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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 02-02-2017

Cuando oigas derechos de autor chate a temblar

Antonio Cuesta
Dyskolo (blog)


A mediados de los aos 90 Walt Disney Company puso toda su maquinaria en funcionamiento para ampliar en 20 aos la proteccin del copyright, preocupada por el hecho de que Mickey Mouse, su emblemtico personaje que apareci por primera vez en el cortometraje animado de 1928 Steamboat Willie, pasara a ser de dominio pblico en 2004. Pluto, Goofy y Donald correran la misma suerte cinco aos ms tarde. Con el fin de evitar que sus personajes animados estuvieran disponibles de forma gratuita, Disney lanz una agresiva campaa de presin para que se aprobara una ley de extensin de la duracin de los derechos de autor, la Copyright Term Extension Act. La compaa obtuvo un gran apoyo poltico gracias a las contribuciones que realiz a las campaas de la mayora de los promotores de la ley en el Congreso. Disney logr su objetivo y, como resultado, cerca de 400.000 libros, pelculas y canciones (que deberan haber pasado a ser de dominio pblico) permanecern bajo propiedad y control privados hasta el ao 2018, lo que se traduce en unos ingresos imprevistos valorados en miles de millones de dlares para los titulares de dicho copyright.

Este ejemplo es solo un caso, quiz ms escandaloso que otros, de entre los miles que podran citarse como ejemplo de lo que realmente significa el copyright, y para lo que sirve. Para quienes de manera inocente o malintencionada argumenten que con l se protegen los derechos de los autores baste recordar la denuncia interpuesta por Paul McCartney contra Sony/ATV con el objetivo de recuperar la titularidad de los xitos que compuso con The Beatles entre 1962 y 1971. En el texto de la demanda se detalla que el msico comunic desde 2008 y en repetidas ocasiones a la multinacional, poseedora del catlogo de The Beatles tras varias compras y ventas a lo largo de las dcadas, su intencin de recuperar el control legal de esas canciones. Sin embargo de acuerdo a la legislacin estadounidense se establece que aquellos artistas que hubieran vendido sus derechos de autor a terceros antes de 1978 tendran que esperar 56 aos desde la creacin de esas obras, antes de poder recuperar sus derechos.

La lista es extensa. Pero no me quiero privar de citar otro caso ms cercano. Har cosa de un ao desde la editorial Dyskolo nos pusimos en contacto con el recientemente fallecido John Berger. Nuestra intencin era realizar la primera traduccin al castellano y publicar en formato digital su obra Art and Revolution: Ernst Neizvestny And the Role of the Artist in the U.S.S.R, escrita en 1969 e indita en nuestro idioma. Le explicamos las bases de nuestro proyecto sin nimo de lucro y el hecho de que su obra estara disponible para su libre descarga, como el resto de nuestro catlogo. Su pronta y positiva respuesta choc con la realidad: todos los derechos de reproduccin de sus textos en castellano estaban en manos del emporio Carmen Ballcels, por lo que su autorizacin resultaba inservible si no se abonaba el suculento canon establecido por la agencia literaria. La obra, consecuentemente, no fue traducida, y me temo que no lo ser nunca.

Resulta curioso pensar que los derechos de autor fueran concebidos para estimular la creatividad al recompensar a los autores, a la vista de lo que hoy da es capaz de mutilar el copyright. Como recuerda David Bollier en su libro Pensar desde los comunes, desde tiempos inmemoriales, los seres humanos han compartido libremente su creatividad los unos con los otros. La cultura siempre se ha basado en imitar, difundir y transformar obras creativas anteriores y el arte siempre ha consistido en un prstamo comn intergeneracional. La leyenda griega de Pigmalin fue la base de la obra de teatro de George Bernard Shaw con el mismo nombre y ms tarde del musical My Fair Lady. De la misma forma, el musical West Side Story est basado claramente en la obra Romeo y Julieta de Shakespeare e incluso Shakespeare mismo realiz su correspondiente tarea de reciclaje con Ovidio y otros clsicos. [] La cultura no puede prosperar sin un fondo comn de creatividad compartida. Es imposible concebir el desarrollo del jazz, del blues o del hip-hop si los msicos no hubieran podido tomar prestado libremente unos de otros. As lo entenda el gran cantante de folk estadounidense Woody Guthrie al afirmar: Esta cancin se encuentra bajo derechos de autor en los EEUU [] durante un perodo de 28 aos y cualquiera que la cante sin nuestro permiso se convertir en gran amigo nuestro, porque nos importa un comino. Publicadla. Escribidla. Cantadla. Bailadla. Algo parecido a lo expresado por nuestro Jos Bergamn: Todo el que encuentre una obra teatral ma puede representarla sin pagar derecho alguno, porque no cobro derechos de autor, y ni siquiera pertenezco a la Sociedad de Autores. Por supuesto que los 28 aos que citaba el artista estadounidense en su poca se fueron extendiendo hasta los 70 actuales, o los 80 de Espaa. Y que para algunas mentes preclaras an son pocos, como es el caso de Manuel Fernndez-Montesinos, responsable de gestionar los derechos de Federico Garca Lorca (hasta 2013, fecha en que muri), que lleg a plantear a la Comisin Europea que el paso al dominio pblico ocurriera 150 aos despus del nacimiento de un autor, ya que segn l la duracin de la vida y las causas de la muerte generan diferencias abismales.

Por supuesto que en todos estos casos el beneficio colectivo que supone el dominio pblico o el acceso libre a la cultura que enriquece a la sociedad, resultan irrelevantes. Porque lo importante es endurecer y perfeccionar los mecanismos del copyright como herramienta que genere beneficios. Es sangrante que hasta que se cumplieron 80 aos de la muerte de Lorca la agencia Casanovas y Lynch recaudara entre el 8 y el 10% del precio de venta de los libros del poeta granadino. Aunque para quitar hierro al asunto una de sus responsables, Mercedes Casanovas, aseguraba hace poco que no son cifras millonarias, pero unos ingresos, al fin y al cabo.

Felizmente para l se acab la dictadura del copyright sobre su obra, al igual que sobre la de Unamuno, Valle Incln y otros muchos autores fallecidos en 1936, y que ahora al cumplirse 80 aos de su muerte pueden reproducirse y difundirse libremente.

Estamos de enhorabuena, y desde Dyskolo nos sumamos a esta excelente noticia con la publicacin de Poeta en Nueva York, al que seguirn Tirano Banderas y otras obras que iremos anunciando.

Antonio Cuesta es coordinador de Ediciones Dyskolo

Fuente: http://dyskolo.tumblr.com/post/156705475441/cuando-oigas-derechos-de-autor-%C3%A9chate-a-temblar

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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