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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 09-01-2017

Recuperamos un texto del 25 de septiembre de 2015 de actualidad
Violencia, centros penitenciarios y la teora de que el mejor delincuente es el delincuente muerto

Dayane Santos
Vermelho

Traduccin del portugus para Rebelin de Alfredo Iglesias Diguez


La lite conservadora de Brasil defiende la idea de que la cuestin de la seguridad en relacin con la violencia debe abordarse mediante el encarcelamiento de los delincuentes. Resultado: la poblacin penitenciaria de Brasil supera las 600 mil personas, de los cuales el 41% estn en prisin sin juicio o condena, de acuerdo con los datos ofrecidos por el Registro Nacional de Informaciones Penitenciarias, el Infopen, dependiente del Ministerio de Justicia.

Es ms, segn una investigacin, hay un dficit de 231 mil plazas, es decir, hay ms de 231 mil personas apiladas unas sobre otras en las prisiones brasileas, que el propio ministro de Justicia [del gobierno de Dilma Rousseff], Jos Eduardo Cardozo, calific de verdaderas mazmorras.

De acuerdo con el Registro, actualizado hasta junio de 2014, la poblacin total de presos aument, desde el ao 2000, un 161%. So Paulo, en nmeros absolutos, es el estado con mayor poblacin carcelaria, al acoger a 219.053, seguido por Minas Gerais, con 61.286, y Rio de Janeiro, 31.510.

Con esas cifras en la mano, Brasil es el cuarto pas con mayor poblacin carcelaria (548 mil), tan slo superado por los Estados Unidos (2,2 millones), China (1,7 milln) y Rusia (674 mil). Adems, si sigue al ritmo actual, Brasil puede llegar a tener hasta un milln de personas encarceladas en el ao 2022.

 

Aumento de la violencia

Esos datos, adems, ponen en evidencia que el encarcelamiento aument, pero la violencia no disminuy, todo lo contrario. Casi cinco brasileos mueren cada hora, vctimas de disparos de armas de fuego, de acuerdo con la ponencia del Mapa de la Violencia 2015, divulgado por la Unesco (Organizacin de las Naciones Unidas para la Educacin, la Ciencia y la Cultura).

Considerando exclusivamente los datos oficiales de 2012, 42.416 personas fueron vctimas de armas de fuego en Brasil, lo que representa una media de 116 muertes cada da, de las cuales el 94,5% (40.077 personas), fueron vctimas de homicidios. Se trata del mayor nmero de vctimas y asesinatos registrados por la serie histrica del Mapa de la Violencia, que comenz a reunir datos en 1980.

De media, la tasa de mortalidad de 21,9 decesos por cada 100 mil habitantes solamente es menor a la de 2003, cuando ascendi a 22,2 muertes por cada 100 mil habitantes. Adems, a pesar del Estatuto del Desarme que ciertamente influy para que las cifras no fuesen peores-, contando los homicidios practicados con armas de fuego la tasa de mortalidad es de 20,7 la ms elevada desde el inicio del estudio.

 

La solucin

Al mismo tiempo, esa misma lite present en la cmara de los Diputados la propuesta de reduccin de la mayora penal de los 18 aos a los 16 como solucin al problema de la violencia. El abogado Davi Tangerino, especialista en derecho criminal y profesor de la Universidad del Estado de Rio de Janeiro (UERJ), afirm, en entrevista a El Pas, tomemos el ejemplo de So Paulo. Aqu, el Partido da Social Democracia Brasileira (PSDB), que est favor de la reduccin, lleva ms de 20 aos en el poder. Digamos que sean 16, que sera la nueva edad penal; lo que el Estado le est diciendo al adolescente que comete un crimen es: vamos a poner remedio a ese resultado indeseado y encarcelarte. Es una inversin conceptual.

Ante esas cifras tenemos dos realidades: por un lado, tenemos la poblacin brasilea que es vctima de un acentuado avance de la violencia y clama por el recrudecimiento de las penas; por otro lado, la superpoblacin penitenciaria, que impone condiciones infrahumanas a los presos, reduciendo las posibilidades de recuperacin de los delincuentes.

En medio de todo esto, se instal el discurso rabioso e histrico de que el mejor delincuente es el delincuente muerto, que estimula acciones de linchamiento y de ejecuciones pblicas. Los defensores de esta teora acostumbran a decir que si fuese con usted o con alguien de su familia, usted no pensara as o siente pena, pues llveselo para su casa.

 

Realidad de las crceles

En contra de ese discurso, lleno d sofismas, tenemos otra realidad. Segn datos presentados por el Consejo Nacional de Justicia, de 2012, casi la mitad de la poblacin reclusa (49%) era de condenados y acusados por crmenes contra el patrimonio, como el hurto, robo, extorsin, robo mediante fraude y apropiacin indebida. Otro 25% estaban presos por trfico de drogas. Por otra parte, tan slo el 11% de la poblacin reclusa estaba presa, en 2012, por cometer los llamados crmenes contra las personas, como homicidio, secuestro y detencin ilegal.

Al mostrar estos nmeros no estamos haciendo una defensa de los infractores, menos an albergamos la idea de que se trate de unos angelitos inofensivos que slo se apropiaron del bien ajeno mediante violencia, amenaza o fraude.

 

Derechos fundamentales

Para mantener un debate franco sobre la violencia tenemos que tener en cuenta la insatisfaccin y el clamor popular ante la sensacin acuciante y cotidiana de inseguridad o mejor dicho, miedo- e impunidad, pero tambin separar la paja del trigo, aplicando la justa y efectiva pena al infractor y, principalmente, exigiendo que en el Estado Democrtico de Derecho se respete la dignidad de la persona humana.

La degradante condicin de los presidios representa una afrenta a los derechos fundamentales, previstos en el artculo 5, XLIX, de la Carta Magna, que asegura a los presos el respecto a la integridad fsica y moral. Las crceles brasileas amontonan personas y no reeduca, al contrario, al revs, hace que los reclusos, al salir, vuelvan a delinquir, hecho comprobado por los altos ndices de reincidencia.

Estudio realizado por el Consejo Nacional del Ministerio Pblico (CNMP), entre febrero de 2012 y marzo de 2013, hecho a partir de la inspeccin de 1.598 unidades de prisioneros de todo el pas, confirman esa tesis.

Ms all de la superpoblacin, ya mencionada, no hay distincin entre presos provisionales y presos ya condenados en sentencia firma, lo que ocurre en el 79% de los presidios. Adems, a pesar de que su mantenimiento supone un coste elevado, no tienen las condiciones mnimas para el trato humano. Constatndose en casi la mitad de los centros penitenciarios que no hay camas para todos los presos y que para una cuarta parte de los presos ni siquiera hay un colchn.

Segn el coordinador del departamento de Seguimiento y Fiscalizacin del Sistema Penitenciario, el sistema penitenciario brasileo fracas debido al modelo que desarrolla. En su opinin, para crear las plazas necesarias para acabar con la superpoblacin de las crceles brasileas sera necesaria una inversin mnima de R$ 20 mil millones, eso es insostenible. Ese nmero de presos, desangrara prcticamente la economa del pas, argument.


Fuente: http://www.vermelho.org.br/noticia/270697-1



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