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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 19-01-2017

La incmoda memoria de Atocha

Agustn Moreno
Cuarto Poder


Luis Javier Benavides, Serafn Holgado, ngel Rodrguez Leal, Francisco Javier Sauquillo, Enrique Valdevira, Dolores Gonzlez Ruiz, Luis Ramos, Miguel Sarabia y Alejandro Ruiz-Huerta

Si el eco de su voz se debilita, pereceremos.

Paul luard


An era de noche a las 7 de la maana del 25 de enero de 1977. Varios militantes de las an ilegales comisiones obreras de la construccin haban quedado frente al hospital Gmez Ulla, cerca del metro de Carabanchel, para repartir panfletos en las obras de la zona. La noticia, que ya recogan las primeras ediciones de los peridicos, fue un mazazo: Matanza en un despacho de abogados de la calle Atocha. Los cuatro compaeros conocan bien aquel despacho. En l y en otros de laboralistas les llevaban pleitos por despidos o reclamaciones salariales y les defendan en procesos por actividades antifranquistas ante el Tribunal de Orden Pblico.

Tras el aturdimiento por la informacin, la decisin fue rpida, como una manera de conjurar la rabia. Se dirigieron a las obras que pensaban recorrer en el barrio a medio construir de Aluche. En vez de ir dando los boletines de CCOO de la construccin sobre el convenio y las prximas huelgas, fueron informando del crimen. Yo era uno de ellos y nunca olvidar la respuesta de los trabajadores: se quedaban paralizados ante la informacin, iban dejando caer las herramientas al suelo y las obras, una tras otra, quedaban paradas. Estas huelgas espontneas, a iniciativa de un grupo de militantes, ponan de manifiesto el prestigio social de los abogados laboralistas, el nivel de conciencia obrera existente al final del franquismo y las ansias de libertad.

Las consecuencias polticas de aquel atentado realizado por un grupo fascista de la ultraderecha que segua empeada en asegurar el franquismo fueron varias. La respuesta de masas que dieron el PCE y CCOO ayud a dinamizar el proceso democratizador hasta el punto de que, si bien Franco muri en la cama, se podra afirmar que el franquismo muri en la calle en aquella impresionante manifestacin de duelo, serenidad y determinacin obrera y ciudadana [vdeo, abajo]. En Semana Santa se legaliz el PCE, los sindicatos obreros en vsperas del 1 de Mayo y, en junio, se celebraron elecciones democrticas.

Pero el atentado tambin cuestiona el modelo cannico de transicin idealizada por el supuesto consenso, hasta el punto de poder pensar que fue una transicin acordada con una pistola en la sien, en la que hubo casi 600 muertos por la violencia poltica e institucional. Lo cierto es que las fuerzas democrticas se vieron sometidas al chantaje de la violencia y a tener que decidir entre una democracia de baja intensidad o el alargamiento del proceso de conquista de las libertades.

Atocha ha sido un espejo que quemaba a muchos polticos. Alejandro Ruiz-Huerta, sobreviviente de los atentados de Atocha, titul su libro, escrito 25 aos despus de los hechos, La memoria incmoda. Sealaba que era un ttulo acaso inquietante, pero que es referencia de todo lo que significaron aquellos hechos en el umbral de la transicin. En el eplogo sealaba: 25 aos despus podemos decir que hemos pasado de la memoria silenciada a la memoria germinada. Parece que as ha sido, pero hay que seguir regando estos brotes que van germinando para que no vuelvan a quedar relegados al silencio y al olvido.

La memoria es un compromiso tico. Hay que reivindicar el uso pblico de la historia, que dira Jrgen Habermas, para devolver la memoria histrica a los escenarios de la vida social, y uno de ellos es la escuela. Por ello nos metimos con el tema de Atocha en las aulas. Junto con mi amigo Javier Soria, realizamos una experiencia con motivo del 30 aniversario con el alumnado de 4 de ESO del instituto Salvador Allende de Fuenlabrada. Investigamos lo sucedido, proyectamos Siete das de enero, de Juan Antonio Bardem, recorrimos los lugares de los hechos (Atocha 55, El abrazo de Juan Genovs en Antn Martn, Sindicato vertical, Salesas, Fundacin Abogados de Atocha). El colofn fue un encuentro con Alejandro Ruiz-Huerta y la elaboracin un vdeo de 50 minutos, que an sigo usando para tratar nuestra Historia reciente. Abordamos la transicin acercndonos a los hechos con objetividad, que no con neutralidad, para formar ciudadanos conscientes, crticos y comprometidos con la mejora de su sociedad, no mera mano de obra para el mercado. Tambin organizamos un curso de formacin sobre memoria histrica con otros institutos de Fuenlabrada en el que bamos a presentar la experiencia. Pero fue prohibido por el gobierno de Esperanza Aguirre.

Esta prohibicin fue una autntica vergenza que nos oblig a realizar el curso al margen de la administracin educativa. Y un ejemplo ms de las resistencias de la derecha a esta cuestin. Son numerosos los incumplimientos de la Ley de Memoria Histrica e incluso la burla a los familiares de las vctimas, como hizo el desvergonzado Rafael Hernando. Lo ms reciente es la negativa del alcalde del PP de Casasimarro (Cuenca) a colocar una placa en un parque con el nombre de una de las vctimas de Atocha, ngel Rodrguez Leal, natural del pueblo. Su argumento no puede ser ms peregrino: No herir sensibilidades. Es lo que he dado en llamar el negacionismo del Partido Popular.

Estas resistencias reflejan la textura moral de la derecha. Lo que dijo Juan Gelman al recibir el premio Cervantes sintetiza lo que significa su actitud: Dicen que no hay que remover el pasado, que no hay que tener ojos en la nuca, que hay que mirar adelante y no encarnizarse en reabrir viejas heridas. Estn perfectamente equivocados. Las heridas an no estn cerradas. Laten en el subsuelo de la sociedad como un cncer sin sosiego. Su nico tratamiento es la verdad. Y luego, la justicia. Slo as es posible el olvido ciudadano () Y sospecho que no pocos de quienes preconizan la destitucin del pasado en general, en realidad quieren la destitucin de su pasado en particular. Gelman saba bien de lo que hablaba, pues su hija, su hijo y su nuera fueron secuestrados y asesinados por la dictadura argentina, y tuvo la suerte de recuperar una nieta robada. De ah su empeo, como el de muchos, en defender que la memoria es una forma inevitable de justicia.

Fuente: http://www.cuartopoder.es/laespumaylamarea/2017/01/18/1796/1796

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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