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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 05-01-2017

El macrismo realmente existente

Jos Natanson
Le Monde Diplomatique

Un repaso de la economa poltica del macrismo realmente existente confirma que el Gobierno est operando un ambicioso y regresivo cambio socioeconmico


Entre bizantina y bizarra, la discusin en torno al impuesto a las ganancias quizs revele algo ms profundo de lo que podra pensarse a primera vista. Luego de la ltima modificacin, quedarn alcanzados por el impuesto menos del 8 por ciento del total de trabajadores, jubilados y autnomos, alrededor de 1,4 millones de personas sobre un total de 12 millones (18 si se cuentan los no registrados), obviamente situados en la cpula de la pirmide salarial: como demuestra un informe oficial (1), hay que ganar casi el doble del salario promedio del sector privado 19 mil pesos en bruto para comenzar a pagar ganancias (en Francia, Estados Unidos o Espaa, por citar algunos ejemplos, tributan quienes ganan entre un tercio y la mitad del salario promedio, aunque se trata de porcentajes mnimos para las primeras escalas y aunque la capacidad adquisitiva de ese mismo sueldo promedio es por supuesto ms alta).

En concreto, el impuesto a las ganancias sobre los trabajadores en relacin de dependencia aport unos 50 mil millones de pesos en 2016, lo que equivale a la totalidad del presupuesto de las 53 universidades nacionales, ms de tres veces los recursos destinados a ciencia y tecnologa o un soterramiento del Sarmiento entero. Por qu entonces, si se trata de un impuesto que genera mucho dinero y que impacta bsicamente sobre los salarios ms altos, es tan impopular? En primer lugar, porque su extensin a ms y ms personas no fue producto de una decisin explcita de poltica pblica, impulsada desde el gobierno y defendida en un debate social franco, sino de la falta de actualizacin (no hubo, digamos, una batalla cultural en torno a ganancias sino una apuesta vergonzante a la inercia).

Pero adems, a diferencia del IVA, ms regresivo pero disperso en miles de microcompras cotidianas, y del impuesto al cheque, distorsivo porque castiga la actividad econmica y fomenta la informalidad pero tambin desperdigado en una infinidad de operaciones bancarias, el impuesto a las ganancias es cristalino como las aguas del Caribe: cualquier trabajador sabe exactamente, con solo mirar su recibo de sueldo, cunto paga de ganancias, lo que lo condena a una hipervisibilidad casi pornogrfica que alimenta la percepcin social de injusticia.

Esto explica el estilo sobreexitado que adquiri el debate por ganancias, con un gobierno que no dud en desdecirse de sus promesas de campaa frente a un peronismo que no tuvo empacho en reclamar ahora lo que se neg a hacer cuando estaba en el poder. Sin embargo, la conclusin quizs sea menos deprimente de lo que parece: detrs del tono bagliniano del debate se esconde la evidencia de que tanto el kirchnerismo como el macrismo se resistieron, pese a las presiones sociales y sindicales, a eliminar del todo un impuesto que, bien diseado, es justo.

Si se mira con atencin, algo similar ocurre con las retenciones a la soja. As como haba prometido que bajo su gobierno ningn trabajador pagar impuesto a las ganancias, lo que deriv en una interesante discusin acerca de cundo, a partir de qu salario, un trabajador comienza a ser un trabajador, Macri tambin haba prometido reducir un 5 por ciento por ao las retenciones a la soja, pero finalmente termin anunciando, luego del primer recorte, un mucho ms cauteloso esquema de rebaja del 0,5 por ciento mensual. En ambos casos, el macrismo prorrog medidas adoptadas por el gobierno anterior: si una mirada crtica nos reenva a las promesas incumplidas, una perspectiva ms benigna nos podra llevar a pensar si no estamos finalmente ante una poltica de Estado.

En todo caso, la evidencia indica que el gobierno est dispuesto a sostener algunos trazos de la estructura tributaria anterior incluso al costo de irritar a sus votantes. Los motivos habr que buscarlos en la otra cara de la Luna presupuestaria, el gasto fiscal, que no experiment una cada brusca durante el 2016 sino que, considerado globalmente, se mantuvo en niveles similares a los del ao anterior, del mismo modo que lo har en 2017 segn las propias previsiones oficiales. En efecto, la ley de presupuesto estima para este ao un dficit fiscal similar al de los aos anteriores (4,2 por ciento contra 4,7). De hecho, est previsto que el gasto suba ms que los ingresos (22,6 contra 22,4 por ciento). Y en este sentido, quienes conciben al macrismo como una copia en carbnico del menemismo deberan registrar que el alarmante aumento de los niveles de deuda, la desaprensiva apertura comercial y la obcecada poltica de metas de inflacin no se conjugaron con un ajuste fiscal al estilo de los 90, lo que no convierte al de Macri en un gobierno progresista sino en uno que quiere ganar las elecciones.

Pero esto es solo una parte. Si el anlisis de la dupla ingresos/gastos habilita una mirada ms sutil sobre la gestin macrista, la evaluacin detallada de la economa del 2016 confirma que el gobierno avanza en una cierta direccin. Podr proceder por el mtodo del ensayo y error, reconocer sus equivocaciones y disculparse como el Juan Domingo Perdn de Capusotto, pero tiene un rumbo. Macri vacila, pero no gobierna contra sus deseos.

Como revela el Cuadro 1, desde que el PRO lleg al poder se produjo una gradual pero clarsima contrarreforma tributaria que involucra una disminucin del peso de los impuestos ms progresivos y un aumento de los regresivos: los derechos de exportacin (retenciones) pasaron de recaudar el 4,63 por ciento del PBI en 2015 al 3,42 en 2016, el impuesto a las ganancias cay del 22,41 al 19,73 y el impuesto a los bienes personales del 1,07 al 0,92, en tanto el IVA, a pesar del desplome del consumo y la recesin, salt del 25,49 al 26,72.

Esta regresin tributaria result en un nuevo panorama sectorial de ganadores y perdedores. El Cuadro 2 confirma que las tres actividades econmicas que ms aumentaron su participacin en el PBI fueron la agricultura (pas de representar el 7,7 por ciento del producto en 2015 a un impresionante 12 por ciento en 2016), las finanzas (del 3,9 al 4,3) y la minera (del 3,9 al 4,1), mientras que cayeron la industria (17,1 a 15,7), la construccin (del 5,3 al 4,3) y el comercio (14,3 a 13,7). Silenciosamente, la reconversin est en marcha: los ganadores del ao son sectores dinmicos, competitivos a nivel global y superavitarios en divisas, pero que generan pocos empleos y escasos encadenamientos productivos. Y que quizs alcancen para satisfacer a poblaciones menos numerosas como, digamos, la chilena o la peruana, pero que resultan claramente insuficientes para alimentar a un pas como el nuestro, con 40 millones de habitantes y una arraigada memoria de clase media, una fuerte pulsin plebeya y una pasin carnvora que ensanchan la demanda social hasta niveles cuasi europeos.

Estos cambios tributarios y sectoriales se completan con la siempre delicada cuestin de las divisas. La fuga de capitales se ms que duplic entre 2015 (salieron 6.734 millones de dlares) y 2016 (14.662), impulsada por la formacin de activos en el exterior y el giro de utilidades de las empresas, lo que explica que las reservas internacionales apenas se incrementaran pese a la masiva llegada de dlares por va del blanqueo. Segn los clculos incluidos en el presupuesto, el gobierno necesitar en 2017 unos 16 mil millones de dlares para refinanciar la deuda en moneda extranjera, a punto tal que el rubro servicios de deuda es, comparativamente, el que ms crece. Aunque la deuda total todava se sita en niveles manejables, por debajo del 55 por ciento del PBI, su rpido aumento, junto a la suba de tasas dispuesta por la Reserva Federal de Estados Unidos, abre dudas sobre su sostenibilidad en el tiempo.

En suma, la economa poltica del macrismo realmente existente confirma la percepcin de un gobierno que registra los lmites que le imponen la oposicin partidaria, el sindicalismo y las organizaciones sociales, atento siempre al estado de nimo de la opinin pblica, pero que de todos modos avanza. Y que si no acelera el paso es porque todava debe terminar de definir la coalicin social sobre la cual har descansar su programa de reformas: si el alfonsinismo se apoy en una alianza entre las clases medias urbanas, los sectores tradicionales del radicalismo del interior y muchos peronistas emancipados (no me van a votar los obreros pero s sus esposas, segn la clsica boutade del ex presidente); si el menemismo se sostuvo gracias al apoyo de los estratos ms altos, las nuevas clases medias globalizadas y los sectores populares, y si el kirchnerismo obtuvo el respaldo de los grupos ms pobres, una parte de las clases medias progresistas y los trabajadores organizados, cul ser la alianza social que le garantizar sustentabilidad poltica a un gobierno que controla apenas un tercio de los diputados, un cuarto de los gobernadores y un quinto de los senadores? (2).

El hecho de que esta pregunta crucial no encuentre todava una respuesta definitiva explica el estilo sinuoso de la gestin macrista y el ritmo un poco desconcertante con el que se mueve. Pero una cosa es el sesgo ideolgico y otra muy distinta la velocidad con la que lo despliega. Como sostienen los editores del Artepoltica.com, confundir neoliberalismo con shock o gradualismo con progresismo es caer en una falacia de peticin de principios. Lenta pero persistentemente, el macrismo est operando un ambicioso cambio socioeconmico, disimulado detrs de un cortina finita hecha de slogans de autoayuda e imposibles promesas win-win, pero perfectamente visible para todo aquel que quiera mirarlo.

Notas:

1. Ministerio de Hacienda y Finanzas sobre datos de la OCDE.

2. Cuando se consulta a funcionarios e incluso intelectuales macristas, la respuesta se limita a expresiones del tipo una alianza con todos los que quieran un pas mejor o todos los que estn comprometidos con el cambio, o sea que no tienen ni idea.

Fuente: http://www.eldiplo.org/211-el-peronismo-contraataca/el-macrismo-realmente-existente



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