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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 09-02-2017

Grupos de mujeres de la Repblica Centroafricana se ayudan entre ellas y acogen a desplazados plantando cara a la violencia
Juntas podemos hacer mucho ms

Rosa M. Bosch
La Vanguardia


Juntas tenemos mejores ideas, reflexiona Hadzara Mahamat, una de las integrantes de un grupo de 46 mujeres que se ayudan entre ellas para salir adelante en Batangafo, una de las zonas de la Repblica Centroafricana (RCA) tocadas por los combates. La afirmacin formulada por Hadzara, de 32 aos y con ocho hijos a su cargo, es secundada por sus compaeras en uno de sus peridicos encuentros para analizar cmo le va a cada una de ellas y decidir a quin conceden una suerte de microcrditos. Todas regresaron a la RCA el pasado septiembre tras pasar varios aos en campos de refugiados del vecino Chad. En pases devastados por la guerra como la RCA no son pocos los ejemplos de resiliencia y altruismo entre personas que lo tienen casi todo en contra.

Mi marido se qued en Chad con otra mujer. Yo soy la que estoy criando a mis ocho nios, el ms pequeo de un ao y medio, explica Hadzara, que acoge en su casa de Batangafo a Zenabou, a cuyo marido mataron durante la guerra, y a Amira, tambin sola. Las tres madres suman 16 hijos. Hadzara cuenta que es de lo ms normal que quien tenga una vivienda en pie cobije a quien no tiene techo. Comparten comida y se cuidan entre ellas. La solidaridad es necesaria para superar el pasado, sentencia Hadzara, rodeada de chiquillos y echando una ojeada a la gigantesca olla de la cena.

El grupo que han creado se llama algo as como Quien busca encuentra. Ya funcionaba antes de la guerra, pero ahora que hemos vuelto a Batangafo lo hemos reactivado. Juntas podemos hacer mucho ms, tenemos ms posibilidades de mejorar nuestra situacin. Somos 46 participantes que cada semana ponemos 200 francos CFA (30 cntimos de euro). Todo lo recaudado se lo damos a una de nosotras para que monte un puesto, de zumo de naranja, de cacahuetes, de jabn artesanal, de patatas..., aade. Muchas no tenemos marido, el mo tambin se qued en Chad, pero las que lo tienen no les cuentan que nos repartimos dinero para iniciar pequeos negocios. Yo, en cuatro semanas, he podido devolver el crdito, compro naranjas por 25 francos CFA el kilo y las vendo a 50. Los beneficios me dan para alimentar a mis cuatro hijos, detalla Hadje Dada, la primera beneficiaria de este banco de mujeres que viven en Lakouanga, el barrio musulmn de Batangafo, en el que la oeneg Oxfam proyecta la habilitacin de varios puntos de agua.

Achata Amadou, de 65 aos, ha recibido un prstamo que le ha servido para mantener un puestecillo de jabn de aceite de palma y cuatro cosas ms. Estoy obligada a mejorar la vida de mis seis nietos. Sany, de seis aos, ha adelgazado mucho, afirma. Las cosas empezaron a ir mal a finales de 2012, cuando estall la guerra. Una maana estaba preparando el t y o tiros, los anti-balaka atacaron el pueblo. Las mujeres y los nios corrimos al bosque y mi marido y cuatro de mis seis hijos varones se quedaron en casa, donde los atraparon y mataron a todos, relata. Achata empez un periplo con seis nietos.

Entonces Sany, el pequeo, tena slo dos aos y lo llevaba a cuestas. Nada ms llegar a Chad una familia nos acogi. Yo los ayudaba en los trabajos del campo y a cambio me daban cacahuetes para que los vendiera y ganara algo. Luego nos instalamos en el campamento de refugiados de Sido. Sobrevivamos haciendo pastelillos y comerciando con mijo. Pero la situacin empeor en Chad, apenas tenamos comida y volvimos a Batangafo en septiembre, explica Achata junto a Sany, que ya ha cumplido los seis aos. El da que mataron a los suyos quemaron su casa y si ahora duerme a cubierto es gracias al apoyo de parientes y amigos que le han cedido una vivienda y la han ayudado con algo de dinero.

De los 4,8 millones de habitantes de RCA, cerca de 434.000 viven desplazados dentro del pas y 452.000 siguen refugiados en naciones vecinas a causa de los combates que se iniciaron en diciembre del 2012 entre las milicias Seleka, de mayora musulmana, y los anti-balaka, principalmente cristianos. En la capital, Bangui, una veintena de vecinos se afanan en sacar la vegetacin que invade lo que queda de sus casas en la zona de Sara Kaba Union. Todos forman parte de la Asociacin por la Paz, un movimiento ciudadano creado para actuar en los enclaves ms devastados por la guerra con el fin de animar a la gente a reconstruir sus barrios. A mi marido lo dejaron paraltico y nos fuimos a vivir al campo de desplazados Castor, como todos los que estamos aqu limpiando. Venimos cada da de siete a doce de la maana para sacar la maleza con machetes y rastrillos. Todava no podemos volver a instalarnos aqu por dos motivos, uno es la inseguridad y otro porque no tenemos dinero para comprar ladrillos para levantar nuestras casas, detalla Hlne Kilo, de 55 aos, en un exuberante entorno de mangos y palmeras. Junto a ella Alphonsine, Jean Pierre y tambin Magali, de solo once aos, se afanan en sacar la maleza.

Tambin en Bangui, en el barrio de Bimbo, se repiten las historias de solidaridad. Sonia Tokpa es la secretaria de otro grupo de 30 mujeres que antes de la guerra se asociaron para impulsar una pequea cooperativa que transforma y vende harina de mandioca, cacahuetes y pistachos. Tras un impasse a causa de la guerra, desde hace unos meses han retomado la iniciativa animadas por Oxfam, que les facilita material y les imparte cursos. Estas mujeres inconformistas y con empuje, muchas viudas, hacen funcionar el negocio a la vez que procuran por el bienestar de la comunidad acogiendo bajo sus techos a los ms desamparados. Aunque tenemos muy poco no podemos abandonar a nadie. Si yo tengo dos vestidos le doy uno a quien lleva harapos, afirma en voz alta Angeline Waye, una anciana con mucho carcter y con diez nietos bajo su responsabilidad. Yo no conoca a los desplazados que alojo en casa, pero cmo iba a dejarlos en la calle!, exclama Angeline, quien a sus ms de 60 aos, adems de su ocupacin en la cooperativa, se saca un dinero extra recogiendo lea y ayudando en trabajos del campo.

Fuente: http://www.lavanguardia.com/vida/20170129/413802471503/juntas-podemos-hacer-mucho-mas.html



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