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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 01-02-2017

Balbulus el tartamudo

Miguel Casado
Rebelin


Las dos de la maana. Escucho la cancin inventada por un tartamudo: una prosa rtmica y reiterativa sigue el hilo de esta cancin, la atmsfera que crea, para ir descubriendo como si las ondas sonoras lo palparan el espacio de la iglesia donde los monjes cantan. Es el principio de Maizal del gregoriano, el libro-poema de Arnaldo Calveyra. Y un movimiento deslizante va enlazando los elementos, tejiendo su identidad. Pero, aun en la hipnosis doble de msica y poema, el canto funciona a la vez como suspensin, introduce el tiempo. Ya Agustn de Hipona construy su concepto de tiempo sobre la experiencia del ritmo potico, del sonido de las canciones; Calveyra lo encuentra de modo singularmente corporal: adivino las huellas, huellas de tartamudeo entre los bancos: un tartamudo la invent y su habla produce una distorsin del tiempo, infiltra tiempo en el curso lineal de la voz. Las vocales entonces cobran autonoma, cantan como si estuvieran solas, como si no dependieran de rgano articulatorio ni de sentido, sujetos de s, del canto, gregoriano hecho de forma, voz pura forma sin fondo.

Calveyra cuenta la ancdota de partida: yo, entrerriano recin llegado a la abada de Solesmes en busca de retiro y de silencio, me siento en un lugar apartado de la iglesia a or el gregoriano. Argentino de 1929, en 1962, a los dos aos de haberse instalado en Pars, muere su madre y l busca, con el retiro, la escritura: saco mi cuaderno y empiezo a escribir el libro que se pergeaba en el camino; en Francia permanecer hasta su fallecimiento en 2015. Ese cuaderno ser el Libro de las mariposas, que aparece en 2001, con un desajuste entre escritura y publicacin, lengua original castellana y primera edicin francesa a menudo, que ha padecido su obra. Encuentra ms tarde notas sueltas de aquella estancia, de las que saldr tras un trabajo de diez aos Maizal del gregoriano (2005), el libro que se funde con el estar ah oyendo, experiencia misma de ese estar; para m, uno de los grandes libros de nuestra lengua en el ltimo medio siglo. Pero el hombrecito de Entre Ros no quiere protagonismo, sino confundirse con un rincn de la iglesia, ser solo espacio y que su escritura no sea crnica redundante: no duplicar el canto, no tratar de escribir dos veces la misma melopea, en ningn momento describir lo que cantan. Que no llueva sobre mojado. No narrar la actuacin de los monjes, sino convertir el estar en escritura del cuerpo: abrir los poros, impregnar el cuerpo de ritmo, sentirlo como un metrnomo. Eso hizo aquel tartamudo cuando su forma de hablar independiz las vocales, invent el canto: tartamudo que responde al extrao nombre de Notker. Con su ausencia aparece. Notker Balbulus, el tartamudo, monje de Saint Gall (840-912), cre la secuencia, la forma rtmica clave del latn medieval; incidiendo en la separacin de las slabas respecto al sentido, para darles una funcin mnemotcnica, encontr la cadencia voclica que distingue al gregoriano.

Las slabas se separan del sentido, el poeta no duplica el canto, de qu materia se hace entonces el libro de Calveyra? Su imagen es el maizal, cunde el canto generando espacios vivos y densos; espacios, tambin, de la memoria: el maizal es de Entre Ros, tiempo de la infancia; cunde multiplicando los presentes, que no admiten una lgica sucesiva, que se alternan y entrelazan como en un modelo para armar guiado por intensidades. Lugares radicalmente fsicos, atmsfera sensorial a la vez saturada y fluyente, simultaneidad de vidas, espesor de cuerpo. As se adensan los elementos: luz, lluvia, fro, noche, verde. Y se perfilan fulgurantes los personajes, con frtil libertad de asociacin, incluso cuando el salto se extrema y Salom recoge del suelo los granos de maz y la cabeza del profeta es la mazorca, cuando toman la palabra las santas de la iglesia: Somos las santas, estamos helando, la escarcha del lugar somos. A su muerte, los seres humanos repiten por simpata los fenmenos naturales de que en vida fueron testigos: llover, lluvia, granizo, trueno, helada. La naturaleza es la historia; la forma, el sentido. Continuidad del habla, de la memoria, de la mirada que se hace instrumento de meditacin al derramarse en los detalles. En esta mezcla de hilos, de imgenes que parecen metforas y son trozos de realidad o de memoria o percepcin, se espesa una verdad que se siente ah, aunque queda secreta, como un tesoro. Los nios en el maizal verde americano, la cacera prehistrica de renos en la glacial Europa, las tumbas de los padres de las santas en la greda, el suelo blando de hojas. No hay lmites, los muertos habitan con los vivos. Como al principio del Libro de las mariposas: Iba cantando, iba contndome, iba abriendo maizales con el canto al canto.

Es imposible abarcar los hilos, componer relato que d cuenta del Maizal. Pero s cabe sealar el punto en que todo cambia, se corta, rompe. Muy avanzado el poema, se lee de pronto esta pregunta: en el silencio recuperado ya te transformaste en rincn de iglesia, t, Arnaldo Calveyra, en rincn de iglesia? S, esa lucecita te saca al descampado. Y hay una pgina en blanco, y luego el grito colombino, Tierra!, favorece una reflexin sobre la distancia, sobre la perspectiva: recobrado el nombre, ya no se ven las cosas desde el mismo lugar. Entre los personajes que cruzan el poema, uno, Salom, toma protagonismo y recupera su sntesis de arte y crimen, como en la vieja zambra que acu la Nia de la Puebla: Baila, Salom, / bajo el plenilunio de la luna clara, luna de sangre que abri el verano. El febril baile abre el paso a las botas de los SS, que taconean en el monasterio (justo al lado viva retirado Pierre Reverdy, los nazis ocuparon su casa); la luz que ilumina el coro de los monjes procede del campo de concentracin prximo (tan prximo como el de Drancy, en el mismo Pars, donde muri Max Jacob), una lnea ntida conduce a la Argentina de las desapariciones, Bertolt Brecht presenta un juicio donde se interroga a quienes al parecer no se enteraron entonces de nada. El nombre recuperado, la conciencia. Y el efecto es un estallido de irrealidad: lo que flua como cuerpo nico de la vida es ahora tablado teatral, trgico y bufo somos espectadores, actores, cmplices. La danza es una danza a la muerte, y con los campos para siempre verdes llega Salom, un monje ms en la noche de Notker el tartamudo, el canto es un canto a la muerte.

Resultan claros los motivos filosficos e histricos que conducen a Calveyra, su peso es contundente. Y, de algn modo, deshace el poema, lo derriba, recupera las distancias, Entre Ros queda ahora lejsimos. Sin embargo, empieza a hacer menos fro, lluevo, lluevo, estoy lloviendo, los muertos se despiertan entre los brazos de los vivos. In signo balbuli. La escucha ha sido un trabajo musical como el de Orfeo, no ya viaje al infierno, sino a un lugar donde el espesor absoluto de la vida nos rene y quiz podamos en ocasiones invocar su poder: aqu el pan de maz del poema que se fue cociendo en la noche glacial, aqu el pan del poema termina de escribirse. El oyente va al pabelln de huspedes, se lava, se prepara para marchar. Y me vienen unas palabras de otro texto de Calveyra: Alguien que me escuch una vez leer mis poemas, me coment luego: es como si un tartamudo empezara a hablar con naturalidad... Como si en el trasfondo del texto subyaciera un relente de esa tartamudez al cabo convencida.

 

Lecturas.-

Arnaldo Calveyra, Poesa reunida. Buenos Aires, Adriana Hidalgo, 2008.

, El caballo blanco de Mozart y otros textos (ensayo). Buenos Aires, La Bestia Equiltera, 2010.

 

(Este texto ha sido publicado en La sombra del ciprs, suplemento del diario El Norte de Castilla)

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

 

 

 



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