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(Argumentos para la lucha)
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 30-01-2017

Argumentos para un sindicato de habitantes en Sevilla

Ibn Daz Parra
Rebelin


El presente texto se centra en el caso de Sevilla. Sin embargo, muchas de las cuestiones que aqu se tratan y la propuesta en s son extensibles a un abanico ms amplio de realidades.

Cerrar luchas para abrir otras nueves

En los ltimos 15 aos ha existido con cierta constancia un activismo por la vivienda digna en Sevilla, con sus picos y con sus periodos de menor actividad. El ltimo de los periodos lgidos se produjo, aproximadamente, entre 2011 y 2014, siendo especialmente intenso y fructfero, al mismo tiempo que frustrante para muchos de los que se vieron implicados en el mismo. Pasados ya algunos aos y habindose realizado varias evaluaciones internas, es momento de cerrar heridas y plantear desde el conocimiento del pasado lo que perseguimos para el futuro de la lucha por la vivienda.

Aunque sin duda esta cuestin requiere un anlisis mucho ms amplio, hay algunos elementos fundamentales de este ciclo que ya se cerro que deben tenerse en cuenta y que condicionan por completo la accin futura en el mbito de la lucha por la vivienda digna. En primer lugar, es necesario poner en valor las luchas desarrolladas en el ciclo de movilizacin pasado, que en muchos aspectos result excepcional. En segundo lugar, habra que aventurar las causas de algunos de sus errores y limitaciones ms evidentes.

Respecto de las aportaciones del anterior ciclo de movilizacin. Primero, el movimiento por la vivienda y las acciones puntuales promovidas por los activistas, alcanzaron una relevancia y un impacto social en Sevilla que no haban tenido en las dcadas anteriores. No resulta disparatado sealar que la accin, an hoy, de agentes sociales tan relevantes como el gobierno local de Sevilla, las entidades financieras o los cuerpos de seguridad del Estado frente a la cuestin de los desahucios y la ocupacin de viviendas est condicionada en mayor o menor medida por las acciones que se llevaron a cabo desde los movimientos en los aos previos. La facilidad con la que se paralizan desahucios, la apertura de asesoras sobre vivienda en la administracin local de Sevilla o la propia legitimacin de la ocupacin entre las vctimas de la crisis son en alguna medida rentas de las anteriores luchas, lo cual no quiere decir que sean logros permanentes. Segundo, en el caso de Sevilla el movimiento mostr una gran capacidad de innovacin poltica. A pesar del carcter estatal de las problemticas y de campaas como stop-desahucios, las luchas en Sevilla tomaron una forma particular. Las dos principales innovaciones seran los Puntos de Informacin sobre Vivienda y Encuentro (PIVES) y las Corralas (ocupaciones colectivas), que implican al menos bosquejos de una metodologa de trabajo, un voluntad de crear instituciones propias y una produccin simblica y de identidad que demostr cierta efectividad. Adems, PIVES y Corralas reflejan la capacidad de aprendizaje y de transmitir conocimientos dentro del propio movimiento, teniendo en cuenta que la experiencia locales de ciclos de movilizacin previos fueron determinantes para el surgimiento de estas frmulas. Tercero, el movimiento aglutin a una cantidad importante de gente de orgenes sociales y niveles de formacin poltica realmente diversos. Es especialmente relevante el hecho de que el espacio no fuese, al menos durante su apogeo, un espacio poltico elitista, de activista muy formados y de clases medias progresistas. Al contrario, las Corralas estuvieron protagonizadas por clases populares, no politizadas previamente y con problemticas sociales urgentes derivadas o agravadas por la coyuntura de crisis. Aunque la eterna divisin entre activistas y afectados siguiera reproducindose como en experiencias anteriores, y siga en la actualidad, el carcter popular de la lucha la diferenci en gran medida de otras experiencias previas (como las protestas por una Vivienda Digna de 2006).

Respecto de los problemas ms evidentes. Primero, sealara la falta de planificacin y estrategia. No tener uno objetivos claros comunes y una forma de llevarlos a cabo hizo que los resultados de las acciones de ocupacin fueran poco satisfactorios en algunos casos y desastrosos en otros. Al no haber una estrategia comn, en las Corralas diversos subgrupos tiraron en diferentes direcciones hasta que el mueco se rompi. Al no existir objetivos claros y algn tipo de orientacin, los espacios organizativos del movimiento han dado tumbos y han llevado a dinmicas internas frustrantes. Segundo, la falta de organizacin priv de una identidad colectiva clara ms all de la insignia de las Corralas, que por su propia naturaleza son acciones puntuales, localizadas y protagonizadas por grupos reducidos de personas, lo que impidi capitalizar polticamente los logros del movimiento (como si ha hecho la PAH). La falta de organizacin, o incluso el rechazo ideolgico a organizarse, hizo que los mltiples espacios organizativos y de participacin que se crearon (en algn momento demasiados) actuaran sin coordinacin y a menudo ni si quiera con empata, desatando constantes sospechas y vacilaciones sobre en qu lugares se deban tomar qu decisiones. Tercero, la accin de organizaciones polticas consolidadas en algunos espacios del movimiento, poco respetuosa con los ritmos y las decisiones del propio colectivo, contribuy al fraccionamiento del movimiento. La falta de organizacin y estrategia en el movimiento facilit estas intervenciones que en algunos casos rayaron la manipulacin. Si alguien todava defiende que la ausencia de una estructura organizativa permite una mayor democracia y horizontalidad de la lucha, es que no ha prestado suficiente atencin a lo que ha ocurrido en los ltimos cinco aos.

La lucha por la vivienda hoy

Tras todo lo ocurrido en qu punto nos encontramos hoy respecto de la cuestin de la lucha por la vivienda digna? Por un lado, el problema de la vivienda en Sevilla debera haber ido creciendo. Cada ao que pasa con tasas de paro por encima del 20% la situacin de las familias se deteriora. Los indices de pobreza y vulnerabilidad no han parado de crecer. 2016 fue el ao con mayores ejecuciones hipotecarias en la ciudad desde que comenz la crisis. No obstante, los desalojos no se ejecutan si hay un mnimo de gestin y movilizacin. Los bancos han estado ofreciendo soluciones y, in extremis, tambin la oficina local de vivienda del Ayuntamiento. La ocupacin colectiva polticamente revindicada se ha abandonado, pero hay ms gente ocupando a nivel individual que nunca. Cada vez son ms las personas que acuden a los PIVEs que estn ocupando o que alquilan sin expectativas de poder pagar. Aunque en determinados momentos se ha reducido la asistencia a los PIVEs, en el ltimo cuatrimestre este tipo de instituciones han recibido una creciente cantidad de casos, colapsando en ocasiones. El problema de la vivienda parece haber mutado, pero lo ms relevante es que, aunque no se estn ejecutando los desalojos tampoco se estn solucionando los problemas, solo se estn desplazando hacia el futuro. Pareciese que el principal resultado de las luchas ha sido desplazar la problemtica de la vivienda a un lugar donde a los bancos y a la administracin les resulta ms cmodo mientras pasa el temporal (si pasa). Esta es una idea que debe guiar nuestras acciones en el futuro. Los principales problemas que se nos plantean en el horizonte inmediato son:

-Familias que ocupan viviendas de manera irregular y que por ello se encuentran en una situacin extremadamente irregular.

-Familias en alquileres econmicos de los bancos, sometidos a una inseguridad notable en un plazo medio.

-Familias en condiciones de precariedad habitacional en relacin al acceso al suministro de luz y/o agua.

-La reaparicin del inquilino pobre como una figura creciente del panorama local, a pesar de que la proporcin de alquileres siga siendo escasa en la ciudad.

-Problemas de hacinamiento por la existencia de varias generaciones viviendo en la misma vivienda.

Por otro lado, el movimiento por la vivienda en Sevilla se encuentra en una situacin que es fruto de la evolucin natural de los problemas antes sealados. Nos encontramos con un activismo desinflado y desencantado en muchos casos, repartido en mltiples pequeos grupos, escasamente coordinados e incluso poco proclives a coordinarse entre s. Grupos muy especializados territorialmente o en aspectos concretos de la lucha por la vivienda, PIVEs que funcionan de forma autnoma y sin vinculacin orgnica a un movimiento definido y organizaciones fraccionadas por rivalidades internas. La mayora de estos grupos se encuentran poco organizados, sin objetivos a medio plazo y metodologas claras y fundamentalmente reactivos a los problemas inmediatos que van trayendo los afectados. Ms all de esto, una coordinacin entre los distintos grupos, al estilo de las que se han realizado con anterioridad, parece poco viable tras los intentos que se han dado. Adems, es poco probable que los resultados fuesen espectaculares.

No obstante, existen redes informales, conocimiento acumulado y pequeas instituciones del movimiento que cuentan con un potencial mucho ms all del alcance que tienen actualmente. Cualquier intento de potenciar el movimiento en Sevilla debera pasar por crear algo que vaya ms all de la suma de las pequeas partes y piezas antes descritas. Las frmulas vagas, tipo paraguas de grupos atomizados y activistas independientes, que se han adoptado en otros momentos (coordinadoras, plataformas) ya han mostrado su utilidad y sus limitaciones. Sera el momento de apostar por una estructura ms formal que consiguiera superar las limitaciones que imponen la ausencia de una coordinacin constante, un proyecto en comn y una identidad colectiva.

Cimientos para un sindicatos de habitantes

Hay que construir una nueva casa comn para las personas que estn activas en la lucha en los diferentes grupos existentes en la ciudad se sientan cmodos, superando la actual situacin de atomizacin. Ms all, hay que crear un espacio organizativo al que se pudieran sumar todos aquellos que han estado activos en el pasado pero que ahora no lo estn, por cualquier razn, y para todos aquellos que potencialmente podran organizarse.

La idea de un sindicato de vivienda es suficientemente clara como para que cualquiera pueda visualizar el esqueleto de una organizacin de vivienda, aunque la propia palabra sindicato probablemente solo restar a la construccin de esa hipottica identidad colectiva. Un pequeo sindicato funciona en base a una asesora laboral y a las secciones sindicales o asambleas de trabajadores que pudieran ir formndose y que inevitablemente pueden variar mucho en el tiempo.

La construccin de este sindicato implicara partir de mimbres existentes, contando con las asesoras y los grupos de afectados como pilares, de los cuales debera partir la iniciativa. Las asesoras sobre vivienda (o sobre cualquier otra cuestin) y los grupos locales de apoyo mutuo, sin una organizacin a la que poder afiliar, son instituciones puramente asistenciales sin capacidad de generar dinmicas colectivas. Esto cambiara como parte de una organizacin de vivienda con una identidad propia. Esto implica la creacin de una identidad colectiva aglutinadora, con smbolos propios y elaborados, que permitiera una rpida afiliacin de activistas y afectados, as como recoger apoyo y simpata del conjunto de la sociedad, que permitiese acumular y concentrar prestigio de las luchas desarrolladas y conocimiento sobre modos de hacer durante las mismas.

Existen los elementos del tejido asociativo y las condiciones generales para dar un salto hacia la creacin de espacios organizativos con mayor influencia social de la que se ha tenido hasta ahora. Para esto hace falta un cambio desde el pensamiento a cortsimo plazo y los grupos atomizados a otras escalas de trabajo, y desde el activismo errtico e informal hacia el compromiso con los compaeros, con la reflexin colectiva y con la estrategia.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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