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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 26-01-2017

Respuesta a James Livingston
Sobre la renta bsica universal y el fin del trabajo

Scott Ferguson
Ctxt


Ni los individuos ni el sector privado de la economa han tomado o pueden tomar la responsabilidad del pleno empleo en... la sociedad norteamericana. Esta es responsabilidad de todas las partes de la sociedad y por consiguiente en ltimo trmino del gobierno.

-Bayard Rustin The Anatomy of Frustration (Mayo 1968)


El profesor Livingston y yo compartimos muchos objetivos polticos. Cada uno de nosotros desea revertir la polarizacin de la riqueza, aliviar la pobreza sistmica, y posibilitar diversas formas de florecimiento humano. El profesor y yo discrepamos, sin embargo, en la naturaleza de la realidad econmica contempornea. Como consecuencia de ello, proponemos programas polticos muy diferentes para realizar la clase de sociedad prspera y justa que ambos deseamos.

En su rplica a mi crtica, Livingston afirma orgulloso su compromiso con el Liberalismo y hace una lectura liberal de la poltica econmica como la base de su propuesta alternativa a la catstrofe neoliberal. Al considerar al gobierno como una institucin intrnsecamente autoritaria, l sita a la sociedad civil como un reino de autorrealizacin y autosuficiencia. El problema, tal y como lo formula l, es que mientras la innovacin capitalista ha hecho posible una creciente produccin automatizada, la clase capitalista nos ha robado nuestro poder adquisitivo y mantenido una relacin salarial punitiva. Ello nos ha impedido disfrutar de los frutos de la automatizacin del trabajo. La solucin de Livingston es rechazar una tica protestante del trabajo pasada de moda; gravar los beneficios improductivos de las corporaciones que alimentan los mercados financieros; y distribuir este dinero en forma de una Renta Bsica Universal (RBU). El resultado: Cada miembro de la sociedad civil ser libre de asociarse, trabajar, u holgar como desee.

Al igual que Livingston, la izquierda ha coqueteado durante tiempo con los sueos liberales de que autnomas y autorreguladas asociaciones puedan un da reemplazar las dificultades del gobierno poltico. Despus de la Gran Recesin, estos sueos han vuelto. Se imaginan algoritmos y robots como polticamente neutrales. Buscan una vida de lujo compartido a travs de envos automticos de pagos de subsidios. Esto pinta agradable a primera vista. Sin embargo, dichos sueos son en el mejor de los casos ingenuos y en el peor, polticamente contraproducentes y autodestructivos. Abandonada y maltratada por la gobernanza neoliberal, la izquierda pro-RBU apuesta por el cudate t mismo neoliberal. Vislumbra formas delimitadas de redistribucin monetaria como el nico medio para reparar el orden social. Sobre todo, permite que el antiautoritarismo desve la atencin de la obligacin del aprovisionamiento social.

La articulacin de ese sueo por Livingston es especialmente virulenta. Como tal, hace patente la contradiccin central de la RBU: Demandando un sistema de bienestar sin ataduras, la izquierda busca el separar al gobierno de la provisin social mientras al mismo tiempo depende del gobierno para el apoyo financiero constante. Esta posicin, la cual fracasa en entender la estructura de la participacin social como un todo, deja intranquilizadoras cuestiones polticas sin contestacin: Cmo proveer los recursos humanos y materiales para nuestra crecientemente envejecida poblacin? Cmo podemos reestructurar significativamente la produccin social para enfrentar el cambio climtico? Cmo podemos mantener un lugar para las artes fuera de los programas universitarios de bellas artes y los mercados especulativos del arte?

Dichas cuestiones son indiscutiblemente realistas, no cavilaciones vacas y utpicas. Ninguna cantidad de voluntarismo, buena voluntad o generosos pagos de bienestar pueden enfrentar esas demandas adecuadamente. De hecho solo el gobierno puede permitirse el movilizar las personas y materiales necesarios para responder a tales demandas. Y aunque los algoritmos y los robots son poderosos instrumentos sociales, no podemos confiar en que la automatizacin supere las lgicas vigentes de discriminacin y exclusin. Hacerlo sera olvidar que la injusticia social est condicionada polticamente y que solo el gobierno tiene la capacidad monetaria de transformar la vida econmica por entero.

Esto me lleva a la Teora Monetaria Moderna (TMM). Lejos de ser una oscura tendencia intelectual, la TMM es una prominente escuela de pensamiento econmico heterodoxa que surgi de la economa post-keynesiana y que en los ltimos tiempos ha influido en los programas econmicos de Bernie Sanders, Jeremy Corbin, e Izquierda Unida en Espaa. Para la TMM, el dinero no es una ficha privada que los estados acumulan y de la que luego se desprenden. En su lugar es un instrumento sin lmites que puede servir fcilmente para las necesidades de toda la comunidad. Los acuerdos monetarios internacionales como el tratado de Maastricht de la zona euro, pueden imponer lmites artificiales en el gasto de los estados, pero eso son, segn argumenta la TMM, restricciones polticas. Estas no son econmicamente inevitables y pueden ser eliminadas de manera inmediata. En realidad, cada entidad poltica soberana puede permitirse el cuidar de su gente; la mayora de los gobiernos simplemente eligen no dar a todos y fingen que sus manos estn atadas.

Est claro que el Liberalismo ha debatido la asignacin y distribucin de bienes rivales como explica Livingston. Al hacerlo, sin embargo, ha pasado por alto como la gobernanza econmica condiciona la produccin de dichos bienes en principio. La TMM, por el contrario, hace hincapi en el rol de creacin del dinero para posibilitar la actividad productiva y coloca los poderes de gasto sin lmite del gobierno en el centro de ese proceso.

En lugar de una redistribucin liberal a travs de los impuestos, la TMM propone una poltica de predistribucin. Las polticas redistributivas mitigan la desigualdad de la riqueza mediante una deliberada transferencia de dinero del rico al pobre. Este es sin embargo un gesto falaz y profundamente metafsico, ya que confunde la relacin monetaria como un recurso finito en lugar de aprovechar las capacidades reales de gasto del gobierno. Las polticas predistributivas de la TMM, mientras tanto, insisten en que el gobierno no puede quedarse sin dinero y que el cambio significativo requiere de intervenir directamente en las instituciones y normas que estructuran la actividad econmica. La TMM no implica un tosco determinismo* en el cual el gobierno sin intermediacin ordena la produccin y la distribucin. Por el contrario, dota de significado poltico el gasto del gobierno y al sistema financiero, los cuales financian la supuestamente autnoma sociedad civil que Livingston admira.

Es ms la TMM sostiene que al no ser suficientemente productiva la RBU es un medio pasivo y en ltima instancia inflacionario de remediar nuestros problemas sociales y medioambientales. Por consiguiente recomienda un compromiso proactivo y con contenido poltico por el pleno empleo a travs de un Trabajo Garantizado voluntario. Dicho sistema, financiado federalmente aunque puesto en marcha por gobiernos locales y entidades del sector no lucrativo, financiara los proyectos comunitarios y ecolgicos que el sector privado rehsa proporcionar. Este estabilizara los precios al mantener el poder de compra agregado y la actividad productiva durante las recesiones. Lo que es ms, al eliminar el desempleo involuntario forzado, erradicara la pobreza sistmica, incrementando el poder de negociacin del factor trabajo, y mejorara las condiciones laborales de todos. De este modo el Trabajo Garantizado funcionara como un tipo de universalismo focalizado: al mejorar las vidas de grupos particulares dicho programa transformara la totalidad de la vida econmica de abajo a arriba.

A diferencia del Trabajo Garantizado, la RBU no conlleva ninguna obligacin de crear o mantener las infraestructuras pblicas. Renuncia de los proyectos intensivos en capital a favor del sector privado. Deposita su esperanza en que frugales aumentos del poder de compra resolvern las crisis sistmicas asociadas al desempleo y al subempleo.

Por consiguiente abandonemos la histeria sobre el fin del trabajo de la RBU y enfrentemos directamente el problema del aprovisionamiento social. No hay escape de nuestra realidad descompuesta. Haremos mejor en tomar el poder de las estructuras de poder actuales y transformar nuestra participacin colectiva, en lugar de reducir la poltica a caricaturescos enfrentamientos entre la libertad y la tirana, el gozar del tiempo libre y el trabajo duro. La tecnologa es maravillosa. Sin embargo no reemplaza a la gobernanza. Y mientras la sociedad civil puede ser un lugar de creatividad y lucha, tiene limitadas sus capacidades de gasto y siempre necesitar de apoyo externo.

Es esencial, por lo tanto, construir un sistema de bienestar adecuado. Sobre este asunto Livingston y yo estamos de acuerdo. Pero el repliegue de Livingston de la gobernanza me parece tanto infantil como en su propio detrimento. Tal forma de pensar distrae a la izquierda de avanzar en un programa poltico eficaz y de construir el sector pblico robusto que necesitamos.

* NT La diferencia estriba en que la TMM solo determina el precio del trabajo anclando el valor del dinero a este, en lugar de fijar todos los precios.

Leer tambin:

A la mierda el trabajo? Scott Ferguson

Fuente: http://ctxt.es/es/20170118/Politica/10714/Trabajo-renta-basica-robots-empleo-ocio-estado-Scott-Ferguson.htm

Traduccin Jorge Amar Benet (economista, APEEP)



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