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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 09-01-2017

Sobre el artculo "cmo no defender las Humanidades", publicado por Jess Zamora Bonilla
La batalla por la Filosofa

Carlos Fernndez Liria
Cuarto Poder


En las negociaciones que sobrevendrn en los prximos meses sobre el anunciado nuevo Pacto Educativo hay que exigir que se replantee muy en serio el asunto de las asignaturas de Filosofa en las enseanzas medias y el bachillerato. Y lo malo es que, a este respecto, hay que cuidarse tanto de los enemigos como de los amigos. Porque uno se queda estupefacto al ver las cosas que dice nada menos que el decano de la Facultad de Filosofa de la UNED, Jess Zamora Bonilla, en su artculo de El Pas Cmo no defender las Humanidades .

En primer lugar, Jess Zamora Bonilla cae en la trampa de integrar la enseanza de la Filosofa en el rea de Humanidades, una barbaridad que habra que comenzar por poner fuera de juego. El artculo contina con otra sarta de jocosas barbaridades sobre el tema, que luego comentaremos (es verdad que el autor anuncia una segunda parte que esperamos que sea menos nociva).

Repasemos algunos sucesos recientes. El 22 de diciembre de 2016 se present en la Asamblea de Madrid una proposicin no de ley en defensa de la asignatura de Historia de la Filosofa en las enseanzas secundarias. La proposicin, impulsada por el PSOE, fue apoyada tambin  por Podemos y Ciudadanos y rechazada por el PP, siendo, por consiguiente, el resultado de la votacin 78 votos a favor y 47 en contra. Este xito incuestionable no tendr ningn efecto, ya que se trataba, precisamente, de una proposicin no de ley. Pero es un resultado significativo y simblicamente muy importante para los que estamos intentando defender las asignaturas de Filosofa en secundaria. Llama la atencin lo difcil que resulta de entender el discurso con el que el diputado del PP HYPERLINK "http://mediateca.asambleamadrid.es/library/items/sesion-plenaria-2016-12-22?part=2&start=6129"Luis Peral Guerra defendi la decisin de votar en contra, porque da toda la impresin de que a ese pobre hombre le toc justificar algo en lo que l mismo no crea, de tal manera que tuvo que hacer una especie de crptico malabarismo para no decir nada de nada. Habl, eso s, cmo no, a favor de las Humanidades, alegando lo importantes que son para poder cenar en Nochevieja, puesto que en ese tipo de reuniones, no suele hablarse de negocios, sino de temticas humanas en las que conviene saber quin fue Alejandro Magno.

En verdad, esto merece una reflexin. Durante las luchas contra el Plan Bolonia escuchamos a menudo a las autoridades acadmicas (normalmente "de izquierdas" en esa poca) decir que las facultades de Filosofa y, en general, de Humanidades, no debamos asustarnos tanto por la mercantilizacin de la enseanza (o como sola decirse, por  la "economa del conocimiento"), porque las empresas cada vez eran ms conscientes de que necesitaban asesores culturales y filosficos. A ninguna compaa le conviene, se nos dijo una vez, tener ejecutivos patanes que no saben entender las diferencias culturales y que, por ejemplo, no caen en la cuenta de descalzarse al entrar en la casa de un empresario japons para firmar un contrato millonario. Los directivos de una empresa no pueden hacer el ridculo en las cenas de negocios, exhibiendo su ignorancia sobre quin es Kant o sobre el Padre Feijoo. As pues, la filosofa pero no slo la Filosofa, sino, como deca el diputado del PP, las Humanidades en general tienen que ser respetadas y protegidas en secundaria. Lo de menos es ya el misterio por el que este razonamiento le llev a votar no en esa ocasin. Lo malo son las razones por las que podra haber votado que s. Porque, mucho me temo, pues demasiado lo hemos comprobado ya, estas razones a veces son tambin esgrimidas por parte de la izquierda. Las Humanidades son muy importantes, se dice, y por lo tanto, la Filosofa tambin. Esto es lo que subyace tambin al artculo de Zamora Bonilla.

Verdaderamente, las defensas de las filosofas las carga el diablo. Porque lo primero que habra que denunciar es la inclusin de la Filosofa en el rea de las Humanidades. De hecho, este es el motivo por el que la LOMCE ha convertido la Historia de la Filosofa en una asignatura opcional para las ramas de "letras". Los que defendemos las asignaturas de Filosofa tenemos mucho que objetar a que sean englobadas en las Humanidades. Si hubiera que comenzar por algn sitio, habra que partir de la idea de que sin la historia de la filosofa es imposible comprender la idea misma de nuestras aspiraciones polticas, nuestra mismsima pretensin de vivir en un orden constitucional. Y esto es algo que atae tanto a los humanistas como a los cientficos, lo mismo que a los artesanos o profesionales de toda ndole, porque tiene que ver con aquello que les convierte en ciudadanos, es decir, en agentes polticos de pleno derecho en una democracia.

La Filosofa es el testigo de que en este mundo, adems de multitud de cosas  que pueden ser estudiadas por las distintas ciencias y disciplinas, existen tres cosas muy raras que no est muy claro ni siquiera que sean cosas: la verdad, la justicia y la belleza. Son tres luces que, igual que el sol,  iluminan este  mundo y que, desde los tiempos de Scrates y Platn, han generado una tensin poltica sin la cual no sera comprensible el modelo poltico al que llamamos "estado de derecho", "orden constitucional" o "imperio de la ley". Ante la verdad, somos todos iguales, porque, como sentencia el dicho: la verdad es la verdad, la diga Agamenn o su porquero. Ante la justicia, nos descubrimos como libres, porque una persona que dice que hace lo que hace porque es justo, en realidad, est diciendo que su decisin no depende ms que de la justicia y, por lo tanto, que es independiente de todas las cosas que se mueven e interactan en este mundo: eso es lo que llamamos libertad. Y ante la belleza, descubrimos una dimensin a la que se llama fraternidad. Pues quien dice "esto es bello", no dice tan slo "esto me gusta", sino que dice algo ms: que siente que los dems estn experimentando lo mismo que l, que tiene la percepcin de que est sintiendo con el corazn del otro, que nota cmo la humanidad est unida por una misma sangre y por un slo corazn. Verdad, justicia y belleza, tienen, por lo tanto, un correlato muy conocido por nosotros: igualdad, libertad, fraternidad. Nuestro mundo poltico es incomprensible sin estos referentes. Estos referentes son la brjula del ordenamiento poltico que todos desde la izquierda y desde la derecha decimos defender.

No es lo que, al parecer, piensa Zamora Bonilla, que tiene muy claro que "la inmensa mayora de los grandes filsofos habran levantado la ceja con asombro al escuchar que la formacin humanstica (y por tanto, la Filosofa) es un pilar de la democracia, pues casi ninguno de ellos consider que la democracia (en nuestro sentido de completa igualdad de derechos, sufragio universal, concurrencia de partidos polticos, etctera) fuese algo distinto de una psima idea". Decir esto es una ignominia que hace el juego a una estupidez popperiana muy difundida, segn la cual, ya desde el principio, Scrates y Platn son enemigos de la democracia y, por lo tanto, segn parece, simpatizantes de tendencias totalitarias. Est muy lejos de ser as. Scrates (como luego, en general, todo el pensamiento de la Ilustracin) eran enemigos de la (pura) democracia exactamente en el mismo sentido exacto que cualquier persona bien pensante actual. Cuando Platn dice que el mayor delito que se puede cometer contra la ciudad es el de "entregar las leyes al poder de los hombres", est, sin duda, hablando no slo contra el despotismo tirnico, sino contra el despotismo democrtico. En esto coincide punto por punto con Kant. Las leyes tienen que estar por encima de los hombres incluso si se trata de todos los hombres, es decir, de eso que solemos llamar el pueblo. Pero esto no es porque debamos entregar las leyes a, por ejemplo, una casta de sacerdotes, que, al fin y al cabo, no son tambin, ms que hombres. Que "nadie tiene derecho a ocupar el lugar  de las leyes", ni siquiera "el pueblo", no significa otra cosa que la democracia tiene que estar en "estado de ley", en "estado de derecho", como solemos decir nosotros. Es decir, que ningn poder ejecutivo puede ocupar el parlamento y esclavizarlo a su favor. Que si no hay "separacin de poderes" la democracia es un despotismo exactamente lo mismo que cualquier tirana.

Me he explicado despacio a este respecto en mi libro Para qu servimos los filsofos? , pero es algo que queda sentado perfectamente desde el primer texto un poco extenso con el que contamos en la historia de la filosofa: la Apologa de Scrates. Ah Scrates recuerda al tribunal un episodio crucial que marcar toda la herencia de la Filosofa. Cuando los generales victoriosos regresaron a Atenas sin haber recogido los cadveres, fueron juzgados en bloque contra lo que dictaban las leyes. Slo Scrates se empe en que haba que juzgarles, segn la ley, uno por uno. "Estamos todos de acuerdo en juzgarles en bloque", se le respondi airadamente, "nadie tiene derecho a decir al demos lo que tiene que hacer!" Scrates no opinaba lo mismo: "muy bien, cambiad entonces las leyes, pero no procedis contra ellas". El pueblo puede cambiar las leyes, sin duda, pero no creerse por encima de ellas. Por supuesto, esta aseveracin tena sus implicaciones: "Si  ahora cambiis las leyes para juzgar en bloque, la prxima vez, cuando a lo mejor haya que juzgaros a vosotros, se os juzgar tambin en bloque" (eso sin contar con que no se podra legalmente juzgar en bloque con carcter retroactivo a los generales en cuestin). Es decir, el pueblo por s mismo no tiene ni mucho menos la ltima palabra. La ltima palabra la tienen las leyes. Y aunque el pueblo pueda cambiar la ley, tendr luego que ser coherente con ello.

La idea es que la democracia, sin imperio de la ley, es un puro despotismo, es tanto como instituir el linchamiento como procedimiento legal inapelable. El pueblo slo es soberano a condicin de obligarse a s mismo con un imperativo de coherencia. Entregar las leyes a un pueblo caprichoso que las administra sin coherencia alguna, es tanto como permitir al pueblo dar un continuo golpe de Estado contra el poder legislativo. Denunciar esto no es estar en contra de la democracia, es estar a favor de que la democracia est en estado de derecho. Es la esencia misma del pensamiento republicano. Que yo recuerde, en la historia de la filosofa, slo al idiota del Foucault de los aos setenta y no siempre fue tan idiota se le ocurri defender el linchamiento democrtico contra la separacin de poderes. Zamora Bonilla puede muy bien arremeter contra l si quiere, pero no diciendo de paso barbaridades sobre Scrates, Platn y todo el pensamiento de la Ilustracin que, hasta Kant, fue la piedra angular sobre la que  se levant despus todo la reflexin del constitucionalismo moderno.  De hecho, la frase anteriormente citada de Platn, "quien esclavice las leyes sometindolas al poder de los hombres, debe ser considerado el peor enemigo de la ciudad", se convirti sin ms en el artculo 27 de la constitucin jacobina: "Quien usurpe el lugar de la soberana, sea de inmediato ajusticiado por los hombres libres".

Maana continuaremos comentando esta especie de tragedia por la que, en la defensa de la Filosofa, a veces son peores los amigos que los enemigos.

II

Discutamos en nuestro artculo de ayer la idea por desgracia demasiado habitual (y sugerida por el Decano de Filosofa de la UNED, Jess Zamora Bonilla, en un artculo reciente ) de que la historia de la filosofa no ha sido precisamente amiga de la democracia, manteniendo que si, en efecto, as es, es porque el proyecto poltico que pone en marcha la Filosofa hay que ligarlo a la idea de una democracia bajo el imperio de la ley, es decir, con lo que solemos llamar hoy en da "estado de derecho". Las tres famosas luces del mundo inteligible platnico, verdad, justicia y belleza, son el correlato exacto de nuestro referente constitucional ms genuino: igualdad, libertad, fraternidad.

Por eso, suprimir la Historia de la Filosofa del currculum de bachillerato es tanto como dejar a oscuras nuestro proyecto poltico ms irrenunciable, apagar las luces de la verdad, la justicia y la belleza, que son los nicas luces que pueden guiar la dignidad ciudadana de nuestros alumnos. En esto que podramos llamar un desastre civilizatorio se puede desembocar por distintos procedimientos complementarios y la situacin actual los ha ensayado todos a la vez. El primero de ellos es suprimir sencillamente la asignatura del bachillerato, dejndola, como ocurre ahora, como una optativa marginal y secundaria, como si los fundamentos de nuestro orden constitucional y nuestro proyecto poltico ms genuino fueran algo ornamental y perifrico al que la enseanza secundaria no tendra por qu prestar atencin.

Otra manera de desembocar en el desastre es la de sustituir la enseanza de la Historia de la Filosofa por un sin fin de asignaturas para "formar en valores", "educar personalidades", fomentar como suele repetirse ad nauseam- el "espritu crtico", etctera, palabras muy bien intencionadas, pero que hacen creer que el mundo de la Filosofa pudiera ser reducido a una inmensa tertulia asistida por manuales de autoayuda y entrenadores vitales. La Filosofa no es eso. Platn, Aristteles, Kant o Hegel no son un sustituto del prozac. Representan la herencia de algo que ya dijo Scrates ante el tribunal que le conden: "En la vida hay algo que es tan importante, que es ms importante que la vida misma, porque es algo, sin lo cual, la vida no merece ser vivida". Ese algo, se llama, en la historia de la filosofa, dignidad. Los seres humanos no se empean en vivir a cualquier precio y de cualquier manera, porque saben muy bien que hay algo ms importante que la vida: aquello por lo que merece la pena vivir la vida. Los seres humanos no quieren solo vivir, quieren llevar una vida digna. Y la historia de la Filosofa, la de los griegos, los romanos o los cristianos, es la mejor demostracin de que para llevar una vida digna hay que comprometerse con un modelo poltico irrenunciable, al que a veces llamamos "estado de derecho", o tambin "orden constitucional" o vida "ciudadana".

Si nuestro currculum de bachillerato desprecia esta brjula de nuestro ordenamiento poltico no podremos extraarnos despus de que los alumnos desprecien tambin el ordenamiento poltico constitucional. Como muy bien record el diputado HYPERLINK "http://mediateca.asambleamadrid.es/library/items/sesion-plenaria-2016-12-22?part=2&start=5630"Eduardo Fernndez Rubio en la Asamblea de Madrid, en las primeras lneas de nuestro Constitucin se dice algo que explica muy bien por qu la Historia de la Filosofa debe ser tratada con el mayor respeto y admiracin: "Todos los artculos contenidos en esta Constitucin deben ser interpretados en referencia a la Declaracin de los Derechos Humanos". Esta declaracin, dictada en la ONU en 1948, es herencia de aquellas revoluciones, la americana y la francesa, que fueron, en cierta forma, como dijo en su momento Hegel de forma taxativa, "obras de la filosofa". Hay muchos motivos para reconocer que en esos inmensos acontecimientos histricos confluyeron muchas otras fuerzas materiales, algunas de las cuales salieron triunfantes por desgracia, acabando, de paso, con la posibilidad de una revolucin ilustrada de la humanidad .  Pero el sentido de lo que se pretenda es y sigue siendo patrimonio de la Filosofa. Lo que no cabe duda es de que sin la Historia de la Filosofa perdemos el tesoro de todas las reflexiones que permiten entender por qu determinadas sociedades decidieron un da no conformarse con poner el derecho en estado de sociedad, sino que se empearon en la tarea inslita, increble y enigmtica de poner a la sociedad en "estado de derecho". Sin la verdad, la justicia y la belleza, podemos, sin duda, tener sociedad, pero no un ordenamiento constitucional que confiera dignidad a la sociedad. Por eso no nos conformamos con tener sociedad, sino que la queremos en "estado de derecho". Desde la izquierda, y desde la derecha tambin, aunque por ello haya resultado tan inexplicable el voto del 22 de diciembre, al que aludamos en la primera parte de este artculo.

Desde luego, la Filosofa no es una droga infalible y garantizada para formar a la ciudadana. Pero produce estupor escuchar a Zamora Bonilla burlarse tan alegremente de la idea de que su conocimiento (que el confunde, adems, con el de las Humanidades) "contribuye a nuestra realizacin como personas". Es muy chocante escuchar -y ms en un decano de Filosofa- que, para las personas no tiene importancia recordar o no, estudiar o no estudiar,  aquellas condiciones polticas que conforman su ciudadana. Ninguno nos hacemos ilusiones pensando que bastar leer a Platn, Montesquieu, Kant, Hegel o Marx para asumir ms conscientemente la condicin de ciudadanos, pero hace falta haber avanzado mucho en la senda del nihilismo para pensar que la cosa, ms o menos, da igual. Zamora Bonilla dice que no ha conocido a mucha gente condenada a una miserable existencia alienada por no haber ledo a Kant. Yo tampoco. Pero es que la cosa hay que plantearla al revs. Mis colegas y yo, al menos,  s tenemos todos los aos a muchos alumnos sorprendentes que estoy seguro de que no cambiaran por nada el hecho de haber tenido la ocasin de estudiar a Platn, a Kant o a Hegel. A lo mejor resulta increble, pero as es.

No puedo extenderme ms ahora sobre el dislate que supone englobar las asignaturas en el rea de Humanidades. Lo que nos estamos jugando con la Filosofa es algo que concierne a la condicin misma de la ciudadana, sin la cual, se pierde la posibilidad de entender el proyecto poltico en el que decimos estar comprometidos.

Pero no slo eso. En cuanto a la relacin de la Filosofa con las asignaturas cientficas, ya me he extendido en otros artculos . Tambin la citada intervencin de Fernndez Rubio haca referencia a ello con toda la razn. Algunos cuentan las cosas como si hubiera un Descartes filsofo y un Descartes cientfico. El primero, al parecer, en una especie de ataque paranoico, habra llegado a pensar que el mundo exterior no exista, aunque, menos mal, acababa por concluir que por lo menos l mismo s exista, puesto que pensaba. Y que como reflexionaba sobre la idea de Dios, una idea que conlleva la perfeccin de existir, esa noche pudo acostarse tranquilo, pensando en que tambin existan sus zapatillas y su gorro de dormir. Preocupaciones de filsofos. Mientras tanto, el cientfico Descartes revolucion la matemtica, inventando un instrumento las coordenadas cartesianas capaces de convertir las imgenes en nmeros y la geometra en lgebra. En absoluto es as. El famoso Discurso del mtodo de Descartes es la introduccin a tres obras que nosotros consideramos "cientficas" (Geometra, ptica, Meteoros), pero que para l eran, precisamente, su Filosofa. Conviene recordar que cuando Descartes tiene que identificar un verdadero filsofo en su poca, piensa, precisamente en Galileo, el padre de la fsica moderna: "Encuentro que filosofa mucho mejor de lo que es comn, pues trata de examinar las cosas fsicas mediante razonamientos matemticos. En esto coincido enteramente con l y sostengo que no existe otro procedimiento de alcanzar la verdad", escribe a Mersenne el 11 de octubre de 1638.

Convendra recordar estas palabras sobre lo que significa "hacer Filosofa" cuando vemos que actualmente existe tanto empeo en ligar la Filosofa con las Humanidades. Porque, para empezar, Descartes, puestos a localizar algo de Filosofa en nuestro triste currculum de bachillerato, lo identificara en las asignaturas de matemticas o de fsica. Y es muy chocante esto de comenzar a defender la filosofa llevndole la contraria a Descartes. Como plante perfectamente Eduardo Fernndez Rubio, la ciencia, sin la filosofa, sencillamente, se entiende mal, se entiende peor. No se entiende bien lo que es integrar sin pensar un poco en Eudoxo, ni lo que es derivar sin pensar en Leibniz, que invent el clculo infinitesimal, ni lo que es la fsica sin pensar en Aristteles o en Einstein, que tambin fue un gran filsofo. O lo que pretende ser la sociologa sin pensar en Max Weber. Todo esto no son "Humanidades", ni tiene que ver con esa "cultura general" que necesitan los ejecutivos para no dejar a su empresa en ridculo en Nochebuena. Tiene que ver con recordar que la ciencia es un asunto muy serio que merece reflexin por s mismo, independientemente de sus aplicaciones tcnicas o mercantiles. La Historia de la Filosofa no tiene que servirnos para compensar con un poco de humanismo nuestra mierda de vida, y mucho menos para reforzar nuestra autoestima, estimular nuestro sentido crtico de tertuliano o educar nuestros valores y hacernos un poco ms felices. Si tiene que servirnos para algo es para lo que siempre ha servido: para salvar a la humanidad de la barbarie poltica, cientfica y moral. La perspectiva de una humanidad que haya perdido el sentido de sus objetivos polticos, armada hasta los dientes con armas tcnicas capaces de  destruir el planeta, incapaz de recordar que la verdad, la justicia y la belleza tienen sus propias exigencias, es la perspectiva de una humanidad que navegar sin brjula por un ocano nihilista y suicida. Y que, adems, s, har el ridculo en las cenas de negocios, algo que algunos consideran ms importante (cfr. la ya citada intervencin del diputado del PP ).

Zamora Bonilla terminaba su artculo denunciando lo que a su entender es una "falacia que se comenta por s sola": "La educacin no debe tener como objetivo la empleabilidad, y por eso el Estado debe crear muchsimos ms empleos para los titulados en Humanidades". Por ms vueltas que le doy, no veo dnde esta la falacia. Slo un alma podrida por el nihilismo mercantil puede entender que esta consideracin se refuta por s sola. Y me parece muy grave que gente tan impa ocupe los decanatos de las facultades de Filosofa. La educacin no debe tener como objetivo la empleabilidad, es decir, el sometimiento a las necesidades imprevisibles de un mercado laboral demente y suicida regido por un capitalismo de casino. La educacin debe hacernos recordar que en este mundo y en esta vida hay cosas ms irrenunciables que el velar por la salud de nuestra crcel econmica. Es la nica posibilidad de que haya en este mundo ciudadanos dispuestos a buscar un  sistema econmico menos demencial e inhumano. Y no logro entender qu puede tener de contradictorio pedir al Estado que trabaje un poco por aquello que el mercado nos sustrae. Tanto ms si se pretende, precisamente, un "estado de derecho" y no un "estado de mercado". Porque algunos (gracias entre otras cosas a Platn, Kant o Hegel) an recordamos lo que significa la pretensin de que en lugar de tener al derecho en "estado de sociedad", tengamos a la sociedad en "estado de derecho". Las asignaturas de Filosofa no son, desde luego, una garanta de nada. Pero algunos  tenemos la esperanza de que contribuyan un poco a que no haya personas (y menos an decanos en las universidades) que hayan olvidado cosas tan elementales como las que ya parece haber dejado tan atrs Zamora Bonilla.

Carlos Fernndez Liria es profesor de Filosofa en la UCM

 

Referencias: https://www.cuartopoder.es/tribuna/2017/01/07/la-batalla-por-la-filosofia-1/9531 y https://www.cuartopoder.es/tribuna/2017/01/08/la-batalla-por-la-filosofia-y-2/9542

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.


 



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