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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 07-01-2017

El antimperialismo no es una servilleta

Luis Toledo Sande
Cubarte


En respuesta a un adversario en quien no se detendr este artculo, entre otras razones porque ya ha merecido muchas refutaciones ms, Atilio Boron se ha referido a la Amrica Latina y el Caribe y, en el rea, a sectores minoritarios de nuestras sociedades que todava creen en la eternidad y el carcter inexpugnable del imperio americano, cual si fuera una maldicin bblica de inexorable concrecin. Sin reparar en el empleo de americano por estadounidense uso incorrecto que comnmente pasa como si fuera una minucia lxica, pero acarrea una gruesa confusin conceptual, las palabras del socilogo argentino merecen atencin. l suma su voz a las que han advertido y advierten sobre una realidad peligrossima, signada por el podero de los medios (des)informativos dominantes, y por la inercia con que a menudo se acepta lo que ellos propalan, aceptacin que debilita a las fuerzas llamadas a enfrentarlos resueltamente en la lucha contra el imperialismo.

Ni siquiera Cuba, fraguada en lucha contra imperios, y que sigue en pie por su resistencia frente al que tiene cuartel general en los Estados Unidos, se libra de que asome la errnea perspectiva refutada por Boron. Que tambin en territorio cubano hay quienes, aunque sean minoritarios, consideran al imperialismo como un ente eterno, lo muestran algunas seales: se debe descartar del todo que sea un culto consciente o inconsciente a los Estados Unidos, y la presunta eternidad mencionada, la presencia de su bandera en soportes y contextos varios? Un ejemplo de la aceptacin de la supuesta eternidad del imperialismo irrumpi en un documental incluido en la Mesa Redonda televisual el pasado 18 de noviembre.

Nutrido de entrevistas callejeras, y exhibido all en funcin del tema tratado el antimperialismo y su importancia en particular para la nacin cubana, en el documental priman rotundas muestras de claridad en el entendimiento popular de tan vital asunto, y tambin aparece alguna idea que va por otro camino. Tal es el caso de un entrevistado que se cuestiona el papel que pudiera tener el antimperialismo porque, a su juicio, el imperialismo existir siempre. Nada menos que siempre!

En un pas donde por grandes que hayan sido los errores al ensear la historia se han logrado ndices de instruccin tan altos que los han reconocido hasta instituciones internacionales insospechables de querer congraciarse con un gobierno de signo comunista, un hecho debera ser de conocimiento general: desde el surgimiento de la humanidad, pasando por la comunidad primitiva, la esclavitud y el feudalismo, ninguna formacin econmico-social ha sido eterna. Para que la excepcin fuera el capitalismo con su fase imperialista, la humanidad debera ser eterna tambin, y ello difcilmente se lograr si se perpeta un modo de produccin y de explotacin tan depredador como ese.

Pero basta que algo no exista para que no exista su contrario? Si el imperialismo desapareciera y lo sustituyese una sociedad portadora de justicia, sera esa una razn suficiente para que el antimperialismo se extinguiera? Si no se cultivan las ideas y las prcticas necesarias para que no resurja un mal, este tendra abiertas las puertas las condiciones para volver. Es algo tan aplicable a los problemas sociales como a la salud corporal. Si se olvidan y se incumplen medidas que deben mantenerse para que no resurja una enfermedad ya erradicada, esta puede brotar nuevamente. Pero el pensamiento anti- puede concernir asimismo a realidades que no hayan existido no, al menos, plenamente en ninguna parte del planeta. Lo saben bien, y lo manejan con astucia, los agentes del anticomunismo, quienes invierten grandes recursos en impedir que la utopa comunista llegue a triunfar, aunque ni el socialismo lo haya conseguido en plenitud.

Pero hay quienes se ofrecen para ser presa de las confusiones, u objetivamente lo son, y llegan a dar por sentado que el imperialismo cambia su naturaleza opresora o renuncia a ella con solo anunciar que cambia o darse una modificacin cosmtica. Si, por ejemplo, alguien escribe sobre las similitudes entre la realidad poltica y social de los Estados Unidos que Jos Mart denunci con tanta lucidez y lo que all ocurre hoy, no faltar quien proteste y diga que ya ese pas es diferente, otro, porque tiene un electorado, una economa y un desarrollo tecnolgico distintos y el presidente puede ser negro o mujer.

Sera ridculo ignorar los cambios ocurridos en esa sociedad, y no solo en ella, pero la tendencia a creer que los cambios factuales la han transformado esencialmente en su naturaleza social ser solamente fruto de una incapacidad de anlisis que impide ir ms all de ramonear en la informacin sin calar en los hechos medulares? No pudiera tambin ser obra del deseo de dejarse confundir, de la disposicin a edulcorar la realidad, a tomar lo fenomnico o anecdtico como si fuera esencial?

No es propsito de este artculo devaluar a nadie. Ms bien lo que personalmente podra entristecer al autor radica en que juicios como el que acaba de refutar son errneos, porque quin no quisiera amanecer un da y toparse con que el imperialismo ha cambiado de entraa y dado paso, sin trmites cruentos, a un sistema justiciero? Solo que no parece muy sensato confundir realidad y deseo. Ni su fuerte crisis sistmica autoriza a vaticinarle un final cercano: a fuerza de haber protegido sus reservas naturales saqueando a otros pueblos, an pudiera durar quin sabe cunto, y lo dijo un revolucionario a quien se ha querido silenciar, pero la realidad es ms fuerte que tapabocas y tapapginas, en sus estertores pudiera ser todava ms peligroso que en sus aos de mayor podero.

Por lo pronto, la mujer que como otro sntoma de cambio se prevea posible primera presidenta de los Estados Unidos perdi en un pugilato de vboras, aunque en torno a ella se haban levantado expectativas infundadas tratndose de una intervencionista activa con vocacin criminal: de la secretaria de Estado que fue habla a las oscuras su actitud en Libia, donde celebr grotescamente la ejecucin del gobernante depuesto por la intervencin de la OTAN, la que aplaudieron, dicho sea de paso, izquierdistas como el refutado por Boron.

A esa mujer la derrot un yanqui varn, blanco, atorrante, millonario, fascistoide, de mal gusto visible en sus derroches de ostentacin y hasta en su ridculo peinado. Un neroniano desde la mdula. Ese negociante de quien se ha dicho que triunf electoralmente contra el establishment , cuando en el fondo apuntala lo ms oscuro de este, y en lo ms oscuro se afinca l, si es que hay en la poltica de aquella nacin algo ms claro que la maldad, da continuidad a la era Bush, no a su contrapartida formal, marcada por la elegancia y el encanto engaosos, y llena tambin de genocidios internacionales y mentiras. Esta es la que personifica un Barack Obama a quien le regalaron prematura y desvergonzadamente el Premio Nobel de la Paz para que siguiera haciendo guerras auxiliado por tropas terroristas. Siria Alepo en particular es una prueba categrica, pero ni remotamente la nica.

Al margen de matices personales puestos al servicio del imperio que los tres han representado o representan, Obama hizo, e Hillary Clinton habra hecho lo hizo en sus anteriores funciones y el tal Donald Trump har lo que le permitan u ordenen hacer los dueos del pas, y estos actan segn se acomoden o se revuelvan dentro de las circunstancias domsticas e internacionales. Hoy por hoy, entre dichos dueos predominan los mayores capos trasnacionales de la muerte: el consorcio blico-militar.

Ya se va apreciando que, al menos en imagen, el burdo Trump es menos peligroso que Obama. En S, Obama es mejor que Bush, publicado a inicios de 2010, el autor del presente artculo sostuvo que Bush era peor, por ms basto y tambin neroniano, que su elegante y elocuente relevo. Pero por ello este ltimo resultaba ms peligroso. Sus cualidades las pona al servicio del mismo imperio, para hacerlo ms llevadero y que se pudieran aceptar sus coyundas, sus ukases guerreristas, con menos complejo de culpa.

Damas de la izquierda europea suspiraban y se declaraban incapaces de ser crticas con respecto al encantador presidente mucho ms consumado actor que Ronald Reagan, y polticos de esa misma izquierda aplaudan que la potencia estadounidense recuperase el liderazgo mundial que perda con George W. Bush. A este algunos lo tenan por estlido, aunque sin dejar de serlo al parecerlo poda tambin ejercer dotes histrinicas.

El que Obama era ms peligroso que Bush, y acaso el presidente ms peligroso de aquella nacin por lo menos de John F. Kennedy para ac, lo reiter de distintos modos el articulista a raz de los clebres y, a no dudarlo, importantes anuncios hechos simultneamente en La Habana y en Washington el 17 de diciembre de 2014. No falt entonces quien reaccionara azorado o colrico ante la impertinente reiteracin, propia de aguafiestas. Cmo no rendirse sin ms ante la bondad expresada por el csar! No saldr sobrando recordar que como le dijo un torero a Jos Ortega y Gasset hay gente pato, incluso para ilusionarse hasta la desmesura y dejarse engaar voluntariamente.

Claro que para Cuba era y sigue siendo un desidertum, y merece que este se haga realidad plena, verse libre del bloqueo, que se le devuelva el territorio de Guantnamo ocupado por los Estados Unidos hace ms de un siglo y que como parte de una normalizacin de relaciones que permanece fundamentalmente en el digno reino de lo utpico, aunque no sea imposible lograrla cesen prcticas discriminatorias, aberrantes, como la denominada ley de ajuste cubano. Quin pudiera negar que ese desidertum es digno y justo?

Pero Obama fue sincero hasta la desfachatez en sus declaraciones: haba que cambiar la tctica contra Cuba, porque el bloqueo no la haba doblegado, ni siquiera aislado, y s aislaba a los Estados Unidos en la Amrica Latina y el Caribe. Tambin lo fue en hechos: de su visita a La Habana donde entr de chistoso en los hogares del pas por la televisin nacional, que asimismo difundi su imagen mientras disfrutaba, en el Gran Teatro, de una concurrencia que l, a juicio no solo de este articulista, no mereca parti a Buenos Aires, para reforzar modos de reatar a nuestra Amrica y seguir intentando neutralizar a Cuba.

Dganlo, si no, hechos como, entre otros, los vistos en la propia Argentina y en Brasil, y en Venezuela, donde si el gobierno constitucional y progresista se ha mantenido contra vientos y mareas feroces se debe a un hecho fundamental: es fruto de lo mucho y bueno sembrado por el bolivarianismo chavista, capaz de resistir brutales embestidas a pesar de ingratitudes, traiciones y, sobre todo, maniobras de la oligarqua interna aupada por el imperialismo y sus servidores internacionales. Lo que all las fuerzas de la reaccin buscan no dista de lo que buscaron y en 1973 consiguieron cruentamente en Chile.

Si maniobras y mentiras de Obama en el plano mundial son, para quienes quieran ver, palmarias, con respecto a Cuba es decir, al levantamiento del bloqueo y a la normalizacin de relaciones entre ambos pases, el presidente imperial saliente deja la realidad no tan lejos de donde estaba aquel 17 de diciembre. Incluyendo el establecimiento de embajadas en las cuales la del imperio estuvo asimtricamente sin embajador durante un largo trecho, los pasos positivos son harto insuficientes. Diversos observadores aprecian una realidad: el gobernante que en campaa electoral abog, para su propia nacin, por un cambio que no lleg a definir en qu consista, y tantas promesas incumpli, no us todas las prerrogativas a su alcance a para normalizar las relaciones con Cuba.

Lo que pudiera ocurrir a partir de ahora queda aparentemente en manos del nuevo csar. Pero sera otra muestra de ingenuidad atribuirlo todo al papel desempeado por individuos, sean estos lo importantes que puedan ser. Si se trata del imperialismo, la vida confirma que lo determinante radica en la naturaleza voraz, belicista, de un sistema que, como los que le han precedido, tendr su final. Y solo dejando de existir podr renunciar a su esencia.

Para un pueblo que debe seguir resistiendo, y vencer, para salvar su soberana, su existencia como nacin, su derecho a labrarse el presente y el futuro, ni imperialismo ni antimperialismo son accidentes. Y el antimperialismo es una opcin que no cabe confundir con una servilleta que se usa a la mesa y luego se tira como algo intil.

Tampoco el imperialismo es recuperable, aunque disfrute de ciclos de adaptacin para conservar su poder. Oponrsele no es resultado bsicamente de prdicas, por muy elevadas que estas sean, sino consecuencia de la naturaleza de un sistema contra el cual se yergue la tica. El Mart que ense: Ver en calma un crimen, es cometerlo, fue el iniciador del antimperialismo que, abrazado por lderes como Julio Antonio Mella, Rubn Martnez Villena, Antonio Guiteras y Fidel Castro, arraig en la mayora del pueblo cubano.

Fuente: http://www.cubarte.cult.cu/es/article/47797



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