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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 09-01-2017

Uruguay
Existen los comits de base frenteamplistas?

Emilio Cafassi
La Repblica


Al chocar las copas luego del brindis de despedida del regresivo 2016 (considerando al mundo en general), alguien me espet una inquietante aseveracin: los comits de base no existen. Admitir su defuncin no sera un buen comienzo del nuevo ao y no slo para el Uruguay sino para la izquierda universal de la que el Frente Amplio (FA) es parte inescindible, aunque muy particular. Mi interlocutor no era sino un histrico militante, preso poltico y torturado de la dictadura, exiliado, cofundador del FA a travs de uno de sus sectores, inclume abanderado de la movilizacin y la participacin popular y, por elemental aadidura, participante y admirador de los comits de base. Nadie ajeno al devenir frentista y mucho menos expresin de una derecha o siquiera de una socialdemocracia. Que adems lo incluya en el estrechsimo crculo de mis queridsimos, no debera afectar la valoracin de semejante conclusin y consecuente pesimismo. Le respond que no era tan as. Que, por ejemplo, las bases habran derrotado a los sectores polticos mayoritarios y las direcciones, impidiendo que en el ltimo Congreso del Frente, el Plenario Nacional adoptara decisiones que (por la magnitud y efusividad de los aportes de muchos comits de bases y sectores polticos) resultaban imposibles de tomarse en el ceido tiempo previsto inicialmente. De forma tal que por impulso original de unos pocos, el propio Congreso adopt la inexplorada decisin de llamar a cuarto intermedio por varios meses a fin de reabrir las discusiones y estimular las reelaboraciones del contenido del documento sobre valores y principios (aunque no descarto que tambin revise la decisin acerca del camino -digamos el inciso del artculo 331 de la Constitucin vigente- de acceso a una reforma constitucional).

En cualquier caso, estoy utilizando una excusa que vincula mis ms profundos afectos para introducir en estas lneas algunas conclusiones de orden organizativo, es decir, del dispositivo de poder al interior frentista. Porque ninguno de los dos hablaba de deseos o de elaboracin de duelos, ni cree que los comits de base hayan desaparecido completamente, pero menos an que se encuentren en su apogeo.

Un congreso frenteamplista es un acontecimiento de una magnitud digna de ser observada, tanto por los inocultables alcances en el ejercicio de la igualdad en materia de discusin y elaboracin colectiva, sobre cuyos lmites no pareciera querer reflexionar ni interrogarse. Creo que la negacin de un problema es el paso ineluctable para el tropiezo con l. Y que esto precisamente le sucede al FA ante cuestiones nodales para la prctica poltica de izquierda (no slo en el poder), como la burocratizacin, el caudillismo, el culto a la personalidad, el peso de los narcisismos, los beneficios materiales de los cargos polticos, entre muchos otros. Algunos sectores se interrogan y adoptan polticas mitigadoras al respecto, pero el FA como tal, pareciera sentir una suerte de indemnidad al respecto, o simplemente la deja librada a la poltica que sobre el particular adopte para s cada sector.

El paradigma cuasi gestltico frentista, es decir, que el todo es ms que la suma de las partes, result vlido y lo seguir siendo siempre que una nutrida proporcin de militancia independiente, de movimientos sociales y civiles participe de la elaboracin de sus polticas y momentos de organizacin. De lo contrario, como simple coalicin es muy probable que entre en un ciclo de realimentacin negativa. Creo que la indispensable reversin de la declinacin o desercin en los comits de base no pasa por el cuestionamiento a la sectorizacin sino a la ausencia de organizacin de su funcionamiento, a la interconexin entre s y con las instancias de direccin y fundamentalmente, su participacin real y efectiva en las decisiones de todo tipo que adopte el FA.

Quien venga leyendo artculos propios sobre la izquierda uruguaya en estas pginas u otros medios, advertir que le otorgo una importancia cardinal tanto a la desercin cuanto a la sectorizacin en los comits de base. Sin ir ms lejos en el tiempo, el domingo 27 de noviembre en esta misma pgina afirmaba que involucrar a los afectados en las decisiones, adems de razones de principios, debera tener en el FA un objetivo de supervivencia. Es indisimulable la desercin de sus comits de base, la desmovilizacin, el envejecimiento de su militancia, el leve aunque sostenido declive electoral como para correr el riesgo de parecerse, aunque sea un poco, a las actuales socialdemocracias y socialcristianismos europeos (completamente integrados y asimilados acrticamente a la lgica ciega de la acumulacin de capital) sino adems a la democracia liberal-fiduciaria que desalienta toda forma de participacin y realimenta la burocratizacin de la gestin poltica. Fui ms explcito an en el ltimo artculo de diciembre en lo que a la desaparicin de la figura del militante independiente respecta.

Pero lo que me result ms inquietante del cruce de opiniones en la noche de fin de ao no es la medida precisa del nivel de debilitamiento de los comits, sino la hiptesis de que la decisin de ir a un cuarto intermedio fuera motivo de una confusin de los delegados. No porque crea que lo haya sido en esa oportunidad especfica, sino porque permite pensar que es factible. Por ejemplo, la forma numrica en que las alternativas en discusin fueron presentadas (entre el pasaje de los puntos pendientes al mismo congreso mediante un cuarto intermedio, o inversamente al Plenario Nacional) nos haca temer a los impulsores del cuarto intermedio que se confundiera lo que estaba en juego. Fueron los cuatro brillantes oradores que fundamentaron la disyuntiva quienes se encargaron de despejar cualquier posible desconcierto. Los cnticos a la salida del estadio ratificaron que una proporcin tan abrumadora (como los votos con los que se impuso la continuidad del debate) quera efectivamente tomar en sus manos los temas pendientes.

Pero tal como est organizada la circulacin de la informacin, las relaciones intercomunicativas entre las diferentes instancias formales y el apremio en la reelaboracin de propuestas, mociones y redacciones, los congresales requieren contar con una enorme capacidad de concentracin, velocidad de respuesta y de mrgenes de autonoma relativa para establecer alianzas que seran imposibles sin lectura, debate y reflexin previas en los espacios de pertenencia. Y an as, la confusin es posible porque en el momento decisional, prima la oralidad. Ni siquiera se usa la enorme pantalla para proyectar edigraf o powerpoint con el texto sometido a votacin. He sido testigo del inmenso talento de algunos militantes para reelaborar en minutos enmiendas que contemplen posiciones convergentes a fin de ganar fuerza, sin contar siquiera con un pupitre. Tomaron conocimiento y consciencia de la posible coincidencia all mismo, al escucharse exponer, porque ningn vaso comunicante organizativo los puso previamente en contacto, ni menos an, public sus borradores. Podra entonces el congreso tomar decisiones por confusin? Sin duda, cosa que debe haber pasado en ms de una oportunidad aunque no fuera ste el caso.

Un reciente balance de la Comisin Nacional de Organizacin (CNO) del FA, que puede encontrarse en la web (http://www.frenteamplio.org.uy//index.php?Q=articulo&ID=2273) subraya correctamente varios logros del gobierno y plantea algunos desafos. Sin embargo omite referenciarlos a los puntos del programa que el congreso previo (llamado Hugo Cores) defini con lujo de detalle como tuve ocasin de presenciar en noviembre de 2013, tanto como aquellos aspectos de ese programa an incumplidos. El balance de la CNO da toda la impresin de convertir la organizacin en propaganda. Y hasta transmite la sensacin de que hay un buen gobierno porque se integra con buenos gobernantes y no una fuerza poltica que le dicta el rumbo, lo mandata y le exige pasos concretos en el cumplimiento del programa. Si en las medidas gubernamentales cada militante (de cualquier instancia o sector) no puede reconocer su participacin en el debate, le haya ido bien o mal, para qu va a querer participar de tales instancias? Para qu militar? No bastara con elegir un buen gobierno? Por qu no seguir como un simple votante de lo que llamo la democracia liberal-fiduciaria?

El novel ao se introdujo en el calendario en medio de otros brindis que trajeron recuerdos de la crcel, de las estticas de los 70, de compaeros que fueron fundadores y sostenes de lo mejor de la construccin frentista cruzados en el exilio gracias al contacto y solidaridad de quin dudaba de la existencia de los comits de base. Y all me pregunt si Marta y Martn Ponce que me acogieron en Holanda, si Gonzalo Ares que lo hizo en Bruselas (y adems arregl con papel de aluminio el cao de escape de mi desvencijado auto), si Ademar Estoyanoff en Pars o Alberto Prez Prez en Nueva York, pensarn que los comits an existen.

Para m fue emocionante saber que ellos s existen porque siguen construyendo izquierda.

Emilio Cafassi. Profesor titular e investigador de la Universidad de Buenos Aires

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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