Portada :: Venezuela
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 30-01-2017

Criterios de anlisis 1
La formacin del Estado Mafioso, la Repblica Bachaquera; Estado o Territorio

Roland Denis
Aporrea


Comenzamos esta serie de tres artculos: "El Estado mafioso El territorio roto La estrategia de liberacin en otra poltica de esta tierra de nadie", en funcin de dar un aporte a la reconstruccin del pensamiento y movimiento de emancipacin poltica en nuestro pas.

La rueda del saqueo: el delito de producir

Estamos viviendo una crisis inslita, terminal e insolente del mismo modelo de saqueo que no ha cambiado en dcadas, suspendida en sntesis en la apropiacin y fuga del capital rentario por parte del capital nacional (de vieja y nueva data, capitales de oficinas burocrticas o verdaderas y falsas empresas) como transnacional: perfecta operacin que comienza con la entrada pblica de divisas, producto fundamentalmente de la venta de petrleo y derivados y la fuga ya privatizada de la misma, en una operacin de no menos del 50% de la misma que los economistas digan, a su feliz exilio privatizado.

Una fuga hasta el "ms nunca vuelvo" ya que se trata de una salida de capital que en los ltimos 35 aos desde el "viernes negro" de Luis Herrera suma no menos de 500 mil millones de dlares, a la altura de todos los acumulados en reservas de los pases de la OPEP. La fuga y regreso de capital es un movimiento natural al capitalismo globalizado, que hasta podra ser beneficiosa siempre y cuando genere una espiral de salida y entrada en una rueda en movimiento acumulativa de capital que siempre termina hacia adentro del lugar donde naci. Crculo que no finiquita en absoluto la tragedia capitalista de la apropiacin de unos pocos del trabajo que es de todos, pero al menos garantiza un punto vital para toda sociedad, la cual es el desarrollo de su inteligencia colectiva y de su medios de produccin. En nuestro caso se trata de un robo sistemtico y empobrecedor sin parangn mundial.

En el Estado Mgico que describi Fernando Coronil en su obra, la montaa condensada de riqueza se conduce exclusivamente hacia afuera sin que regrese hacia el punto de partida, ni tecnologas, ni ganancias, ni nuevas inversiones productivas que no sean las mismas bolsas inmobiliarias hoy paralizadas o zonas exclusivas de una economa de lujo hotelero y culinario, centros comerciales, etc. Solo en la adquisicin y pago de deudas por hablar de los tantos mecanismos de fuga, terminan siendo capitales que entraron para solventar las necesidades improductivas del Estado e inversionistas parasitarios, crditos que se convirtieron en un robo en fuga muchas veces acordados con los mismos agentes de Estado que los otorgaron. Ni hablar de las distintas gestiones de divisas por parte del Estado hasta el desastroso modelo del control de cambio de los ltimos 15 aos que se convirtieron en aparatos del saqueo y la destruccin de la industria propia.

Por eso se trata de un modelo configurado como esquema histrico de dominio y que en los ltimos aos lleg tan lejos que produjo dos fenmenos terminales: el desfalco completo de los recursos pblicos y la sobrexplotacin de la fuerza de trabajo va hiperinflacin inducida (una fuerza de trabajo que hoy en da prcticamente se regala) que ya antes de la bajada abrupta de los precios petroleros, ha venido creando las condiciones subjetivas (bsicamente la descomposicin del campo de resistencia popular y las despolitizacin e instrumentalizacin del movimiento popular) para poner a veinte millones de trabajadores a financiarles a estos saqueadores privados su gula acumulativa y al propio aparato de Estado sus requerimientos para fondos presupuestarios (como dir Enzo Del Bfalo: "el pueblo financiando a PDVSA").

Nos referimos al pago de deuda, crditos y financiamientos deliciosos para sus crculos de amigos empresarios, nuevos mecanismos de saqueo y manutencin del aparato de Estado para contener, envenenar de carbohidratos, mantener el clientelismo de una inversin pblica dirigida a servicios como agua, luz, vivienda, gasolina, alimentacin, educacin, salud, misiones sociales que se desmoronan plagados de toda forma de corrupcin, ineficiencia, desidia, impunidad. Inversin "socialista" que termina siendo un nicho para la formacin de nuevos burgueses sin escrpulos de ningn tipo, nada que ver con la justicia social que la justificara. Y no dejemos de lado la confusin simblica y poltica de la poblacin por medio de la mentira institucionalizada, la prohibicin de informacin y la movilizacin "popular" forzada donde se invierten millardos, la administracin central de la mitologa heroica nacional.

Es la poblacin pagando con su trabajo su propio infierno: una rueda capitalista de explotacin realmente perversa y destructiva, que hace de nuestra nacin un sentimiento abstracto sin piso material y una espiritualidad pateada. Pone a toda la clase trabajadora, al contrario del supuesto "populismo" que impera bajo el supuesto ideolgico que "aqu nadie trabaja y todos vivimos de las ddivas del Estado", cosa que es una gigantesca mentira, a financiar con su labor a todo el aparato estatal y capitalista de saqueo. El margen de plusvala explotada para sostener la rueda interminable que termina en manos de este modelo sangrante, si incluimos en un solo clculo perfectamente posible de hacer, a toda la clase trabajadora desde el trabajador petrolero hasta el trabajo nmada de la calle, a estas alturas de sueldos de 40 dlares mensuales, podra ser de las ms altas del mundo, a nivel de las regiones ms pobres de la India.

El mismo aparato de Estado en todas sus modalidades: jurdico, legal, represivo, administrativo, militar, empresarial, financiero, modelos de desarrollo y asistencia social, mecanismos clsicos de corrupcin y filtraje de los sujetos econmicos con derecho discrecional concedido por estas cpulas polticas al acceso directo a esta renta, est dispuesto para garantizar la reproduccin eterna de este esquema de saqueo; el chavismo termin fortaleciendo estos modelajes especficos dentro de todas las ramas de la mquina de Estado y la sociedad civil; solo vean lo que ha pasado con el movimiento sindical cuyos jefes principales suelen ser ms antiobreros que los propios patrones. Mecanismos tan descarados e impunes que han producido una psicosis acumulativa rentista en los ltimos tiempos al punto de declarar prcticamente un delito la pretensin de hacer efectiva cualquier voluntad creadora y disponer de todo un aparato burocrtico y represivo en la calle y carreteras dispuesto a ejecutar a como d lugar este impedimento.

Es un delito generar nuevos espacios creadores, producir, compartir y distribuir libremente; y ello puede ser un crimen declarado ya que afecta a los grandes capitales monoplicos parsitos, terratenientes, importadores, al narcotrfico, mafias militares y civiles de Estado metidas de lleno en el negocio, y a todo el modelo de dominio que viven del mundo vaco e improductivo que han dejado, pero cuyas verdaderas vctimas son particularmente los entes colectivos organizados y redes de pequeos y medianos propietarios. Obviamente esto ha generado el piso para la proliferacin de todas las formas de delincuencia y bandas asesinas fuera y dentro del Estado realmente brbaro.

El delito de crear y producir se nos muestra como una tesis central ya que en la medida en que se profundiza una aparente crisis poltica y sus derivados econmicos y sociales (aparente porque en el fondo sigue dominando perfectamente bien despus de contener por completo el vaporn revolucionario) el aparato de Estado no solo se hace ms represivo, impune, autoritario, censurador, como en efecto sus opositores lo pintan, en funcin de contener la revuelta social, sino que desarrolla una multiplicidad de mecanismos de control social paralelos a cualquier forma de contencin productiva y distributiva liderizados por el estmulo autogestionario sobreviviente y las redes de integracin de flujos de produccin distribucin de orden obrero-comunal como de la pequea propiedad. Ya hasta se inventan tarjeta de identidad "de la patria" para acrecentar el control social partidario; una humillacin a la poblacin ms pobre que se hace ilusin con ella de una riqueza ya no est ni es su tierra; efectivamente nos dejaron la corroa final de un basurero ideologizado.

 

 

 

El hambre y el caos social como polticas de dominio

Es un stalinismo meramente destructivo que hasta dentro de la propia propiedad y fuerza empresarial estatal termina jugando el mismo papel de desbaratamiento y contencin. Por ello la consecuencia final de todo esto: la violencia socializada, el deterioro vertiginoso de la calidad de vida, particularmente en alimentacin y salud, la destruccin del aparato productivo, no son solo consecuencias mecnicas finales del acto destructivo, se trata de polticas y estrategias contentivas para la contrarrevolucin necesaria; el hambre y la desintegracin comunitaria es una poltica y no una consecuencia indeseada. Puntos de partida estratgicos para destrozar lo que en algn momento llamamos poder popular, y ms precisamente los segmentos autogobernantes mas luchadores y creadores; donde tiene el poder la repetida tesis del Toto: "en mi hambre mando yo". El hambre, el desespero por la obtencin de productos y recursos mnimos de dinero, quiebra el espritu de solidaridad, disuelve comunidad. Por ello no es solo la indolencia y la inmoralidad lo que se evidencia sino la victoria paulatina de un esquema de poder absolutamente mafioso y contrarrevolucionario, cuyas primeras semillas se generaron hace casi un siglo; mafia en el sentido del grupo de fuerza dominante y violento que contando con sus estrategias y chantajes provoca obligatoriamente la colaboracin del entorno y rompe toda cadena productiva y colaborativa de beneficio comn y no restringido a ella. Acaba con el "Estado de Derecho" para imponer su ley facciosa; la "banda" de dominio externo sustituye al burgus que domina internamente el orden de derecho.

El chavismo en su vertiente gubernamental y su amplio espectro de partidos y personalidades, de arriba abajo del aparato de Estado, no ha supuesto en definitiva otra cosa que la emergencia del sujeto poltico de sujecin poblacional para que este viejo mecanismo de explotacin y saqueo tanto de la riqueza pblica y del producto de la clase trabajadora en los ltimos aos se convierta ya no simplemente en una demagogia paralela a falsas ilusiones, democrticas, desarrollistas, consumistas y populistas, que garantizaron la desigualdad y el dominio de clase en todo el siglo XX veinte prcticamente, sino algo realmente mafioso y destructivo pero con una enorme capacidad de control de masas: es su parafernalia "revolucionaria". Algo inslito dentro de un contexto que se quiso a s mismo revolucionario ya que es absolutamente mnimo lo que se salva en lo que respecta a gobierno de esta rueda conscientemente destructiva; toda una historia de 18 aos apasionadamente luchada por miles de mujeres y hombres se ha convertido en el basurero final de los sueos socialistas.

Por su parte la oposicin ligada a las fantasas televisivas expuestas por el viejo contrato oligrquico, desde el 2004, ha sido en definitiva la pieza bullona que ha contenido el bulto desde el discurso de derecha. Es impresionante como aqu izquierda y derecha orgnicas al poder constituido, discursivamente se matan pero en lo que respecta a las estructuras y dinmicas internas del modelo en s coinciden perfectamente a la hora de aclarar sus objetivos ms all de conservar o quitarle el poder al otro, utilizando la movilizacin y declarativa "democratista, constitucional, liberal, ciudadana" por un lado pero absolutamente impotente, y el autoritarismo a travs del manejo descarado de los poderes pblicos y la argucia legal y constitucional por el otro.

Esta fusin es ya un fenmeno de musiquita mundial donde se borran las diferencias izquierda-derecha globalmente, pero en Venezuela ese mismo fenmeno que se produce en medio de un chantaje permanente hasta de guerra civil, insurgencia golpista, represin total, y cualquier cantidad de mensajes de choque y violencia, sirve para acoplar perfectamente dos enemigos a muerte. Es el orden constituido totalmente decadente institucionalmente, pero brillante a la hora de ordenar hasta todo su potencial de guerra civil interna. Por ello en proporciones cada vez ms gigantescas opositores y chavistas del abajo popular ya dejan de odiarse tanto entre s pasando su indignacin total hacia sus propios autodeclarados dirigentes. Solo esto el odio hacia los de arriba del mismo bando y no solo a los de la acera del frente dentro del folklore poltico nacional es la cualidad realmente nueva de los tiempos de Nicols Maduro.

Del Estado liberal-oligrquico al estado mafioso; el debate estratgico

Sintetizamos de esta manera la tragedia del capitalismo rentista venezolano en las ltimas dos dcadas, de manera que sirva primero de marco de anlisis: la evidencia en los mltiples aspectos tratados que podramos sintetizar en la conversin de un modelo histrico de saqueo conducidos por el Estado y los sujetos polticos que intervienen en l pasa de ser una "repblica corporativa-burocrtica" en tiempo de Chvez, como intent en muchas ocasiones caracterizar, a un verdadero orden mafioso de dominio, hoy en pleno proceso de consolidacin. Hecho por lo cual grandes pequeos pases de nuestramrica han pasado o pasan (Colombia, Mxico, Guatemala, Honduras), pero que en Venezuela adquiere, si se quiere, una de sus formas mas puras: donde solo hay una gran mafia junto a sus sujetos perifricos incluidos muchos de sus opositores, los que toman el gobierno de Estado en todas sus dimensiones. Vean solo por tomar pequeos ejemplos como ellos mismos ya estan legtimando la "Repblica Bachaquera de Venezuela", poniendo tiendas y locales de venta pblica a precios de la peor especulacin, como son las PAC y tienditas regadas de lo pblico privatizado (negocios de ministros, generales y gobernadores utilizando la venta por locales pblicos) por todo el territorio, o todo el esquema que ahora plantean para las casas de cambio exclusivas para la frontera donde al fin!, logran legalizar el dlar negro de Ccuta y su amada en grito de odio, la web "DOLARTODAY".

Pero a su vez, las caractersticas y acontecimientos, las conquistas logradas y terribles errores cometidos, dentro del propio ciclo histrico que nos ha llevado a esto y que comienza con el 27 de febrero del 89, nos obliga a una discusin en mi consideracin definitiva: si lo que entra de riqueza rentaria dentro de este modelo de dominio se lo lleva no precisamente el viento sino cualquier sujeto que se apodere de ella (del ms neoliberal hasta el ms socialista como hemos vivido en carne y hueso) por mecanismos de gobierno, por un lado efectivamente esta riqueza que ya la llamaron el "excremento del diablo" no nos pertenece, sino que el problema es preguntarnos bajo una enorme paradoja, es que tiene sentido seguir perdiendo vidas y ciclos histricos de lucha por pelear el control de ella (a eso se reduce en definitiva la lucha poltica institucional en Venezuela)? Cuestin y pregunta paradjica que nos lleva a algo mucho ms interesante y que nunca vimos, desde las viejas generaciones de la izquierda que hablaron de liberacin nacional hasta la izquierda del "poder popular de hoy". Y es que mientras todo el poder capitalista dominante fuera y dentro del estado se dedica a "fugarse", a hacerse aqu y triplicarse fuera, moldear todo un orden para ello, legitimarlo, gritarlo, crear sus aparentes enemigos en rdenes bipolares, generar casi que una cultura y un imaginario social que vive atrapado en su seno, han logrado como lo hemos sufrido desmontar revoluciones al interno de ellas, entonces hay algo que sobre lo cual no tienen verdadero dominio al menos en el sentido moderno, cuntico y multidensional en que se ejerce el mismo desde los tiempos posindustriales: se trata de un gran dspota que en realidad no domina realmente su mismo territorio y en el fondo ni le interesa, est en permanente fuga y desterritorializacin, acto que explica que ese modelo haya podido llegar a la perversidad de convertirse en un orden mafioso como pocos.

Por tanto despus de dcadas perdidas podemos decir que las derrotas nos dejan bien claro que cualquier estrategia revolucionaria pasa por pensar, fabricar, y activar una estrategia organizada para apoderarnos y liberar por primera vez esta "tierra de nadie": eso nada tiene que ver con apropiacin estatista por parte de "cpulas liberadoras" de rentas, petrleo, riquezas energticas y mineras, aunque lo implique su subsuelo, y de hecho cambia por completo nuestra visin de mundo y poltica. Si no hemos liberado ese territorio mucho menos lo podremos hacer tomado por encima sus productos codiciados; all todos nos convertimos en un Diosdado ms. Cabello, como todas y todos lo personajes famosos de ese Estado Mafioso, es el producto natural aunque extremo del mismo modelo que nos ha pisoteado por dcadas.

Pasamos entonces al punto 2 de esta serie reflexiva, precisando las dinmicas internas de despotismo territorial, o la formacin del "territorio roto" sobre una tierra y su poblacin que vienen producindose.

Fuente: http://www.aporrea.org/actualidad/a240715.html



Envía esta noticia
Compartir esta noticia: delicious  digg  meneame twitter