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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 08-02-2017

Marruecos
Un nuevo ciclo de luchas sociales

Mohamed Aboud
Viento Sur


El paisaje social en Marruecos est marcado por la multiplicidad de las protestas que conocieron un auge bastante antes del Movimiento del 20 de Febrero (M20F) y que no se han detenido. Nuevas dinmicas emergen como reaccin a las polticas antipopulares generalizadas, traduciendo un hartazgo profundo y la bsqueda de nuevas posibilidades de lucha. Sin que, a pesar de todo, los obstculos a la transformacin de la correlacin de fuerzas hayan desaparecido.

En 2011, el M20F naci como consecuencia de un llamamiento en las redes sociales convocando a una manifestacin ese da. Planteaba la exigencia de una constitucin democrtica, la disolucin del parlamento y la destitucin del gobierno, el final de la corrupcin y de la impunidad para los responsables del saqueo, de la dilapidacin de las riquezas y de los crmenes polticos, la liberacin de todos los presos polticos, el reconocimiento de la lengua amazig como lengua oficial, la integracin de los diplomados en paro, el aumento de los salarios y del salario mnimo.

Las movilizaciones tuvieron un carcter nacional y de masas sin conseguir invertir la correlacin de fuerzas. El poder supo combinar la represin parcial, maniobras y tolerancia de las manifestaciones para evitar cualquier radicalizacin. Hizo concesiones (acuerdo en abril con los sindicatos, contratacin de miles de diplomados en paro, aumento de los salarios en ciertos sectores) y tom iniciativas polticas (disolucin del Parlamento, reforma constitucional, nuevas elecciones), recuperando a su manera las reivindicaciones del movimiento.

Asumi una posicin de firmeza, planteando incluso un enfrentamiento global sobre el que no haba un consenso en el seno del M20F y de las fuerzas que le apoyaban. Al da siguiente del referndum sobre la reforma constitucional (aprobada por el 97%), en la que las pequeas concesiones formales no cambian nada en el poder ejecutivo de la monarqua, el movimiento se encontr a la defensiva, a pesar del mantenimiento de la movilizacin. Y ms an, tras la celebracin de las elecciones organizadas prcticamente a continuacin.

La protesta no pudo ir ms all de las manifestaciones semanales, hacia huelgas y ocupaciones, ni construir a escala nacional su propia direccin de lucha. Pero a pesar de todos esos lmites, el M20F plante reivindicaciones contradictorias con la estructura desptica y su lgica de depredacin econmica. Plante la lucha colectiva y abri la va a una nueva legitimidad poltica basada en el derecho a la autodeterminacin del pueblo. Rompi los tabs e hizo retroceder el miedo.

Nuevos motivos y terrenos de lucha

En realidad, desde los aos 2000, todo se vuelve objeto de confrontacin: la demolicin de las zonas de chabolas, el deterioro de los hospitales pblicos, el paro, el aumento de los precios y de las facturas del agua y la electricidad, la marginacin de regiones enteras, la gente jubilada robada y no pagada, la arbitrariedad generalizada, una enseanza que excluye, las expropiaciones de las tierras, los problemas de polucin y de transporte, etc. Ha habido una extensin geogrfica de las movilizaciones, una ampliacin de los motivos de conflicto.

Los barrios populares se han convertido en un nuevo espacio de lucha: las coordinadoras contra la caresta que han movilizado bastante ms all de las redes militantes, las movilizaciones contra las relaciones pblico/privado y la explosin de las facturas de la energa, los combates de los trabajadores de la economa informal y comerciantes ambulantes (los farachas), las resistencias frente a las operaciones de demolicin de chabolas y la especulacin inmobiliaria, por no citar ms que estos ejemplos.

Se ha podido ver un movimiento de desobediencia civil generalizada contra el pago de las facturas de energa, en particular en Bourfa. En Tnger, la poblacin se ha levantado con la consigna de Amendis [perteneciente a la multinacional francesa Veolia. Ndr] lrgate!, como protesta contra las subidas enormes de las facturas de la electricidad. Reuniendo problemticas sociales diversas que traducen una degradacin profunda de las condiciones de vida, los barrios juegan un papel de incubadoras de nuevos movimientos sociales que interactan, en un grado u otro, entre s.

Las luchas contra la austeridad se extienden. As, la coordinadora de los enseantes con contrato eventual y, antes que ella, la del personal mdico en formacin, han realizado, sin estructura sindical preestablecida, luchas masivas y coordinadas contra las medidas gubernamentales (que reducan las ayudas econmicas para estudiar un 50% y ponan en cuestin la integracin en la funcin pblica) y por la defensa del derecho a la educacin y la salud. Actualmente, por motivos similares, se movilizan miles de diplomados de las escuelas normales superiores. Ah tambin, las formas de movilizacin y las consignas se inspiran en el M20F.

El despertar del Marruecos intil, donde la desaparicin o la casi inexistencia de los servicios pblicos, combinados a la violencia y a la arbitrariedad tradicionales del makhzen, han dado lugar a fuertes enfrentamientos, incluso a veces a casi levantamientos: Bouarfa, Figuig, Chlihat, Ait Bouayach, Imzouren, Hoceima, Taza, Imider, comunas de la regin de Khenifra, Midelt, Khouribga y muchos otros lugares. En Sidi Ifni, en el sur, se ha asistido en 2008 a una larga lucha de toda la poblacin, cuya juventud est condenada al paro y que ve que los escasos servicios pblicos desaparecen uno tras otro, mientras los generales roban las riquezas martimas. Una dinmica semejante se observa en las regiones montaosas en las que se exigen carreteras adecuadas, acceso a la atencin sanitaria, al agua potable, a la electricidad, el final del saqueo de los recursos o de la polucin de las explotaciones mineras. As, en Imider, desde 1996 y casi sin interrupcin desde hace seis aos, se ha desarrollado una lucha ejemplar, autoorganizada, contra el acaparamiento de las fuentes de agua por un holding real para la explotacin del mineral de hierro, y contra el nivel de polucin que resulta de todo ello.

Estas resistencias son combativas, asumen la confrontacin con el aparato represivo, movilizan a sectores populares diversos, a veces sin tradiciones de lucha y en los que la juventud popular y las mujeres juegan un papel determinante. Versan sobre reivindicaciones que no se pueden resolver con la fachada democrtica. Han conseguido un dominio de las redes sociales que les dan una visibilidad y un eco inmediatos, y permiten a veces estructurar y organizar movilizaciones, lejos de los marcos establecidos.

Este contexto general permite comprender por qu no ha habido tregua social durante y despus la secuencia electoral de octubre de 2016. La movilizacin contra la reforma de las jubilaciones, reprimida en plena campaa electoral, est de nuevo en marcha, mantenida por coordinadoras unitarias que superan la parlisis de los sindicatos. En varias ciudades hay nuevos combates contra la subida de los precios. Las movilizaciones populares contra la hogra (la arbitrariedad), en Hoceima en el Rif y en varias ciudades ms, tras la muerte el 28 de octubre de Mouhcine Fikri, triturado en un camin de basura despus de que su pescado fuera confiscado por las autoridades, subrayan la ilegitimidad social de los de arriba.

El movimiento del 28 de octubre, constituido en referencia a estas movilizaciones, muestra un hartazgo generalizado que busca vas para expresarse. Las luchas de los diplomados en paro, a pesar de una fuerte represin, se perpetan. Una amplia campaa por la defensa de la escuela pblica y gratuita est organizndose en el seno de la juventud escolarizada. Este clima social acumula los ingredientes para confrontaciones mayores. Sin embargo, los lmites y dificultades son numerosas.

Un problema de unificacin, de organizacin y de perspectivas

La mayor parte de las movilizaciones siguen siendo sectoriales, locales, aisladas y, por tanto, no triunfan. Estn confrontadas a una estrategia de guerra de desgaste, de represin que intenta impedir su extensin. En parte son ms la expresin de un hartazgo profundo que una respuesta organizada a la agenda gubernamental. Las resistencias ms determinadas tienen lugar a menudo en pequeas y medianas ciudades en las que las burocracias y mediaciones polticas son menos significativas y las solidaridades sociales ms fuertes. En las grandes ciudades confrontadas a lgicas masivas de precariedad y de supervivencia, la dinmica de movilizacin sigue siendo coyuntural y proporcionalmente menos importante.

En las empresas pblicas, las resistencias frente a contrarreformas liberales han sido en lo esencial derrotadas. Frente a la reestructuracin y la diversidad de los estatutos profesionales, al ascenso muy fuerte de la precariedad con la multiplicacin de los agentes contractuales, a la degradacin extrema de las condiciones de trabajo, a los procesos de privatizacin llevados a cabo desde los aos 1980, hemos visto estrategias sindicales de paz social que han acompaado las reformas, la mayor parte de las veces sin combate.

En el sector privado, el movimiento sindical es casi inexistente y es fuertemente reprimido en cuanto se producen las primeras tentativas de organizacin. Si se asiste a luchas prolongadas (en la Office chrifien des phosphates, en las minas, las refineras de petrleo, algunas explotaciones agrcolas, el sector textil), stas son generalmente defensivas, tratan sobre reivindicaciones elementales (como a veces simplemente la aplicacin del Cdigo del trabajo) y estn confrontadas al lockout patronal y al encarcelamiento de los sindicalistas. Hay una crisis muy importante de las herramientas de la lucha sindical, que dispone de una base muy reducida y no juega ya un papel importante en los enfrentamientos sociales y de clase.

La combatividad que se expresa en las resistencias populares, las formas de organizacin adoptadas, no desembocan necesariamente en marcos nuevos y estables, portadores de una dinmica de reconstruccin del movimiento obrero y popular. Se forjan capas militantes a partir de las cuestiones sociales y democrticas pero sin que se estabilice una vanguardia. Las formas de politizacin expresan una voluntad de justicia social, de dignidad colectiva, de luchar contra la corrupcin, el despotismo, a favor del respeto de los derechos, pero tienen dificultades para defender una perspectiva de conjunto.

Tras una larga degradacin de la correlacin de fuerzas, la situacin est atravesada por procesos contradictorios. Fuerzas nuevas hacen el aprendizaje del combate social y democrtico, de la accin colectiva directa, pero sin que la fragmentacin social y geogrfica de las movilizaciones sea superada, y sin que emerjan nuevos procesos de organizacin poltica capaces de influir positivamente sobre la dinmica en curso. Al mismo tiempo, un fenmeno de deslegitimacin del poder absoluto se ha puesto en marcha y los elementos de una rebelin social y democrtica estn acumulndose, reforzndose y combinndose, ms all de las apariencias inmediatas y del peso del pasado.

Mohamed Aboud es militante de la organizacin Tahidi.

Revue LAnticapitaliste n83 (janvier 2017)

https://npa2009.org/idees/international/maroc-un-nouveau-cycle-de-luttes-sociales

Traduccin: Faustino Eguberri para VIENTO SUR

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