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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 04-01-2017

Sndrome de Estocolmo en pensiones

Juan Francisco Seco
El viejo topo


Lo he afirmado tres veces, luego es verdad. Las mayores mentiras se pueden trasformar en dogmas, o los errores en aciertos, a base de repetir un mismo mensaje de forma continuada. Esto es lo que ha ocurrido con las pensiones.

Desde hace ms de treinta aos todos los caones informativos de las entidades financieras, de las fundaciones ligadas a ellas o a los poderes econmicos, e incluso muchos polticos, han venido martilleando a la opinin pblica con el soniquete de que el sistema pblico de pensiones no es viable, o de que en cualquier caso necesita una profunda reforma (lase reduccin) para su sostenibilidad y de que se hace preciso, por tanto, que los ciudadanos comiencen a ahorrar, es decir, a suscribir fondos, planes de pensiones o instrumentos similares, finalidad ltima del mensaje.

Tanta fuerza ha tenido la ofensiva, que ha terminado calando profundamente en la sociedad. De ah que no haya que sorprenderse de los datos que ofrece la encuesta realizada por la fundacin Mapfre en la que, por ejemplo, ms del cuarenta por ciento de los espaoles piensan que cuando se jubilen no van a cobrar pensin. Estoy seguro, sin embargo, de que esas mismas personas no dudan de que va a seguir habiendo sanidad pblica y educacin pblica; no cuestionan que se vaya a poder pagar a los policas, a los jueces y a los dems funcionarios o que los poseedores de ttulos de deuda pblica vayan a cobrar los intereses.

Sin motivo fundado, el pesimismo existente con respecto a las pensiones es radical. Una buena parte del otro sesenta por ciento considera que una vez jubilados no podrn mantener el mismo poder adquisitivo y que la cuanta de su pensin no sobrepasar los 900 euros mensuales; 150 euros menos que la pensin media actual, que ya es suficientemente baja. Se produce una especie de sndrome de Estocolmo en virtud del cual los ciudadanos han terminado asumiendo los sofismas y falacias construidos con la pirmide demogrfica, con el incremento de esperanza de vida y, sobre todo, al ligar la suerte de las pensiones a la evolucin de las cotizaciones, sin que nadie por el contrario repare en el incremento de la productividad y de la renta per cpita. Es una especie de promesa autocumplida, porque es precisamente el derrotismo en esta materia el que puede hacer posible que el sistema pblico de pensiones se deteriore, al tirar la toalla antes de comenzar el combate.

La encuesta se adentra tambin en el tema del ahorro que los ciudadanos guardan para la jubilacin. No es de extraar. Mapfre es una empresa de seguros y esta ha sido siempre la finalidad de la ofensiva: promocionar los fondos privados de pensiones o figuras anlogas. La contestacin de los encuestados es bastante lgica, el setenta por ciento no ahorra porque no puede, pero del 30% restante muy pocos seran, aunque no lo digan, los que podran con su ahorro mantener una pensin. Por otra parte, la contestacin de todos ellos con carcter general debera haber sido que de hecho ya estn ahorrando todos los meses, puesto que las cotizaciones (incluyendo las empresariales) forman parte de su retribucin, se pagan mes a mes durante toda su vida laboral.

Por mucho que se empeen las entidades financieras y por mucha propaganda que hagan de los fondos y de los planes de pensiones, la mayora de los ciudadanos no tienen apenas capacidad de ahorro. Deteriorar el sistema pblico de pensiones y confiar la supervivencia en la jubilacin al ahorro privado es condenar a amplias capas de la poblacin a la pobreza o a la beneficencia. Aparte de las pensiones pblicas, tan solo la casa en propiedad puede tener cierta importancia en la riqueza de la casi totalidad de jubilados (presentes y futuros). Por eso se entiende mal que la vivienda se haya convertido en diana de los distintos impuestos.

El da 2 del presente mes, el Consejo de Ministros aprob (al mismo tiempo que endureca el impuesto de sociedades e incrementaba los gravmenes al tabaco, al alcohol, etc.) los coeficientes de actualizacin de los valores catastrales que subirn en 1.895 localidades de toda Espaa, y que derivar en una subida de impuestos tales como el IBI o la plusvala municipal. Lo cierto es que desde el comienzo de la crisis, de una u otra forma, los ayuntamientos no han dejado de subir el IBI. Pese a que el valor de mercado de los inmuebles se ha desplomado un 30%, la recaudacin del impuesto ha crecido un 76%.

El hecho es tanto ms injusto en cuanto que la vivienda representa el nico patrimonio y la nica reserva de cara a complementar la pensin de las clases bajas y medias. Resulta significativo que mientras el impuesto de patrimonio es objeto de toda clase de improperios y crticas, el IBI apenas recibe censuras cuando es en el fondo un impuesto de patrimonio, solo que parcial y no progresivo, y recae exclusivamente sobre aquella parte de la riqueza nacional que es propiedad de las capas sociales modestas.

Artculo publicado originalmente en Contrapunto

Nuestra Fuente: http://www.elviejotopo.com/topoexpress/sindrome-estocolmo-pensiones/

 



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