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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 05-01-2017

De derrotas, enojos e incomprensiones, tambin de esperanzas

Daniel Campione
Rebelin


Creo que en poltica, los que han sufrido una derrota, y an no encuentran el camino para superar sus efectos, deben darse y dar explicaciones sobre el revs sufrido, reflexionar sobre el modo de convertirlo en una experiencia aleccionadora con miras a una recuperacin futura. En ningn caso pedirlas a quienes no secundaron sus propsitos, menos en tono airado, increpndolos por no haber tenido la supuesta lucidez de acompaar al proyecto derrotado, sea en el plano electoral o en otro tipo de acciones.

Escribo esto pensando en la actitud de muchos compaeros kirchneristas, adoptada desde el mismo da de las ltimas elecciones presidenciales, y en general sostenida y acentuada hasta ahora. Casi desde la jornada siguiente a que Mauricio Macri asumiera como presidente, se agreg un nuevo tpico para estigmatizar a quienes lo votaron, y tambin a los lo hicieron en blanco, estos ltimos una pequea minora, cuya magnitud e influencia se magnifica a veces, a conciencia o por desconocimiento. Me refiero a la exhortacin constante, cada vez ms urgida e hiriente, a que los macristas se arrepientan del terrible error cometido. Se lo piden, mejor, se lo exigen, al modo de la dolorosa contricin que requiere una iglesia de sus feligreses descarriados.

Se lo hizo desde el comienzo, sin esperar a nadie para que haga su experiencia y reflexione. Todo lo contrario. Entienden ahora lo que hicieron, el mal que nos causaron a todos? Queran el cambio, ahora jdanse, lstima que nos jodemos junto con ustedes, Cmo pueden ser tan necios, todava lo siguen apoyando. No tuvieron bastante con todo esto? Hundieron al pas, ahora pueden estar contentos. Se podra alargar el listado de finos hallazgos poltico-culturales por varias carillas. Todo el tiempo, proferidos desde antes de diciembre de 2015 hasta la fecha. Muchas veces se desciende al insulto, directo, sin tapujos, preguntndose cmo pueden ser tan imbciles, egostas o ignorantes.

Y todo esto sin distinciones de ningn tipo. No se diferencia entre la cuarta parte apenas de la sociedad que sufrag por Macri ya desde las PASO, los que lo hicieron en la primera vuelta, y quienes lo votaron in extremis, muchas veces con serias vacilaciones, pero huyendo de la boleta con el nombre de Daniel Scioli, al que una buena parte sufri durante ocho aos como desastroso gobernador de la provincia de Buenos Aires, y casi todos recuerdan como el frvolo millonario que entr a la poltica aupado por Carlos Menem. Estos detalles no importan, parece. Para la mirada ofuscada, todos son culpables, todos igualmente macristas. No valen las distinciones entre el militante del Pro a jornada completa desde hace aos, y el que vot en 2007 y 2011 por CFK, y no lo hizo por Scioli por variadas razones, muchas de ellas comprensibles, dignas de ser examinadas. O acaso era un espejismo la inflacin por arriba del 20% anual? Lo era el bajo nivel de crecimiento de los ltimos aos? Era inmotivado dierto hartazgo con los modos de ejercer el gobierno en el lapso 2003-2015, o con con el poco sentido de la realidad de quienes minimizaban la inflacin o peroraban sobre que Argentina tena menos pobreza que Alemania.? Que haya otros motivos para el voto a Macri menos vlidos y comprensibles, no invalida a estos otros.

Tampoco se juzga necesario diferenciar entre el prspero burgus, o los que aspiran a serlo, que sostienen la mirada clasista y reaccionaria de siempre, disfrazada de condena tica y republicanismo, de los descontentos slo en parte con el rumbo de la dcada ganada, que en la segunda vuelta supusieron que cualquier cosa era mejor que candidatos que no representaban lo que para ellos era lo mejor del kirchnerismo, pero encarnaban con claridad aquello que no queran que continuara. No se salvan del menosprecio los trabajadores con salarios aceptables, privilegiados y egostas, que se supone priorizaron la promesa de suprimir el impuesto a las ganancias, y otros optimismos vaporosos, en vez de responder a esa identidad peronista, que se cree albergan siempre igual a s misma. En cunto a los pobres de toda pobreza que terminaron por ingresar en la urna la boleta de Cambiemos, bien se opta por ignorar de modo olmpico su existencia, bien por cubrirlos con improperios que, de estar en boca de otros, seran juzgados como sntomas del peor gorilismo. Balcn francs en el teatro de los rprobos merecen los que facilitaron el triunfo de la peor derecha, negndose a considerar el balotaje como una lucha a brazo partido entre la burguesa antinacional, y el proyecto nacional y popular, extraamente encarnado en el dueo de La ata. Ya en miradas algo afiebradas, aparece a veces la conjetura de que muchos de esos pseudoizquierdistas perversos, hicieron campaa por el voto en blanco, y en la privacidad del cuarto oscuro se pronunciaron arteramente por Macri.

No es una novedad que, ante el fracaso de las previsiones propias y ajenas, frente a lo inesperado y an impensado de un contraste, el comprensible enojo tome como objeto, en todo o en parte, no los propios yerros y deficiencias, sino la supuesta incomprensin o indiferencia de los que dieron la espalda. Que se suponga que el proyecto de sociedad al que se adhiere y la fuerza poltica que lo sostiene, estn por encima del abstracto nivel medio, de la sociedad en que se desenvuelven. Y que en el debe se coloquen slo los problemas de comunicacin o la supuesta traicin de los propios que no acompaaron, o no lo hicieron con el entusiasmo suficiente. Podra hasta decirse que, al principio, ocurre casi siempre. Pero, en general, por un tiempo breve, como primera reaccin a la decepcin, a cierta sensacin de desamparo en las horas sombras.

A veces esa actitud se prolonga, pero slo en una porcin, que va en disminucin ms o menos rpida, de quienes aspiran con seriedad a recuperarse del contraste sufrido. El resto comienza, de a poco, a tomar el camino de la crtica, radical y hasta feroz, si es necesario, a quienes ahora ostentan el poder, pero acompandola con una actitud de reconstruccin del propio campo, con la actitud de comprensin como ingrediente. El respaldo no puede ser otro que el esfuerzo de comprender y en lo posible de llevar, de nuevo o por primera vez, a la corriente a la que se pertenece, a los que decidieron tomar otro camino. Incluso cuando se juzga a esa senda como profundamente equivocada y hasta de efectos destructivos.

En otras pocas, en distintas latitudes, hubo quienes supieron hacerlo, a partir de la activa militancia y el entusiasmo por la propia causa. Los comunistas italianos, despus de la segunda guerra, supieron dirigirse a los millones de trabajadores y pequeos burgueses que apoyaron en su momento a Mussolini. An a sabiendas de que gran parte de ellos haban asistido en silencio, a veces complacido, al encarcelamiento, la tortura, el asesinato brutal, de muchos de sus compaeros. Que incluso no eran pocos entre ellos los que haban aplaudido a rabiar, cubiertos con las camisas negras del fascismo. All no se trataba de un voto ms o menos, sino de hechos terribles, prolongados adems por ms de dos dcadas. Sin embargo, los hombres del P.C italiano desarrollaron su tarea militante, sin olvidar nada, pero convirtiendo sus tremendos y precisos recuerdos en un bagaje constructivo. Claro que, sabindolo o no, seguan el sendero de Antonio Gramsci, el que deca que era necesario saber, pero tambin comprender, y ms an sentir. Lograron que muchos que haban sido simpatizantes o indiferentes frente a la dictadura fascista, terminaran votando a los comunistas, desde el inicio de la posguerra, o slo unos aos despus, y el caudal fue subiendo hasta convertirse en dolor de cabeza para los heraldos de la guerra fra. Sabemos que con el tiempo esa tarea esforzada, casi heroica, termin puesta al servicio de la moderacin, socialdemocratizacin y por ltimo neoliberalizacin, del PC italiano y de las organizaciones que lo sucedieron, pero esa es otra historia que la que aqu nos interesa.

Lamento que poco, o al menos en medida insuficiente, de un espritu y una accin semejante a la que acabo de referirme se vea hoy entre los que, con diversos grados de fervor y continuidad, apoyaron a los gobiernos de Nstor y Cristina Kirchner, y juzgaron desde la primera vuelta que el voto por el FPV en octubre de 2015 era lo mejor entre lo disponible. Ms bien existen hoy promesas de retorno, arropadas con un vamos a volver que corre riesgo de convertirse en un llamado nostlgico, en lugar de en consigna activa y operante. Y rencores, a veces vociferantes, contra los que muestran otras inclinaciones y simpatas.

No se trata de justificar, menos de estar de acuerdo, con lo que los de la vereda de enfrente hacen y piensan, hicieron y pensaron. S de explicarse, comprender, ponerse en su lugar, diferenciar entre unos y otros, distinguiendo al que siempre seguir el rumbo opuesto, del que puede encauzarse en otra direccin, ms afn a la que se considera correcta, sin que sea necesariamente la misma que la propia.

Esa me parece una base para hacer una poltica de alcance estratgico, no anclada en una coyuntura, ni obsesionada de modo lineal por un resultado electoral que todava no se sabe cmo revertir. Tengo la impresin de que no son muchos los que empezaron ya a avanzar por ese camino. Falta, todava, optimismo fecundo, y no automtico e impostado, y sobra resentimiento, y dificultad para salir de la sensacin de haber sufrido un castigo inmerecido, que no reconoci mritos ni logros. En esa direccin no se va hacia transformaciones sociales reales y profundas, y tal vez ni siquiera a la obtencin de triunfos electorales, salvo tal vez resignndose a que campen a sus anchas los polticos profesionales, esos mediocres sin otra conviccin que la que indica que nunca debe ofenderse seriamente a los dueos del poder econmico, social y cultural, ni otro factor de impulso que medrar en el aparato estatal y las estructuras partidarias y sindicales, en lo posible con riquezas millonarias como resultado.

De consolidarse este rumbo, que ms bien parece la falta de un sendero que conduzca a alguna parte, seguro que no se contribuir mucho, o menos de lo que sera posible y deseable, a contener y revertir el avance del gran capital en su ofensiva permanente contra los trabajadores y los pobres. Es probable que ni siquiera se alcancen resultados felices en las elecciones venideras. Y no sera extrao que la victoria del Pro y sus aliados se repita en 2017, 2019, incluso 2023. O alguien puede decretar como imposible que la nclita gobernadora bonaerense instaure su ya por entonces no tan juvenil sonrisa al frente de un tercer perodo de presidentes del Pro? Terrible perspectiva? Sin duda.

Lo tambin indudable es que el modo de evitarla y, sobre todo, de que las clases populares tomen la iniciativa e impongan un camino, no ya distinto, sino opuesto, no de conciliacin ms o menos amable con el gran capital sino de enfrentamiento franco, y si fuera posible, as sea como ideal mediato, de destruccin de su podero, no es el del resentimiento, la nostalgia, y menos el de la recriminacin constante frente a los que se resisten a visualizar lo mismo que a otros les parece verdad clara y evidente.

Es verdad que si las peores prevenciones se hacen realidad, siempre estar disponible el echarle la culpa a la sociedad, el repetir con falsa sabidura que este pueblo no da para nada muy distinto. Incluso para echar maldiciones a este pas de mierda. Lo que no dejara de ser paradjico hecho desde el peronismo o sus cercanas, siendo que Arturo Jauretche, clasific esa ltima frase entre las zonceras argentinas de su tan celebrado Manual.

Esa actitud de desengao y desesperanza ser ms llevadera para los que dispongan de los mrgenes de supervivencia ms o menos decorosa que da la pertenencia a la vaporosa clase media, mejor si es de la que suele llamarse acomodada o prspera. Intuyo, sin afirmar por carecer de elementos rigurosos para ello, que a este ltimo sector pertenecen buena parte de los ms enojados con los resultados del ao pasado, y con la supuesta pasividad de la mayor parte del pueblo argentino frente a las polticas en curso, que solemos definir de modo impreciso como neoliberalismo. Dicho sea al pasar, algunos de ellos muestran empeo en ver pasividad, desconcierto, hasta depresin colectiva, an en contra de la evidencia de luchas diversas y en aumento. Sera bueno alguna vez desentraar las razones de esa acititud. Lo verdadero es que para quienes no cuentan con colchn econmico, ni capital social y cultural considerable, el rumiar interminable de cuitas que se suponen injustas no es una perspectiva, no ya buena, sino siquiera de las malas.

Cabe, me parece, apostar a que el grueso de la sociedad argentina no reaccione en los modos que he venido describiendo, o los abandone ms temprano que tarde. Y hasta puede ser que, en algn momento no tan lejano, asistamos a nuevos episodios de rebelin popular abierta y masiva. No descartara para nada que muchos de los hoy indignados contra buena parte de quienes podran ser sus aliados, se sumaran con entusiasmo si eso ocurriera. Y que entre ellos seran mayora los que aceptaran, unos reviviendo antiguos fervores, otros con cierto regusto amargo, que quizs no sean los retratos de Pern y Evita ni las consignas del peronismo las que luzcan en muchas de las pancartas y las pintadas que acompaen las nuevas oportunidades creadas por la movilizacin popular.

No valdr la pena brindar por eso, y disponerse a contribuir a su realizacin en la mayor medida posible? No ser necesario dejar de pensar y hacer en trminos de regresos ,sino del advenimiento de lo nuevo y hasta lo inusitado?

A quince aos de aquel diciembre de 2001, quizs estemos en condiciones de ir desenterrando una algo olvidada consigna que algunos, no todos ni la mayora, alzaban por aquellos das junto al Qu se vayan todos y no quede ni uno solo.

Deca Que venga lo que nunca ha sido. Bellas palabras, evocacin casi enigmtica de un futuro tan desconocido como deseable no es cierto?

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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