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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 09-01-2017

El distpico Donald
Har Trump que "1984" parezca un cuento para nios?

Tom Engelhardt
TomDispatch

Traduccin del ingls para Rebelin de Carlos Riba Garca


El futuro segn Trump

Duda el lector que, aunque todava falten cuatro semanas* para que Donald Trump entre en el Despacho Oval, estamos en una poca distpica? Nunca antes habamos tenido tan vvidos anticipos de qu poda significar un capitalismo sin restricciones en un pas cada da ms desigual, ahora que su versin poltica del 1% ha elevado al pinculo del poder a un extravagante multimillonario y su panda de deplorables. Por supuesto, no hablo de sus seguidores sino de quienes l ha elegido para los ms altos cargos del pas. Entre ellos, unos cuantos generales listos para conducirnos a un nuevo ciclo de cruzadas y un equipo de milmillonarios y multimillonarios preparados para aduearse otra vez de Estados Unidos.

Es un momento que ya sorprende por lo deprimente... y aun as todava no ha comenzado. Un momento que, lo menos que se puede decir, nos convoca para estar a la altura de las circunstancias. Eso significa aglutinar una imaginacin distpica que se ajuste a los tiempos que se vienen.

No tengo dudas de que el lector es tan capaz como yo de crear escenarios inhspitos para el futuro de este pas (por no hablar del planeta todo). Pero solo para mantener la bola rodando en vsperas de las vacaciones, permtame que le ofrezca un par de mis propias fantasas distpicas enfocadas en las posibles acciones del presidente Donald Trump.

Existe ya una vasta literatura prcticamente, una biblioteca de textos sobre los conflictos de intereses de nuestro nico presidente electo. Despus de todo, l es dueo o usufructa de varias torres, exclusivos campos de golf, clubes, hoteles, condominios, residencias y vaya unos a saber qu ms en por lo menos 18 o 20 pases. Su nombre, invariablemente en impresionantes letras doradas, se alza muy alto en los cielos de todo el planeta. De hecho, en estos das, es difcil librarse de la marca Trump y sus conflictos, desde Bali hasta Filipinas, desde Dubai a Escocia e India; tampoco en el mismsimo corazn de la isla de Manhattan. Aqu, en la ciudad donde vivo, a un costo de ms de un milln de dlares por da pagados por el contribuyente; yo mismo, la polica est protegiendo su importantsimo tiempo, mientras el Servicio Secreto y las fuerzas armadas agregan lo suyo al crecimiento del campamento en armas en medio de Manhattan. Por supuesto, estn defendiendo la torre Trump, el mismo lugar donde en junio de 2015, utilizando el Rockin in the Free World de Neil Young, se mont en la escalera mecnica que le llevara directamente a la campaa presidencial, prometiendo que construira un gran muro, expulsara a todos los violadores mexicanos y hara que Estados Unidos volviese a ser grande.

Frente a esa torre en la concurrida Quinta avenida hay ahora una hilera de camiones volquete llenos de arena (para defender al candidato presidencial republicano de un posible atentado con bomba); se ha dicho que, pensando en la seguridad del futuro presidente y su familia, el Servicio Secreto est considerando la posibilidad de alquilar un par de plantas del edificio a un costo para el contribuyente estadounidense de tres millones de dlares por ao que, por supuesto, irn directamente a las arcas de una empresa Trump (oiga, ni hablar de conflicto de intereses y ni se le ocurra sugerir la palabra cleptocracia!). Todo esto sin duda garantizar que el edificio ms paradigmtico de Trump apodado Casa Blanca Norte se mantendr razonablemente a salvo de intrusos, atacantes, suicidas con cinturn explosivo y tipos por el estilo. Pero puede que gran parte de la marca imperial Trump en todo el mundo no tenga tanta suerte. En otros sitios, la vigilancia estar a cargo de guardias privados no de agentes del gobierno; en consecuencia, el dinero disponible para seguridad ser mucho ms modesto.

Con raras excepciones, la atencin meditica se ha centrado en apenas un aspecto cuando son muchsimos de la cuestin relacionada con los conflictos de intereses de Donald Trump, por no hablar de su afn por evitar hablar de qu har con ellos ni de la repetida postergacin de su prometida conferencia de prensa para discutir estos temas ni del papel de sus hijos en su presidencia o sus negocios. Por lo general, el nfasis se ha puesto en el tipo de problemas que se presentaran con un empresario con marca propia al acceder al poder y aprovecharse de l, o tomando decisiones basadas en el dinero que se puede obtener de ellas. Generalmente, los medios se han centrado en la posibilidad, por ejemplo, de que lderes extranjeros y otros podran afectar a la poltica estadounidense mediante la promesa de enriquecimiento de Trump o sus hijos. Informan de algunos diplomticos que se sentiran obligados a hospedarse en su nuevo hotel de la avenida Pennsylvania muy cerca de la Casa Blanca, o de jefes de Estado de otros pases tratando de hacer amistad con l a travs de sus socios comerciales en su tierra de origen, o de acuerdos comerciales con la marca Trump que estn avanzando en varios pases gracias a su triunfo electoral.

Casi invariablemente, la atencin est puesta en cmo arreglrselas con un presidente que, por lo menos en los prximos cuatro aos, podra tratar de mil maneras posibles de aprovecharse de sus distintos actos de gobierno (o sencillamente por estar ah, aunque no haga nada). No nos equivoquemos, ciertamente esta cuestin podra convertir a la presidencia Trump en algo verdaderamente peliagudo, por no hablar de quiebre de paradigmas en la historia de la Casa Blanca. Pero no llamemos distpico a esto. Lo que alguna gente (aparte del Servicio Secreto) est pensando es en la forma que los conflictos de intereses podran agotar al nuevo presidente mediante la amenaza no de enriquecerlo sino lo contrario: de empobrecerlo, a l y a sus hijos. Creedme, si avanzamos por este camino, inmediatamente entramos en el territorio de la distopa.

He aqu un escenario posible:

Es 1 de abril de 2017. Donald Trump lleva en el cargo menos de dos meses y medio cuando un elegante empresario consigue entrar en las torres Trump de Estambul, Turqua, un edifico importante del paisaje de la capital turca, que ostenta el nombre del nuevo presidente de Estados Unidos en grandes letras doradas en lo ms alto de una de ellas. Una vez en el hall de entrada, el hombre, un recadero del Daesh que se ha abierto paso a travs del complejo sistema de seguridad privado portando un chaleco explosivo, provoca su estallido y mata a un conserje, a un agente de seguridad y un nmero indeterminado de clientes y hiere a una docena ms.

Ciertamente, jams he estado en las torres Trump de Estambul, por lo tanto no conozco sus medidas de seguridad; las torres estn en el corazn de una ya de por s explosiva capital, pero dado que es posible encontrar un edificio Trump en cualquier lugar del mundo, sintase libre el lector de elegir el que ms le plazca: torre, centro turstico u hotel. Puede ser que esa explosin sea apenas la primera. No olvide que se ha informado de que a Osama bin Laden la realizacin de los atentados del 11-S le cost 400.000 dlares e hizo que la administracin Bush se embarcara en una sucesin de guerras fracasadas que costaron un billn de dlares y que se diseminaran las organizaciones terroristas por el Gran Oriente Medio y frica. Siendo as, no cabe duda alguna de que los jefes del Daesh (o cualquier otra organizacin similar) vern la ventaja de enviar a ese recadero de tan poco costo para colarse en los dominios del tan susceptible nuevo presidente de Estados Unidos para embrollarle vaya uno a saber en qu.

Imaginar tambin este otro escenario: estamos en 2018. China y Estados Unidos no se ponen da acuerdo sobre el estrecho de Taiwan; una vez ms surgen presiones y pasiones en el norte de frica, donde continuas incursiones militares en Libia y Somalia no han hecho ms que incrementar el caos que ya exista antes de Trump; al mismo tiempo, en la zona central de Oriente Medio donde, a pesar del intenso bombardeo estadounidense, el Daesh otra vez un grupo guerrillero sin territorio est engendrando el caos. Adems, en Afganistn, 17 aos despus de iniciada la segunda guerra afgana de Estados Unidos, el gobierno de Kabul respaldado por Washington se est tambaleando ante nuevas ofensivas del Talibn, Daesh y al-Qaeda. Nutridos contingentes de refugiados provenientes de todas esas zonas de conflicto continan amenazando a una crispada Europa, mientras aumenta el antiamericanismo por todas partes, no de una forma generalizada sino centrada furiosamente en el presidente de Estados Unidos y su muy apreciada marca.

Imaginar asimismo durante un momento demostraciones y manifestaciones cada vez ms grandes, todas ellas dirigidas contra distintas torres, clubes, centros de vacaciones y condominios de la marca Trump. Solo pensar cmo puede afectar a la rentabilidad de la marca del presidente una combinacin de amenazas de ataques terroristas y airadas manifestaciones adems del aumento de la animosidad contra el nombre de Trump en todo el mundo islmico. Ahora pensar en las torres Trump en Pune, India, o en la torre de 75 plantas en Mumbay o en el lujoso centro de vacaciones de 6 estrellas en Bali o en la torre que se construye en Century City de Manila (cada uno de ellos, un proyecto por todo lo alto de la marca Trump que se espera estarn terminados en un futuro prximo y escenarios todos ellos en ciudades en las que en el pasado se produjeron devastadores atentados terroristas). Qu harn sus propietarios si los presumibles compradores, temerosos por su comodidad, su salud o incluso su vida, empiezan a esfumarse? Qu pasar cuando los hoteles no puedan mantener la ocupacin de sus habitaciones, los condominios ya no interesen y de repente la marca Trump empiece a vaciarse?

En estas circunstancias, sin duda, la poltica exterior y militar de Estados Unidos acabar centrndose en el defensa de la marca Trump, algo que a su vez ser muy difcil de proteger. Si recordamos polmicos nombramientos del pasado muy bien, s que no estamos en esos tiempos, pero sganme la corriente, en 1953, el presidente Dwight Eisenhower tuvo su propio momento estilo Rex Tillerson y eligi a Charles Wilson, el CEO del gigante automotriz General Motors para que fuese su secretario de Defensa. En la sesin de confirmacin, Wilson ofreci esta infame frmula para el xito: Yo pienso que lo que es bueno para Estados Unidos es bueno para General Motors, y viceversa. Si al departamento de Estado y las fuerzas armadas se les encomendara la tarea de rescatar de los escombros a la marca Trump quiz necesitaramos dar vuelta completamente los dichos de Wilson: Pienso que lo que es malo para la marca Trump es malo para Estados Unidos, y viceversa.

Por cierto, sabiendo lo que sabemos del presidente electo, si la marca Trump empieza a venirse abajo, casi podramos tener la certeza de que veramos una poltica exterior estadounidense progresivamente dedicada a la proteccin de la marca del presidente; en esas circunstancias citando a Peter Van Buren, ex funcionario del departamento de Estado, qu es lo que posiblemente funcione mal?

Ahora s estamos en territorio de la distopa.

El asesino en jefe

Permtame el lector que agregue otra fantasa distpica a lo que obviamente podra llegar a ser una interminable sucesin de ellas. Pensemos durante un instante en el tema de los asesinatos presidenciales. Con esta expresin no me refiero a los presidentes asesinados, como Lincoln, McKinley o Kennedy. Hablo del moderno impulso presidencial de asesinar a otras personas.

Al menos desde Dwight Eisenhower, los presidentes de Estados Unidos han estado en el campo de los asesinos. En tiempos de Eisenhower, fue el complot de la CIA contra el primer ministro congoleo Patrice Lumumba; en los de John Kennedy (y su hermano, el fiscal general Robert Kennedy), fue la Cuba de Fidel Castro; durante el mandato de Richard Nixon (y su secretario de Estado Henry Kissinger), fue el asesinato del presidente chileno Salvador Allende en el golpe de Estado realizado por las fuerzas armadas con respaldo estadounidense en el primer ataque con fecha 11-S, esta vez en 1973.

En 1976, en la estela del Watergate, el presidente Gerald Ford prohibi el asesinato poltico mediante un decreto ejecutivo, una prohibicin que fue reafirmada por los presidentes que le siguieron (a pesar de que Ronald Reagan estuvo en la direccin de los planes de la fuerza area estadounidense para bombardear la residencia del dictador libio Muammar Gaddafi). Sin embargo, con el comienzo el siglo XXI, el ms excitante de los ingenios tecnolgicos asesinos de todos los tiempos, el dron certeramente llamado Predator, sera dotado de misiles Hellfire y enviado a la accin en la guerra contra el terror dando lugar a la posibilidad del asesinato presidencial en una escala jams imaginada antes. Las misiones que se le encomendaron forman parte de la creacin de este nuestro mundo en versin Terminator.

A instancias de dos presidentes George W. Bush y Barack Obama una escuadrilla de esos robots asesinos introdujo en la historia su exclusiva funcin de cazadores-asesinos que operan fuera de las zonas de guerra oficialmente asumidas por Estados Unidos. Los drones Predator y sus sucesores, los Reaper, seran despachados en juergas asesinas que no han hecho ms que comenzar y son mayormente organizadas en la misma Casa Blanca sobre la base de una lista de la muerte aprobada y regularmente actualizada por el presidente.

De esta manera, el presidente, sus ayudantes y sus asesores se han convertido en jueces, jurados y verdugos de sospechosos de terrorismo (y frecuentemente de quienquiera que acierte a andar por ah, sea hombre, mujer o nio) prcticamente en todo el mundo. Tal como lo escrib en 2012**, en estas circunstancias, el comandante en jefe se ha convertido en un asesino en jefe a tiempo completo. Hoy en da, los presidentes estadounidenses tienen la tarea de supervisar la eliminacin de cientos de personas en tierras lejanas con ciertos visos de legalidad concedidos mediante memorandos secretos redactados por los abogados de su propio departamento de Justicia. Estamos hablando de distopa! Gorge Orwell se sentira sobrecogido.

Entonces, cuando se trata de asesinatos, ya estbamos en terreno oscuro antes siquiera de que Donald Trump pensara en aspirar a la presidencia. Pero reconozcamos lo suyo al hombre. Casi sin que nadie lo perciba, quizs est desarrollando las posibilidades de un novedoso estilo de asesinato presidencial no en tierras remotas, sino aqu mismo, en casa. Empecemos por sus notable pericia para los twits y los sorprendentes 17,2 millones de seguidores de sus twiteos no importa el tema que traten, entre ellos numerosos integrantes de lo que cortsmente se llama la derecha radical. Cranme, se trata de toda una audiencia si se la provoca, algo que Donad Trump ya ha demostrado que puede hacer con soltura.

En cierto sentido, podramos verle como una especie de as del Twiter. Ciertamente, su capacidad de arremeter contra quien sea con 140 caracteres no es algo menor. Por ejemplo, recientemente twite una repentina crtica a la empresa fabricante de armas Lockheed-Martin por producir el sistema de armas ms caro de la historia: el caza F-35 (El programa F-35 y su costo estn descontrolados. Despus del 20 de enero, podrn ahorrarse millones de millones de dlares, y lo sern, en gastos militares [y otros]. Inmediatamente, las acciones de la empresa tuvieron una cada multimillonaria, lo cual debo admitirlo, me pareci ms divertido que distpico.

Segn parece, tambin le irrit una columna del Chicago Tribune centrada en las crticas que el CEO de Boeing Dennis Muilenburg expres a los comentarios de Trump sobre el comercio internacional y China, donde esta empresa realiza importantes operaciones comerciales. Muilenburg sugera, con bastante suavidad, que Trump retroceda de la retrica de 2016, contraria al comercio, y amenazaba con castigar a otros pases con aranceles y honorarios ms altos. La respuesta de Donald fue inmediata: anunci que cancelara el contrato con Boeing por la construccin de una nueva versin del Air Force One, el avin presidencial (Boeing est construyendo un nuevo Air Force One 747 para futuros presidentes pero su costo est fuera de control, ms de 4.000 millones. Cancelar la orden!) El paquete accionario de la empresa tuvo una cada similar a la de L-M.

Pero, obviamente, las corporaciones del enorme complejo militar-industrial son capaces de defenderse. Por lo tanto, nada de piedad. Sin embargo, cuando se trata de ciudadanos corrientes, es otra la cuestin. Ah est Chuck Jones, presidente de Indiana United Steelworkers, un sindicato metalrgico local. Jones cuestion la cantidad de puestos de trabajo que el presidente electo haba salvado poco tiempo antes en Carrier Corporation. Muchos menos (con bastante agudeza) que los que Trump sostena. Claramente, esto daaba el enorme aunque notablemente frgil ego del presidente electo. Antes de que supiera qu estaba pasando, Jones se encontr con que estaba involucrado en una tpica pelea twitera de Trump (Chuck Jones, desde 1999 presidente de United Steelworkers ha hecho un espantoso trabajo representando a trabajadores. No nos sorprendamos si las empresas huyen de este pas!). A eso le siguieron llamadas violentas y amenazas; por ejemplo, Vamos por ti o, como cont Jones, Nada que dijera que me iban a matar pero, ya sabis, a partir de entonces no quitas el ojo de tus hijos. Ya sabemos cmo son las cosas.

Hace un ao, una estudiante de 18 aos tuvo una experiencia parecida despus de estar en un acto de campaa y decirle a Trump que l no era amistoso con las mujeres. Al candidato le falt tiempo para atacarla por Twiter, etiquetndola de arrogante; poco tiempo despus, tal como lo describi el Washington Post, el telfono de la chica empez a recibir mensajes amenazantes, a menudo de contenido sexual. La casilla de entrada de su cuenta de Facebook y la de su correo electrnico se llenaron de mensajes similares. Cuando empez a circular su direccin por la redes sociales y su foto sali en las noticias de la TV, la joven abandon su casa para esconderse.

Con estos antecedentes no es nada difcil hacer una prediccin. Alguno de esos das de su presidencia, Trump la emprender por Twiter contra un ciudadano determinado pobre de l que estuviese crispndole los nervios. Motivado por eso, algn trastornado integrante de lo que podra ser la futura fuerza area de drones de Trump coger un arma (de las que hay demasiadas al alcance de la mano en esta trumpiana poca de auge de la NRA). Entonces, en un arranque, el tipo decide armado investigar por s mismo en la pizzera de Washington que supuestamente serva de sede de un crculo de adolescentes esclavos sexuales de Hillary Clinton. En el Pizzagate, el tipo por entonces detenido dispara su fusil de asalto sin herir a nadie en el establecimiento, cuyo dueo ya estaba harto de recibir insultantes mensajes de voz y amenazas de muerte. Sin embargo, es bastante fcil imaginar un final bastante distinto de un suceso como el descrito. En ese caso, Donald Trump estara creando una nueva acepcin para la expresin asesinato con dron. De pasar eso, cules seran las consecuencias del primer ataque por Twiter de nuestra historia.

Por supuesto, no debemos olvidar que, gracias a George W. Bush y Barack Obama, Trump tendr todos los drones de la CIA para utilizarlos de la forma que lo desee y golpear a quienquiera que l elija en tierras lejanas. Pero como posible asesino Twiter, incitando al ataque a sus drones de la derecha radical, habr conseguido otro tipo de primaca estadounidense.

Un mensaje al planeta Tierra

Y no he hecho ms que aproximarme al universo futuro de Donald Trump, que por supuesto est a punto de ser el universo de todos nosotros. Sospecho que su presidencia ser la ms traumtica de todos los tiempos. Cranme, resultar ser una distopa ms all de toda comparacin; o debera decir ms all de toda desesperacin?

Tomemos la cuestin ms distpica de todas: el cambio climtico. En las ltimas semanas, Trump ha farfullado palabras de amor ante la direccin reunida del New York Times par jurar que, en la cuestin del vnculo entre la humanidad y el calentamiento global, l tiene la mente abierta. Tambin, en pleno corazn de la torre Trump, ha hablado de amor a Al Gore (Tuve una larga y muy productiva conversacin con el presidente electo, dijo Gore ms tarde. Fue una bsqueda sincera de puntos de coincidencia. Fue una conversacin sumamente interesante, y eso va a continuar). Adems de todo lo que Donald Trump pueda ser, l es ante todo y principalmente un vendedor; esto quiere decir que sabe vender cualquier cosa y, cuando es necesario, hipnotizar casi a cualquiera; la realidad le importa un bledo.

Sin embargo, si el lector desea evaluar los verdaderos sentimientos de Trump respecto de esa cuestin, valen aquellos sentimientos de extrarradio de los aos juveniles de Donald, cuando sin duda creci sintiendo cuan lejos estaba de la elite neoyorquina. Entonces, prestar menos atencin a sus palabras y dedicar una mirada a lo que hace. En la cuestin del cambio climtico, todos sus hechos son devastadores; evidentemente se venga de los muchos verdes, progresistas y de aquellos que solo estn preocupados por el futuro de la Tierra y de sus nietos y no le votaron ni le apoyaron.

Hace poco, The Guardian hizo un resumen de las opciones de Trump, tanto para formar su equipo de transicin como para los puestos clave de su administracin, que no tuvieran nada que ver con los combustibles fsiles ni con el calentamiento del planeta. El resumen comprob que los negacionistas climticos y los llamados escpticos estaban en todas partes. De hecho, por lo menos nueve de los principales miembros de su equipos de transicin inform Oliver Milman en ese peridico niegan el acuerdo bsico de los cientficos de que el planeta se est calentando debido a la combustin del carbn [en sus variadas formas] y otras actividades humanas.

Unamos esto con el deseo imperioso del presidente electo de explotar todos los combustibles fsiles con una intensidad que no tiene precedentes en la historia de Estados Unidos y tenemos un mensaje que no podra ser ms claro ni ms devastador para el futuro de un planeta habitable.

El mensaje no podra ser ms claro. Si tuviera que escribirlo con solo tres palabras, stas seran:

De Trump a la Tierra: Vete al demonio!

Notas:

* El original en ingls de esta nota fue publicado el 22 de diciembre de 2016. (N. del T.)

** En una nota (en ingls) disponible en http://www.tomdispatch.com/post/175551/tomgram%3A_engelhardt,_assassin-in-chief/ (N. del T.)

Tom Engelhardt es cofundador del American Empire Project, autor de The United States of Fear y de una historia de la Guerra Fra, The End of Victory Culture. Forma parte del cuerpo docente del Nation Institute y es administrador de TomDispatch.com. Su libro ms reciente es Shadow Government: Surveillance, Secret Wars, and a Global Security State in a Single-Superpower World.

Fuente: http://www.tomdispatch.com/post/176225/tomgram%3A_engelhardt%2C_will_trump_make_1984_look_like_a_nursery_tale/#more

Esta traduccin puede reproducirse libremente a condicin de respetar su integridad y mencionar al autor, al traductor y Rebelin como fuente de la misma.




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