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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 10-01-2017

Inhumanos que aunque hablen de paz agitan la guerra

Manuel Humberto Restrepo Domnguez
Rebelin


Como moscas para los nios caprichosos, as somos para los dioses; nos matan para divertirse (El rey Lear). Solo que esos dioses ya no son divinidades, si no seres encarnados, humanos que se sienten -por designio quiz divino- algo mas que el resto de los humanos, y actan en consecuencia sin limites, segn el ritmo de su caprichosa voluntad de poder, sobrepuesta a la voluntad general. En realidad por su manera inescrupulosa y cruel de gobernar, deberan ser reconocidos como inhumanos e indignos, que dedican su tiempo y esfuerzos a someter, humillar y producir dao. No saben respetar las conquistas de humanizacin alcanzadas ni valorar a la paz y los derechos como bienes colectivos.

Ese algo adicional, que cree tener ese tipo de (in)humanos, es una ficcin de superioridad que los convierte en criminales aunque su poder y arrogancia les da prestigio, y los habilita para ir a los altares de la patria a emitir ordenes, formular leyes, comprar conciencias o hacer guios para que otros acten persiguiendo o eliminado como cosa propia, -porque nunca ordenan- Ese tipo de (in)humanos, convertidos en elite, no son mas del 5% de la poblacin, pero usan el aparato de estado, sus recursos e instituciones para promoverse y garantizar leyes que reflejen su voluntad e intereses.

Quienes son entonces, esos que se regocijan produciendo dao a otros?, Que tipo de (in)humanos son esos que se niegan a dejar de destruir el pas? Quienes son esos que hacen de la impunidad la reina de las leyes? Quienes son esos que convierten en escandalo el derecho del otro para desviar la atencin sobre sus propias y escandalosas fechoras?. Y Cmo entender que logren convertir la mentira en virtud para que otros sostengan el odio que aviva la guerra? Cmo entender que sean (in)humanos capaces de poner su habilidad e inteligencia al servicio del horror?. Baste recordar que la solucin final que defini el exterminio de judos, comunistas, gitanos, homosexuales, intelectuales y artistas crticos y enfermos, entre otros, fue pensada y estructurada por 15 ilustres personalidades del partido nazi, de los cuales 10 ostentaban titulo de doctor, buena parte en derecho y ciencias polticas, para quienes igual a lo que postula hoy la ultraderecha colombiana y sus seguidores, los otros, representaban peligro para el futuro de la nacin, eran ajenos, enemigos, porque sus conductas, su origen y sus ideas les resultaban diferentes y por tanto objeto de eliminacin con sevicia, con escarnio, con horror.

Como explicarle al mundo que en Colombia, la paz empez su construccin territorial adentro de las comunidades, pero que los funcionarios del estado permanecen indolentes y mantienen de guerra impidiendo avanzar hacia una cultura de paz? Cmo sealar que las mentes que trazaron los caminos de la guerra, ahora semejen camaleones que aferrados al poder intolerante y vengativo se ofrezcan para disear las rutas de la paz? Cmo explicar que los sobredimensionados recursos para la guerra se mantengan intactos en pocas de paz? Cmo decirle a un extrao que la primera decisin del nobel de paz y presidente, fue abrir la puerta a otras guerras, ajenas, lejanas, que pronto le traern al pas nuevos dolores y charcos de sangre inocente, cada vez que la retaliacin los invadidos -terroristas o no- exploten sus coches bomba en calles, estaciones y mercados de Bogot u otras ciudades, como ha ocurrido en Madrid, Londres o Berln en respuesta a las gestas genocidas de la OTAN?. Cmo explicar el alboroto de la ONU a unas fiestas de antiguos enemigos, para celebrar con canticos y bailes la consolidacin de la paz y la reconciliacin, mientras guarda silencio sobre la realidad cotidiana de esos mismos campos que por efecto de la explotacin transnacional, y la corrupcin siembran a diario los cuerpos de nios asesinados sistemticamente por desnutricin?

Cmo explicarle al mundo que las motosierras, los hornos crematorios y los campos de concentracin impuestos por financistas y sectores polticos, reclamaron su victoria poltica con espacios de poder, militar con insignias y condecoraciones y econmica con la legalizacin del despojo, por haberle cortado la vida, la carne y los sueos a esos otros, que no cesan de luchar por ser reconocidos libres e iguales? De qu manera contar, -sin que parezca exceso-, que an en medio del regocijo de la paz, el estado no ha dado una sola seal de desactivacin del aparto paramilitar ni de su proyecto de refundacin de la patria? Cmo contar sin pesimismo que est activo un numeroso ejercito paramilitar que tiene expertos formados para el exterminio, que sabe cometer crmenes y borrar huellas? Cmo decir qu en nombre de la patria y la democracia, se han cometido crmenes sin la menor explicacin racional, ni moral, como extraer de un vientre al crio y convertirlo en comida para perros o que hay especialistas en trozar, picar en pedacitos la carne viva del supuesto enemigo comunista?. Nada de ese horror es pasado, todava esta ah, menos extendido, menos visible, menos tratado por una prensa regida por el capital, silenciada y convertida en cmplice del aparato del horror.

Cmo poner al descubierto y que sea creble, que existieron Escuelas de Formacin en tcnicas de terror (Escuela de las Amricas de Panam y otras), con practicas de lesa humanidad como la desaparicin forzada (de la que el estado colombiano es su principal responsable bien de manera directa o en connivencia con ejrcitos privados), tortura, masacres, atentados simulados, y que all se educaron destacados militares, -retirados unos, en ejercicio otros, encarcelados unos pocos-, que se prepararon a conciencia y que gracias a sus actuaciones el pas se fue llenado de victimas?.

Nada de ese horror habra de repetirse en una cultura de paz, ni ser comprensible a la luz de los sentimientos de seres humanos tolerantes, que sepan reconocer y respetar al otro en sus derechos, sus comportamientos, sus conductas y manifestaciones. Nada de ese horror provocado por quienes se sienten mas que otros, ha ocurrido en estado de demencia, no son enfermos, ni marginales, al contrario gozan de fama y poder, son frecuentemente premiados, exaltados y condecorados como artfices de glorias ganadas a base de muerte, de astucia y engao. Esos (in)humanos, son replicantes de la abominable criatura de Gregorio Samsa en la metamorfosis (Kafka), les resulta racionalmente justificable y placentero provocar horror, miedo, tienen libretos preparados para validar su barbarie. La ruta de la guerra los hace ser lo que son, y sentirse mas que el resto, de la guerra emana su poder de representacin poltica y social -inclusive con apoyo de sus mismas victimas-, y piden sus votos para ser elegidos y reelegidos, para salvar a la patria hundida por las desigualdades y los sistemas de corrupcin que ellos mismos sostienen con tramas de traiciones y mentiras que dirigen contra todos.

El gobierno realizado por los que se creen mas, siempre ha puesto por encima de los intereses de la nacin sus propios intereses, sean personales, de partido, de grupos econmicos, militares o eclesisticos, de sus amigos y de sus familias que se turnan la permanencia en el palacio y siempre han sido elegidos por aquellos a quienes han convertido en sus victimas, los nadies, los olvidados.

Es momento para construir las bases de un gobierno con respeto y sabidura, que es lo propio del estadista real, no moldeado por el linaje y el clientelismo. Gobernar exige de un gran ser humano, tico, honesto, franco, lo que convoca para que el presidente de transicin para forjar una cultura de paz con justicia social y un real estado de derechos, surja -ojala as fuera- de entre los olvidados de siempre, que sumados son la mayora que decide: indgena, afro, lder social, mujer, campesino, obrero, intelectual, apoyado con un programa mnimo de unidad popular para: reformar al estado y las instituciones, ajustar la constitucin al marco de paz alcanzado y afianzar el transito efectivo de la intolerancia y el odio hacia la convivencia pacifica sin violencia, sin discriminaciones, sin matar.

Una transicin tendr garantas si las causas de los levantamientos armados empiezan a ser erradicadas y el liderazgo no se entrega a los eternos caudillos, ni la ruta es trazada con los limites de la izquierda sectaria y vanguardista, ni sometido a los mtodos tradicionales de hacer poltica desde los partidos con recetas preestablecidas. Derrotar a esos (in) humanos que se creen mas, y que hablan de paz pero prefieren la guerra no para ganarla, sino para mantenerla, es la tarea inmediata de los que se alzaron en armas y de los que desarmados resisten con las herramientas que les provee su dignidad.

Es momento para llamar a celebrar la vida con miles de voces, con miles de fiestas, para promover como primer pacto de unidad popular de posguerra un consenso para no volver a elegir nunca ms, ni en nada, a uno solo de los que se acostumbraron a creerse mas e imponerse con terror sobre los menos, los nadies. Ni un peso mas para la guerra, ni un voto mas para los de siempre.


Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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