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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 10-01-2017

Siglo XXI, tiempo sin memoria

Armando B. Gins
Rebelin


Sin memoria se diluye el pasado y el futuro no es ms que una quimera. Con la memoria inactiva o vaca, todo es presente, una sucesin de impulsos para cubrir necesidades elementales que no tienen historia alguna.

A la velocidad que va el mundo, o al menos en su apariencia de celeridad superficial, difcil es atrapar un instante para reflexionar sobre las relaciones personales y la estructura que habitamos cotidianamente.

Se dice que el poder reside en la capacidad de imponer el propio relato de los sucesos diarios. En los contenidos de la comunicacin est el poder real. Y de esos ingredientes informativos emerge la ideologa, esa telaraa de ideas invisibles que da consistencia a la vida diaria y a la que recurrimos para que aclare de manera automtica nuestra dudas existenciales.

La ideologa dominante despliega un amplio abanico de respuestas posibles, pensando por cada persona como una memoria programada para no salirse de la normalidad mayoritaria. En su esencia no es memoria biolgica ni cultural sino una amalgama o batiburrillo o catecismo de frases hechas, letanas religiosas y emociones enlatadas que sirven de placebo cuando la razn crtica pone en solfa el orden establecido y el rol de cada cual en el concierto social, econmico y poltico.

Eviscerar la memoria de pensamientos racionales, asociativos, comparativos, contradictorios y propios es el mejor mtodo para conducir la problemtica sociopoltica y existencial hacia derroteros dulces y controlables para el sistema.

De este modo, el siglo XXI ha vivido ya tres fases de desmemoria inducida por las elites hegemnicas. Primero fue el llamado efecto 2000 cuando se acu el trmino de sociedad del conocimiento que traera como secuelas maravillosas y benignas la extensin del ocio como forma de vida universal y el pleno empleo como corolario de la derrota del comunismo al estilo sovitico. De aquellas bienaventuranzas no quedan ni las cenizas.

El segundo momento puede datarse en 2008, la famosa y trillada crisis econmica de la globalizacin. De ella, el neoliberalismo privatiz todo lo que pudo, los pudientes se hicieron ms ricos y los derechos sociales se esfumaron en el mundo libre . Los pobres y los refugiados, huelga sealarlo, se multiplicaron por doquier. Los mercados son los amos del mundo: todo es comprar o vender, explotacin por aqu y precariedad por all.

A pesar de contestaciones sociales y ensayos polticos puntuales, a escala internacional da la sensacin de que el neoliberalismo ha triunfado con rotundidad. Ya nadie se acuerda de que hubo un tiempo donde al capitalismo se le opona resistencia en todos los campos, desde el discurso a la reivindicacin. Se ha borrado a conciencia la memoria colectiva, de las luchas sociales y de las utopas polticas. A la nueva izquierda de ilustrados polglotas les basta con dirimir las desigualdades e injusticias ms que evidentes con palabras tramposas como la pugna de los de arriba contra los de abajo, mero eslogan light donde los haya para conquistar mayoras de baja intensidad poltica.

La tercera fase de la desmemoria provocada por el establishment se refiere al terrorismo, esa lacra indiscriminada que se presenta como el verdadero y nico enemigo de la Humanidad. O sea, a un lado, los buenos, los humanos, un heterogneo maremgnum de machistas y vctimas de la violencia de gnero, Trump y los espaldas mojadas mejicanos, palestinos y sionistas, blancos inmaculados de la extrema derecha y sucios negros muertos de hambre. En la trinchera de los malvados y las alimaas: los otros, una otredad en la que puede ser fichado cualquiera con acento distinto, que profese una religin sospechosa, que realice ademanes o gestos estentreos, que diga no frente a un s escondido, medroso y a la defensiva que solo tiene las rebajas, el ftbol y el consumo desenfrenado, siquiera sea entrando en un ajado y oscuro todo a 100 de frusleras vanas, para llenar los huecos existenciales de una vida unidimensional, previsible y repetitiva.

Esa labor sostenida de borrado de la memoria procura derribar de cuajo cualquier tentativa de explicar el conflicto social como una lucha entre grupos o clases o estamentos con intereses enfrentados y excluyentes, naturalizando un estado de cosas donde escapen por el discurso del desage ideolgico las responsabilidades o culpas atribuibles la estructura econmica y poltica y el poder de las elites y los mercados. Democratizando las culpas, todos somos igual de responsables de nuestra dispar suerte privada e intransferible a causas endgenas a nuestro avatar social.

Y para apuntalar esta secuencia de hechos sin causas aparentes, nada mejor, por si acaso la razn crtica se pusiese demasiado dscola o irreverente, que crear, viejo seuelo o treta del poder, un enemigo aberrante bajo la figura comodn del terrorista, ese antagonista de ficcin que gusta de matar por matar indiscriminadamente multitudes a discrecin y valores perfectos y saludables de la civilizacin occidental.

Tal reduccionismo lo explica todo sin matices ni enmiendas posibles. Y mientras esa maraa de ideas de fcil digestin se cuela en nuestros cerebros colectivos e individuales, la rapia neoliberal contina: ms guerras, ms controles arbitrarios, ms mordazas para la disensin, mayor explotacin en el trabajo, desigualdades al alza, pobreza en aumento, mujeres asesinadas por la mano ejecutora del machismo irredento.

Y los corruptos, slidos en sus fortalezas amorales de marfil. Y las izquierdas nominales, discutiendo acaloradamente sobre el sexo de los nuevos ngeles de la revolucin populista. Vagamos sin memoria, sin deriva cierta y coherente, al albur del puro acontecimiento banal pero espectacular que nos saque, por un momento, del marasmo y la modorra de un mundo sumido en la nadera del impulso consumista y del grito sudoroso de la emocin instantnea.

Donde la memoria es desierto, cunden los vergeles de los polticos sin tica. Y esos profesionales del desencanto son votados, casi siempre, por nosotros y nosotras, es decir, usted y yo.


Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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