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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 06-02-2017

Lula, ms solo que nunca: se fue la guerrera

Eric Nepomuceno
Pgina 12


La foto es de 1974. Aparece un Lula con aires de jovencito, con una sonrisa luminosa. Un Lula que, a sus 29 aos, era flaquito y luca un bigotito de cantor de bolero. A su lado estaba Marisa Leticia, bella, en el esplendor de sus 24 aos. Tena el aire un tanto tmido de las muchachas pobres cuando viven un momento especial, y al mismo tiempo el aire porfiado de quien quiere porque quiere ser feliz. As qued el registro de su boda. Ella era viuda, l tambin. Ella tena un hijo, que Lula adopt con todas las de la ley. l tena una hija, de un amor fugaz con una enfermera. Juntos, tuvieron otros tres.

Hay otra foto emblemtica de los dos, en plena campaa presidencial de 1989, cuando Lula fue derrotado por un bandolero llamado Fernando Collor de Mello. l ya no era tan flaco, y el bigotito haba dado lugar a una barba hirsuta. Ella segua bella y el aire un tanto tmido de la foto de la boda haba dado lugar a una guerrera en plena batalla.

Entre una foto y otra es como se hubiese pasado toda una vida. l se haba transformado, all por 1978, en el principal lder sindical del pas, y trataba de apresurar el ocaso de la dictadura militar movilizando miles de trabajadores a lo largo y a lo ancho del mapa.

Luego, con el respaldo de religiosos de la Teologa de Liberacin, un grueso y nutrido puado de intelectuales progresistas y, claro, importantes centrales obreras, haba creado, en 1980, el Partido de los Trabajadores, el mismo PT que lo llevara a la presidencia del pas dos dcadas ms tarde.

Y ella? La figura pblica era Lula. Y ella? Bueno, ella era su oxgeno. Su aire, su aliento.

No hubo un solo paso, un solo gesto de l en que ella no estuviese presente. La primera bandera del PT la coci y bord ella. A cada bajn de nimo que los tropiezos de la vida provocaban en l, ella lo alumbraba y lo mandaba de regreso al combate. Era determinada y determinante. l combata a la luz del sol. Ella era la guerrera que actuaba a la sombra. Sin la guerrera, el combatiente sera muy poco de lo que fue y es.

La llegada de Lula a la presidencia provoc rebelin y repulsa en los beneficiados de siempre, y euforia y esperanza en los abandonados de siempre.

La llegada de doa Marisa Leticia al mal llamado puesto de primera dama provoc la ira ponzoosa en los privilegiados de siempre y simpata y calidez en los ninguneados de siempre. Y ella sigui siendo ella: no se dej ofuscar por las luces del poder, no se dej naufragar por la solemnidad y las pompas. Sigui con los asados de fin de semana, con las fiestas coloridas de junio. Sigui su vida. Y la quisieron fulminar por eso.

Experiment en el alma la violencia del prejuicio de clase, ese racismo perverso, mientras fue la mujer del presidente. Pero lo peor, lo mucho ms perverso, vino despus, cuando un juez de provincias faccioso, absurdamente parcial llamado Sergio Moro, se puso como misin de vida destruir su marido.

Y entonces s, doa Marisa Leticia fue humillada: un operativo policial invadi su casa, le dio vuelta a su colchn, revir sus cajones, revis sus ropas. Frente a la pasividad bovina, cobarde e indigna de los escalones superiores de la Justicia, vio como grabaciones ilegales, injustificadas, ordenadas por Moro, de conversas telefnicas suyas con sus hijos llegaban a la prensa que vive la que quiz sea la ms srdida de las etapas de su srdida historia. Vio como una edicin entera del nefasto Jornal Nacional, de la red Globo, llevaba a su pblico idiotizado cada detalle de la casa de campo que ella y Lula usaban. Hasta la marca de las cremas femeninas fueron expuestas al respetable pblico.

Y sigui guerrera, como siempre. Sigui con la dignidad de siempre. Pero se haba transformado en una guerrera herida de muerte.

La noticia de que se haba ido para siempre despert euforia en las redes sociales.

Nada puede ser ms demostrativo de la podredumbre que cubre mi pas. Nada puede ser ms demostrativo de que en ese fango moral en que Brasil naufraga ya casi no hay ms lugar para guerreras como doa Marisa Leticia.Son tiempos de temer, tiempos de asco.

Fuente: https://pagina12.com.ar/17774-lula-mas-solo-que-nunca-se-fue-la-guerrera



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