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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 06-02-2017

Presentacin de la versin digital del libro de Agustn Velloso Espaa y Afganistn. 50 aos de matrimonio estril y 10 de divorcio criminal

Agustn Velloso
Rebelin


Est disponible en 3 formatos listos para descargar: pdf, rtf, epub.
https://payhip.com/b/90cJ

Introduccin

Desde hace algo ms de diez aos las democracias ms ricas y poderosas del mundo se han unido para lanzar una guerra contra uno de los pases ms pobres e indefensos: Afganistn. Su influencia internacional en el mbito que se considere, econmico, poltico, cultural, es cercana a cero, igual que su capacidad para atacar a esos pases en conjunto o individualmente.

Para ms INRI, las noticias previas que se referan a Afganistn informaban de un pas a la cola del desarrollo, asolado tras varios aos de guerras anteriores, lo cual haba provocado adems varios millones de refugiados.

La propaganda para esta guerra ha resultado tan necesaria como para las anteriores y se ha construido igualmente en nombre de nobles fines, aunque se ha estilizado y adaptado a las tendencias de la poca. Al objetivo de acabar con el terrorismo islamista se han aadido otros: apoyar al gobierno interino afgano en el mantenimiento de la seguridad, contribuir a la reconstruccin, fomentar el desarrollo, la liberacin de la mujer, promover la democracia, formar al ejrcito afgano, acabar con la droga, etc.

Una vez conseguido que los ciudadanos de pases occidentales comulguen con unos pocos postulados elementales, lo que probablemente les impulsa a sentirse a la vez superiores y solidarios respecto a las poblaciones brbaras, los corolarios que siguen les entran como agua: atacamos all para no tener que defendernos aqu, estamos colaborando en la reconstruccin del pas, vamos ms para volver antes, es preciso formar a las fuerzas de seguridad locales, estamos construyendo escuelas, etc.

Para completar la labor de propaganda de los pases participantes en la misin en Afganistn existen la ONU, la OTAN y otros organismos internacionales que, en nombre de los derechos humanos, la democracia y la seguridad internacional, despejan las dudas de los que se muestran ms reticentes ante la razn de Estado y las bondades de la moral y la democracia occidentales.

Aunque las cifras de la guerra contra Afganistn son difciles de entender por su magnitud (un coste de ms de 350.000 millones dlares y sigue creciendo)y no explican el sufrimiento humano ni la destruccin causados, basta con un echar un vistazo a un par de ellas para apreciar la irracionalidad y la inmoralidad de sus responsables.

Segn datos de la ONU, la poblacin de Afganistn no llega a 28 millones de personas, la mitad tiene menos de 15 aos, la esperanza de vida no supera los 44 aos y el sueldo medio es de unos 300 dlares al ao.(http://data.un.org/CountryProfile.aspx).

Con el dinero gastado hasta ahora en liberar a los afganos de s mismos y luchar contra el terrorismo islmico, cada uno de stos podra haber recibido de sus agresores ms de 12.500 dlares. Con otras palabras: desde su nacimiento hasta ms all de los 40 aos esos mismos 300 dlares anualmente.

Eso sin tener siquiera que trabajar, claro est; slo tendran que estar vivos, no como ahora, que mueren bajo las bombas de los democratizadores, huyen de sus libertadores para convertirse en desplazados internos por su pas y escapan a otros para pasar a ser refugiados.

Es an ms fcil entender que no haber hecho nada de nada hubiese sido mejor. No enviar soldados, no usar bombas rompe-refugios, no emplear municin con uranio empobrecido ni aviones no tripulados, no contratar a mercenarios (contratistas en la jerga periodstica), hubiera costado cero dlares y habra supuesto un ahorro incalculable de vidas, bienes y recursos.

Una dcada despus de iniciada la misin en Afganistn, a duras penas se mantienen todava las mentiras oficiales sobre sus motivos y objetivos. Con cada da que pasa la realidad muestra una fracasada campaa criminal ms de la poltica imperialista de Estados Unidos, sus aliados, la OTAN y la ONU.

Cuando no se da a conocer la ensima matanza de civiles afganos, que se intentaba hacer pasar como un importante golpe a un grupo de peligrosos talibn, aparece un escndalo mayor que el anterior en las cuentas de la reconstruccin del pas; a continuacin se descubre otra corrupcin de las empresas que operan en l

La inacabable lista de crmenes de guerra y corrupciones en Afganistn genera nuevas mentiras en Occidente, pero stas no logran ocultar del todo la existencia de atrocidades, latrocinios, desmanes y abusos.

Ante el fracaso de la misin, la sangra humana, la ruina econmica y el hartazgo de la opinin pblica internacional, lo cual pone en peligro la carrera poltica de los instigadores de la guerra, actualmente se habla de una retirada de las tropas internacionales. Esto en modo alguno lleva consigo el reconocimiento del mal hecho, un juicio a los responsables y unos planes de reparacin en Afganistn.

El Estado espaol participa en lo descrito desde su comienzo. Por tanto tiene responsabilidad en lo ocurrido en Afganistn. Este trabajo est destinado a luchar contra las mentiras y tergiversaciones usadas por los responsables de la agresin contra Afganistn con el fin de justificar sta y ocultar el desastre resultante. Tambin se ha realizado contra el olvido y la dejadez de la ciudadana al respecto.

En noviembre de 2001 apareci en la revista Sodepaz el artculo titulado Los espaoles, su gobierno y los acontecimientos tras el once de septiembre de 2001.

En l escrib: Sr. Aznar: usted est colaborando y comprometiendo a Espaa en un crimen contra la humanidad. Es claro que esta guerra no est autorizada por las Naciones Unidas, ni siquiera estirando como un chicle la Resolucin del Consejo de Seguridad 1373, de 28 de septiembre de 2001, sobre los atentados.

Aad: Que Zapatero lo apoye siembra grandes dudas sobre su capacidad para distinguir de forma elemental entre el bien y el mal, entre lo justo y lo injusto, entre el estado de derecho y la ley del ms fuerte.

Por otro lado, en cuanto a la opinin pblica, la labor de propaganda de muchos medios de comunicacin no permite a la mayora de los espaoles salir de su ignorancia y desidia al respecto. Abundan los prejuicios y faltan pronunciamientos contra la guerra y la participacin espaola, lo que se observa en la escasa participacin en las manifestaciones en contra convocadas.

NDICE

Introduccin .6

PRESENTACIN .11

1 Perpetua paz y duradera amistad entre Espaa y
Afganistn, dictadura militar y monarqua
respectivamente 15

2 Giro de 180 grados a partir del 11 de septiembre de
2001 con un gobierno del Partido Popular20

3 Espaa mantiene el rumbo en Afganistn con el
Partido Socialista Obrero Espaol..31

4 La afganizacin y la aportacin espaola en
Afganistn tras diez aos de la ISAF.52

5 La cuestin de la defensa y el terrorismo
islmico entre Espaa y Afganistn ..71

6 La opinin pblica espaola y de otros pases,
Afganistn entre ellos88

7. La opinin del estamento militar .116

8 La guerra y la ocupacin desde el punto de vista
afgano..136

CONCLUSIN: Espaa debe salir de Afganistn y
recuperar el tratado de paz .154

Notas diversas .158

Materiales sobre la participacin de Espaa en la
guerra contra Afganistn ..196

Anexo I: Indicadores de desarrollo humano 201

Anexo II: Tratado de amistad entre el gobierno
Espaol y el gobierno de Afganistn .205

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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