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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 27-01-2017

Debate "A la mierda el trabajo"
Ferguson vs. Livingston, IV asalto

Scott Ferguson
CTXT

La izquierda pro renta bsica apuesta por el "cudate t mismo" neoliberal. Conviene abandonar la histeria sobre el "fin del trabajo" y afrontar directamente el problema del Estado de bienestar


La fbrica de Richard Hartmann en Chemnitz (Alemania) en 1868.

Ni los individuos ni el sector privado de la economa han tomado o pueden tomar la responsabilidad del pleno empleo en... la sociedad norteamericana. Esta es responsabilidad de todas las partes de la sociedad y por consiguiente en ltimo trmino del gobierno. (Bayard Rustin. The Anatomy of Frustration (Mayo 1968 )

El profesor Livingston y yo compartimos muchos objetivos polticos. Los dos deseamos revertir la polarizacin de la riqueza, aliviar la pobreza sistmica, y posibilitar diversas formas de florecimiento humano. El profesor y yo discrepamos, sin embargo, en la naturaleza de la realidad econmica contempornea. Como consecuencia de ello, proponemos programas polticos muy diferentes para conseguir el tipo de sociedad prspera y justa que ambos deseamos.

En su rplica a mi crtica, Livingston reafirma orgulloso su compromiso con el Liberalismo y convierte su aproximacin liberal a la poltica econmica en la base de su propuesta alternativa a la catstrofe neoliberal. Al considerar al gobierno una institucin intrnsecamente autoritaria, sita a la sociedad civil como un reino de autorrealizacin y autosuficiencia. El problema, tal y como lo formula, es que mientras la innovacin capitalista ha hecho posible una creciente produccin automatizada, la clase capitalista nos ha robado nuestro poder adquisitivo y ha fomentado una relacin salarial punitiva. Eso nos ha impedido disfrutar de los frutos de la automatizacin del trabajo. La solucin de Livingston es rechazar una tica protestante del trabajo pasada de moda; gravar los beneficios improductivos de las corporaciones que alimentan los mercados financieros y distribuir este dinero en forma de Renta Bsica Universal (RBU). El resultado es que cada miembro de la sociedad civil ser libre de asociarse, trabajar u holgar como desee.

Al igual que Livingston, la izquierda ha coqueteado durante tiempo con los sueos liberales de que asociaciones autnomas y autorreguladas puedan un da resolver las dificultades del gobierno poltico. Despus de la Gran Recesin, estos sueos han vuelto. Imaginan algoritmos y robots polticamente neutrales. Buscan una vida de lujo compartido mediante el reparto automtico de subsidios. Esto, a primera vista, pinta bien. Sin embargo, esos sueos son, en el mejor de los casos, ingenuos y, en el peor, polticamente contraproducentes y autodestructivos. Abandonada y maltratada por la gobernanza neoliberal, la izquierda pro-RBU apuesta por el cudate t mismo neoliberal. Vislumbra formas delimitadas de redistribucin monetaria como el nico medio para reparar el orden social. Sobre todo, permite que el antiautoritarismo desve la atencin de la obligacin de las prestaciones sociales.

La articulacin de Livingston de este sueo es especialmente virulenta. Hace patente la contradiccin central de la RBU: al pedir un sistema de bienestar sin ataduras, la izquierda busca liberar al gobierno de las prestaciones sociales mientras al mismo tiempo depende del gobierno para el apoyo financiero constante. Esta posicin, que no logra entender la estructura de la participacin social como un todo, deja intranquilizadoras cuestiones polticas sin respuesta: cmo proveer los recursos humanos y materiales para nuestra crecientemente envejecida poblacin? Cmo podemos reestructurar significativamente la produccin social para hacer frente al cambio climtico? Cmo podemos reservar un lugar para la cultura fuera de los programas universitarios y de los mercados especulativos del arte?

Dichas cuestiones son indiscutiblemente realistas, no cavilaciones vacas y utpicas. Ni el voluntarismo, ni la buena voluntad, ni los generosos beneficios del bienestar social pueden hacer frente a esas demandas de forma adecuada. De hecho, solo el gobierno puede permitirse movilizar a las personas y los recursos necesarios para responder a ellas. Y aunque los algoritmos y los robots son poderosos instrumentos sociales, no podemos confiar en que la automatizacin supere las lgicas vigentes de discriminacin y exclusin. Hacerlo sera olvidar que la injusticia social est condicionada polticamente y que solo el gobierno tiene la capacidad monetaria de transformar la vida econmica por entero.

Esto me lleva a la Teora Monetaria Moderna(TMM). Lejos de ser una oscura tendencia intelectual, la TMM es una prominente escuela de pensamiento econmico heterodoxa que surgi de la economa poskeynesiana y que en los ltimos tiempos ha influido en los programas econmicos de Bernie Sanders, Jeremy Corbin e Izquierda Unidaen Espaa. Para la TMM, el dinero no es una ficha privada que los Estados acumulan y de la que luego se desprenden, sino un instrumento sin lmites que puede servir fcilmente para las necesidades de toda la comunidad. Los acuerdos monetarios internacionales, como el Tratado de Maastricht de la zona euro, pueden imponer lmites artificiales en el gasto de los Estados, pero eso son, segn argumenta la TMM, restricciones polticas. Estas no son econmicamente inevitables y pueden ser eliminadas de manera inmediata. En realidad, cada entidad poltica soberana puede permitirse cuidar de su gente; la mayora de los gobiernos simplemente eligen no dar a todos y fingen que sus manos estn atadas.

Est claro que el Liberalismo ha debatido la asignacin y distribucin de bienes rivales, como explica Livingston. Al hacerlo, sin embargo, ha pasado por alto cmo la gobernanza econmica condiciona en principio la produccin de dichos bienes. La TMM, por el contrario, hace hincapi en el rol de creacin del dinero para posibilitar la actividad productiva y coloca los poderes de gasto sin lmite del gobierno en el centro de ese proceso.

En lugar de una redistribucin liberal a travs de los impuestos, la TMM propone una poltica de predistribucin. Las polticas redistributivas mitigan la desigualdad de la riqueza mediante una deliberada transferencia de dinero del rico al pobre. Este es, sin embargo, un gesto falaz y profundamente metafsico, ya que confunde la relacin monetaria con un recurso finito en lugar de aprovechar las capacidades reales de gasto del gobierno. Mientras tanto, las polticas predistributivas de la TMM insisten en que el gobierno no puede quedarse sin dinero y en que el cambio significativo requiere intervenir directamente en las instituciones y normas que estructuran la actividad econmica. La TMM no implica un tosco determinismo [1] en el cual el gobierno sin intermediacin ordena la produccin y la distribucin. Por el contrario, dota de significado poltico el gasto del gobierno y al sistema financiero, los cuales financian la supuestamente autnoma sociedad civil que Livingston admira.

Es ms, la TMM sostiene que al no ser suficientemente productiva, la RBU es un medio pasivo y, en ltima instancia, inflacionista de remediar nuestros problemas sociales y medioambientales. Por consiguiente, recomienda un compromiso proactivo y con contenido poltico por el pleno empleo a travs de un trabajo garantizado voluntario. Dicho sistema, financiado federalmente, aunque puesto en marcha por gobiernos locales y entidades del sector no lucrativo, financiara los proyectos comunitarios y ecolgicos que el sector privado rehsa proporcionar. Este estabilizara los precios al mantener el poder de compra agregado y la actividad productiva durante las recesiones. Y es ms, al eliminar el desempleo involuntario forzado, erradicara la pobreza sistmica, incrementando el poder de negociacin del factor trabajo, y mejorara las condiciones laborales de todos. De este modo el trabajo garantizado funcionara como un tipo de universalismo focalizado: al mejorar las vidas de grupos particulares, dicho programa transformara la totalidad de la vida econmica de abajo a arriba.

A diferencia del trabajo garantizado, la RBU no conlleva ninguna obligacin de crear o mantener las infraestructuras pblicas. Renuncia a los proyectos intensivos en capital a favor del sector privado. Deposita su esperanza en que frugales aumentos del poder de compra resolvern las crisis sistmicas asociadas al desempleo y al subempleo.

Por consiguiente, abandonemos la histeria sobre el fin del trabajo de la RBU y enfrentemos directamente el problema del suministro de servicios sociales. No hay salida de nuestra maltrecha realidad. Haremos mejor en tomar el poder de las estructuras de poder actuales y transformar nuestra participacin colectiva, en lugar de reducir la poltica a caricaturescos enfrentamientos entre la libertad y la tirana, el gozar del tiempo libre y el trabajo duro. La tecnologa es maravillosa. Sin embargo, no reemplaza a la gobernanza. Y mientras la sociedad civil puede ser un lugar de creatividad y lucha, tiene limitadas sus capacidades de gasto y siempre necesitar de apoyo externo.

Es esencial, por lo tanto, construir un sistema de bienestar adecuado. Sobre este asunto Livingston y yo estamos de acuerdo. Pero la retractacin de Livingston de la gobernanza me parece un tanto infantil. Tal forma de pensar distrae a la izquierda de avanzar hacia un programa poltico eficaz y de construir un necesario y robusto sector pblico.

[1] La diferencia estriba en que la TMM solo determina el precio del trabajo anclando el valor del dinero a este, en lugar de fijar todos los precios.

Traduccin Jorge Amar Benet (economista y miembro de la Asociacin por el Pleno Empleo y la Estabilidad de Precios, APEEP).

La versin original en ingls de este artculo fue publicada por la revista Arcade.

Fuente: http://ctxt.es/es/20170118/Politica/10714/Trabajo-renta-basica-robots-empleo-ocio-estado-Scott-Ferguson.htm



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