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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 10-01-2017

Lo social y lo nacional, dos caras del derecho a vivir mejor

Iosu Perales
Rebelin


Es muy recurrente que dirigentes de partidos polticos apelen a las necesidades sociales para desplazar las reivindicaciones nacionales vascas y catalanas a un maana indefinido y perpetuado.

Pero en realidad, la afirmacin de que el soberanismo y el derecho a decidir no son una necesidad de la gente, en contraposicin al empleo que s lo es, no tiene una base real y democrtica, sino todo lo contrario. No hay derechos sociales sin ciudadana democrtica, y no hay ciudadana sin comunidad y autogobierno. Lo afirma con mucho acierto la profesora en filosofa del derecho Mara Eugenia R. Palop.

A ver si nos enteramos, no es posible defender los derechos sociales, dejando a un lado el factor comunitario y democrtico en que se sustenta. Derechos sociales y derechos polticos son indivisibles. La profesora citada seala que no hay derechos sociales sin derechos polticos, y no hay derechos polticos sin soberana y sin autogobierno. Y aade que el autogobierno tiene mucho que ver con la identidad y el relato comn. El afn por lo justo no puede realizarse en el individuo, sino slo en la comunidad humana, dej escrito Martin Buber. Por eso agrego yo que la justicia social es la meta colectiva de una comunidad que se dota por si misma de un proyecto comn.

Que haya mejores prestaciones sociales, un magnfico sistema de sanidad y educacin, y una poltica que garantice la vivienda a todas las personas es genial. Pero pensar y creer que una mayor igualdad y una mejor distribucin de la riqueza agotan las aspiraciones de una sociedad es un grave error. Es ni ms ni menos que reducir las dimensiones de los seres humanos a pan y trabajo, obviando que la comunidad es un factor imprescindible para el desarrollo integral, el bienestar humano, el sentido de pertenencia, y lo que se quiere ser. Mara Eugenia R. Palop dice bien al afirmar que no se puede distribuir la riqueza sin hacer comunidad, y que para hacer comunidad es imprescindible conocer, en primer lugar, y respetar despus, lo que tal comunidad es, piensa y quiere. Como ya reconoca Thomas Humphrey Marshall en su Ciudadana y clase social, los derechos sociales tienen un carcter comunitario que solo puede realizarse en el ejercicio de una democracia amplia e incluyente y eso, en el terreno que nos ocupa, se llama, cuando menos, derecho a decidir.

Es desde mi punto de vista bastante extrao que desde posiciones autodenominadas socialistas se siga analizando la construccin de una sociedad desde un enfoque economicista que no tiene en cuenta la totalidad de cada persona y de los conjuntos sociales. Los vnculos que cultivan la libertad y la democracia tienen que ver con la capacidad de una comunidad a decidir qu quiere ser y cmo quiere ser. De lo contrario la vida humana empieza y acaba en trabajar, comer y dormir, obviando los anhelos individuales y colectivos que tambin pasan por crear y reproducir, mediante la participacin, una organizacin poltica espacialmente adecuada en una comunidad que se reconoce a s misma como distinta a otras.

Si se afirman los derechos sociales y al mismo tiempo se niegan los derechos polticos se est atentando contra la viabilidad de los primeros, pues solamente pueden implementarse desde una comunidad poltica que se organiza democrticamente, que es lo mismo que decir de manera soberana pues la democracia no se mutila a s misma. Al contrario, si los derechos sociales y los derechos polticos se reconocen y se refuerzan quien sale ganando es la ciudadana, individual y colectivamente ya que puede aspirar a auto organizarse con instituciones propias de modo ms eficaz.

Por eso cuando algunas voces priorizan lo social y niegan la reivindicacin del derecho a decidir, no toman en cuenta que justamente el combate a las crisis y los avances sociales requieren de una comunidad con capacidad de crear un Estado propio (otra cosa es que ejerza libremente o no esa opcin) para mejor redistribuir sus recursos y afrontar la construccin del bien comn en las mejores condiciones posibles. Es as que lejos de haber una contradiccin entre lo social y lo nacional es la conjuncin de ambos factores que pueden facilitar el desarrollo de todas las potencialidades sociales y polticas.

Planteo todo esto desde una posicin republicana, de rex pblica, no desde un patriotismo sentimental, de consagracin de la historia, y mucho menos etnicista. El derecho a decidir, lo nacional, como identidad de una realidad social plural que cuidando lo colectivo coloca en la centralidad a cada ciudadano y ciudadana con toda su individualidad. Mara Eugenia R, Palop me recuerda a Buber cuando dice: La propia libertad individual, la autoconsciencia y la autoestima, solo pueden realizarse en una vida social que inspire un compromiso con el bien comn. De otro modo, nuestra vida sera solitaria, pobre, desagradable, brutal y corta.

Naturalmente, la indivisibilidad de los derechos sociales y polticos, no quiere decir que unos y otros se instalan de facto a un mismo tiempo. En los dos casos hay procesos y ritmos desiguales. De modo que se puede aceptar que el derecho a decidir se consolide ms tarde que el derecho a una sanidad universal, por ejemplo. Pero antes o despus, si aceptamos conceptualmente la exigibilidad de los derechos polticos, el derecho a decidir ha de hacerse realidad. El Buen Vivir es una oportunidad para construir una sociedad sustentada en la incorporacin de todas las dimensiones humanas, tambin la de pertenencia, al paradigma de la libertad. La libertad con maysculas que significa la autodeterminacin de cada ser humano y la de la comunidad en la que se inserta. Dejo para otra ocasin el desarrollo del paradigma del Buen Vivir.

En resumen: la radicalizacin democrtica que es necesariamente pacfica, exige tomarse en serio las diferencias de cada comunidad definidas por ella misma. La izquierda que niega el derecho poltico a decidir debe superar ese olor a viejo de una unidad estatal impuesta. (el proletariado unido diran los socialistas de otro tiempo; herencia que han recogido los socialistas de hoy) que puede llegar a ser una crcel de pueblos incluso sin pretenderlo.

Los vnculos que cultivan la libertad y la democracia tienen que ver con la capacidad de una comunidad a decidir qu y cmo quiere ser.

La izquierda que niega el derecho poltico a decidir debe superar ese olor a viejo de una unidad estatal impuesta.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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