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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 18-01-2017

El Dios brasilero es Moloc que devora a sus hijos

Leonardo Boff
Koinoma


Se dice que Dios es brasilero, no el Dios de la ternura de los humildes, sino el Moloc de los amonitas que devora a sus hijos. Somos uno de los pases ms desiguales, injustos y violentos del mundo. Teolgicamente vivimos en una situacin de pecado social y estructural en contradiccin con el proyecto de Dios. Basta considerar lo que ocurri en las prisiones de Manaus, Rondnia y Roraima. Es pura barbarie: la furia decapita, perfora los ojos y arranca el corazn.

No hay una violencia en Brasil. Estamos asentados sobre estructuras histrico-sociales violentas, oriundas del genocidio indgena, del colonialismo humillante y del esclavismo inhumano. Y no hay cmo superar esas estructuras sin antes superar esta tradicin nefasta.

Cmo hacerlo? Es un desafo que demanda una transformacin colosal de nuestras relaciones sociales. Ser posible todava o estamos condenados a ser un pas paria? Veo que es posible, a condicin de seguir, entre otros, estos dos caminos elaborados desde abajo: la gestacin de un pueblo, a partir de los movimientos sociales, y la instauracin de una democracia social de base popular.

La gestacin de un pueblo: los que nos colonizaron no vinieron para crear una nacin, sino para fundar una empresa comercial a fin de enriquecerse rpidamente, hacerse hidalgos (hijos de algo), regresar a Portugal y disfrutar de la riqueza acumulada. Sometieron primero a los indios y despus trajeron a los negros africanos como mano de obra esclava. Se cre aqu una masa humana dominada por las lites, humillada y despreciada hasta los das actuales.

Exceptuando revueltas anteriores, a partir de los aos 30 del siglo pasado hubo un cambio histrico. Surgieron los sindicatos y los ms variados movimientos sociales. En su seno fueron surgiendo actores sociales conscientes, crticos, con voluntad de modificar la realidad social y de gestar las semillas de una sociedad ms participativa y democrtica.

La articulacin de esas asociaciones ha generado el movimiento popular brasilero. Est haciendo de la masa un pueblo organizado que no exista antes como pueblo, pero que ahora est naciendo. Obliga a la sociedad poltica a escucharlo, a negociar, y a disminuir de esta manera los niveles de violencia estructural.

La creacin de una democracia social, de base popular: tenemos una democracia representativa de bajsima intensidad, llena de vicios polticos, corrupta, con representantes electos, en general, por las grandes empresas, a cuyos intereses representan.

Pero en contrapartida, como fruto de la organizacin popular, ya se han producido partidos populares o segmentos de partidos progresistas e incluso liberales-burgueses o tradicionalmente de izquierda que postulan reformas profundas en la sociedad y buscan conquistar el poder del Estado, ya sea municipal, estatal o federal.

Esta democracia participativa se basa, fundamentalmente, en estas cuatro patas, como las de una mesa:

- participacin, la ms amplia posible, de todos, de abajo hacia arriba, de tal suerte que cada uno se pueda considerar como ciudadano activo;

- igualdad, que resulta de los grados de participacin; ella da al ciudadano ms oportunidades de vivir mejor. Frente a las desigualdades existentes, hay que fortalecer la solidaridad social;

- respeto a las diferencias de todo orden; por eso, una sociedad democrtica debe ser pluralista, multitnica, pluri-religiosa y con varios tipos de propiedad;

- valorizacin de la subjetividad humana; el ser humano no es solo un actor social, es una persona, con su visin del mundo y que cultiva valores de cooperacin y solidaridad que humanizan las instituciones y las estructuras sociales.

Esta mesa est asentada adems sobre una base, sin la cual no se sostiene: una nueva relacin con la naturaleza y con la Tierra, nuestra Casa Comn, como recalca la encclica ecolgica del Papa Francisco. En otras palabras, esta democracia deber incorporar el momento ecolgico, fundado en otro paradigma. El vigente, centrado en el poder y la dominacin en funcin de la acumulacin ilimitada, ha encontrado una frontera insuperable: los lmites de la Tierra y de sus bienes y servicios no renovables. Una Tierra limitada no soporta un proyecto de crecimiento ilimitado. Por forzar estos lmites, asistimos al calentamiento global y a los eventos extremos vividos en este ao de 2017 con nevadas en casi toda Europa que no ocurran desde hace cien aos.

Esta conciencia de los lmites, que crece ms y ms, nos obliga a pensar en un nuevo paradigma de produccin, de consumo y de reparto de los recursos escasos entre los humanos y tambin con la comunidad de vida (la flora y la fauna que tambin son creadas por la Tierra y necesitan sus nutrientes). Aqu entran los valores del cuidado, de la corresponsabilidad y de la solidaridad de todos con todos, sin los cuales el proyecto jams prosperar.

A partir de estas premisas podemos pensar en la superacin de nuestras estructuras sociales violentas. El resto es trampear con el cambio, para que nada cambie.

Fuente: http://www.servicioskoinonia.org/boff/articulo.php?num=813



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