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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 05-01-2017

Trabajo sexual & Neoliberalismo
La sonrisa de Cheshire

Gens Plana
Rebelion

Ideologa neoliberal en la promocin del trabajo sexual.


La segunda virginidad que se pierde, la definitiva, parece no ser otra que la ingenuidad. Despus de que Amarna Miller pasara por distintos talk shows contando la ausencia de incoherencia entre su conviccin feminista y su dedicacin a la industria pornogrfica, recientemente han sido publicados un par de artculos, en elmundo.es y en elespanol.com, ampliamente viralizados en las redes sociales, en los que se recogen diversos testimonios de prostitutas que reivindican su oficio como resultado de una decisin plenamente libre.

Tomemos como muestra las declaraciones de Amanda Carvajal, quien emplea el refinado nombre de escort para referirse a su actividad de acompaante sexual: Yo decido cunto cobro, la duracin de las citas y qu se hace y no en ellas. El cliente acepta y, si no le gustan las condiciones, simplemente el encuentro no se produce. Eso para m es igualdad de gnero, pues es un acuerdo en el que tanto l como yo salimos ganando. Ocurre que al enfatizar las elecciones como propias y eximirlas de cualquier condicionante contextual, pareciera que nos situramos ante las palabras de algn apologeta liberal que tomando un caso particular acaba por proclamar las evidencias empricas del supuesto triunfo de un mercado completamente libre y autorregulado.

Al trmino de la lectura, ya no caba duda de quin pronunciaba el murmullo que de fondo escuchaba: resultaba ser Slavoj Zizek diciendo que la percepcin de que vivimos en una sociedad de elecciones libres () es la forma de aparicin de su exacto contrario, de la AUSENCIA de verdaderas opciones[1].

Siguiendo el camino asendereado por el filsofo esloveno, diramos que el contenido de estos artculos nos conduce de lleno al vaporoso mundo de la ideologa dominante, donde, as como el gato de Cheshire, la densidad de la figura se esconde detrs de una amplia sonrisa. Una sonrisa ilusoria que pregona la libertad formal nsita en la autonoma laboral al tiempo que oculta los riesgos y las responsabilidades que asume el trabajador autnomo carente de normativa laboral.

Porque si damos por cierto que el imaginario que proyecta el neoliberalismo se fundamenta en un individualismo metodolgico a partir del cual el pleno desarrollo personal solamente puede lograrse rompiendo el amarre que suponen los marcos de regulacin social, ya no har falta ms que atender a algunas de las declaraciones recogidas en los artculos mencionados para reparar hasta qu punto responden a percepciones y opiniones personales sumamente funcionales a la ideologa dominante.

Para empezar a darle lea al mono ser conveniente apuntar que, si bien es cierto que las mujeres entrevistadas sitan en la base de su decisin por dedicarse a la prostitucin la precariedad y la ausencia de expectativas a la que se expone la fuerza laboral en estos tiempos de contrarrevolucin neoliberal[2], no deja de ser menos cierto que no se considera ms que una escapatoria individual que resulta ser concomitante al modelo de emprendedor preconizado por la retrica neoliberal.

Se trata de un empresario de s mismo por decirlo a la manera de Foucault, quien, ya sea instalando placas fotovoltaicas o ejerciendo la prostitucin, asume como propia la inseguridad relativa a su rgimen laboral por ms que a sta se la presente positivamente llamndola flexibilidad. Natalia Ferrari ofrece un botn de muestra al asegurar que una de las ventajas de ser prostituta es que puedes dejarlo y volver cuando quieras[3].

Pero aunque esta afirmacin no necesariamente denote falsedad, su relevancia est en su involuntaria disposicin por trazar lneas de fuga que, distancindonos de la defensa colectiva de los derechos sociales, acaban por llevarnos a un resbaladizo lugar en que cualquier cooperacin es reemplazada por competitividad. Veamos. Cualquiera que conozca las condiciones de trabajo a las que se expone parte considerable de la poblacin ocupada en nuestro pas comprender que Valrie May, trabajadora sexual, diga aquello de no quiero seguir formando parte de este sistema laboral.

Sin embargo, aquello que no resulta fcil de comprender es que de ello se desprenda la exaltacin de formas de autoempleo desprovistas de proteccin social. Por el contrario, pareciera que una postura verdaderamente consecuente con respecto al rechazo del actual mercado laboral reclame a su vez un rechazo de aquellos trabajos que, al margen de la remuneracin que puedan proporcionar, se encuentran atravesados por mayor inestabilidad e inseguridad. Dicho lo cual debo apresurarme a subrayar que no es el propsito de estas lneas cuestionar el trabajo sexual[4], sino tan slo sealar la complicidad de ciertos relatos novedosos, por ms transgresores que aparenten, con la racionalidad neoliberal.

Slo as se comprende que los empleos presentados en los dos artculos mencionados se encuentren en sintona con el empeo por reducir la cobertura de prestaciones sociales como el desempleo, los subsidios asistenciales y las pensiones de jubilacin. Ante el progresivo deterioro de las condiciones de los trabajadores asalariados, la ideologa dominante niega la dimensin social del problema, obstruyendo la posibilidad de enlazar un malestar compartido que provea de una respuesta colectiva, a la par que orienta cualquier tipo solucin hacia un devenir-emprendedor en constante competitividad.

Si el primer movimiento supone aniquilar el modelo laboral surgido de la sociedad del bienestar por medio de la escasez y la precariedad, la accin que culmina la operacin pasa por canalizar el desasosiego social hacia presuntos proyectos de xito personal en los que, sin ningn tipo de proteccin legal, cada persona se convierte en un producto susceptible de lanzarse al mercado laboral. A fin de cuentas la clave del xito est en venderse ms que los dems, por lo que, dado las implicaciones poco menos que vitales que ese panorama posee, no podemos ms que reconocer que el horizonte que se nos muestra es aqul en que cualquier parcela de la vida acaba por subsumirse a una relacin empresarial.

Por lo que no resulta complicado advertir la lgica subyacente a la simbitica figura del proletario-propietario, segn la cual debiramos sentirnos tanto ms empoderados cuanto que mayor es nuestra capacidad para autoemplearnos, o dicho sin cortapisas, para explotarnos de manera voluntaria y sonriente[5]. Tanto es as que el trabajo deviene el principal modulador del autodesarrollo humano: para Natalia Ferrari, por ejemplo, el suyo es un trabajo muy empoderador que le permite pagar el alquiler. Pero si lo que se quiere es descubrir el sustrato ideolgico del discurso, ser apropiado remover sobre la fina capa de goce con que ste ltimo es pronunciado: al hacerlo podemos airear las pestilencias que sotierra.

Sugieren estas palabras que la ideologa suele hallarse donde la obligacin se disfraza de libertad y la desazn se camufla de conformidad. O para expresarlo en trminos lacanianos, se trata de encontrar la procedencia de ese se por el cual los desgraciados se satisfacen. Sin especular ms sobre esta conceptualizacin, su concrecin se expresa a partir de la intuicin que nos lleva a desconfiar de aquellos trabajadores que le componen un ditirambo a su realidad laboral: como apunte dir que la primera vez sent que tendra que haber empezado a trabajar como prostituta mucho antes (Natalia Ferrari); no conozco un trato ms justo e igualitario que el que hay entre una prostituta y un cliente (Andrea Carvajal); es un trabajo que disfruto mucho y que me da muchas satisfacciones. Hoy en da no podra imaginarme trabajando de otra cosa (Mara Riot).

No me parece frivolizar si propongo un pequeo juego de abstraccin por el que imaginar que aseveraciones como las aludidas corresponden a trabajadores de cualquier otro mbito gremial; pues no creo que se le diesen demasiada credibilidad sino a condicin de que formasen parte de un discurso imbuido de publicidad. Porque habiendo perdido nuestra segunda virginidad, no seremos tan ingenuos como para no desconfiar de aquellas narrativas contemporneas que, siendo tan usadas por el coaching empresarial, ofrecen bienestar emocional, motivacin constante y superacin personal en lugar de derechos en materia laboral.

A estas alturas no cabe duda que se equivoca quien considera que la ideologa de un discurso se sita al nivel epidrmico de las palabras que ste afirma; por el contrario, la ideologa no aparece ms que como un sustrato subcutneo no necesariamente impregnado de sesgos cognitivos, opiniones preconcebidas o sentencias morales: no son pocas las ocasiones en que, a fin de legitimarse, la ideologa se envuelve de posturas biempensantes[6] como pueden ser las relativas a lucha por la igualdad entre el sexo masculino y femenino y un justo reparto de roles (N. Ferrari).

Una vez ms que sirva el testimonio de Mara Riot como ejemplo: S, me considero una puta feminista. Veo a una parte del feminismo como una herramienta muy poderosa de empoderamiento. Nosotras nos creamos nuestro propio feminismo, el de las prostitutas, el ms bsico y necesario: el de poder hacer de nuestro cuerpo lo que queremos y luchar porque ninguna mujer le diga a otra lo que tiene que hacer con su cuerpo o sus genitales.

Aparte del ya mencionado aspecto del empoderamiento, aquello otro que resulta crucial de las palabras citadas se encuentra mixtificado por la afirmacin hacer de nuestro cuerpo lo que queramos: prostituta no es quien hace de su sexo lo que quiere, sino quien temporalmente lo vende; mientras que no puede considerarse feminista quien si quiera intuye que las relaciones de poder que atraviesan los gneros se sirven de la representacin estereotipada de los cuerpos.

Por lo que, si aceptamos que la significacin ideolgica de un enunciado solamente la obtenemos tensionando la vinculacin del significante con el significado, no queda otra que admitir que detrs del supuesto feminismo por el cual cada mujer hace de su cuerpo lo que quiere aquello que se haya es la ideologa neoliberal que impulsa a la mercantilizacin del cuerpo humano. As como la evanescencia de Cheshire est marcada por su sonrisa reluciente, la ideologa se muestra con su mayor vehemencia cuando se presenta aparentando su ausencia. De ah que la misma Mara Riot afirme que nosotras no vendemos nuestro cuerpo () porque es nuestro y no se puede vender.

De ser llamativa esta afirmacin no es porque conciba al cuerpo como un activo inalienable que debe gestionarse debidamente, sino porque al hacerlo lo degrada involuntariamente al estatus de objeto en propiedad: al ser propietario de s mismo el individuo lo es de sus capacidades, las cuales deber alienar y ah se encuentra lo paradjico del asunto si como resultado de las mismas aspira a unos medios de subsistencia que no posee de antemano.

No en vano ese proceso en ltima instancia contribuye a explicar las obligaciones contractuales por las cuales el cuerpo acaba circulando por un rgimen de cesin de propiedad[7]. Ante lo cual, una apuesta decidida por sustraer el cuerpo de la mercantilizacin a la que lo expone el dominio laboral no parece que pase por reivindicar su propiedad, cual armazn mecnico dentro del que instalarse y al que emplear a partir de un clculo de utilidad, sino ms bien en impedir que a la vida misma se le atribuya un valor de mercado a partir de su funcin instrumental[8].

Para ir concluyendo ser cuestin de resaltar que las declaraciones recogidas de los artculos referenciados no tienen otro propsito que ser usadas como palanca con la que levantar la losa que sepulta aquello que, no tanto como una certeza concluyente pero s como una suposicin plausible, expresa la ideologa dominante.

Se descubre entonces un pensamiento neoliberal que, en aras del ensanchamiento del campo de las libertades individuales, as como de un pretendido sentido de amplitud moral, articula un discurso de apariencia progresista que no viene ms que a rubricar la plena insercin del cuerpo humano en operaciones de compraventa de servicios laborales.

Ahora bien, si algo puede decirse es que difcilmente puede haber un planteamiento verdaderamente nmada sin que sea incmodo para el poder.

NOTAS:

[1] En Repetir Lenin, Ed. Akal, p.15 (las maysculas corresponden al texto original).

[2] Mara Riot reconoce: Deseara haberme dado cuenta antes de que poda ser trabajadora sexual, en vez de pasar aos como cajera de supermercado o en locales de ropa, teniendo que soportar jefes, cumpliendo horarios y haciendo tareas insalubres como estar parada sin descanso durante ocho horas seguidas. Por su parte, Natalia Ferrari afirma: Mi trabajo en un museo no aportaba nada a mi desarrollo personal, por lo que decid dejarlo y buscar alternativas. Y me di cuenta de que el sistema laboral slo me ofreca ms de lo mismo. Shirley lo expresa del siguiente modo: lo que ha pasado con la crisis es que muchas mujeres, al perder su trabajo y no tener problemas con tener sexo con desconocidos se han lanzado a esto.

[3] Acto y seguido asevera: Y siempre tendrs trabajo. No s yo si pasados los aos y cados los pechos su volumen de trabajo sea el mismo o, cuanto menos, de igual modo cotizado.

[4] Ni siquiera el plantear su equivalencia con los dems empleos; siendo que ciertamente todos requieren la mediacin del cuerpo humano, inclusive en aquellos denominados como cognitivos o desmaterializados.

[5] Del mismo modo que la responsabilidad del xito o del fracaso es nicamente individual en la medida que responde a un determinado grado de sacrificio y creatividad, ni que decir tiene que los rditos laborales son consustanciales al poder que tiene el emprendedor por emplearse a s mismo.

[6] Me parece oportuno citar nuevamente a Zizek cuando sostiene que las hegemonas se presentan a menudo como posiciones minoritarias, como defensas contra lo que se percibe como posiciones hegemnicas (Viviendo en el final de los tiempos. Ed. Akal, p. 62).

[7] Que se produce en base a un contrato de servicios (locatio conductio operarum) por el cual se establece una relacin asimtrica entre individuos: la venda de la fuerza de trabajo comporta, aunque temporalmente, alienar los derechos de s mismo (alieni iuris). As se entiende que ya para Aristteles el trabajador (misthots) fuese un esclavo a tiempo parcial. Por lo que, a la postre, la afirmacin de Natalia Ferrari (nosotras no vendemos nuestro cuerpo, slo ofrecemos un servicio sexual) acaba resultando un oxmoron an cuando ese servicio ofrecido no fuese sexual.

[8] A una concepcin dualista (basada en la escisin de la entidad humana entre, por un lado, una esencia espiritual que constituye el sujeto en cuanto tal y, por otro, un cuerpo fsico al que se posee en propiedad) no parece descabellado oponerle un planteamiento materialista segn el cual el cuerpo supone el conjunto de actividades orgnicas constitutivas de la posibilidad de la propia persona. Sostener que la entidad fundacional del sujeto no se encuentra en un principio descorporeizado, sino ms bien en la materialidad biolgica de su ser, sugiere recordar al escritor Paul Valry cuando afirma que lo ms profundo que hay en el hombre es la piel.


Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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