Portada :: Ecologa social
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 12-01-2017

Entrevista a Jorge Riechmann, autor del libro Derrot el smartphone al movimiento ecologista? (Catarata)
No controlamos al smartphone, este nos controla y conforma nuestras vidas

Enric Llopis
Rebelin

Fotografa: JC Mestre



El 40% de los espaoles miran el mvil ms de 50 veces al da y el 70% a los 30 minutos de haberse despertado, segn un informe de la consultora Ditendria. En ese contexto, Derrot el smartphone al movimiento ecologista?. Es el ttulo del libro recientemente publicado en Catarata por el profesor de Filosofa Moral en la Universidad Autonoma de Madrid, matemtico y poeta Jorge Riechmann (Madrid, 1962). El subttulo de este ensayo de 256 pginas -Para una crtica del mesianismo tecnolgico- ya avanza algunas lneas de pensamiento por las que transita el filsofo. La creencia bsica de nuestra sociedad -casi nunca formulada de manera explcita- es que la tecnociencia prevalecer sobre las leyes de la fsica y la biologa; es una creencia profundamente irracional, pero la cultura dominante la mantiene contra viento y marea, afirma. Riechmann defiende la idea de contencin en un sistema econmico como el actual, al que adjetiva como fosilista y patriarcal. En 2012 public El socialismo puede llegar slo en bicicleta (Catarata). Actualmente trabaja en la propuesta de un ecosocialismo descalzo, que podra concretarse en comunidades con algo de industria ligera, tecnologas intermedias y, sobre todo, una gran descomplejizacin que implicara -en el plano material- niveles de vida mucho ms modestos. Sus comentarios y reflexiones pueden seguirse en el blog tratar de comprender, tratar de ayudar.

 

-En el libro Derrot el smartphone al movimiento ecologista?   planteas los riesgos de un totalitarismo tecnolgico. Pero no ha ocurrido esto siempre? La irrupcin de la fotografa y el cine en los albores del siglo XX inaugur nuevos tiempos de vrtigo. Y Garca Mrquez defenda el bolgrafo y la libreta de notas como arma fundamental del periodista, frente a la diablica grabadora

No se trata de asuntos que haya que plantear en trminos de tecnofobia o tecnofilia, creo. Pero s que deberan hacernos reflexionar sobre nuestra relacin con las tecnologas. Por cierto, ya el hecho de que cuando en esta sociedad se dice tecnologa sin ms la referencia sean gadgets microelectrnicos e informticos constituye un poderoso indicio de que las cosas no van bien. Por qu la tecnologa por antonomasia ha de ser una tableta conectada a Internet, por ejemplo y no la pldora anticonceptiva o el motocultor, pongamos por caso?

Casi todo el mundo sigue anclado en el paradigma de la herramienta aplicado a la tecnociencia... Por ejemplo, uno entre mil posibles, Jorge Marirrodriga puede articular su reflexin sobre la tecnociencia en la idea de que la historia de la humanidad est llena de maravillosas invenciones empleadas como herramientas terrorficas (J.M., La tecnologa avanza; hacia dnde es otra cosa, en El Pas, 2 de diciembre de 2016). Pero este paradigma es radicalmente inadecuado. Las herramientas las controla el usuario; las dinmicas sistmicas conforman y moldean a la gente. La tecnociencia es una dinmica sistmica, no una herramienta ni un conjunto de ellas. No controlamos al smartphone, sino que ste conforma nuestra vida, nos controla a todos.

 

Habra algn modo de que el ser humano pudiera recuperar ese control?

La pregunta sobre si podemos orientar la tecnociencia de acuerdo con los intereses humanos bsicos es verdaderamente abismal; no resulta nada claro que pueda contestarse con un s. Quiz perdimos la oportunidad para ello en los setenta del siglo XX, cuando Ivan Illich reflexionaba sobre tecnologa convivencial y se desarrollaba cierto movimiento social en torno a las tecnologas intermedias, blandas y alternativas (orientadas a la autoproduccin de valores de uso, no a la produccin masiva para mercados capitalistas). Recomiendo echar unas horas explorando la revista/ blog Low-Tech Magazine, de fcil acceso en Internet (y con versin en castellano).

Pueden las sociedades high-tech ser sustentables en el siglo XXI? Todo indica que la respuesta es: no. sa sera la mala noticia. La buena noticia es que sociedades low-tech pueden proporcionar una vida buena a la enorme, excesiva poblacin humana que somos en la actualidad a condicin, eso s, de transformar a fondo nuestra cultura y valores Son los problemas de que me he ocupado en mi libro Autoconstruccin (2015).

 

Estas cuestiones se vinculan con la siempre creciente aceleracin social

Hoy los investigadores e investigadoras en ciencias de la Tierra nos llaman la atencin sobre lo excepcional de esos decenios de desbocado crecimiento exponencial (en la posguerra de la segunda guerra mundial) que hay que llamar la Gran Aceleracin; los gelogos nos advierten del Antropoceno; y socilogos; filsofos como Hartmut Rosa tratan de desentraar los mecanismos de nuestra enloquecida aceleracin social.

Los crecimientos exponenciales incrementan, exponencialmente, la gravedad de los problemas. Que nos permitamos ignorar algo tan obvio resulta demencial. La ley de Moore contra la ley de la entropa: sa es la apuesta de Silicon Valley en los arranques del siglo XXI. Cuesta creer que el mundo sea tan descabelladamente irracional como para seguirles el juego, pero as es.

La creencia bsica de nuestra sociedad casi nunca formulada de manera explcita- es que la tecnociencia prevalecer sobre las leyes de la fsica y la biologa (termodinmica y ecologa sobre todo). Sin esa creencia no podra mantenerse la fe en el crecimiento econmico constante y el progreso. Es una creencia profundamente irracional, pero la cultura dominante la mantiene contra viento y marea

 

En qu ejemplos concretos se materializan estos principios generales?

En estas navidades de 2016-17 me fij en una gran valla propagandstica de Renfe, cerca de la estacin de cercanas de Las Matas: AVE MADRID-LEON EN DOS HORAS. Esos son los triunfos de que podemos enorgullecernos, nos conmina la ideologa dominante Ay, la mayor parte de la sociedad espaola asumi con entusiasmo el fetichismo de la velocidad y el crecimiento econmico contra los valores alternativos de justicia, igualibertad, autonoma, medida humana, sustentabilidad, biofilia El sistema slo ve una carrera entre la autodestruccin y la tecnologa, pero la verdadera carrera es entre cambio sistmico y destruccin.

 

Tambin el libro es una crtica rotunda al transhumanismo. Se trata de una corriente filosfica, de una ideologa? En qu consiste y quines son los adalides?

Desde hace aos (por precisar, desde mi libro Gente que no quiere viajar a Marte en 2004, y antes en algunos textos que lo precedieron) he llamado la atencin sobre lo siguiente. Teniendo en cuenta la dinmica autoexpansiva del capitalismo, uno no puede ser de forma coherente un true believer en el orden socioeconmico actual sin volverse antropfugo, es decir, sin tratar de escapar de la condicin humana en dos direcciones (por lo dems vinculadas entre s): la expansin extraterrestre en primer lugar, y la superacin del organismo humano (percibido como deficiente en la era de la Mquina) en segundo lugar. sta ltima es la senda del transhumanismo, una poderosa corriente cultural que se plasma en diversas iniciativas tecnocientficas y empresariales.

El proyecto ecologista de autocontencin se enfrenta al proyecto productivista y antropfugo de extralimitacin, de autotrascendencia tecnolgica, con ese doble impulso de abandonar la condicin humana hacia lo extraterrestre y hacia lo transhumano.

Aunque la idea de lo transhumano (superar al Homo sapiens hacia nuevas especies de humanos) tenga lejanos orgenes religiosos, en su forma moderna aparece seguramente con el libro de Robert Ettinger Man into Superman, de 1974. Puede hallarse una til reflexin sobre el asunto en el captulo 9 del libro de Ugo Bardi Los lmites del crecimiento revisitados, que se tradujo al castellano hace un par de aos.

Nuestra cultura tecnoltrica espera grandes novedades (y hasta la salvacin!) de la robtica, la biologa sinttica, las nanotecnologas No espera grandes novedades en el terreno de la convivencia humana. Contra el transhumanismo, lo esencial de nuestra tarea de autoconstruccin sera aceptar la condicin humana y rechazar la dominacin.

 

En qu consiste el ecosocialismo descalzo que propones?

Nuestra cultura tecnlatra cree que el ingenio humano prevalecer frente a las leyes de la termodinmica y la ecologa; pero es un sueo delirante al que seguir un despertar doloroso. Esta cultura tiene enormes problemas para asumir la realidad y fijar prioridades correctamente. Se da por sentada la continuacin de una sociedad de alta energa, abundancia de recursos naturales, gran complejidad, alta tecnologa, que sencillamente no est ya en nuestro futuro. Nuestra idea de la liberacin humana -y animal- es fosilista! El petrleo la inmensa riqueza energtica de los combustibles fsiles- nos meti en una trampa. Pero no es una trampa slo econmica, ni ecolgica: es una trampa antropolgica.

Los movimientos socialistas (en sentido amplio: comunistas, socialistas, anarquistas) necesitan una idea no fosilista de la liberacin, y para eso deberan repensarlo casi todo. Lo mismo sucede con los movimientos feministas, los movimientos antirracistas, los movimientos animalistas

He acuado la expresin ecosocialismo descalzo por analoga con la economa descalza de Manfred Max-Neef. No deberamos esperar soluciones high-tech y sociedades de alta energa, sino ms bien -como mejor posibilidad- comunidades con algo de industria ligera, basadas en tecnologas intermedias Pero bajo la premisa de una gran descomplejizacin; y la expectativa de un nivel de vida muy modesto en lo material, en comparacin con lo que hoy de forma nada plausible- sigue prometiendo la ideologa dominante.

Ecosocialismo descalzo es socialismo ecolgico libre de prometesmo, que se hace cargo de los lmites biofsicos del planeta y los determinantes de la condicin humana. Hoy el desafo principal es mantener el nivel de civilizacin que a trancas y barrancas se logr de forma parcial en el siglo XX (democracia, derechos humanos, seguridad social con sanidad universal, etc.) con un consumo de recursos naturales reducido drsticamente (a una dcima parte del actual, si pensamos en las sociedades prsperas como la espaola hoy). A esto Harald Welzer lo llama una Modernidad decreciente, o menguante, o contractiva (eine reduktive Moderne frente a la Modernidad expansiva que marc los ltimos cinco siglos); yo lo llamo ecosocialismo descalzo.

 

Y en qu consiste, para el lector profano en la materia, la disyuntiva entre Barry Commonner e Ivan Illich?

Bueno, no se trata tanto de una disyuntiva excluyente como de la necesidad de una sntesis Barry Commoner (1917- 2012) fue un eclogo y ecologista estadounidense, cientfico y a la vez activista social en conjuncin ejemplar, cuyo planteamiento de reconstruccin ecolgica de la sociedad industrial resulta relativamente fcil de asumir por las izquierdas de raigambre marxista. Mi maestro Manuel Sacristn, por ejemplo, y todos sus amigos y discpulos de la revista M ientras tanto, lo apreciaban mucho e hicieron cuanto pudieron por difundir su pensamiento. Yo tuve ocasin de volver sobre l hace poco, en un artculo titulado Barry Commoner y la oportunidad perdida (publicado en ENCRUCIJADAS. Revista crtica de ciencias sociales, vol. 11, 2016).

En cambio, Ivan Illich (1926-2002) ha resultado un pensador mucho ms problemtico para estas tradiciones. El mismo Sacristn se refera al ambiguo privatismo de Illich en una conocida entrevista con la revista mexicana Naturaleza en 1983 (luego recogida en su libro pstumo Pacifismo, ecologa y poltica alternativa, 1987). Para decirlo sin rodeos: diferentes familias de la izquierda han tendido a ver a Illich casi como un intelectual reaccionario, pero ese juicio, en el segundo decenio del siglo XXI y en medio del colapso civilizatorio en que estamos, necesita una revisin. Su gran aportacin -expresada en mis propios trminos- es la idea de que sobrepasados ciertos lmites, el desarrollo se convierte en un sobredesarrollo contraproducente. Hay que releer Energa y equidad (1973) y otros textos suyos, que contienen mucha crtica acertada y sugerencias valiosas. Tambin desaciertos, claro, pero con qu autor o autora no sucede algo semejante?

 

Por ejemplo?

Uno de los desaciertos de Illich es un desenfoque importante: apuntaba su artillera pesada contra un Welfare State que se le apareca cuasi-orwelliano, como si se fuese el futuro de las sociedades industriales; lo que vino fue la nueva razn del mundo neoliberal de Thatcher y Reagan

Otra limitacin que cabe indicar: el ecologismo ha promovido y sigue promoviendo en mi opinin- tres valores bsicos: supervivencia (o autoconservacin), autonoma (libertad humana en sentido fuerte) y biofilia (hay que decir que, por desgracia, ninguno de los tres ha resultado de gran peso frente a aquel valor bsico para las sociedades industriales que identific Cornelius Castoriadis: el incremento ilimitado del (pseudo)dominio (pseudo)racional. Por desgracia para los habitantes humanos y no humanos del tercer planeta del Sistema Solar: pero sa es otra historia). Pues bien, de esa terna o trada de valores bsicos de los movimientos ecologistas, Illich se fij en el segundo, pero apenas en los otros dos. Es un extraordinario analista y activista de la autonoma, pero tiene muy poco que decir sobre supervivencia o biofilia: esto supone, sin duda, una limitacin importante (otros intelectuales del ecologismo en aquellos aos sesenta y setenta, como los esposos Ehrlich por ejemplo, pecaban justo de la limitacin contraria: tenan cosas importantes que decir sobre supervivencia y biofilia, pero en cambio eran muy ciegos para las cuestiones de autonoma).

Por dnde podemos enlazar mejor los marxistas con Illich? Su nocin de contraproductividad conecta con la intuicin marxiana sobre el carcter ambivalente de las fuerzas productivas (que son a la vez fuerzas destructivas). La crtica benjaminiana del progreso tambin conecta con los cuestionamientos de Illich. Creo que un marxismo benjaminiano puede desarrollarse, sin hacer violencia a los conceptos, hacia un marxismo illichiano que puede ser un componente valioso de un ecosocialismo descalzo.

 

Citas un texto de Santiago Alba Rico en el que se afirma que el capitalismo es, en lo esencial, una rebelin contra el tiempo y los lmites. Dicho en otros trminos, la construccin de una sociedad nihilista, desregulada y sin apenas normas. Ests de acuerdo? No podra afirmarse que hoy la libertad individual es muy superior a la de hace unas dcadas?

Bueno, yo me cuidara mucho de ser triunfalista con respecto a la libertad en un mundo donde gigantescas burocracias privadas no sometidas a ningn control democrtico (pensemos en Google o en Goldman Sachs) deciden ms sobre el destino de todos nosotros que ningn gobierno electo Y donde las polticas en curso conducen al deterioro de las condiciones para la libertad, la vida buena e incluso de la mera supervivencia de la humanidad (por no hablar de los dems seres vivos con los que compartimos la biosfera). Son asuntos para considerarlos despacio.

Libertad es poder elegir entre diferentes modelos de smatphone, o poder baarse al aire libre en ros no contaminados? Libertad es optar entre bienes comerciales predeterminados heternomamente, o poder decidir en comn qu deseamos producir y consumir? Libertad es seleccin de personal entre elites gobernantes autolegitimadas, o autodeterminacin poltica en el seno de nuestras comunidades? Libertad de quin, libertad a costa de quin, libertad para cuntos, libertad hacia qu metas, libertad en qu sentidos, libertad con qu impactos: stas son preguntas relevantes que no podemos dejar de plantear Para empezar, soy de quienes piensan con gentes como tienne Balibar y Cornelius Castoriadis- que el concepto relevante es el de igualibertad: tenemos buenas razones para pensar que los principios de igualdad y libertad slo pueden realizarse conjuntamente (y que las tensiones principales, como suele subrayar Zygmunt Bauman, no se dan tanto entre igualdad y libertad como entre libertad y seguridad). Esta coimplicacin de libertad e igualdad ya la razon uno de los grandes pensadores de la Ilustracin y por cierto, uno de los pocos que cuestion el androcentrismo y defendi los derechos de las mujeres, Marie Jean Antoine Nicolas de Caritat, el marqus de Condorcet (1743-1794): la desigualdad no slo socioeconmica, sino tambin de conocimientos y funciones es enemiga tanto de la libertad efectiva como de la igualdad de derechos.

 

Se trata, as pues, de resolver la relacin problemtica de la libertad con la igualdad y la seguridad?

Y tambin est el enorme asunto de cmo ejercemos nuestras libertades y derechos en un mundo lleno, en un planeta Tierra saturado en trminos ambientales, donde la humanidad ya se encuentra en situacin de overshoot o extralimitacin ecolgica Pensemos un momento en la polmica generada estos das navideos de 2016-17 en Madrid, a cuenta de las restricciones al trfico automovilstico impuestas por el Ayuntamiento de la ciudad en una situacin de grave contaminacin atmosfrica. Se ha invocado ruidosamente sobre todo desde sectores de la derecha- el supuesto derecho del usuario individual a rodar en su coche sin trabas. Pero precisamente en un mundo en extralimitacin no existe tal derecho! Pues slo puede sustanciarse a costa de la salud o las perspectivas vitales de otros individuos, humanos y no humanos Cules de nuestras prcticas de movilidad son generalizables y sustentables en 2017? Un coche ms hoy es un campesino menos en el futuro, adverta Nicholas Georgescu-Roegen (uno de los grandes economistas del siglo XX, que tendra que ser tan famoso como Keynes, si la cultura dominante no deformase tan trgicamente la realidad): pero el futuro del que l hablaba es nuestro presente.

Muchos derechos, para materializarse, exigen recursos; en ltima instancia, cantidades importantes de materia-energa de baja entropa. Siendo casi 7.500 millones de seres humanos en situacin de extralimitacin ecolgica, qu podemos permitirnos y qu no? Los vuelos low-cost no pueden considerarse un derecho adquirido, ni defenderse como parte de ningn paquete de calidad de vida. En el nmero 113 de la revista Ambienta, que se encuentra con facilidad en Internet, hay un til artculo de Ernest Garcia para situar estos debates: Los derechos humanos ms all de los lmites al crecimiento (2015).

 

-Est la especie humana a tiempo de evitar el colapso ambiental? El colapso supone la destruccin del planeta, o ms bien de la desaparicin de la vida humana tal como hoy la conocemos? Se utiliza con excesiva alegra la nocin de colapso? (Fernndez Durn y Gonzlez Reyes afirman que colapso, crisis y salto adelante son categoras inherentes a los sistemas complejos).

Si atendemos a la mejor informacin cientfica disponible, resulta difcil evitar la conclusin de que estamos en una trayectoria de colapso. La primera persona del plural se refiere a esa civilizacin industrial que, en la forma de capitalismo fosilista y patriarcal, se ha hecho por desgracia dominante en el mundo entero.

Eso no quiere decir destruccin del planeta (el fenmeno vida es extraordinariamente persistente, fuerte y resiliente; la vida como tal seguir adelante) sino destruccin de las perspectivas de vida buena para los seres humanos, y por supuesto para muchos otros seres vivos tambin. Quiere decir ecocidio acompaado de genocidio.

Quizs una imagen que capta bien la situacin en que nos encontramos sea la siguiente. En su huida hacia adelante, las sociedades industriales se parecen a un corredor en una carrera de obstculos, pero con vallas que van acercndose y aumentando de altura (rendimientos decrecientes condicionados por la segunda ley de la termodinmica!) y el corredor lo fa todo a sus zapatillas mgicas, que la multinacional del ramo est a punto de construirle, le aseguran.

 

Qu representan estas vallas?

Una valla es el cnit del petrleo (peak oil), pero un poco ms all est la valla an ms temible del pico conjunto de todas las formas no renovables de energa. Y muy cerca de ella el agotamiento de los fosfatos (con devastadoras consecuencias para el modelo dominante de agricultura industrial). Y un poco ms all la esquilmacin de los acuferos, y tambin la de las pesqueras mundiales. Y cerca, igualmente, los picos de metales y minerales esenciales para las economas industriales, desde el neodimio al litio pasando por el tantalio. Y tambin mltiples vallas vinculadas con la degradacin de los ecosistemas y la Sexta Gran Extincin de especies vivas Y las terribles vallas del calentamiento global, claro est, con sus mltiples consecuencias (entre ellas la acidificacin de los ocanos). Un horizonte que, segn las previsiones optimistas, se tornar apocalptico en la segunda mitad del siglo XXI; y segn las previsiones pesimistas, antes de esas fechas (dentro de lustros, no de decenios). Compaeros, compaeras, seguimos debatiendo acerca de la Renta Bsica y el sexo de los ngeles o intentamos hacernos cargo de la realidad?

Resulta demasiado arriesgado fiarlo todo a las zapatillas mgicas de la tecnociencia (por no hablar del significado tico de tanta devastacin) As que todo indica que el colapso ecosocial va a producirse, s o s. En el brutal choque del capitalismo contra los lmites biofsicos del planeta que determina nuestro presente, basta con poder posponer uno de esos choques contra un lmite concreto unos aos en el tiempo para ver aparecer otro lmite enseguida, an ms imponente. Y miremos hacia donde miremos, por lo dems, los plazos se nos han acortado. No es realista creo yo- seguir planteando horizontes de cambio a 2050. Lo que necesitaramos es una contraccin de emergencia anticapitalista e igualitaria, ecosocialista y ecofeminista, pero hay fuerzas para ello?

 

En libros y conferencias has citado el ejemplo de Cuba durante el Periodo Especial, tras la implosin de la URSS. Por qu sera ste un modelo de decrecimiento? Hay otros ejemplos que puedan servir como punto de referencia, o se trata de caminar hacia el decrecimiento de manera obligada, como ocurri en Cuba, y sin modelos a los que mirar?

En lo histrico-social, aunque comprensiblemente tendemos siempre a buscar modelos (de forma humana, demasiado humana), deberamos ser conscientes de que stos apenas existen como tales. Demasiado singulares son los rasgos de cada formacin social concreta en cada situacin histrica concreta. Quiere esto decir que no podemos aprender de las experiencias histricas del pasado? De ninguna manera, aunque ello nos cueste tanto (Homo sapiens acumula cantidades ingentes de conocimiento, suele decir John Gray, pero parece congnitamente incapaz de aprender de la experiencia).

De Cuba podramos aprender lecciones valiosas: de qu forma una sociedad industrial compleja y petrodependiente hace frente a una sbita escasez energtica, como ocurri all cuando la implosin de la Unin Sovitica redujo drsticamente el abastecimiento de petrleo en muy poco tiempo, a partir de 1991-92. Emilio Santiago Muo ha escrito una excelente tesis doctoral sobre el Perodo Especial cubano, con la vista puesta en nuestros propios Perodos Especiales hacia los que vamos: se titula Opcin Cero ; est disponible en su blog (Los Nios Perdidos, entrada del 16 de marzo de 2016).

Pero otras experiencias histricas nos ofrecen tambin lecciones parciales, de las que cabe aprender: el libro Colapso de Jared Diamond (2005) est precisamente articulado sobre esa premisa, vale la pena releerlo.

Un caso interesante es Bizancio. Confrontado a la posibilidad de colapso, Bizancio reaccion bien: Joseph A. Tainter contrasta el Imperio romano de Occidente, y su triste final, con el imperio bizantino donde en el siglo VII se adopt una estrategia que es realmente rara en la historia de las sociedades complejas: la simplificacin sistemtica. Tambin Lewis Mumford trat esta importante cuestin histrica en El pentgono de poder.

Me gustara insistir sobre algo que enfatizaba Joaquim Sempere (uno de los escasos intelectuales ecosocialistas de nuestro pas, de la escuela de Manuel Sacristn) en una reciente entrevista que le hizo Nuria del Viso, y que se publico en la web de FUHEM-Ecosocial y en Rebelin: La sociedad productivista-consumista genera incesantemente expectativas materiales cada vez ms altas, lubricando as la tendencia al crecimiento, pero con efectos psicolgicos y morales devastadores porque reproducen sin cesar la insatisfaccin (que a su vez realimenta el deseo de ms cosas). Tenemos que aprender a controlar la formacin de nuestras propias expectativas, a adaptarlas a lo que es psquicamente razonable y ecolgicamente posible. La palabra clave en esto es autocontencin.

Pues eso: la clave es la autocontencin.

 

Por ltimo, ha derrotado smartphone   al movimiento ecologista?

Si el ser humano fuese la medida, no de todas las cosas, pero s de las cosas humanas, y si el sentido de la vida fuese vivir, nada en nuestra organizacin socioeconmica capitalismo fosilista y patriarcal podra funcionar como lo hace.

Seguimos en el segundo decenio del siglo XXI hablando de la Gran Encrucijada (se es el ttulo del libro de Fernando Prats, Yayo Herrero y Alicia Torrego publicado hace unos meses), pero en realidad sta es la que se abra ante la humanidad hace 40 aos, en los setenta del siglo XX. Y entonces tomamos el camino equivocado: la fatdica va del capitalismo neoliberal de Margaret Thatcher y Ronald Reagan.

En los setenta del siglo XX, eso que yo llamo ecosocialismo descalzo poda perseguirse como una opcin deseable entre otras opciones posibles (no difiere esencialmente de lo que Ivan Illich dibujaba como ideal de madurez industrial y tecnolgica hacia 1975). Hoy el elemento de constriccin es mucho mayor porque ya no somos 4.000 millones de seres humanos (sa era la poblacin humana mundial en 1975) sino que vamos camino de los 8.000 millones, porque hemos ido agotando toda clase de recursos naturales biticos y abiticos, porque desgarramos cada vez ms la trama de la vida, porque est en marcha un calentamiento global devastador

Ahora ya no se trata de una opcin deseable entre varias posibles: si mantenemos el valor de igualibertad bsico para la izquierda, es la opcin obligada. Y, pese a ello, resulta obvio que las fuerzas ecosocialistas son minsculas en el turbulento panorama sociopoltico actual. Nuestras perspectivas, por tanto, parecen harto complicadas


Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



Envía esta noticia
Compartir esta noticia: delicious  digg  meneame twitter