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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 20-01-2017

La permanente colonizacin de Sudfrica

Ricardo Orozco
Rebelin


La nula relevancia que las protestas estudiantiles sudafricanas han encontrado en los medios de comunicacin latinoamericanos, ms que revelar la evidente subordinacin en la que se encuentran los asuntos africanos dentro de la propia periferia global, es un claro indicador de la manera en que se (re)producen los procesos de estructuracin racial alrededor del orbe. Y en ese sentido, reflejo de las matrices simblicas y materiales de sujecin, exclusin y explotacin social que la colonialidad mantiene vigentes en el pas de Madiba a pesar de la formal descolonizacin de las estructuras polticas y econmicas del Estado conseguida en la ltima dcada del siglo XX.

Las demandas sociales en el plano de la escolarizacin en la Repblica de Sudfrica, en particular, y en toda frica, en general; no son una suerte de movimiento mainstream motivado por una inercial propensin a seguir a las expresiones de su tipo que en Reino Unido, Corea del Sur, Taiwn, etc., saturaron las agendas mediticas y el espacio pblico de las clases medias. Por lo contrario, la protesta social en este terreno es tan aeja como lo es la historia misma de la colonizacin del continente por parte de los imperialismos occidentales. Y en esta ocasin, tanto como en las anteriores, son contrario a lo afirmado categricamente por la BBC, el Financial Times o el New York Times algo ms que la pura reivindicacin de su derecho a la libre expresin, que la consecucin de colegiaturas justas y asequibles o que la pretensin de construir una democracia basada en el derecho a votar cada cinco aos.

Las instituciones de instruccin escolar en Sudfrica son, como en cualquier otra sociedad producto de la modernidad/colonialidad capitalista, un microcosmos, un espacio-tiempo relativamente reducido en el cual se (re)producen, a menor escala pero con mayor intensidad, sistematizacin y profundidad todos y cada uno de los rasgos estructurales de la sociedad dentro de la cual se desenvuelven. As, en las sociedades a las que la modernidad y el capitalismo han fundido en una posicin geopoltica perifrica, esos rasgos no son otros que los remanentes an vigentes de las relaciones sociales que habilitaron el sostenimiento de su propia colonizacin. Es decir, son los atributos sobre los cuales Occidente invent y forj un modelo de civilizacin totalizante, con pretensiones de universalidad ontolgica, en la que el progreso de la humanidad se observa en el Norte capitalista, secular y blanco; y el atraso, la barbarie en el Sur negro e indgena. De ah que #FeesMustFall, la demanda en torno a la cual se aglutina el descontento de la sociedad sudafricana, no sea slo la exigencia de dar marcha atrs con los incrementos a las colegiaturas. Aun observando el desenvolvimiento de los sudafricanos desde la propia periferia, esta sociedad ha sido contemplada, a lo largo de los aos, desde 1994, como el caso paradigmtico de xito en el curso de la descolonizacin de un cuerpo social: la victoria de Mandela sobre De Klerk, se discurre de manera permanente, es la victoria de una raza y una Nacin explotada sobre el colonialismo britnico, en particular, y europeo, en general. Sin embargo, lejos de ser el espejo en el cual la periferia global debera de observarse para conocer el camino hacia su propia emancipacin, Sudfrica es un caso ms de tantos en el que la ilusin de conseguir el progreso occidental a travs del reformismo y la mimesis se ha encargado de afirmar que a la modernidad/capitalista se la deconstruye o se muere en el intento.

En efecto, #FeesMustFall es slo la sntesis que da concrecin a demandas ms amplias y aejas de una sociedad que, muy a pesar de Mandela y de De Klerk, sigue sumergida en la densidad de una estructura de explotacin en la que las Naciones africanas ocupan el ltimo eslabn racial. As, hoy es el universitario el que a travs de la violencia que despliega en sus protestas le recuerda a sus Naciones la historia de hambruna, de guerras, de enfermedades, de asesinatos en masa, de esclavitud y explotacin que olvidaron cuando decidieron que replicar la va occidental hacia la civilizacin era la mejor forma de reivindicar toda la sangre derramada.

Pero no slo eso. Tambin es la sntesis por medio de la cual los universitarios sudafricanos le recuerdan a sus Naciones que la finalizacin del apartheid fue slo la sustitucin formal de unos colonizadores por otros; el remplazo, en los mecanismos de sujecin, exclusin y explotacin del blanco europeo por el negro sudafricano. Es el recuerdo vivo de que la promesa de una sociedad ms justa, libre de los grilletes del imperialismo britnico era posible de alcanzar a travs de la sindicalizacin de los trabajadores, de la estructuracin de partidos polticos, y, sobre todo, de la posibilidad de acceder a instruccin escolarizada especializada en las necesidades del mercado.

Y es que en la Sudfrica postapartheid la sindicalizacin no fue ms que el sometimiento de las masas trabajadoras a las condiciones laborales impuestas por parte de una clase privilegiada, la politizacin de la poblacin por medio de los esquemas partidistas de Duverger no transit ms all de la sustitucin de una retrica por otra; esta ltima ajena a cualquier nocin de praxis revolucionaria, y la instruccin escolar no fue sino la pura promesa de eliminar, en trminos instrumentales, los esquemas de segregacin racial imperantes con anterioridad.

De ah la importancia que tiene para los recientes movimientos estudiantiles en el pas romper con los modelos modernistas que miden el xito, tanto en lo individual como en lo colectivo, por la posesin de un iPhone 7 Plus, una casa en los suburbios, un BMW y un posgrado en administracin de negocios. La importancia, asimismo, de exigir cuentas a toda una generacin que se dej cooptar por el reformismo, por la promesa de realizar algunos ajustes formales a la estructura slo para hacer la explotacin de las masas empobrecidas un asunto con mayor esteticidad y correccin poltica, de cobrar a su propia sociedad la factura que la impasividad ante la devastacin causada por el neoliberalismo les ofreci el romntico anhelo de pertenecer al BRICS a costa de mantener los esquemas de desposesin, concentracin y acumulacin de riqueza.

No es, por ello, fortuito ni voluntarioso el que sean las juventudes universitarias las que pongan en jaque a las promesas que la modernidad capitalista construye sobre la escolarizacin especialidad. Son ellos los que han experimentado en su cotidianidad la contradiccin de responder a cnones, a directrices ticas y civilizatorias pensadas desde la realidad del blanco y clasemediero europeo cuando sus Naciones, dentro de los lmites polticos de la estructura estatal de la repblica, se encuentran devastadas por la marcha insaciable de la acumulacin de capital. No es, pues, slo cuestin del trance cotidiano que la esttica que la tica de las universidades impone en el proceso de negar las particularidades de las mltiples expresiones culturales corporizadas; sino de la negacin misma de la realidad sudafricana por medio de la (re)produccin, en la subjetividad de los educandos, de un estndar de vida extrado de las necesidades productivistas de Occidente y de su privativa posicin espacio-temporal en la historia de la humanidad.

En este sentido, ms all de lo redituable que las protestas estudiantiles pidieren redituar en trminos pedaggicos, al ser el sistema educativo sudafricano un microcosmos de la sociedad en su conjunto el espacio-tiempo desde el cual se construye y (re)produce en los sujetos sociales (individuales y colectivos) un comportamiento especfico de identificacin y militancia con el hecho capitalista, el solo acto de pugnar porque ese sistema responda a las necesidades materiales y ontolgicas de la realidad sudafricana es, en s mismo, un acto de continuacin, radicalizacin y profundizacin de la suma de todas las exigencias, presentes y pasadas, de las Naciones racializadas por la colonizacin europea. Esto es, la renovacin de la vigencia de la interminable tarea de descolonizar la existencia del individuo.

Porque aun y cuando las estructuras polticas de su sociedad pueden desenvolverse formalmente en la descolonizacin administrativa, nulo es el resultado si, como argument Sartre en su prlogo a Los Condenados de la Tierra, de Fanon; no se extirpan las mordazas sonoras ni se arranca la marca que la cultura occidental marc, con hierro candente, en la frente de las lites negras, en general, y del sujeto negro, en particular.


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