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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 21-01-2017

Trump presidente: las palabras y los hechos

Atilio A. Boron
Rebelin


Este viernes Donald Trump se convertir en el 45 presidente de Estados Unidos. El consenso entre los analistas, salvo pocas excepciones, es que durante su gestin veremos cosas terribles, como asegura Immanuel Wallerstein refirindose al primer ao de su gestin. Tambin dice, y lo subraya con razn el especialista panameo en asuntos estadounidenses, Marco Gandsegui, que el magnate neoyorquino es un personaje totalmente impredecible. [1] De ningn presidente estadounidense podemos esperar nada bueno. No porque sean malvados sino porque su condicin de jefes del imperio les impone ciertas decisiones que en la soledad de su escritorio probablemente no tomaran. Jimmy Carter es un ejemplo de ello; un buen hombre, como tantas veces lo recordara Fidel. Y Ral ms de una vez se encarg de decir que el bloqueo contra Cuba y la invasin de Baha Cochinos comenzaron cuando Obama ni haba nacido, y apenas contaba un ao cuando se produjo la crisis de los misiles en Octubre de 1962.

Adnde voy con esta reflexin? A sealar que no sera para nada extrao que bien pronto la inflamada retrica de DT deje de tener un correlato concreto en el plano ms proteico de los hechos polticos, econmicos y militares. Trump es lo que en la jerga popular norteamericana se llama un bocn. Por eso habr que ver qu es lo que logra concretar de sus flamgeras amenazas una vez que deje de vociferar desde el llano y se inserte en los gigantescos y complicadsimos engranajes administrativos del imperio. No cabe la menor duda de que el personaje es un hbil demagogo, que agita con maestra un discurso reaccionario, racista, homfobo, belicista, transgresor y polticamente incorrecto por designio propio. Pero su irresistible ascenso no slo es un efecto de su habilidad como publicista y la eficacia de su interpelacin demaggica. Es sntoma de dos procesos de fondo que estn socavando la primaca de Estados Unidos en el sistema internacional: uno, la ruptura en la unidad poltica-programtica de la burguesa imperial norteamericana, dividida por primera vez en ms de medio siglo en torno a cul debera ser la estrategia ms apropiada para salvaguardar la primaca norteamericana. Dos, los devastadores efectos de las polticas neoliberales con sus secuelas de exclusin social, explotacin econmica y analfabetismo poltico inducido por las elites dominantes y que arroj a grandes sectores de la poblacin en brazos de un outsider poltico como Trump que en pocas ms felices para el imperio hubiera sido barrido de la escena pblica en las primarias de New Hampshire.

Trump dijo, e hizo, antes de entrar a la Casa Blanca, cosas terribles: desde acusar a los mexicanos (y por extensin a todos los latinos) de ser violadores seriales, narcotraficantes y asesinos hasta declarar pblicamente, para horror de los alemanes, que era germanofbico. O de provocar al dragn chino llamando por telfono a la presidenta de Taiwn, lo que motiv una inusualmente dura protesta de Beijing; decirles a los europeos que la OTAN es una organizacin obsoleta y que lo del Brexit fue una buena decisin. Pero como aseguran los ms incisivos analistas de la vida poltica norteamericana, por debajo de la figura presidencial (o, segn se lo mire, por encima de ella) est aquello que Peter Dale Scott denomin como estado profundo: el entramado de agencias federales, comisiones del Congreso, lobbies multimillonarios que por aos y aos han financiado a polticos, jueces y periodistas, el complejo militar-industrial-financiero, las diecisis agencias que conforman la comunidad de inteligencia , tanques de pensamiento del establishment y las distintas ramas de las fuerzas armadas, todas las cuales son las que tendrn que llevar a la prctica o vender poltica o diplomticamente- las bravuconadas de Trump. Pero esos actores, a quienes nadie elige y que ante nadie deben rendir cuentas, tienen una agenda de largo plazo que slo en parte coincide con la de los presidentes. Ocurri con Kennedy, despus con Carter y Obama, y seguramente volver a pasar ahora. Dos ejemplos: el jefe del Pentgono James Perro Rabioso Mattis puede hacer honor a su apodo pero difcilmente sea un idiota y por buenas razones -desde el punto de vista de la seguridad del imperio- no quiere saber nada con debilitar a la OTAN. Y va a ser difcil que Stephen Mnuchin, el Secretario del Tesoro designado, un hombre surgido de las entraas de Goldman Sachs, vaya a presidir una cruzada proteccionista y auspiciar el populismo econmico contra el cual combati sin resuello durante dcadas desde Wall Street.

Significa esto que deben tenernos sin cuidado los exabruptos verbales de Trump? De ninguna manera. Ser preciso, ms que nunca, estar alertas ante cualquier tropela que pretenda hacer en Nuestra Amrica. Sin duda continuar con la agenda de Obama: desestabilizar a Venezuela, promover el cambio de rgimen (vulgo: contrarrevolucin) en Cuba, acabar con los gobiernos de Bolivia y Ecuador y encuadrar, una vez ms, a los pases del rea como obedientes satlites de Washington. Para lograr este objetivo, ir a escalar esta agresin, que Obama no quiso, o no pudo, detener? Es muy poco probable. Ronald Reagan, con quienes a veces torpemente se lo compara, intervino abiertamente en Nicaragua, El Salvador, Guatemala, Granada y en la Guerra de las Malvinas. Pero era otro contexto internacional: haba un fenomenal tridente reaccionario formado por el propio Reagan con Margaret Thatcher y Juan Pablo II empeado en demoler los restos del Estado de Bienestar y los proyectos socialistas; el Muro de Berln estaba agrietado y la URSS vena cayendo en picada, sepultando a Rusia; y China no era ni remotamente lo que es hoy. Estados Unidos estaba llegando al apogeo de su podero internacional. Hoy, en cambio, ya comenz su irreversible declinacin y el equilibrio geopoltico mundial es mucho menos favorable para Washington. Difcil, por no decir imposible, que el descarado intervencionismo reaganiano pueda ser replicado por DT en esta parte del mundo. Y si lo hiciera tropezara con una generalizada repulsa popular que, como lo advirtiera Rafael Correa, movilizara en contra de Washington a grandes masas en toda la regin.

Conclusin: el personaje es voluble, caprichoso e impredecible, pero el estado profundo que administra los negocios del imperio a largo plazo lo es mucho menos. Y en estos pasados quince aos los pueblos de Nuestra Amrica aprendieron varias lecciones.

Notas:


[1] Cf. Donald Trump llega a la presidencia de EEUU, en http://laestrella.com.pa/opinion/columnistas/donald-trump-llega-presidencia-eeuu/23981819

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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