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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 20-01-2017

La revolucin, a un siglo de la Revolucin de Octubre

Ral Zibechi
La Jornada


Mentar la tormenta  se ha vuelto casi rutinario. Hasta el presidente chino, Xi Jinping, abri el Foro Econmico Mundial de Davos diciendo que en el mundo hay una tormenta aunque, agreg, tambin hay luz. Es muy probable que Xi se refiriera al mundo empresarial que lo cobij con una ovacin, ya que es el tipo de alianzas que corteja la direccin de la potencia emergente.

Lo cierto es que ya pocos dudan que atravesamos una situacin catica, aunque el capital financiero y buena parte de los polticos progresistas se empean en atribuirla a Donald Trump, que es apenas el emergente y no la causa de los problemas actuales. La tormenta est mostrando que la capacidad de comprensin en medio de la borrasca se vuelve cada vez menor. Incluyendo a quien firma estas lneas, obviamente.

Consuelo de poco valor es que las clases dominantes sufren tambin dosis importantes de desconcierto, algo que se puede palpar en la profunda divisin entre los de arriba, empezando por la superpotencia, donde no atinan a consensuar si el enemigo principal es Rusia o China, para poner apenas un ejemplo.

Cuando las urgencias son tantas y apenas podemos responder las ms apremiantes, intentando no desviarnos del camino emancipatorio, se vuelve necesario buscar signos que nos ayuden a no perder la brjula. A un siglo de la primera revolucin socialista victoriosa, propongo sacar algunas conclusiones con la mirada puesta en la tormenta que nos empieza a sacudir.

Primero, constatar que es posible derrotar a las clases dominantes. As se hizo en casi medio mundo, desde Rusia y China hasta Cuba, Argelia y Vietnam. Derrota que pasa inexorablemente por arrebatarles el poder poltico y recuperar los medios de produccin y de cambio (tierras, fbricas y bancos, entre los ms importantes) para que sean gestionados directamente por los trabajadores.

Segundo, es muy difcil construir una sociedad de nuevo tipo, mucho ms que derrotar al enemigo, como se constata en cada uno de los procesos mencionados. La impresin es que las fuerzas revolucionarias no han sacado las conclusiones necesarias del fracaso en la construccin del mundo nuevo, que debera pasar por un serio balance del estalinismo, en sus diversas variantes nacionales, del maosmo y de los procesos de liberacin nacional. Si en el primer punto puede haber acuerdos ms o menos generales, en el segundo la divergencia de anlisis es lo ms frecuente.

Tercero, la derrota de las clases dominantes fue posible, en todos los casos, por el despliegue de guerras interestatales o por guerras de liberacin nacional, o por una combinacin entre ambas, como en China. En cualquier caso, al ser las revoluciones hijas de las guerras, el triunfo rebelde implica que el poder resultante est asentado sobre el predominio de hombres armados, quienes se encuentran al frente de las fuerzas revolucionarias y a la vez del aparato estatal. Esta disposicin de fuerzas, como destac hace tres dcadas el espaol Eugenio del Ro, es un obstculo para avanzar hacia una sociedad de nuevo tipo, donde el poder est en manos de los campesinos y los trabajadores.

Cuarto, las intenciones de Lenin claramente reflejadas en sus escritos y en el libro de John Reed Diez das que estremecieron al mundo consistan en que el Partido Bolchevique derribara al gobierno provisional para entregar el poder a los soviets, que fueron la creacin ms notable de los soldados, campesinos y obreros rusos, nacidos durante la revolucin de 1905 y renovados y ampliados desde febrero de 1917.

En este punto conviene hacer algunas precisiones. Por qu el poder de los soviets, que funcion realmente en 1917, fue erosionado y anulado en aras del poder de una nueva camada de dirigentes aferrados al Estado? Hay anlisis de diverso tipo, algunos muy convincentes. Por qu el poder de las comunas chinas fue erosionado y anulado pese a los intentos para remover a una nueva burguesa que se haba adueado del Estado? Por qu los organismos de poder popular en Cuba fueron erosionados y anulados por el poder del partido y del Estado? En suma, por qu el poder de abajo ha sido tan efmero?

Hay algo en comn en todas las experiencias que, siguiendo el guion de la revolucin rusa, debera ser motivo de reflexin. Las prcticas concretas para cambiar el mundo se hacen aicos en el espign del poder estatal, est en manos de una burocracia obrera (como sealaron Mandel y los trotskistas) o en manos de una nueva burguesa nacida al amparo del Estado (como analizaron Bettelheim y Mao). De paso, destacar el bajsimo nivel de los debates en los dems procesos, salvo en los primeros aos de la revolucin cubana, que les impide profundizar en las causas de los desvos posrevolucionarios.

Es muy penoso comprobar que desde la dcada de 1960 no hemos tenido debates de la profundidad necesaria y, sobre todo, observar la escasa atencin que merecen los movimientos que han sacado conclusiones de los crmenes cometidos en nombre del socialismo. En nuestro continente, los movimientos indgenas y feministas parecen los ms valiosos a la hora de remover la lpida del estalinismo, presente en casi todos los procesos.

Ms notable an es comprobar cmo el zapatismo ha conseguido superar algunas de las ms poderosas limitaciones de las revoluciones precedentes. Veintitrs aos despus del Ya Basta!, las juntas de buen gobierno son las que toman las decisiones e imparten justicia, funcionando como verdaderos rganos de poder. En 1940 o en 1972, en la Unin Sovitica y en la Repblica Popular China se haba consolidado un poder contrarevolucionario, a pesar de los intentos de la revolucin cultural y de propio Mao por modificar el rumbo.

Ms all de las consideraciones de cada quien respecto a la revolucin zapatista, debera ser tomada muy en serio, ya que ha conseguido ir ms all que las que le precedieron. Algo imposible de comprender leyendo los comunicados, ya que requiere convivir con las bases de apoyo.

Fuente: http://www.jornada.unam.mx/2017/01/19/opinion/020a2pol



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