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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 17-01-2017

Analizando sus causas un siglo despus de la Revolucin rusa
La desaparicin de la URSS

Jos Lpez
Rebelin


Este ao 2017 se cumple el primer centenario de la Revolucin rusa. Uno de los acontecimientos de mayor trascendencia histrica de la humanidad. Un hecho que marc la historia del siglo XX (segn algunos historiadores ese siglo dur lo que dur la Unin Sovitica) y de este siglo XXI. El xito inicial de la revolucin bolchevique, el miedo a su propagacin por el mundo, hizo que el capitalismo mostrara su rostro ms amable durante lo que algunos denominan su poca dorada (aproximadamente entre el fin de la Segunda Guerra Mundial y principios de los aos 80 del pasado siglo XX). No creo que sea casualidad que el colapso del rgimen sovitico (y de todos sus pases satlites europeos) coincida con el surgimiento o asentamiento del neoliberalismo. El capital contraataca para recuperar el terreno perdido. Un siglo despus de la ms grande revolucin de todos los tiempos (junto con la francesa de 1789) la URSS ya no existe y el proletariado internacional est sufriendo una importante involucin en cuanto a sus derechos y su nivel de vida. Las desigualdades sociales se han vuelto a disparar. El balance es pues claramente negativo.

Sin embargo, la guerra no est perdida. De hecho, mientras haya sociedad clasista (o con un gran contraste entre las clases sociales) habr lucha de clases, aunque sta sufra altibajos y adopte diversas formas. Es imperativo volver a armarse intelectualmente para que la Historia vuelva a ir para adelante. Como bien dijo Lenin (sus errores no invalidan sus aciertos), sin teora revolucionaria no hay prctica revolucionaria. Es imprescindible corregir y actualizar la teora revolucionaria para que la Revolucin vuelva a entrar en la agenda de la Historia. En estos tiempos actuales las ideas del socialismo, comunismo, marxismo o anarquismo estn muy desprestigiadas frente a la opinin pblica. La falsa conciencia de clase y la inconsciencia campan a sus anchas entre las filas de las clases populares. Para combatirlas es necesario analizar profundamente la experiencia histrica ms importante acontecida en los ltimos siglos y ver dnde pudo fallar la teora que la inspir, que indudablemente no era perfecta, pues nada lo es. Y hay que hacerlo con espritu librepensador, cuestionando lo aparentemente incuestionable, releyendo a Marx, Lenin,, pero de manera crtica, intentando discernir lo correcto de lo errneo de sus planteamientos. Con humildad pero sin complejos tambin. Yo pienso que aunque el balance final sea negativo, podemos y debemos aprender de los errores cometidos. Nunca debemos rendirnos, ni perder la esperanza en un mundo mejor.

El capitalismo tiene unas contradicciones irresolubles (cada vez ms agudas) y esto implica que antes de que colapse y se lleve por delante a la humanidad y su hbitat debemos trabajar duro para superarlo cuanto antes de manera definitiva. Existen tendencias muy contradictorias en los tiempos actuales, por un lado el pesimismo y el derrotismo han echado ancla en las mentes de muchos ciudadanos, pero tambin, por otro lado, se empieza a vislumbrar cierto horizonte de cambios, aunque an aparece muy difuso. Vivimos tiempos profundamente contradictorios, de crisis generalizada a todos los niveles, incluso al nivel de las ideas y psicolgico. Como he venido defendiendo a lo largo de mis diversos escritos, yo creo que la clave para superar el capitalismo radica en la democracia, en la verdadera, en desarrollarla todo lo posible. Pienso que la verdadera revolucin consiste en la democracia. Si el socialismo es una idea que ahora mismo cuesta defender en pblico (por lo desprestigiada que est), la democracia, por el contrario, es la bandera que debe adoptar la izquierda real para cambiar la sociedad radicalmente. La transformacin social no podr implementarse sin la herramienta fundamental, sin la infraestructura imprescindible, la democracia (real). El socialismo es esencialmente la democracia econmica. En cuanto la democracia se desarrolle suficientemente y llegue a todos los rincones de la sociedad, y muy especialmente a su centro de gravedad, es decir, la economa, el capitalismo tendr los das contados. Pero la democracia no caer del cielo, sern necesarias largas y duras luchas para conquistarla, para lo cual primero es importante tener claro el guin para la accin. De aqu la tremenda importancia de la teora. El fracaso del socialismo real nos obliga a retocar la teora, pues en ltima instancia la prctica es la que manda, la jueza suprema de las ideas. Por supuesto, los apologistas del capitalismo nos venden la idea de que el socialismo sovitico fracas porque el socialismo, cualquiera que sea su forma, slo puede fracasar, no es viable, porque el capitalismo es el nico sistema posible, porque no hay alternativas. Pero esto lo dicen quienes bien se guardan de debatir sus ideas de igual a igual con sus contrincantes, quienes se esmeran en no dar la ms mnima oportunidad a cualquier alternativa que se intente, o torpedearla todo lo posible. Como bien sabe cualquier cientfico, que un primer experimento haya fallado (y ms si se tiene en cuenta que se hizo en circunstancias muy hostiles) no significa necesariamente que ningn experimento ms pueda hacerse, que todo experimento de cambio social vaya a fracasar siempre. Si as pensaran los cientficos la ciencia nunca hubiera avanzado nada. Casi nunca se logra el xito al primer intento. Como dijo en su da Julio Verne, la ciencia se compone de errores, que a su vez, son los pasos hacia la verdad. As pues, nuestra mejor herramienta para conocer la verdad, y para transformarla, es el mtodo cientfico, el librepensamiento. Pues de eso se trata sobre todo cuando hablamos de revolucin, de transformar la realidad social, de lograr un mundo humano mejor, donde la libertad y su hermana gemela la igualdad sean reales para todas las personas, para que todas ellas tengan una vida digna. Aplicar la ciencia en la sociedad humana equivale a usar la democracia hasta las ltimas consecuencias. En cuanto sea posible experimentar libremente distintas maneras de organizar nuestra sociedad seguro que lograremos un sistema mucho mejor que el actual, que garantice nuestra supervivencia como especie.

Quien escribe estas lneas ha intentado aportar su grano de arena al necesario rearme ideolgico de la izquierda a lo largo de diversos artculos y libros (todos ellos disponibles para su libre distribucin en mi blog y en mltiples medios de la prensa alternativa). En el presente artculo incluyo material de mi libro Reforma o Revolucin? Democracia donde desarrollo ampliamente las ideas expuestas aqu de manera muy somera, analizando en profundidad sobre todo el caso de la URSS, el mayor experimento de transformacin social realizado por la humanidad hasta el presente. Asimismo, este artculo se complementa con otro que escrib hace cierto tiempo (con material extrado del mismo libro) titulado El fracaso del socialismo real. Por consiguiente, la gran pregunta que debemos hacernos es por qu desapareci la Unin Sovitica? A ella voy a intentar contestar en las prximas lneas, intentando aportar algo a este imprescindible debate que debera intensificarse en este ao 2017, cien aos despus de aquel gran acontecimiento histrico. La izquierda real todava tiene pendiente este debate, el cual hace tiempo se inici pero desde luego no est zanjado. La mejor prueba de esto es el hecho de que la izquierda est an desaparecida en combate, o en algunos casos aferrada a mtodos que han demostrado ser fracasados, y en otros dando tumbos, sin las ideas claras, haciendo la revolucin sobre la marcha, sin un guin claro, escribindolo al mismo tiempo que lo implementa, improvisando demasiado, con el riesgo de acabar fracasando prematuramente. El socialismo del siglo XXI necesita un marxismo del siglo XXI. Y ste slo puede surgir tras un anlisis profundo de las causas ideolgicas del fracaso de la Revolucin rusa. Usando el mtodo marxista, la dialctica materialista, es posible despojar al propio marxismo de sus errores, de sus contradicciones. Mediante este mtodo yo he llegado a las conclusiones que a continuacin expongo, las cuales por supuesto deben ser cuestionadas, pues todo debe serlo, todos podemos estar equivocados.

El contexto de la Revolucin rusa realiment las peligrosas contradicciones ideolgicas del marxismo-leninismo hasta hacer que la revolucin degenerara, hasta que la cantidad se convirti en calidad, hasta que se produzco la negacin de la negacin, hasta que la revolucin se transform en contrarrevolucin. Todas las personas somos contradictorias. Y todas las ideologas tambin. Las contradicciones forman parte del ser humano, as como de la naturaleza. Las experiencias prcticas nos ponen a prueba y hacen que unas tendencias se impongan sobre otras. El leninismo, el marxismo, tenan tambin contradicciones (algunas de ellas, las principales, las analizo tambin en el libro Los errores de la izquierda) y las difciles circunstancias hicieron que unas se impusieran sobre otras. En cualquier caso, lo que demuestran irrefutablemente los acontecimientos de la Revolucin rusa es que toda vanguardia es siempre inherentemente muy peligrosa para toda revolucin, al margen de las verdaderas intenciones de dicha vanguardia. Si la vanguardia rusa actu de forma contrarrevolucionaria, lo ms probable es que esto fuese as porque se equivoc, no porque pretendiera ser un obstculo para la revolucin. En mi opinin, la revolucin rusa degener por culpa de graves errores tcticos, estratgicos y sobre todo ideolgicos, adems de por el contexto. Ciertos errores estratgicos se nutrieron de errores ideolgicos. La misma vanguardia que posibilit la revolucin, provoc la contrarrevolucin. Toda vanguardia es siempre al mismo tiempo revolucionaria y contrarrevolucionaria. Toda revolucin debe protegerse del concepto vanguardia, inherentemente contradictorio, altamente contradictorio, peligrosamente contradictorio. Toda revolucin es por s misma contradictoria, es tambin contrarrevolucin. La dialctica nos permite comprender la sociedad humana y todos sus acontecimientos, incluidas las revoluciones, los acontecimientos ms dialcticos habidos y por haber.

Al usar una metodologa contrarrevolucionaria, basada en una filosofa revolucionaria altamente contradictoria, la revolucin dio paso a la contrarrevolucin. No es posible hacer la revolucin de manera contrarrevolucionaria. El mtodo es determinante, afecta directamente al resultado. El fin est contenido en los medios como el rbol en su semilla; de un medio injusto no puede resultar un fin justo, deca Gandhi. Si, como reconoca Lenin, la clase obrera es ms revolucionaria que el partido ms revolucionario, quienes estaban ms capacitados para saber qu era contrarrevolucionario o no eran las propias masas, las bases, el proletariado, los trabajadores, los ciudadanos. Sin embargo, la lite se erigi en guardiana de la revolucin, cuando en verdad fue su sepulturera. Los trotksistas acusaban, y acusan, a los estalinistas de contrarrevolucionarios. Los estalinistas acusaban, y acusan, a los trotskistas de contrarrevolucionarios. Y lo mismo ocurre en el enfrentamiento entre marxistas y anarquistas, por lo menos entre algunas facciones de dichas ideologas. Podemos tener dudas sobre quin tiene razn, sobre qu versiones de los acontecimientos histricos son las verdaderas. Que, honestamente, muchas veces las tenemos. Basta con atreverse a leer los argumentos de las posturas enfrentadas. Basta con contrastar. Pero una cosa es indudable, de esto quien escribe estas lneas no tiene ninguna duda: la verdad slo puede abrirse camino con la libertad ms ilimitada posible, con el debate libre, cuando las masas pueden contrastar por completo y por igual entre todas las opciones o versiones. La revolucin slo puede prosperar en el marco de una democracia lo ms amplia y profunda posible.

 

Como deca Lenin en determinados momentos (aunque en otros deca cosas opuestas, como cuando apelaba a la disciplina incondicional de las masas respecto de la direccin revolucionaria), son las propias masas, las bases, quienes deben decidir, quienes pueden salvaguardar la revolucin, y no las lites. Es la libertad la que salvaguarda la revolucin, y no la represin. La razn, y no la censura. El argumento, y no la calumnia. La ciencia, y no la religin. La democracia, y no la dictadura (sea cual sea su forma). La dictadura del proletariado, la democracia menguada o podada, no era la solucin. Al contrario, posibilitaba la contrarrevolucin, como as fue. En esto, en el planteamiento de la dictadura proletaria como sustituta de la dictadura burguesa, estaban equivocados Lenin, Marx y Engels. Lenin se equivoc en su concepcin de la dictadura del proletariado, que dio pie al partido nico, algo que de ningn modo propugnaron Marx ni Engels. Pero stos se equivocaron en plantear el mismo concepto de la dictadura del proletariado. Trotsky denunci la burocratizacin del Estado proletario de la URSS en los siguientes trminos: La supresin de los partidos soviticos llev a la supresin de las tendencias. La supresin de las tendencias llev a la consolidacin de la burocracia. [] En nuestro caso, los soviets han sido burocratizados como resultado del monopolio poltico de un solo partido que a su vez se haba burocratizado. Trotsky reconoca la importancia de la democracia, el error del sistema basado en el partido nico. sta es una dura leccin que hubo de aprender tras sufrir l mismo la lgica revolucionaria basada en una progresiva disminucin de la democracia, en una represin poltica in crescendo, lgica en la que l tambin particip. Sin embargo, Trotsky no cuestiona el concepto de la dictadura del proletariado, simplemente lo matiza, reivindica la dictadura del proletariado sustentada en la democracia obrera, en la cual debera haber varios partidos socialistas. Parafraseando a Trotsky y llevando su razonamiento un poco ms lejos, podramos decir que la supresin de partidos burgueses, es decir, no socialistas, llev a la supresin de los partidos soviticos.

El problema vena de ms lejos, haba que buscar ms hacia atrs, haba que llegar a las races ideolgicas de semejante dinmica revolucionaria. El problema radicaba en el mismo concepto de la dictadura del proletariado, en la idea de que haba que limitar la democracia, en la idea de que haba que imitar al Estado burgus, en su esencia, pero adaptndolo al proletariado. Se le imit tanto, que no fue posible superarlo, que incluso se reprodujeron sus peores caractersticas, que hasta se lo empeor. El problema era que el Estado burgus, es decir, el Estado clasista, la dictadura de una clase, no se adaptaba a las clases populares, a las clases mayoritarias dominadas. Era un Estado diseado a la medida de minoras poderosas, con cierto monopolio, con cierto control de la sociedad, con poder econmico en el caso del capitalismo (en el caso de la URSS el poder fue poltico, derivado del monopolio del proceso revolucionario), para la dominacin de la sociedad, y no para su liberacin, para asentar la sociedad clasista, y no para erradicarla. Lejos de posibilitar la superacin de la sociedad clasista, era una mquina de creacin o reproduccin clasista, cre una nueva clase muy peculiar: la burocracia del partido nico que se autoeriga como representante del proletariado y de todo el pueblo. En sentido estricto, la burocracia comunista no era una clase social, pues no era propietaria, al menos formalmente, de los medios de produccin, se trababa ms bien de una capa social privilegiada. Esa mquina clasista slo poda reproducir un nuevo tipo de sociedad clasista, y finalmente se autodestruy a s misma y posibilit la vuelta al viejo Estado clasista burgus. El concepto de la dictadura del proletariado, la raz ideolgica de la degeneracin de la URSS y de su colapso, sentaba un peligroso precedente, abra la veda, iniciaba un modus operandi que a la larga supuso el paso del Estado obrero, la dictadura proletaria, al Estado burgus, la dictadura burguesa, pasando por el burocratismo, la dictadura del partido nico. El capitalismo necesita evitar la democracia. El socialismo, por el contrario, la necesita desarrollar. La burguesa sobrevive con la democracia aparente y simblica, con su dictadura ms o menos camuflada. El proletariado, las clases populares, por el contrario, slo pueden gobernar bajo la democracia sin disfraz, con la verdadera democracia, con el poder popular. La dictadura burguesa debe ser sustituida por la democracia, no por la dictadura proletaria, ni por ninguna dictadura. Cualquier limitacin de la democracia juega a favor del capitalismo, de la burguesa, del burocratismo, de cualquier lite, y juega en contra del socialismo, del proletariado, del pueblo. La democracia es el combustible del socialismo. Slo es posible superar a largo plazo el capitalismo definitivamente desarrollando la democracia hasta las ltimas consecuencias, sin lmites.

 

El mtodo empleado para hacer la revolucin garantizaba, o por lo menos facilitaba en exceso, la contrarrevolucin. Esto es algo que muchos marxistas-leninistas no quisieron o no supieron ver a tiempo, incluidos el propio Lenin, Trotsky y gran parte de la vieja guardia bolchevique. Que ni siquiera quisieron o pudieron prever Marx y Engels. Porque ellos tambin pecaron de imprudentes al plantear el concepto de la dictadura del proletariado de la manera en que lo hicieron, sin ni siquiera concretar un poco. Marx y Engels cometieron, como mnimo, el error de no prever la posibilidad de que su idea fuese tergiversada de manera muy peligrosa, despreciaron la posibilidad, tan habitual en la historia de la humanidad, de que las ideas fuesen distorsionadas para pasar del blanco al negro. Ellos que tanto conocan la historia, que tanto nos proporcionaron las herramientas para comprenderla mejor, paradjicamente, increblemente, contradictoriamente, ignoraron la alta probabilidad de que sus ideas fuesen mal interpretadas, no se esforzaron suficientemente para evitarlo. ste fue uno de sus mayores errores. Muchas de sus ideas, dispersas entre mltiples, numerosos y a veces voluminosos escritos, no fueron suficientemente aclaradas, incluso fueron a veces contradictorias, como as ocurri con el concepto de la dictadura del proletariado, facilitando as (como si el ser humano no tuviera ya la tendencia a hacerlo) la tergiversacin grotesca de sus ideas.

En la revolucin rusa de 1917 tenamos presente la semilla de la contrarrevolucin. El fuerte liderazgo de la revolucin rusa era potencialmente peligroso para la propia revolucin. Los acontecimientos fueron poco a poco dependiendo demasiado de demasiadas pocas personas. El protagonismo inicial del pueblo fue progresivamente suplantado por cierta vanguardia. El terreno estaba claramente abonado para la contrarrevolucin. Haba antecedentes muy peligrosos (ciertas actuaciones ms que discutibles, como la disolucin de la Asamblea Constituyente) y exista adems un concepto terico muy peligroso: la dictadura del proletariado. Teniendo en cuenta todo esto, la dictadura de la lite era ms que previsible. Aun admitiendo las buenas intenciones de los bolcheviques y su lite (no todo el mundo coincide en esto, la derecha y ciertas facciones de la izquierda nos presentan a los bolcheviques como los malvados de la historia), la forma de hacer las cosas posibilit primero el triunfo de la revolucin proletaria (el acceso al poder poltico), pero tambin el fracaso posterior de la revolucin socialista (la degeneracin del rgimen sovitico). Si partimos de la hiptesis de que las intenciones de la vanguardia que dirigi la revolucin rusa de 1917 eran buenas, a pesar de esto, encontramos que existen causas, que se pueden identificar claramente, del fracaso a medio y largo plazo de dicha revolucin. De esto se trata. De identificar los fallos del proceso revolucionario ruso. De aprender de los errores del pasado. De aprender de la revolucin ms importante de la historia. De unos acontecimientos que marcaron la historia de las siguientes dcadas en el mundo entero, pues la manera de hacer las cosas en Rusia se export a muchos pases de su entorno y de otras latitudes. Algunos regmenes comunistas en la actualidad son herederos directos de la burocracia sovitica de la extinta URSS, de su visin de cmo deba hacerse la revolucin socialista, como as ocurri en los regmenes estalinistas de Europa oriental, diseados directamente por Stalin desde Mosc.

Se trata de tener en cuenta el contexto en su justa medida, de no obviarlo, pero tampoco de justificarlo todo en base a l, de no infravalorarlo pero tampoco de sobrevalorarlo. Si lo justificamos todo en base a las duras circunstancias, entonces nunca podremos identificar los errores cometidos y estaremos condenados a repetirlos. Y se trata, por supuesto, de no extrapolar mtodos aplicados en ciertos contextos a otros contextos diferentes. Aun admitiendo que la revolucin rusa en 1917 no podra haberse hecho de otra manera, lo cual es muy discutible, lo que es indiscutible es que la situacin actual, en los principios del siglo XXI, es distinta, por lo menos en muchos aspectos. Por tanto, es imperativo evitar los errores que se cometieron en el pasado y asimismo considerar el contexto actual para redisear las estrategias revolucionarias. stas deben siempre adaptarse al tiempo y al espacio. sta fue una de las principales lecciones que nos ensearon los revolucionarios de finales del siglo XIX y de principios del XX. Tampoco se trata de desechar por completo las experiencias y postulados de quienes posibilitaron o intentaron la revolucin. Se trata de separar los aciertos, que tambin los hubo, de los errores.

De esta manera, con una revolucin excesivamente controlada por ciertas lites, los soviets rusos, que pretendan ser el rgano de representacin popular del proletariado, de los trabajadores de las ciudades y del campo, de los soldados, es decir, de la mayor parte de la poblacin, que lo fueron al principio, se transformaron en los instrumentos polticos de dominio de una nueva casta burocrtica. El soviet supremo se convirti en el parlamento donde el partido nico ejerca su poder, de arriba hacia abajo. El parlamento burgus, expresin del poder de la oligarqua capitalista, se convirti en el soviet supremo, expresin del poder de la nueva lite: la burocracia del partido comunista. Se sustituy una lite por otra, una clase dominante por otra. Ambas lites sin control popular o con un control muy insuficiente. En el Estado sovitico, al cabo de poco tiempo, el poder cambi de sentido. En vez de ir de abajo hacia arriba, como as fue al principio, acab yendo de arriba hacia abajo. La revolucin por tanto fracas como tal. Bien es cierto que se lograron ciertos xitos importantes en la economa, se alcanzaron ciertos logros sociales que fueron incluso exportados a los pases capitalistas (como la sanidad pblica, gratuita y universal), se forz al capitalismo internacional a ceder en algunas cuestiones, como el desarrollo del Estado de bienestar, por la presin que ejerca el peligro comunista, pero el poder no recay en el pueblo, o se alej definitivamente de l. El objetivo esencial de la Revolucin comunista, a saber, una nueva sociedad sin clases, donde la explotacin del hombre por el hombre fuese un mal recuerdo del pasado, una sociedad donde el individuo fuese verdaderamente libre, una sociedad donde todas las personas tuviesen las mismas oportunidades, donde todos pudiesen satisfacer todas sus necesidades, no se alcanz, a pesar de ciertas conquistas sociales nada desdeables. Bien es cierto que el comunismo llegara con el tiempo tras el socialismo, pero la tendencia en la Rusia socialista no apuntaba hacia el comunismo, o no suficientemente, no claramente. El Estado, lejos de ir menguando, creca y creca y se haca ms y ms autoritario. El nuevo Estado proletario degeneraba ms y ms, superaba incluso al burgus en cuanto a muchos de sus males. Se lograron ciertos logros materiales, bastantes mejoras sociales, pero insuficientes, y lo que es peor, la libertad del individuo, de la sociedad en conjunto, no slo no avanz, sino que retrocedi. Sin contar, como si no contara, con la barbarie en que degener el estalinismo.

De la barbarie capitalista se pas a la barbarie estalinista. De dejar morir a la gente por no satisfacer sus necesidades, como as hace el capitalismo como mnimo (cuando no reprime a quienes se oponen a l), se pas al genocidio, a matar sistemticamente a los disidentes, a todo aquel que no conjugaba con la doctrina imperante, incluso a los antiguos camaradas de la vieja guardia bolchevique. Si uno lee a Marx, se pregunta dnde demonios estaba el marxismo en los regmenes estalinistas, cmo podan ser llamados dichos regmenes comunistas. Sin embargo, los errores del marxismo tambin contribuyeron a la degeneracin de la dictadura del proletariado. Concepto que ya era de por s muy polmico y que poda ser interpretado de manera muy peligrosa, como finalmente as fue. Este concepto de la dictadura del proletariado fue, en mi opinin, el principal error ideolgico del marxismo. Pero tanto el marxismo como el anarquismo, a pesar de sus errores, tambin tienen muchos aciertos.

La mayor parte de los anlisis de las causas de la degeneracin de la revolucin rusa realizados por las distintas facciones de la izquierda se hacen para resaltar la validez de las ideas propias y para desautorizar ideolgicamente al enemigo, se hacen sin el ms mnimo atisbo de autocrtica, o con una autocrtica superficial e insuficiente, autorreprimida. En el caso de los trotskistas, se usa a Stalin casi como chivo expiatorio. En el caso de los estalinistas se hace lo propio con Jruschov, Brzhnev y Gorbachov. Es curioso ver cmo los trotskistas acusan a los estalinistas prcticamente de las mimas cosas que los estalinistas a los trotskistas o a los revisionistas. En el caso de los anarquistas se achaca la culpa a los bolcheviques. En todos los casos se usa el contexto como justificacin de los males propios sobre todo. Los bolcheviques explican la degeneracin de la revolucin por las fatales circunstancias, por las herencias del zarismo, por ciertos errores tcticos, justifican sus mtodos dirigistas por el analfabetismo del proletariado ruso. Los anarquistas explican el fracaso de la revolucin por la incultura del pueblo ruso, por su falta de conciencia, y por el uso de esa incultura por parte de una lite que se aprovech de ella. Para los bolcheviques sus errores no fueron profundos, no fueron ideolgicos o metodolgicos. Y tres cuartos de lo mismo podemos decir de los libertarios, cuando analizan las revoluciones anarquistas o los episodios de protagonismo libertario en la revolucin rusa. Bien es cierto que todas las causas esgrimidas con toda probabilidad fueron ciertas, influyeron notablemente en los acontecimientos. Pero hay que intentar explicar lo que ocurri yendo al fondo de las cuestiones, llegando incluso a las ideologas. Con semejantes anlisis superficiales y limitados, conscientemente limitados para no atentar contra los dogmas de la ideologa propia, en algunos casos incluso infantiles, con ese nefasto sectarismo, no es posible reconstruir una teora revolucionaria acorde con los tiempos actuales. Desde el dogmatismo no es posible dar con todas las causas, con las ms profundas, con las explicaciones completas, de la degeneracin de la ms importante revolucin proletaria de todos los tiempos. Esos analistas presuntamente revolucionarios atentan contra el ms elemental espritu revolucionario: la bsqueda de la verdad.

Slo es posible acercarse a la verdad mediante el uso del pensamiento libre y crtico, sin miedo de cuestionar lo incuestionable, de replantear nuestras ms profundas convicciones. La crtica, pero tambin la autocrtica, son el ABC de la ciencia revolucionaria. Deben practicarse hasta las ltimas consecuencias.

Blog del autor: http://joselopezsanchez.wordpress.com/

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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