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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 04-11-2005

Los conflictos ecolgico-distributivos y los indicadores de sustentabilidad

Joan Martinez-Alier
www.redibec.org

Universitat Autnoma de Barcelona


Resumen

Este artculo presenta una tipologa de conflictos acerca del uso de recursos naturales y de la contaminacin. Llamamos Ecologa Poltica al estudio de esos conflictos ecolgico-distributivos. Los actores de tales conflictos usan diversos lenguajes de valoracin. Por ejemplo, pueden argumentar que quieren lograr una compensacin monetaria equivalente a los daos ambientales sufridos pero tambin pueden decir que el territorio en cuestin es sagrado o pueden apelar a la defensa de los derechos humanos o de los derechos colectivos indgenas, o pueden insistir en valores ecolgicos que no pueden ser realmente expresados en dinero. La Economa Ecolgica estudia las relaciones entre el crecimiento econmico y el medio natural. Desde el punto de vista de la sustentabilidad "fuerte", eso requiere usar indicadores fsicos como la HANPP o la Contabilidad de Flujos de Materiales. Este artculo tiene la intencin de mostrar que los conflictos ecolgico-distributivos pueden ser explicados e incluso previstos por esos indicadores fsicos de (in)sustentabilidad.


1. Introduccin

En la Economa Ecolgica se ha planteado un debate entre los conceptos "dbil" y "fuerte" de la sustentabilidad, segn los daos ecolgicos y el agotamiento de recursos se valoren en dinero o se valoren directamente en trminos fsicos. En este artculo uso el concepto "fuerte" de sustentabilidad. Doy una tipologa de conflictos ecolgico-distributivos, y sealo sus conexiones con los indicadores fsicos de (in)sustentabilidad. As, por ejemplo, un mayor Flujo de Materiales causa conflictos sobre el trazado y los impactos de nuevas infraestructuras de transportes (ya sean oleoductos, hidrovas, puertos o nuevas autopistas).

A medida que la economa y la poblacin humana crecen, usamos ms recursos naturales y producimos ms residuos. Hay impactos sobre otras especies y sobre las generaciones humanas futuras pero tambin sobre la generacin actual. Ahora bien, no todos los humanos son igualmente afectados por el uso que la economa hace del ambiente natural. Unos se benefician ms que otros, unos sufren mayores costos que otros, de ah los conflictos ecolgico-distributivos o conflictos de "justicia ambiental".

Esos conflictos ecolgico-distributivos se expresan en distintos lenguajes de valoracin. As, los perjudicados pueden pedir la internalizacin de las externalidades y una indemnizacin monetaria pero tambin pueden argumentar (si su cultura local se lo permite) que el medio ambiente en cuestin tiene un gran valor ecolgico o paisajstico, o que esa tierra es sagrada, o que los recursos de ese territorio estn excluidos del mercado por disposiciones internacionales que protegen a grupos indgenas. En cualquier conflicto ecolgico-distributivo, podemos preguntarnos: quin tiene o se arroga el poder de determinar cules son los lenguajes de valoracin pertinentes? La Economa Ecolgica estudia las relaciones entre la economa y el medio ambiente (lo que incluye el debate sobre la sustentabilidad ecolgica de la economa y el debate sobre el valor de los daos ambientales). La Ecologa Poltica estudia los conflictos ecolgico-distributivos. As pues, el presente artculo estudia las relaciones entre la Economa Ecolgica y la Ecologa Poltica.

La cuestin no es si el valor econmico puede ser determinado nicamente en mercados concretos ya que los economistas hace ya tiempo que desarrollaron mtodos de valoracin monetaria para bienes o servicios ambientales o para externalidades negativas que se dan fuera del mercado. La cuestin es (Funtowicz y Ravetz, 1994: 198) si en cualquier dilogo o conflicto (ya sea sobre extraccin de petrleo en la Amazona ecuatoriana, o la destruccin de un manglar para poner una camaronera, o la determinacin de los niveles tolerados de emisin de dixido de carbono en la Unin Europea), todas las valoraciones deben ser reducidas a una nica dimensin. De hecho, la Economa Ecolgica rechaza esta simplificacin de la complejidad y acepta la inconmensurabilidad de valores.


2. Una clasificacin de los conflictos ecolgicos

Los socilogos tienden a usar el concepto de "conflictos ambientales" mientras que en la Economa Ecolgica autores como Martin O'Connor y yo mismo (que somos economistas de origen) introdujimos el concepto de "conflictos ecolgico-distributivos" de manera anloga a cmo en diversas tradiciones de la teora econmica o economa poltica se estudian los conflictos econmicos entre terratenientes y arrendatarios capitalistas por la renta de la tierra o entre empresarios capitalistas y asalariados por la cuanta del salario, el horario laboral y la intensidad del trabajo, o entre vendedores agrcolas y compradores urbanos por los precios de los productos y los mrgenes de los intermediarios.

En este artculo uso indistintamente "conflictos ecolgico-distributivos", "conflictos ecolgicos" y "conflictos ambientales". Al estudio de tales conflictos le podemos llamar Ecologa Poltica. La mayor parte de esos conflictos se dan fuera del mercado, pero la pauta de precios de la economa depende mucho de los resultados que tengan tales conflictos. A continuacin presento una lista de conflictos ecolgico-distributivos que mejora otras listas anteriores (Martinez-Alier, 1995, Guha y Martinez-Alier, 1997, Martinez-Alier, 2002). Resume el contenido actual en construccin de la Ecologa Poltica. No es una lista a priori sino que ha nacido inductivamente de la observacin de conflictos ambientales en distintos pases y continentes. Los nombres de los conflictos han sido puestos por autores que los han estudiado o han nacido del mundo de las ONG ecologistas. Vean un nombre como "biopiratera": la prctica no es nueva, tiene casi 500 aos, pero ese nombre nuevo indica la conciencia actual de una injusticia que algunos denuncian y que otros niegan.

Si adoptamos el punto de vista del "metabolismo social", viendo la economa como un sistema abierto a la entrada de energa y materiales y a la salida de residuos, entonces podemos clasificar los conflictos ecolgicos segn los distintos puntos de las commodity chains donde suceden. Puede ser en los lugares de extraccin de materiales y energa, o en la manufactura y el transporte, o finalmente en la disposicin de los residuos. Por ejemplo, la extraccin de petrleo provoca conflictos por el agua de formacin que se vierte en el ambiente y por los gases que se queman localmente, tambin por los oleoductos y por la posibilidad de accidentes en el transporte martimo, asimismo puede haber conflictos en las refineras, y finalmente su combustin puede producir contaminacin local y sin duda aumenta las emisiones de dixido de carbono en la atmsfera global. El anlisis de las commodity chains se llama en francs anlisis de las filires, es decir el estudio de las etapas que sigue un producto, como por ejemplo el cobre, desde la extraccin hasta que se convierte en chatarra reciclada o no. En la Ecologa Industrial, una idea similar se recoge en el llamado "anlisis del ciclo de vida" desde la "cuna a la tumba" y, si cabe el reciclaje, "de la tumba a la cuna". En pocas anteriores al predominio de los economistas, se estudiaba en las universidades la ciencia de las mercancas o Warenkunde, que hubiera podido dar lugar a la actual Ecologa Industrial.


Conflictos en la extraccin de materiales y energa

1.- Conflictos mineros, evidenciados por las quejas sobre minas y fundiciones a causa de la contaminacin del suelo, del aire y del agua, y por la ocupacin de tierras por la minera a cielo abierto y las escorias. Puede ser minera de carbn, de cobre, de oro Puede ser tambin extraccin de materiales de cantera (como en la lucha en la isla de Harris en Escocia hace algunos aos). Hay una nueva red internacional de resistencia, "Mines, Minerals and People".

2.- Conflictos por la extraccin de petrleo. Nacen de la contaminacin del aire, del suelo y de las aguas (al echar el agua salada y contaminada de extraccin en cuerpos de agua locales, y al quemar gases). La red "Oilwatch" naci en 1995.

3.- Degradacin y erosin de las tierras, causadas por la desigual distribucin de la propiedad sobre la tierra o por la presin de la produccin exportadora. La distincin entre la presin de la poblacin sobre los recursos y la presin de la produccin sobre los recursos fue sealada por Blaikie y Brookfield (1987) en un libro pionero de la Ecologa Poltica, que mostr las relaciones entre estructuras sociales y el uso y degradacin de la tierra. As, en algunos lugares de los Andes de Ecuador hay una explotacin intensa de las laderas por poblacin indgena mientras los valles son an propiedades mayores (que tal vez se dedican a la exportacin de flores).

4.- Las plantaciones no son bosques. Con este nombre existe un movimiento internacional contra las plantaciones de eucaliptos, pinos, acacias, melinas destinadas a producir astillas o pasta de papel para exportacin. (Carrere y Lohman, 1996) (www. wrm.org.uy).

5.- Biopiratera. Este conflicto (cuyo nombre fue puesto por Pat Money de RAFI-ETC en 1993) nace de la apropiacin de los recursos biolgicos, tanto "silvestres" como medicinales y agrcolas, sin reconocimiento del conocimiento y propiedad de los indgenas y campesinos sobre ellos y sin pago alguno. Incluye el caso extremo del proyecto Genoma Humano. El conflicto se agudiza por las patentes sobre plantas medicinales o agrcolas, o sobre genes humanos..

6.- Defensa de los manglares contra la industria camaronera de exportacin. Un conflicto que se extiende desde Ecuador y Honduras a Tailandia, Filipinas, Bangla Desh, la India, para defender los manglares y a las poblaciones locales cuya subsistencia depende de los manglares.

7.- Conflictos sobre el agua. La defensa de los ros, con movimientos contra las grandes represas para hidroelectricidad e irrigacin (como el Narmada Bachao Andolan en la India, los atingidos por barragens en Brasil). Tambin los conflictos por el uso y contaminacin de acuferos (Plachimada en Kerala en la India en 2004, contra la CocaCola) y los conflictos por trasvases de ros (el Ebro en Espaa, el proyecto Interlinking of the Rivers en la India). (Existe la "Internacional Rivers Network" que difunde informacin sobre tales conflictos).

8.- Derechos nacionales o locales de pesca. Se refiere a los intentos de evitar la sobrepesca imponiendo reglas que eviten el acceso libre. En el plano internacional, la reglamentacin de las 200 millas (demandada desde los aos 1940 por Per, Chile, Ecuador), usando el lenguaje del derecho internacional pblico. Internamente, en muchos lugares hay conflictos entre la pesca artesanal y la pesca industrial, con intentos de conservar o introducir los derechos comunitarios exclusivos sobre la pesca (por ejemplo, en el bajo Amazonas o en la India).


Conflictos sobre el transporte

9.- Esos conflictos nacen del trasiego cada vez mayor de materiales y energa. Por ejemplo, los derrames petroleros en el mar, tanto los normales como los debidos a accidentes (como el Prestige). Tambin los conflictos sobre oleoductos o gasoductos (como el construido por Unocal desde Birmania a Tailandia, que dio lugar a un juicio bajo la ATCA en Estados Unidos). Asimismo los conflictos sobre hidrovas (Paraguay-Paran y otras), sobre ampliacin de puertos y aeropuertos, sobre nuevas autopistas (como los conflictos en Suiza y Austria contra el trfico de camiones).


Conflictos sobre los residuos y la contaminacin

10.- Luchas txicas (toxic struggles). Este es el nombre dado en Estados Unidos hace ya 20 aos a los conflictos sobre los riesgos de los metales pesados, dioxinas, etc. a raz del accidente de Love Canal (Gibbs, 1981, Hofrichter, 1993). Se han expresado en el lenguaje de la justicia ambiental cuando los perjudicados pertenecen a minoras raciales (Bullard, 1993).

11.- La seguridad de los consumidores y ciudadanos. Se refiere a los conflictos sobre la incidencia y distribucin social de los riesgos inciertos de las tecnologas a medida que han ido apareciendo (asbestos, DDT, DBCP, otros pesticidas, energa nuclear, transgnicos) tanto en pases ricos como pobres. Estos conflictos han sido estudiados por Ulrich Beck (1992), entre otros. Pueden afectar a productores tambin (como son los agricultores) (as hay una red mundial que se llama "Pesticides Action Network" y en Amrica Latina, RAP-AL, contra los agro-txicos).

12.- Exportacin de residuos txicos, slidos o lquidos. Hay muchos conflictos alrededor del planeta por la exportacin de tales residuos. Un caso clebre es el desguace de barcos extranjeros en Alang, Gujarat, en la India, con su carga de metales pesados. La expresin "imperialismo txico" ha sido usada por Greenpeace (1988) en sus campaas para lograr que se respete el Convenio de Basilea de 1989 y sus protocolos adicionales que prohben tales exportaciones.

13.- Contaminacin transfronteriza. Se ha aplicado en Europa en los aos 1970 y 1980 a las emisiones de dixido de azufre que cruzaban fronteras y producan lluvia cida, como tambin ocurre ahora dentro de los Estados Unidos Se puede aplicar tambin a contaminaciones radioactivas por ensayos de armas nucleares en el Pacfico, por ejemplo. Tambin a las emisiones de CFC que han daado la capa de ozono.

14.- Derechos iguales a los sumideros de carbono. Esta fue la propuesta de Anil Agarwal y Sunita Narain en 1991, para remediar la injusticia de que los ricos del mundo hayan estado usando y usen de manera desproporcionada y excluyente los sumideros de carbono (ocanos, nueva vegetacin, suelos) y la atmsfera como un depsito temporal. Esa situacin da lugar a una "deuda de carbono" del Norte hacia el Sur, como la ha llamado Andrew Simms.


3. Vocabularios de resistencia

Ms all de lo ya visto, todos esos conflictos ecolgicos se expresan con distintas palabras segn los diversos actores. As muy frecuentemente los conflictos sobre la extraccin de recursos usan el lenguaje del ecologismo indgena, esto es, la apelacin a los derechos territoriales y a la resistencia tnica contra la explotacin desde fuera. Casos clebres desde hace ya ms de diez aos son los Cree contra Hydro Qubec, los Ogoni y los Ijaw contra la Shell en el Delta en Nigeria. Tal vez se esgrima la Convencin 169 de la OIT en tales casos, o en la India la proteccin de los adivasi (grupos tribales) bajo la Constitucin y la reciente sentencia Samata de 1997 en Andhra Pradesh en un conflicto minero. Por ejemplo, en el actual conflicto en Orissa del proyecto de minera de bauxita UAIL, se argumenta de un lado que habr beneficios econmicos para todos y, del otro, que los grupos tribales locales tienen derecho a negarse en redondo a la explotacin de la bauxita. En los conflictos por la explotacin petrolera en la Amazona de Ecuador y de Per se despliegan similares argumentos. Es conocido el caso de los U'Wa en Colombia quienes argumentaron en su conflicto con Occidental Petroleum que la tierra y el subsuelo eran sagrados.

No todos los conflictos ecolgicos se arropan en un lenguaje de sacralidad o de proteccin de minoras indgenas. En el comercio internacional ecolgicamente desigual los sujetos son naciones o pases. Ya en el siglo XIX y principios del XX hubo gegrafos alemanes y franceses que hablaron de la Raubwirtschaft (Raumoulin, 1984), es decir la economa de rapia. Eso se define como la importacin de productos de pases pobres a precios que no tienen en cuenta el agotamiento de los recursos ni las externalidades negativas locales. Ahora bien, "dumping ecolgico" significara vender voluntariamente a precios que no toman en cuenta las externalidades ni el agotamiento de recursos, pero la palabra "dumping" implica una actuacin voluntaria para vender a un precio inferior al costo para ganar cuota de mercado. Eso ocurre con las exportaciones agrcolas subsidiadas de Estados Unidos y la Unin Europea. En cambio, el comercio ecolgicamente desigual no es "dumping" porque no es algo voluntario. Nace de que la gente y los gobiernos de los pases pobres carecen del poder necesario para internalizar las externalidades negativas en los precios de las exportaciones y para imponer un "impuesto sobre el agotamiento del capital natural" (natural capital depletion tax).

Cuando la produccin de materias primas para exportar corre a cargo de empresas transnacionales surge cada vez ms la demanda de que haya Responsabilidad Empresarial, o Corporate Accountability, de manera que los pasivos ambientales y sociales que las empresas van dejando, sean cubiertos. No se trata solamente de impedir que haya daos una vez cese la actividad, como por ejemplo evitar el drenaje cido una vez se cierran las faenas de una mina. Tampoco se trata solo de evitar daos futuros sino de resarcir los daos efectuados durante la explotacin. De ah los diversos juicios que desde el Sur se han intentado bajo la ATCA (Alien Tort Claims Act) de Estados Unidos, por ejemplo contra Texaco por lo que hizo en Ecuador, contra la Southern Peru Copper Corporation, contra Freeport McMoRan por sus operaciones de minera de cobre y oro en Papa Occidental, contra la Dow Chemical por la contaminacin por DBCP en plantaciones de banano, tambin en un caso distinto, el de Bhopal en la India en 1984, contra Dow Chemical (y Union Carbide). En esos juicios se pide el resarcimiento de los daos sufridos, aunque los propios actores saben que muchos daos no pueden ser realmente compensados porque son irreversibles y difcilmente medibles en dinero.

El concepto de deuda ecolgica del Norte hacia el Sur se usa desde 1990 o 1991 en un contexto internacional (www.deudaecologica.org). El concepto une la reclamacin de una "deuda de carbono", es decir, los daos causados por los pases ricos por sus excesivas emisiones histricas y actuales de gases con efecto invernadero, con la reclamacin por el comercio ecolgicamente desigual. Se aaden tambin reclamaciones por pasivos ambientales de empresas extranjeras y reclamaciones por biopiratera y por exportaciones del Norte al Sur de residuos txicos, concluyendo que la deuda ecolgica que el Sur podra reclamar al Norte es (en la medida que pueda ser traducida en dinero) mucho mayor que la deuda externa reclamada por el Norte al Sur.

Existen conflictos ecolgicos que se expresan con otros lenguajes. Por ejemplo, el lenguaje de la seguridad alimentaria e incluso la soberana alimentaria que es amenazada en los pases del Sur desde dos frentes. Por un lado, por las exportaciones del Norte subvencionadas, como la invasin de maz de Estados Unidos en Mxico (adems transgnico) bajo el NAFTA que menoscaba la agricultura campesina. Por otro lado, por los monocultivos de exportacin desde el Sur (con mucho uso de agrotxicos) que sacrifican las necesidades locales a la obtencin de divisas que seguramente salen rpidamente del pas para pagar la deuda externa.

Las amenazas de los vertederos o de la incineracin de residuos dieron lugar al lenguaje del racismo ambiental en Estados Unidos (Bullard, 1993), expresin que significa el riesgo o la carga desproporcionados de contaminacin en zonas habitadas mayormente por afro-norteamericanos, latinos o norteamericanos nativos (pueblos originarios). Una afrenta a la dignidad humana en la forma de discriminacin racial no puede ser equivalentemente compensada con dinero. La justicia ambiental es, a partir de los aos 1980, el movimiento organizado contra el racismo ambiental. Esa doctrina de la justicia ambiental se ha extendido a Sudfrica (Bond, 2002) y a Brasil (Acselrad et al, 2004). Tambin a Escocia donde la pobreza ms que el origen racial es el factor importante. Dunion (2003) explica las reacciones de las comunidades afectadas por minera de carbn a cielo abierto o por vertederos como el de Greengair. De hecho, la idea de "justicia ambiental" tiene aplicacin universal.

Otra expresin que se usa para llamar la atencin sobre las desigualdades ambientales internacionales es el de espacio ambiental, que significa el espacio geogrfico que realmente ocupa una economa teniendo en cuenta su importacin de recursos y su exportacin de residuos y emisiones de gases de efecto invernadero. La huella ecolgica es una nocin parecida, representa el rea realmente usada por persona. Existe un procedimiento de clculo (Rees y Wackernagel, 1994), que consiste en establecer el rea necesaria por persona para proporcionar la energa de la alimentacin (por ejemplo, una hectrea si la alimentacin es muy carnvora, menos extensin si es ms vegetariana), ms el rea que proporciona biomasa en la forma madera para papel y otros usos, ms el rea pavimentada, ms el rea de bosque necesaria para la absorcin del dixido de carbono producido (o, alternativamente, el rea que sera necesaria para producir la biomasa que sustituya a las energas no renovables). Este cuarto sumando alcanza por persona dos hectreas o ms, en pases ricos. La huella ecolgica es pues un ndice que suma diversas formas de energa (adems del suelo pavimentado), traduciendo todo en superficie, de manera que puede decirse que un pas tiene una huella ecolgica diez o veinte veces mayor que su territorio, o que otro pas (como seguramente el Uruguay por ejemplo) exporta huella ecolgica. Un sentido similar tienen las expresiones "pueblos de ecosistema" e "invasores ecolgicos" introducidas por Dasman y que Gadgil y Guha (1995) han usado en la India. Se refieren al contraste entre grupos humanos que usan solamente los recursos de sus propios territorios y otros grupos humanos que usan los recursos de territorios ajenos. Gadgil y Guha aaden otra categora: los refugiados ecolgicos.

El estudio histrico y actual de los conflictos ambientales hace visible el contenido ecolgico en muchos conflictos sociales que se ocultaban bajo otros vestidos. Por ejemplo, las luchas obreras por la salud y la seguridad en minas, fbricas o plantaciones tienen una larga historia en la negociacin laboral colectiva o fuera de ella, con el propsito de evitar daos a los obreros. Podramos decir que son luchas "rojas" por fuera y "verdes" por dentro. Asimismo, el activismo urbano en favor del aire limpio y del agua suficiente, de ms espacios verdes, en defensa de los derechos de peatones y ciclistas (Castells, 1983) se ha dado fuera del mercado, a travs de la accin directa o de la accin poltica municipal. Aunque ni los actores de tales conflictos ni sus analistas hayan usado un vocabulario ambiental, de hecho eran y son conflictos ecolgico-distributivos.

Los conflictos ecolgicos puedan dar lugar tambin a lo que Bina Agarwal ha llamado el ecofeminismo social o el feminismo ambientalista (Agarwal, 1992). Con eso se indica el activismo ambiental de mujeres motivado por su situacin social que les lleva a protestar por la contaminacin, por la falta de lea o de agua, y a cuidar de los recursos naturales comunitarios. Seguramente, el vocabulario desplegado en esos conflictos no sea ni el del feminismo ni el del ecologismo. Por ltimo, Ramachandra Guha y yo mismo hemos usado la expresin ecologismo de los pobres o ecologismo popular desde 1988 para describir conflictos sociales actuales o histricos con contenido ecolgico, de los pobres contra los relativamente ricos, sobre todo en contextos rurales (tal como explic Guha, 1989, en su historia del movimiento Chipko en el Himalaya, y en Guha y Martinez-Alier, 1997).


4. Lo local y lo global

Hay conflictos ecolgicos locales y hay conflictos ecolgicos globales, y entre ellos es posible establecer relaciones. Por ejemplo, los movimientos que defienden los manglares en la costa del Pacfico en Amrica latina, sealan que los manglares defienden la costa lo cual es cada vez ms importante debido a la tendencia al aumento del nivel del mar y debido tambin a la posible mayor intensidad del fenmeno del Nio por el aumento del efecto invernadero.

Los activistas de Oilwatch que ayudan a defender territorios y poblaciones concretas contra las compaas petroleras, usan el siguiente argumento: evitar la extraccin de petrleo supone una contribucin a la reduccin de emisiones de dixido de carbono que debera ser reconocida. As, las resistencias locales dan vida y refuerzan las redes internacionales y, viceversa, las preocupaciones ambientales globales son utilizadas localmente en beneficio de algunos actores sociales, como argumentos adicionales que refuerzan la resistencia local expresada en otros lenguajes. A veces, es desde la esfera global de donde llegan los argumentos ms fuertes, por ejemplo el lenguaje de la biopiratera que se ha usado en los ltimos diez aos", en diversos pases latinoamericanos y en la India, en conflictos sobre intentos de patentes sobre propiedades o caractersticas de la ayahuasca, la ua de gato, la sangre de drago, el jacarand, el "neem", variedades de quinua, el arroz basmati, el "turmeric".

La defensa de los grupos indgenas y campesinos contra las industrias extractivas, las grandes represas, la deforestacin comercial o las plantaciones uniformes de rboles, pudiera parecer que es parte de la poltica de la identidad. Igualmente, la defensa de las minoras raciales en Estados Unidos contra la carga desproporcionada de la contaminacin, contraponiendo la Justicia Ambiental al Racismo Ambiental, podra parecer que recurre tambin a la identidad afro-americana o latina o nativo-americana. Ahora bien, la similaridad estructural de muchos conflictos ecolgicos alrededor del mundo en culturas muy diferentes, tambin el hecho que el concepto de Justicia Ambiental sea usado no solo en Estados Unidos sino en Brasil y en Sudfrica, permite afirmar que los conflictos ecolgico-distributivos no deben ser vistos como expresiones de la poltica de la identidad. Al contrario: la identidad tnica o social es uno de los lenguajes con que se representan los conflictos ecolgico-distributivos, que nacen del uso cada vez mayor que la economa hace del ambiente natural del cual todos dependemos para vivir.


5. Indicadores de (in)sustentabilidad

En diversos campos puede haber distintos indicadores de la presin ambiental. Por ejemplo, la prdida de biodiversidad o la presencia excesiva de nitrgeno en los acuferos, son indicadores relevantes para la agricultura, mientras que el contenido de plomo en la sangre o los compuestos orgnicos voltiles pueden ser indicadores relevantes para las ciudades. Hay centenares de indicadores posibles. Hay tambin ndices (que renen en un solo nmero diversos indicadores), como el que mide la calidad ambiental del aire en la ciudad de Mxico y que ha logrado pasar de la estadstica a la poltica pblica.

En la Economa Ecolgica, las aspiraciones a corregir la contabilidad macroeconmica para lograr una medida del desempeo econmico que tuviera en cuenta los daos ambientales, estn siendo abandonas. Ciertamente, el Banco Mundial publica sus ndices de "ahorro genuino" para diversos pases, donde adems de restar del PIB la amortizacin del capital manufacturado, aplica una depreciacin a algunas formas del "capital natural" y resta tambin un importe a cuenta de las emisiones de dixido de carbono, para llegar a una cifra en dinero del "ahorro genuino" de cada pas. Anlogamente, se ha publicado en diversos pases el Indice de Bienestar Econmico Sostenible desarrollado por Daly y Cobb (1994), que corrige la contabilidad macroeconmica para obtener finalmente tambin una cifra en dinero. Las crticas de esos intentos de llegar a una contabilidad macroeconmica "verde" se basan en que los resultados dependen de unos supuestos discutibles, que no es el caso discutir aqu detalladamente. Si abandonamos ese espejismo de la conmensurabilidad monetaria y por el contrario nos decidimos por juzgar el desempeo ecolgico de la economa directamente en trminos de indicadores fsicos, surgir entonces la pregunta de cules indicadores vamos a seleccionar.

Hay algunos intentos ambiciosos, simtricos en su reduccionismo con la ilusin del "PIB verde", de resumir en una sola cifra el impacto ambiental de la economa en trminos fsicos. En efecto, cuando Paul Ehrlich en 1968 public su libro "La Bomba de la Poblacin" fue atacado porque no consideraba las diferencias en los niveles de consumo de pobres y ricos, y poco despus present la famosa ecuacin I =P.A.T donde el Impacto depende no solo de la Poblacin, sino tambin de la Riqueza ("affluence" en ingls, medida por el PIB per capita), y la Tecnologa. Hay intentos de operacionalizar esa frmula para que no sea simplemente una til metfora, desagregndola en varios sumandos, aplicando a cada variable distintos coeficientes. Pero de hecho los impactos son muchos y muy diversos, las tecnologas tambin. No caben en un solo nmero.

Otro intento de resumir en un nico ndice el impacto de la economa sobre el ambiente es la "huella ecolgica" que, como hemos visto, da un valor en hectreas por persona a partir bsicamente del consumo de varias formas de energa (ms el espacio pavimentado). Cabe decir pues que la huella ecolgica es redundante con las estadsticas de consumo de energa (de alimentos, biomasa y combustibles fsiles), pero en vez de usar kilocaloras u otras unidades de energa, las traduce en una representacin en trminos de espacio ms fcil de visualizar. Como instrumento de comunicacin tiene mrito y xito, como nueva informacin no tiene ninguno.

As pues, medir los impactos fsicos de la economa sobre el ambiente requiere acudir a diversos indicadores pero estos pueden ser tan abundantes y tan diversos que nos impidan una visin coherente. Por tanto, es buena idea resumir los impactos en unos pocos ndices fsicos que sealan diversos aspectos de la relacin entre la economa y el ambiente natural. Entre ellos, elegimos tres: el Flujo de Materiales, el Uso de Energa y la Apropiacin Humana de la Produccin Primaria Neta (HANPP) (Vitousek et al, 1986, Haberl, 1997). El primer ndice, Flujo de Materiales, viene expresado en toneladas por persona y ao. El segundo, en cualesquiera unidades de energa. Y el tercero es un cociente, y tanto el numerador como el denominador se cuentan en unidades de energa o de peso. Los dos primeros en alguna medida expresan la misma informacin ya que los materiales portadores de energa (biomasa, combustibles fsiles) son una parte importante de todo el Flujo de Materiales, pero no necesariamente la mayor ya que los minerales destinados al beneficio de metales y los materiales de construccin pueden ser mayores.

La HANPP se calcula del siguiente modo. Se establece para todo el territorio de un pas cul sera la produccin potencial de biomasa de auttrofos (es decir, plantas que hacen la fotosntesis) segn sean los ecosistemas: por ejemplo, manglar, pramo, bosque tropical hmedo, bosque tropical seco en determinado tiempo, un ao por ejemplo. Se ve entonces cul es la produccin actual real debida a la intervencin humana que en general habr hecho disminuir la produccin potencial: por ejemplo, al convertir un bosque tropical hmedo en una plantacin de bananos o un manglar en una piscina camaronera. De esta produccin actual real una parte es cosechada o apropiada en beneficio de los humanos y sus animales asociados (ganado, tambin ratas), y otra parte queda disponible para alimentar a otros hetertrofos. El ratio entre la produccin actual apropiada por los humanos y la produccin potencial es la HANPP, que Vitousek et al (1986) calcularon a nivel mundial, en ecosistemas terrestres, en un 40 por ciento. La intencin del clculo es dar un indicador un tanto grosero de prdida de biodiversidad, ya que sta necesita biomasa para alimentarse.

Tras un clculo de la HANPP pueden ocultarse tambin conflictos entre humanos, como indica el ejemplo de los manglares. Puede ocurrir (como en el caso de las plantaciones de bananos pero tambin plantaciones de pinos o eucaliptos) que la biomasa apropiada en un territorio sea exportada a precio barato en beneficio de otros humanos distantes. Tambin ocurre que la ocupacin de un territorio por un cierto grupo humano (colonos en la Amazona ecuatoriana que aprovechan las carreteras abiertas por las petroleras) puede llevar a una apropiacin mayor de la produccin de biomasa que la que haca el grupo anterior que habitaba ese espacio, indgenas que usaban el bosque con intensidad menor, ms compatible con la conservacin de la biodiversidad. El conflicto socio-poltico y el conflicto ecolgico (medido por la HANPP) van juntos.

Veamos ahora el uso de energa. Desde hace tiempo existen estadsticas del uso de energa pero frecuentemente olvidan la energa no comercial. Un balance energtico completo debe incluir las energas no comerciales, por ejemplo la lea recogida directamente por los hogares rurales y tambin la energa que va a la alimentacin. Uno de los conceptos ms importantes de la economa ecolgica y de la ecologa humana es la distincin entre el consumo endosomtico de energa (en la alimentacin, unos 10 megajoules por persona y da, es decir, unos 3.65 GJ por ao, con variaciones no muy grandes hacia arriba o hacia abajo) y el uso exosomtico de energa en los artefactos e instrumentos que la humanidad ha ido inventado. Mientras la elasticidad-ingreso del consumo endosomtico de energa es baja y pronto se torna cero, la elasticidad-ingreso del uso exosomtico de energa (en la calefaccin y refrigeracin domsticas, en automviles y aviones, en la produccin de todos los bienes de consumo) es mayor que cero, incluso mayor que la unidad en ciertos estadios del crecimiento econmico. El uso medio de energa en los pases europeos ricos por persona y ao alcanza los 200 GJ. De ah los conflictos ambientales entre quienes usan mucha energa y quienes usan menos y sin embargo disponen de recursos energticos, por ejemplo los conflictos que enfrentan a comunidades amaznicas con compaas petroleras que trabajan para ofrecer energa a consumidores del Norte. Tambin, dado que los combustibles fsiles son la principal fuente del uso exosomtico de energa, los conflictos sobre el uso de los sumideros de carbono y sobre el uso de la atmsfera como un depsito temporal de carbono.

Nos podemos preguntar si la economa puede crecer usando menos energa por unidad de PIB, o mejor aun, menos energa en trminos absolutos. En principio, que la intensidad energtica (energa/PIB) de la economa baje puede parecer una buena seal, de hecho es mejor que lo contrario. Pero al medio ambiente el PIB le importa poco, por as decir, y lo relevante es la medida absoluta. Lo mismo ocurre con indicadores sociales o de salud pblica. Si la criminalidad aumenta, podemos decir que la situacin mejora porque el nmero de crmenes dividido por el PIB disminuye? Y si aumentan los enfermos de sida, dividimos su nmero por el aumento del PIB para mejorar el resultado?

Por ltimo, veamos la contabilidad del Flujo de Materiales. Esos clculos responden hoy a una metodologa establecida (Eurostat, 2001). Diversos grupos de investigacin (en Europa, el Wuppertal Institut de Alemania y el Instituto de Investigacin Interdisciplinaria de Viena, Austria) han tenido sus diferencias de opinin antes de establecer esa metodologa que hoy en da est ya produciendo estadsticas oficiales que no logran todava ser polticamente relevantes. Se suman en toneladas, por el lado de los inputs, las extracciones locales (biomasa, minerales, combustibles fsiles) ms las importaciones. Estos materiales se convierten en adiciones al stock (como nuevos edificios, por ejemplo) o en exportaciones o en residuos (como el dixido de carbono y otros), cuyos totales tambin se expresan en toneladas.

Es fcil relacionar el clculo del Flujo de diversos Materiales con conflictos ambientales. En un pas donde haya una creciente extraccin de materiales de construccin, seguramente habr algunos conflictos sobre canteras. En un pas donde hay creciente extraccin de minerales seguramente habr nuevos conflictos mineros por los relaves y la contaminacin del aire, del suelo y del agua. En un pas donde las exportaciones superen en mucho a las importaciones en toneladas (como suele suceder en pases latinoamericanos y africanos), en principio se esperaran conflictos ambientales locales en los puntos de extraccin mientras, a nivel de toda la sociedad, crecer la percepcin de la desigualdad ecolgica y econmica del comercio exterior (Muradian y Martinez-Alier, 2001, Giljum y Eisenmenger, 2004).

As se tratara de ir relacionando los Indicadores de (In)sustentabilidad Ecolgica de la economa, referencindolos geogrficamente a niveles no solo de pas sino de regiones ms chicas, con los conflictos socio-ambientales cuyos protagonistas son diversos actores.

6. Lenguajes de valoracin: algunos ejemplos

Desde luego, no hemos ingresado todava en la era "post-materialista". Los conflictos aumentan. La creciente ocupacin de nuevos territorios, el creciente uso exosomtico de materiales y energa, la produccin de residuos, dan lugar a conflictos ecolgico-distributivos. No todos los actores de esos conflictos usan los mismos lenguajes.

Veamos un caso reciente, el del intento de minera de oro a cielo abierto en Tambogrande, Piura, Per (Muradian et al, 2003). Una descripcin detallada del conflicto ocupara un libro entero. Una compaa canadiense, llamada Manhattan, obtuvo permiso para hacer la exploracin inicial. El oro se encuentra situado precisamente debajo del pueblo de Tambogrande (donde hay un pequeo cerro, coronado por una estatua de Jesucristo). Ese lugar es el centro de un valle irrigado que produce limones, mangos y otros productos de exportacin o consumo peruano. La oposicin al proyecto ha usado el lenguaje econmico, apoyndose en una valoracin costo-beneficio realizada por el economista Juan Aste. Tambin ha disputado los argumentos tcnicos de la compaa en cuanto al riesgo de contaminacin del aire, del suelo y del agua por la explotacin minera (que supondra mover mucha tierra, ya que resulta rentable explotar oro cuando hay un gramo por tonelada de tierra, y se empleara cianuro para obtener el metal). Se ha preguntado de dnde la compaa sacara el agua necesaria, si pretende acaso usar agua que debera ir al riego de la agricultura, o si su pretensin de sacar agua del acufero es sostenible. Se ha recordado las grandes variaciones en el clima local cuando hay Nio, y la fragilidad del ecosistema de algarrobos en el bosque seco que rodea el valle irrigado. Adems de argumentos econmicos y tcnico-ambientales, se ha cuestionado el procedimiento de decisin del caso, argumentando que la voluntad local democrticamente expresada debe prevalecer. Por tanto, en junio del 2002 tuvo lugar un referndum o consulta popular, donde el 98 por ciento de la poblacin, con una participacin de un 70 por ciento, vot en contra de la minera. El agro vale ms que la minera: eso resume la voluntad popular local. No se ha apelado en Tambogrande al convenio 169 de la OIT que protege los derechos de comunidades indgenas, ya que se trata de un lugar en la costa peruana de antigua historia pero reciente colonizacin en los ltimos cuarenta aos. Tampoco se ha argumentado que el territorio o el agua sean sagrados.

Veamos otro caso de conflicto minero mencionado antes, en Kashipur, Orissa, en la India, tambin a cargo de una compaa canadiense, ALCAN. Se trata de minera de bauxita en un territorio adivasi (tribal), protegido por tanto por la propia Constitucin de la India (aunque este estado no ha ratificado el convenio 169 de la OIT) y tambin posiblemente por la sentencia Samata vs. Andhra Pradesh de la Corte Suprema de la India de 1997, que dice que las reas tribales no pueden cederse a personas no-tribales. De todas formas, el gobierno local, socio de ALCAN en la empresa de minera UAIL para desarrollar el proyecto de exportacin de aluminio, est dispuesto a ir adelante argumentando en trminos del inters general, del crecimiento de la economa y del empleo. La polica local caus algunas vctimas mortales ya en la poblacin de Maikanch en el 2000, en una manifestacin. Pero otros intentos anteriores de minera fueron frenados, argumentando no solo en trminos de la defensa del territorio e identidad tribales sino tambin porque en el rea haba algunos templos. Al igual que en el caso de Tambogrande, algunos grupos en el Canad y algunas ONG locales e internacionales apoyan las luchas, con diversos argumentos, muy especialmente los derechos humanos y los derechos territoriales indgenas.

En conclusin diremos que en algunos conflictos ambientales puede suceder que el conflicto se exprese en una discrepancia de valoracin dentro de un nico sistema de valoracin (habitualmente el monetario), es decir que se discuta (como puede ocurrir en el actual juicio por los pasivos ambientales y sociales de la Texaco en el Ecuador) si los daos ocurridos y los costos de la reparacin valen 1500 millones o 6000 millones de dlares. En otros conflictos (como Tambogrande y Kashipur) se manifiesta un pluralismo de valores, existe una disputa sobre el propio sistema de valoracin que debe ser empleado. As sucede cuando se comparan en trminos no conmensurables los siguientes valores: la prdida de biodiversidad, la prdida de patrimonio cultural, el dao al sustento humano, la prdida de autonoma o del derecho de autodeterminacin local, las violaciones de otros derechos humanos, las ganancias econmicas de un proyecto minero, una represa, una camaronera. Hay tambin un choque de lenguajes de valoracin cuando la sacralidad del territorio, la justicia ambiental, los derechos territoriales indgenas o la seguridad ambiental son desplegados contra la valoracin monetaria de los riesgos y cargas ambientales.

El poder aparece aqu en dos planos distintos. El primero es la capacidad de imponer una decisin sobre otros, por ejemplo para expropiar o robar recursos, para colocar una fbrica que contamina, para destruir un bosque, para ocupar un espacio para botar residuos. El segundo es el "poder de procedimiento", es decir, la fuerza de imponer un mtodo de decisin del conflicto, un lenguaje que excluya y triunfe sobre otros lenguajes de valoracin. As sucede cuando se impone el anlisis costo-beneficio, o se subordina la decisin nicamente a los resultados de un estudio de impacto ambiental como criterio definitivo. Tambin puede algunas veces ocurrir que el lenguaje que triunfa sea el de declarar un territorio como intangible porque es sagrado o porque (adems) pertenece a una comunidad indgena.

Quin tiene el poder de simplificar la complejidad, descartando algunos lenguajes de valoracin e imponiendo otros? Este es un tema clave de la economa ecolgica y de la ecologa poltica.


Referencias

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