado (aunque tendremos ocasin de or ruidos de sables si la apuesta soberanista sigue la ruta propuesta).

Una tercera opcin es la utilizacin poltica de la judicatura. En Espaa, la divisin de poderes (ejecutivo, legislativo y judicial) no es ms que una caricatura que puede lavarle la cara frente a otras democracias occidentales, pero que cae en papel mojado, como hemos tenido ocasin de comprobar estos ltimos das, al ver los pactos acordados entre el PP, el PSOE y Cs a la hora de nombrar a los miembros del TS y TC. El Legislativo nombra al ejecutivo, y entre ambos, a los miembros de los mximos responsables de la Justicia. Visto lo visto, el enfrentamiento entre Catalunya y el Estado no uenta con un arbitraje independiente dentro de sus fronteras.

Ha de tenerse en cuenta, sin embargo, el cambio en el mapa electoral ocurrido en los ltimos aos con la irrupcin de Podemos, que parece dar serenidad al debate territorial, concibiendo Espaa como un Estado verdaderamente Federal o incluso Confederal, a pesar de las reticencias mostradas por los soberanistas catalanes y vascos. Algo est cambiando en Espaa, y la Troika (PP, PSOE y Cs) ha tomado buena cuenta, apartndolos, dentro de lo posible, de los rganos y mesas de decisin en el Congreso, Senado o la Judicatura. Todo esto nos lleva a la conclusin de que la resolucin democrtica (pactada, poltica) para la secesin, o se hace de un modo unilateral (referndum s o s) o no tiene recorrido. Ya va siendo hora de que el PNV vaya aprendiendo en cabeza ajena y vea que, si realmente quiere la independencia, no lo va a lograr respetando la legalidad vigente, por mucho que dicten leyes de referndum, del derecho a decidir, o a la autodeterminacin. Siempre sern de un rango inferior a la sacrosanta.

Queda, por ltimo, la va internacional. Se trata de una batalla an no abierta en todas sus dimensiones, pero que se aventura interesante. Evidentemente, el Estado y la Repblica van a presionar para que las instituciones Comunitarias e Internacionales se opongan al reconocimiento de una Repblica Catalana Independiente (lo mismo que de una Euskal Herria). Tras las presiones de rigor vendrn los clculos econmicos: Catalunya cuenta con aprox. 8 millones de habitantes que, actualmente, por el hecho de ser espaoles, son tambin europeos. Euskal Herria, a su vez, tiene una poblacin de unos 3 millones de ciudadanos en las mismas condiciones de ciudadana europea que catalanes o murcianos. Puede la UE prescindir de entre 8 y 11 millones de contribuyentes por un antojo del Reino de Espaa? Que pueda presionar no hay duda, pero si la secesin se realiza, cunto va a tardar en readmitirlos?

Faltan an dos cuestiones a tener en cuenta: El Reino de Espaa ha contrado una deuda muy alta con las sociedades financieras europeas, pero el deudor es el Reino de Espaa, y punto. Si Catalunya se separa a buenas (pactando) puede reconocer parte de la deuda y resarcirla, pero si lo hace a malas, puede desvincularse de la misma y partir de cero, mientras el monto recaer en las regiones que sigan perteneciendo al Reino. Est claro que dos de las regiones motoras de la economa son Catalunya (que se separa) y Euskal Herria (en quien recaera el peso econmico). A Espaa le interesara pactar al respecto, y los Gobiernos central y autonmicos deberan comenzar a llegar a acuerdos bilaterales. No serea de extraar que en pocos aos Catalunya y Euskal Herria estuvieran en disposicin de entrar a formar parte de la UE (si les interesara, que estara por ver), y de vetar la pertenencia de Espaa, que no cumplira los requisitos mnimos.

Los Gobiernos Espaoles no nos quieren contar todo lo anterior: que no hay una Constitucin Europea, por mucho que nos digan que s (no ha sido ratificada); que no hay precedentes ni normativa para que un ciudadano europeo actual deje de serlo (yo puedo ser cataln y, por el hecho de serlo, espaol y europeo; pero, dejar de ser espaol implica dejar de ser europeo?); no nos dice que los tribunales de justicia estn contaminados por el legislativo, vendiendo la falsa idea de la divisin de poderes; no nos dice que subsumen la democracia (el poder del demos, el pueblo, al poder de la Ley, de una Ley muy concreta: la Constitucin de 1977); no nos dice que pases ms pequeos son capaces de administrar sus recursos garantizando sus pensiones y servicios sociales (desde Liechtenstein, pasando por Suiza, Austria, Andorra, San Marino, Vaticano y un largo etctera) todo consiste en el balance entre ingresos y gastos (aunque conlleve gravar ms a las grandes fortunas).

Por ltimo, el autoengao espaol. Muy posiblemente si se acaba por convocar un referndum en Catalunya, este se realizar bajo todo tipo de presiones (polticas, militares, judiciales, internacionales, etc.), lo que provocar que el no a la secesin pueda ser superior al s. Y aqu la poblacin espaola respirar aliviada. Y dar un ufff! Sin entender nada de lo que ha ocurrido. Los polticos del PP, el PSOE y Cs incidirn en el hecho de que ya haban vaticinado que la poblacin catalana no era proclive a la independencia. Los de Podemos y aclitos dirn que por fin se ha consultado a la ciudadana (sin tener en cuenta las presiones); y los secesionistas resaltarn dichas presiones para justificar la prdida del mismo, a la vez que se congratularn de haber podido consultar y saber qu es lo que realmente quieren los catalanes. Nuevamente todos ganan y nadie pierde. Y nuevamente nadie dice la verdad, aunque nadie mienta.

La importancia del referndum no estriba en su resultado. De hecho, el miedo de los Partidos Polticos no se centra an en ste. El miedo es a la propia convocatoria, puesto que una vez realizado, slo resta negociar las condiciones para la prxima celebracin (tiempos, porcentajes, poblaciones, etc.). Esto s que abre una verdadera caja de Pandora.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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