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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 11-01-2017

La Quesera: una historia de impunidad y de memoria en El Salvador

Caterina Morbiato
IPS


De no haber pasado nada, quizs estos rostros enmarcados seran tres, no dos. Tres sonrisas infantiles desafiando a un pblico imaginario. De no haber pasado nada, con toda probabilidad no estaramos hablando con Salvador Mestizo sobre los recuerdos de una guerra ingrata, sobre su familia rota, sobre escombros y locuras.

Ni nombrndote, Cristabl, nia desaparecida hace tres dcadas, memoria obstinada de tu padre, este anciano que hoy me ensea a tus dos hermanas lindas, en sus fotos de diploma cuando decide rememorar el horror.

Es un da demasiado caluroso en este cantn del departamento de Usulutn, en el sureste salvadoreo. Salvador habla como si pescara memorias en aquel tiempo turbulento: los aos que hundieron el pas en un interminable conflicto armado.

Por todo lo que pas en la guerra existi una amnista explica, tamborileando mi rodilla, pero esa amnista no fue as no ms: fue para encubrir hechos macabros como la muerte de los jesuitas, y de muchas monjas y sacerdotes que mataron, dice con su piel curtida por una vida pasada entre milpas y frijolares.

Salvador tena unos 30 aos cuando la zona en donde viva fue invadida por unos tres mil soldados instruidos para violar, asesinar y torturar a la poblacin civil, destruir los caseros con sus animales y cultivos.

En la matanza participaron, entre otros cuerpos armados, elementos del Batalln Atalcatl, una de las ms temibles unidades de lite del ejrcito salvadoreo entrenada en Estados Unidos. Miles de campesinos de la regin baja del ro Lempa emprendieron un xodo forzado para huir del ataque que se haca cada da ms intenso y que dur del 20 hasta el 30 de octubre de 1981.

Aos despus, aquellos das fueron nombrados por los sobrevivientes como la masacre de La Quesera, del cantn en donde hubo ms vctimas, una de las primeras y ms grandes a lo largo de la guerra civil que azot el pas desde 1980 hasta 1992.

El ataque militar fue desplegado segn la prctica contrainsurgente de quitarle el agua al pez: aniquilar por completo los habitantes de zonas en donde exista presencia guerrillera.

Mientras la oligarqua y el Ejrcito aplaudan la operacin como una de las ms importantes, los soldados asesinaban entre 350 y 500 civiles, en su mayora nios. La cifra oscila porque en muchos casos no se pudo dar con los cuerpos.

El duelo, por el contrario, no tiene nada de aproximativo.

En la historia de Salvador Mestizo las violencias de ayer se mezclan con las de hoy en una espiral que parece no dejar tregua. A la sombra de una zorra frondosa, ese rbol de vainitas aplanadas y dulzonas que Salvador reparte entre su escaso ganado.

En esta regin del oriente del pas tambin abundan ceibas y conacastes o el carao. Son tierras frtiles, baadas por las aguas del Lempa, el ro que atraviesa casi todo el pas.

A lo largo de su vida, Salvador Mestizo ha visto mudar ese ro muchas veces; lo ha mirado enflaquecer y engordar de nuevo. Cuando ocurri la masacre su caudal era todava abundante.

En aquel tiempo el Lempa estaba bien lleno recuerda se llevaban los nios en los helicpteros y vivitos los tiraban adentro: las hembritas se vean por las falditas de curvas, puras sombrillasy los varoncitos dicen que se iban de un solo viajey pum! Solo chispeaban adentro! Como pa que sufriramos ms yo digo.

Salvador sobreviva mientras su familia fracasaba. Para su nia perdida la Cristabl: que no hall ni viva ni muerta dice que ya no tiene esperanza. Lo dice casi con culpa, carga la duda perpetua de no saber el paradero de su hija. Vaya, si todo esto se hubiera castigado, digo yo que se hubiera mejorado porque hubieran tenido miedo los delincuentes y los asesinos. Pero nunca ha habido castigo! Nunca se asegur que quien le hace algo a una persona luego va a pagar por eso.

El murmullo de la masacre se eleva

La posibilidad de que s haya castigo ha tomado cuerpo hace unos meses: el pasado 13 de julio la Corte Suprema de Justicia de El Salvador estableci la inconstitucionalidad de la Ley de Amnista General, aprobada un ao despus de la firma de los Acuerdos de Paz de 1992, y apenas cinco das despus de que la Comisin de la Verdad por El Salvador sealara al Ejercito como responsable del 85 por ciento de violaciones en tiempo de guerra.

La ley se derog por representar un obstculo a las obligaciones estatales de prevencin, investigacin, enjuiciamiento, sancin y reparacin de las violaciones cometidas en el conflicto armado.

Ahora, tericamente, los responsables de aquellos crmenes pueden ser investigados y sentenciados. Casos emblemticos como el asesinato de monseor Oscar Romero, la matanza de los seis sacerdotes jesuitas (cinco de estos, espaoles) y las dos mujeres que trabajaban en las instalaciones de la Universidad Centroamericana, o la masacre de El Mozote en donde el Ejrcito mat alrededor de mil civiles, podran por fin ser esclarecidos.

Sin embargo el resolutivo ha causado reacciones contradictorias: se ha hablado de error poltico, de golpe suave hacia el FMLN (la exguerrilla convertida en el partido Frente Farabundo Mart por la Liberacin Nacional en el gobierno desde 2009) y de tentativas de desestabilizar el pas.

Adems, la decisin permitira evitar extradiciones hacia tribunales externos -en el caso de los jesuitas se pidi la extradicin a Espaa-, dejando toda la responsabilidad en las manos de la justicia salvadorea, que no ha investigado. Pese a ello la decisin de la Corte podra animar a jueves y activistas para investigar casos no juzgados o que la Comisin de la Verdad ignor, como la masacre de La Quesera.

La masacre de La Quesera sobrevivi como murmullo. Fue cuando se conmemor otra grande masacre, la de El Mozote, que el murmullo subi de tono en voz de sobrevivientes: se reunieron para nombrar y recordar, para exigir justicia, se organizaron de forma autnoma y conformaron un comit que lleva el nombre de Bartimo, el ciego bblico que lo que ms anhelaba era recuperar su vista.

Una figura inspiradora para las comunidades de sobrevivientes que escogieron recuperar un sentido decado: la capacidad de romper con el silencio y el miedo, de tener la fuerza necesaria para afirmar la verdad de los crmenes vividos en carne propia.

El 24 de octubre de 2002, por primera vez, ms de doscientos hombres y mujeres marcharon cuesta arriba hacia el lugar que escogieron para recordar y devolver dignidad a sus vctimas: la Loma del Pjaro, una loma cntrica de la zona de la masacre.

Ah, en los cerros, descansan ahora los restos de cuarenta y cinco vctimas que fueron encontrados en distintas fosas comunes y reinhumados juntos. Un largo mural relata la irrupcin de los soldados y de cmo la zona se convirti en un sembrado de muerte y en un revoltijo de miles de personas que buscaban ponerse a salvo.

Cada 28 de diciembre una pequea caravana de gente sube hasta la Loma del Pjaro para conmemorar todos los que murieron durante la matanza. Domitila Cruz explica que la fecha decembrina ha sido escogida porque en esta temporada el clima es ms clemente.

rboles y maleza se han apoderado de los viejos caminos, comindose los restos de las casas bombardeadas y confundiendo la memoria de quien hace ms de treinta aos tuvo que improvisar tumbas y luego escapar lejos. Lo que a ojos extraos se presenta como un bosque intrincado, cobra una dimensin inslita al escuchar los relatos de quien aqu haba construido su vida, su mundo.

***

Despus de huir del operativo militar Domitila Cruz regres a su aldea, pero lo que pudo rescatar fue mnimo. De la vida anterior a la matanza, lo que ahora todava guarda es el metate sobre el cual echa sus tortillas. Entonces empezaba la poca ms sangrienta de una guerra que durara todava otros diez aos, que se tragara unas 75 mil vidas y escupira un pas deshilachado.

La tierra arrasada, esa tcnica militar de exterminio, todo lo tragaba con voracidad, hasta las piedras.

Quebraban todo recuerda Domitila Cruz: las tejas de las casas para que uno no llegara a vivir, y las piedras de moler tambin. Las escondamos porque las quebraban. Luego remueve con su pie la tierra y explica cmo se deba de tener listos unos profundos hoyos para ocultar las provisiones de granos y protegerlas de los saqueos de los soldados.

Cuando sucedi la masacre tena unos 25 aos, ya se haba casado con Fernando Flores y su hija era todava bastante tierna. Catorce familiares suyos fueron masacrados, para muchos no hubo entierro. Los sobrevivientes huyeron por los montes aguantando hambre y sed.

Como el garrobo bamos: sin agua aade Fernando Flores y su risa se quiebra en un sonido rasposo. Bien triste, ve, contar eso. Mire contina, mucha gente no quiere acordar aquel tiempo porque usted sabe que las heridas quedan, nunca sanan. Pero yo me recuerdo todo lo que pas, ms del da de la masacre.

Escollos

Tutela Legal Mara Julia Hernndez, histrica organizacin salvadorea para la defensa de los derechos humanos, respald a las vctimas de la masacre. Recolect datos y testimonios y coordin las exhumaciones con Medicina Legal y el Equipo Argentino de Antropologa Forense.

Luego, present una querella ante la Fiscala General de la Republica. Sin embargo, la indolencia marca la investigacin: las reuniones con los fiscales son espordicas y las entrevistas con los sobrevivientes se han llevado a cabo con mtodos revictimizantes. Wilfredo Medrano, abogado de Tutela Legal, seala que la fiscala slo ha aparentado investigar.

En diciembre 2015, la difusin de documentos del Departamento de Estado de los Estados Unidos -desclasificados por Centro de Derechos Humanos de la Universidad de Washington (UWCHR)- arroj luz en las investigaciones: el gobierno estadounidense saba de las atrocidades que se estaban cometiendo en la zona durante el octubre de 1981 y, aun as, no dej de financiar la Fuerza Armada salvadorea, envi ms ayudas econmicas.

El 28 diciembre del ao pasado, los sobrevivientes de la masacre de La Quesera han conmemorado a sus familiares con renovada esperanza: los documentos desclasificados son un paso fundamental hacia el esclarecimiento y contribuyen a restaurar la dignidad de quienes sufrieron.

Sin embargo, a un ao de las evidencias presentadas por la desclasificacin de los documentos, 35 aos despus de la masacre, y con una ley ahora ya inconstitucional, la justicia salvadorea sigue sin indagar los autores materiales e intelectuales de la masacre de La Quesera.

* * *

Mientras cuenta su historia, Marta Arias mantiene una seriedad que asombra; tal vez sea por eso que las raras veces que se le escapa una sonrisa es como si una belleza antigua despertara en su boca. Ella, tambin, ha aprendido a recordar en voz alta. Eso le ha tomado tiempo y valor.

En los meses que vivi desplazada se negaba a hablar de lo que haba vivido. Tambin se negaba a decir su nombre a la gente que no conoca. Fue un tiempo de hambre y de silencios.

Ahora encuentra en la memoria un detalle que la hace sonrer, una broma con una amiga que la ayud a empezar de nuevo con un pequeo comercio de dulces. Es un destello de irona que alumbra la poca en que tuvo que aguantar sin dinero y con un nico vestido con que taparse.

El recuerdo del vestido aquel vestido de boca cuadrada que lav en su propia piel una y otra vez, le regresa de golpe su tono serio. Me dice, seca, que en cuanto pudo se deshizo de l: lo quem. En aquel momento, el olvido le serva todava como un alivio.

Cuando lleg el ejrcito, Marta ya estaba de luto. No haba terminado de rezar los cuarenta das por la muerte de su abuelo asesinado por los soldados, cuando debi huir. En la fuga se toparon con cmulos de cadveres; cerca de una poza donde acostumbraban ir a lavar lo que quedaba de la gente eran carbones de distintas dimensiones.

Decenas de personas se ahogaron tratando de huir a travs del ro Lempa: muchos cuerpos emergieron de nuevo con el rostro desecho. El color de la ropa se volvi un detalle fundamental para identificarlos: blusas y pantalones hablaron por narices, ojos, cicatrices. Cuando queda prohibido enterrar, la intemperie y los animales no esperan: corroen, digieren, y las personas se destien con rapidez.

Mientras habla, sus nietos se arremolinan alrededor de ella. As, ve, nios como de la edad de ella o recin nacidos, as los ensartaban en las varas de bamb que labraban como estacas. Luego los tiraban a los charrales. Nios y nias fueron los que ms murieron en la masacre de La Quesera; otros fueron secuestrados y terminaron engrosando las cifras de la niez desaparecida del pas.

Le pregunto a Marta Arias qu se podra hacer para obtener un poco de justicia: que a los asesinos se les meta en crceles, pero de las de a de veras, no las que son para la gente que tiene el billete, no: las comunes y corrientes. Aquellas en donde se sufre y se comen puros frijoles. Quizs ah pagaran un poquito del sufrimiento porque no fueron pollos los que murieron en aquella masacre: fueron personas.

Fuente: http://www.ipsnoticias.net/2017/01/la-quesera-una-historia-de-impunidad-y-de-memoria-en-el-salvador/

Este artculo fue originalmente publicado por Pie de Pgina, un proyecto de Periodistas de a Pie. IPS-Inter Press Service tiene un acuerdo especial con Periodistas de a Pie para la difusin de sus materiales.



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