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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 06-01-2017

En defensa de Resumen Latinoamericano y del MST

Iaki Gil de San Vicente
Rebelin


La ltima vez que estuve con compaeras y compaeros de Resumen Latinoamericano fue el septiembre de 2016 en Sao Paulo, Brasil. El Movimiento de los Trabajadores Rurales Sin Tierra organiz en su Escuela Nacional Florestn Fernades unas jornadas de debate sobre la situacin del capitalismo, de las luchas de la humanidad trabajadora, de las tareas de las fuerzas revolucionarias Acudimos representantes de Amrica, Asia, frica y Europa y entre los colectivos presentes estaba, cmo no, Resumen Latinoamericano. Quien esto escribe defendi una ponencia a libre disposicin en la Red La izquierda eurocntrica frente a los valores comunales del 13 de septiembre de 2016- en la que se intentaba argumentar que una de las razones del debilitamiento de la izquierda europea es su incapacidad para superar el eurocentrismo y recuperar la pelea sistemtica por los valores comunales y la visin mundial de la lucha de clases, como se haba hecho hasta finales de la dcada de 1920.

En una de mis intervenciones expuse la tesis de que las contradicciones del imperialismo y la gravedad de la crisis del capital nos exigan intensificar las movilizaciones de masas contra tanta barbarie y caos controlado e incontrolado, movilizaciones ofensivas, no defensivas, con criterios estratgicos y tcticos claros orientados hacia el objetivo de la revolucin socialista. Sostuve la tesis de las cuatro Aes:

Autoorganizacin de la izquierda, de la clase obrera y del pueblo explotado, de los movimientos populares, sociales, grupos y colectivos de toda ndole; es decir, organizarse desde ellos mismos, sin aceptar dependencias, tutelas y obligaciones econmicas, polticas, etc., del poder en su sentido fuerte y explcito, estatal, o en su sentido ms disimulado e invisible, de los bancos prestamistas, de instituciones para y extraestatales, de ONGs con races oscuras, de asociaciones culturales que se dicen privadas. Es obvio que en muchos casos las subvenciones son necesarias para la existencia del colectivo del que se trate, pero aun siendo as, y como garanta de su independencia est la segunda A.

Autogestin de esas fuerzas autoorganizadas, es decir, aun dependiendo de subvenciones y otras ayudas, la independencia ideolgica y poltica del movimiento popular o de una organizacin queda muy asegurada si se autogestiona, si se gestiona a s misma en funcin de sus objetivos, decidiendo sus ingresos y gastos, la prioridad de sus actividades, la eficacia de su pedagoga, por ella misma. Este criterio es una de las bases de la independencia concreta, en los actos comunes, del colectivo del que se trate pero exige que su mtodo organizativo interno eduque permanentemente a sus miembros para la coherencia y seriedad democrtica imprescindibles para la autogestin. La coherencia democrtica interna es inviable sin el continuo debate y formacin terica sobre los objetivos de ese movimiento u organizacin, porque slo as su membreca sabe qu quiere, por qu lo quiere, qu hace y qu tiene que hacer para conseguirlo y qu dependencias tcticas y pasajeras puede asumir sin menoscabo de su independencia estratgica, y llegamos as a la tercera A.

Autodeterminacin diaria como forma de decidir colectiva y democrticamente segn el mtodo elaborado y aceptado por el colectivo del que se trate. La autodeterminacin es una de las bases de la independencia, y es cualitativamente superior a esa consigna reformista, blanda y engaosa de derecho a decidir. Autodeterminarse en un colectivo significa que la autoorganizacin y la autogestin son decididas por ese mismo colectivo mediante una praxis democrtica radical, o por ir a raz: democracia socialista, en la medida en que ese nivel superior de democracia es practicable por ese colectivo en el contexto espacio-temporal en que lucha por sus objetivos histricos. Tambin es obvio que la objetividad capitalista, sus represiones y su estructura psquica de masas obediente y sumisa limitan mucho las posibilidades de prctica de la democracia socialista en el seno de organizaciones y movimientos, pero toda praxis de autodeterminacin, la que fuere, exige al menos una dosis elemental de democracia radical en su seno. Esta es una de las caractersticas que le diferencian cualitativamente de ese flatus vocis que es el derecho a decidir, siendo otra de ellas la cuarta A.

Autodefensa es la cuarta y decisiva sustancia de la praxis, la que al final del proceso, o en cualquiera de sus momentos e instantes, decide si su dinmica autoorganizada, autogestionada y autodeterminada de liberacin resiste y se enfrenta a los inagotables modos de intimidacin, desprestigio asfixia, aislamiento, marginacin, coaccin, criminalizacin y, por ltimo a los mltiples ataques represivos legales, a-legales, ilegales y terroristas que aplica el Estado o sus cloacas. Si sobrevive en suma a esos ataques, y se recupera, avanzando de nuevo hacia sus objetivos irrenunciables cuestionados por el sistema o prohibidos. Las tcticas de autodefensa son eso, tcticas variables, dctiles, flexibles, que pueden ser empleadas en un momento pero no en otros segn los ataques sufridos.

Tcticas legales, pacficas, no violentas, de desobediencia, de movilizaciones, etc., segn lo decida el colectivo. Pero el principio de autodefensa no es tctico, sino general, axioma poltico y tico inserto en el objetivo por el que se lucha y por ello mismo, parte elemental de cualquier estrategia. Si se renuncia al principio de autodefensa se renuncia a la posibilidad prctica de los otros tres principios vistos, es decir, la lucha en s misma, porque se entrega el futuro y tambin el presente al poder del Estado y, en otro nivel, a los poderes extraestatales y paraestatales, los de la mal llamada sociedad civil, centralizados estratgicamente por el Estado. De hecho, las cuatro Aes son una unidad.

Lo dicho hasta aqu es un resumen de una de mis intervenciones en la Escuela Nacional del MST brasileo. En el debate colectivo que sigui a la ronda de palabras, se analizaron entre otras cosas el reforzamiento de la tendencia autoritaria y represora en los Estados y del imperialismo, en especial en aquellos en los que recientemente se haban reinstaurado gobiernos de derechas, como el propio Brasil y Argentina. Pues bien, no haban transcurrido dos meses desde el evento cuando el 4 de noviembre de 2016 la Escuela fue cercada e invadida por la polica brasilea con el resultado de un herido de bala y dos personas detenidas.

El debate colectivo anterior haba acertado, lo que tampoco era nada extrao: la burguesa endureca y ampliaba la represin de las fuerzas populares, y dado que el debate haba tratado sobre el aumento general de la violencia imperialista en prevencin del incremento simultneo de las resistencias de las clases, mujeres y pueblos explotados, por esto mismo tambin acert concretamente en lo que concierne a toda Amrica y al asalto y saqueo de la sede de Resumen Latinoamericano. Y es que los sistemas represivos conocen la efectividad de ambos colectivos en la propagacin de las ideas emancipadoras en base a las cuatro Aes. El MST y Resumen se caracterizan precisamente por su apoyo irrestricto a la autoorganizacin del pueblo explotado desde su base misma, lo que no anula la existencia de organizaciones de vanguardia en su interior sino que la exige pero siempre sometidas a la unidad de los cuatro principios expuestos y debatidos en Brasil.

Como he dicho arriba, no ha sido nada extrao, el que el debate colectivo acertara sobre el aumento de las violencias represivas. De hecho se limit a constatar una leccin histrica permanente: conforme los y las parias de la tierra se ponen en pie, a la vez se encrespan las fuerzas represivas e incluso se adelantan preventivamente, tal y como advierte Resumen Latinoamericano: se trata de intimidar, propagar el miedo entre quienes no se amedrentan. Lo mismo se buscaba con el asalto a tiros a la Escuela del MST.

La democracia de la burguesa puede tolerar ms o menos determinadas formas de organizacin del pueblo trabajador que bordeen o incluso rocen contenidos que muestren su independencia poltica de clase, de la independencia mental, terica, poltica y tica de la clase trabajadora para marcar ella misma y slo ella sus objetivos, estrategias y tcticas. En situaciones de debilidad y mientras rene fuerzas para contraatacar, la burguesa puede ceder ante la fuerza obrera y popular concediendo algunas reformas que, magnificadas por el reformismo, buscan aplacar, engaar y dividir al movimiento en alza. Lo hace en la lucha de clases en su forma menos poltica y menos peligrosa, la sindical reformista, y en otras formas de lucha de clases por reivindicaciones democrticas, derechos sociales y colectivos, etc., aunque siempre esperando alguna seal de debilidad para contraatacar, recuperar lo que ha perdido y luego, aprovechando la desmoralizacin obrera y popular, ahondar en la devastacin social.

Pero nunca la burguesa ha cedido pacficamente en las dos cuestiones vitales para ella: la propiedad privada de las fuerzas productivas y su propiedad monoplica del Estado y de sus fuerzas armadas, sus medios de terror. Puede ceder el gobierno durante un tiempo al reformismo, y apenas durante unos meses a la izquierda, pero siempre contraataca: los gobiernos pasan, el Estado permanece y organiza golpes militares. Jams el capital ha renunciado voluntariamente a su monopolio del Estado, nunca lo ha hecho, y siempre ha intentado una resistencia salvaje y criminal porque su doble y cnica tica, la del dinero, explica que el fin mayor, la propiedad privada, debe ser mantenido empleando todos los medios al alcance, sobre todo el terrorismo de exterminio de la izquierda en las situaciones crticas para la civilizacin del capital.

Dado que las cuatro Aes potencian la independencia poltica de clase del pueblo trabajador, y dado que sta es irreconciliable con la dependencia poltica inherente a la aceptacin de la democracia burguesa como nico mtodo de llegar al socialismo (x?!), por esto se entiende que la represin golpee al MST y a Resumen. Engels en su Prlogo a la edicin inglesa de El Capital de 1886 analiza la posibilidad que Marx y l vean de una hipottica evolucin pacfica al socialismo, y aade refirindose a Marx:

Claro est que tampoco se olvidaba nunca de aadir que no era de esperar que la clase dominante inglesa se sometiese a esta revolucin pacfica y legal sin una proslavery rebellion, sin una rebelin proesclavista.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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