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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 08-02-2017

Assange

Horacio Gonzlez
Pgina 12


En Pgina/12 del domingo hay una entrevista que me gustara comentar, no para agregar nada a lo que desde ya dice tan sugestivamente, sino para permitirme algunas reflexiones contiguas al tema que trata, con el deseo de seguir una discusin. El tema al que me refiero est en una excelente entrevista hecha por Santiago ODonnell a Julian Assange, que provisoriamente me lleva a formular una inquietud. Cmo se reconstruye una forma de la ciudadana abierta, sustentada en un sujeto complejo y autodeliberativo, menos vulnerable a maniobras de agencias estatales que manejan operaciones secretas, sean polticas, jurdicas o militares? De otro modo, se tratara de la pregunta sobre cunto de lo que nuestra conciencia cree ser una verdad, poseda exclusivamente por nosotros, se debe dejar pasar al mundo pblico. Ya sea para decirlo todo brutalmente o para dejar filtrar lo civilmente necesario, sin incurrir en sincericidio o retaceo de informacin. Es la antigua discusin sobre qu es un ciudadano, figura en declive en todo el mundo.

Julian Assange acta con una tica personal, una suerte de protocolo reflexivo del dbil, pero conoce perfectamente el funcionamiento de las comunicaciones polticas corporativas basadas en el sigilo o en el secreto, bajo la obvia hiptesis de que lo fundamental de la poltica sucede en torno a engarces secretos, encapsulamiento de claves, flujos informticos reservados entre agentes de inteligencia (notoriamente en casos de guerras: Irak, Afganistan, Libia, Siria, etc.) o correos electrnicos sobre asuntos pblicos circulados por va privada (en el caso de Hillary Clinton). Hay pues un tipo de militancia novedosa en Assange dando a conocer el soporte secreto de operaciones sigilosas de Estados y Corporaciones, que suelen implicar muertes en acciones militares clandestinas o decisiones financieras sigilosas o ilegales que afectan a millones de personas.

En todas estas cuestiones ha intervenido la organizacin de Assange, con numerosos militantes en todo el mundo y respaldo de peridicos generalmente vinculados a un genrico y resistente progresismo mundial. Agreguemos que el gobierno de Cristina Kirchner y el de Lula en su momento lo han sostenido en su refugio en la Embajada de Ecuador en Londres, y formaron parte de su crculo de proteccin ante los violentos requerimientos judiciales que recibe de otros pases. De la muy interesante entrevista de ODonnell, se desprende la idea de un nuevo tipo de militancia planetaria de tipo tecnolgica y con una red de agentes confidenciales preparados o espontneos, casi siempre exgenos pero tambin en el seno de los grandes Bancos Mundiales de Informacin Secreta. Todo ello le exige al creador de WikiLeaks (nombre tomado a medias de lo que ya invent Internet por su cuenta, y de las palabras fuga, escape no de gas sino de informacin, que a su manera tambin es un tipo de fluido etreo y asfixiante). Todo ello exige una visin geopoltica del mundo, una idea de lo estratgico este viejo concepto Assange lo emplea a menudo y una polarizacin nueva en las formas de lucha, como sera una confrontacin con los establecimientos ms poderosos de control de flujos o stocks de informacin mundial (Corporaciones, CIA, la incendiaria Iron Mountain y sus afines en todo el mundo) lo que sugiere un tipo de lucha en una esfera especial. No hay una sola Catalogacin Secreta Universal, sino varias, escindidas por Estados, coaliciones, empresas, medios monoplicos de comunicacin, etc., y por contraparte, la nueva militancia tecnolgica neolibertaria, de revelacin por filtracin masiva esperndose que su difusin sin ms produzca efectos democratizadores en el horizonte social pblico.

El secreto mundial de pases coaligados o no, hace de la informacin una lgica sistmica, pero muy movediza, con su correspondiente entropa (espero haber usado bien esta palabra). Los grupos de dominio ejercen un tipo de meta-control que posee sistematizaciones pero tambin sus propios puntos de fuga aparentemente dispersos, asimismo previstos o inspeccionados por ellos mismos. Es muy interesante el anlisis de Assange del comportamiento del grupo de Hillary Clinton (con sus mails desplazados desde la dimensin pblica a la encubierta), para lo cual, ante las pertinentes preguntas sobre sus fuentes que le hace el entrevistador, Assange debe decir que si esas informaciones las hubiera recibido de otro pas con intereses en la eleccin norteamericana, de Rusia, por ejemplo,no las aceptara aun en el caso de ser documentos verdaderos, pero potencialmente capaces de alterar relaciones de fuerza en las que el frgil perdera la potencia de lo que podramos llamar su inters desinteresado, su causa vinculada a la tica universal altruista.

Assange asombra por la precisin de su lenguaje, con especulaciones de alta poltica y refinamientos geopolticos, todo pasado por la creacin de un poder contrainformtico, cuyas notaciones de lenguaje son, lgicamente, las de la llamada bien o mal revolucin informtica. En Assange la descripcin de lo que hace WikiLeaks es cruda, incisiva, directa, absolutamente profesional. Obliga a pensar en la distancia con los estilos y destinos militantes que muchos conocimos y practicamos, y seguimos practicando, fuera de este proyecto tan complejo de captura de informacin reservada, enseguida convertida en actos judiciales (pues difunde secretos, masacres o maniobras de Agencias especializadas en vigilancias, escuchas y seguimientos de vidas), luego en un juego de fuerzas entre pases, y en la laboriosa construccin de una tica del uso de la informacin. Esta ltima tarea de profundo inters, que se evidencia en las entrelneas de la entrevista a Assange, merece atencin y debate. Pues todo indica que esta experiencia modifica la estructura tradicional del juicio poltico, al menos en cuanto a que este tena (y tiene) un componente literal y otro de paradoja de las consecuencias ambos pblicos a lo que se agrega la amplia faja de comunicaciones cerradas a espaldas del arcaico contrato social, con planificaciones militares, polticas o financieras al margen del supuesto panptico social democrtico, en vas de extincin como espacio pblico.

Si este espacio existe ya no lo vemos nosotros sino que est disuelto en las redes precintadas del Estado o corporaciones aledaas; es l quien siempre nos ve a nosotros. La paradoja de las consecuencias que permita un tinte trgico pues se refera a quien quera el bien y produca el mal, ahora es al revs y enfoca el caso Trump, que invierte la ecuacin. Es lo ms inconveniente por su patoterismo racista, pero sus efectos reales pueden ser favorables a que se abran fisuras alternativas, reacciones populares, una nueva unidad latinoamericana y acciones por el estilo. Podemos pensar as? Zizek, en este diario, lo ha insinuado. La nica manera de responder a Trump hubiera sido apropiarse de la rabia contra el establishment y no descartarlo como primitivismo de basura blanca. Assange no ha expulsado de su lenguaje la palabra tragedia, propia de la paradoja de las consecuencias entendidas a la manera clsica, como lo incierto e imprevisible de cualquier acto poltico. La emplea para el caso Hillary. La tragedia de ella est irnicamente descrita. Primero ocult procedimientos irregulares en redes, luego ocult lo que ocultaba y en una tercera vuelta de tuerca ocult lo que ocult que ocultaba. Una tragedia alude a la ms vieja nocin sobre lo poltico, elegir entre dos polaridades inconvincentes. Respiramos: ella anima una consideracin sobre la naturaleza ltima de lo poltico, que nos devuelve a la lgica de lo pblico, del viejo ciudadano informado de por s, que sabe de las contradicciones mundanas ms que de estas maniobras en las tinieblas, que precisan un nuevo tipo de hroe perseguido para develarse. Pero ste no es tema de Assange.

Y cuando habla de este tema, Assange lo simplifica: libertad de expresin contra autoridad. Aperturas de los cofres secretos de los pases imperiales ante crmenes militares y financieros. Recibimos, es claro, la tarea imaginativa de Assange como necesaria, adems de su tarea provocarnos solidaridad y honda simpata. Pero intuimos que estas opiniones deben ser pasadas nuevamente por el cedazo de los legados militantes por todos conocidos. Por eso, otra cuestin es la que se abre ante el juicio sobre Trump. Todo lo que dice sobre l Assange ingresa dramticamente en el debate actual: Qu hay que acentuar primero, su xenofobia, su desprecio a instituciones y personas, su guerrerismo real o impostado, o lo que llamaramos la paradoja de que con sus arbitrariedades flagrantes, facilita el reagrupamiento mundial de radicalizaciones democrticas o izquierdas nuevas, hoy aletargadas? No est claro en Assange, porque lo que no prima en l es la clsica manera del anlisis poltico, en la que la reflexin poltica complementa con sus conocimientos histricos el estilo de investigacin en las tinieblas. As es entre nosotros en la larga tradicin que tiene este tema desde Rodolfo Walsh a Horacio Verbitsky.

Assange evoca a menudo consignas libertarias, o del liberalismo anarquista. Cuando explica el triunfo de Macri apela a las redes sociales y agrega que probablemente ahora est ms dbil tambin por las mismas redes. Por cierto, nunca, nada o nadie dejan ahora de usar las redes sociales, pero todava no se ha escuchado una teora sobre ellas al nivel de lo que propone Assange, que inevitablemente debera conceptualizar ms profundamente las menciones u omisiones a la fuente, el sistema jurdico ya reventado por dentro, el secreto sobre operaciones no legales, los efectos de una revelacin y como si esto fuera poco, la existencia de un operador cuya biografa es conocida, el propio Assange, asumiendo la figura encomiada del perseguido internacional, refugiado en la embajada europea de un pas latinoamericano, por querer recrear una polis genuinamente informada a la altura de la razn comunicativa. Pero filosficamente corresponde a una historia sin sujeto, que por momentos debe aclarar cmo se producen otras operaciones similares. Por ejemplo, con la apertura de los Panama Papers, Assange comunic que ese procedimiento provino de un organismo norteamericano de estrepitoso nombre, la Organized Crime and Corruption Reporting Project. Al parecer el objetivo era Rusia, para lo cual no importaba que otros, los muy conocidos bribones vernculos, la ligaran de rebote. Cmo juzgar entonces esta guerra entre organismos que investigan las entraas del monstruo, incluso los que el propio monstruo alimenta? No dudamos de que este es un nuevo elenco de contradicciones, pero lo que hay que ver es si stas explican las formas clsicas de la tica y el anlisis poltico, o si a la inversa, la vieja tarea militante social e historizada, no ha fenecido, obligndose sin embargo a estar al tanto de estas luchas entre agrupaciones especializadas en revelaciones diseminables en el seno de lo popular-ciudadano.

Este movimiento de piezas geopoltico-informticas embutidas en la dialctica del secreto y revelacin del secreto, a diferencia de los viejos ejercicios de desenmascaramiento ideolgico muestran necesariamente su preferencia a analizar los acontecimientos mundiales por sus consecuencias y no por la forma tica de su origen. Algo semejante ocurre con Zizek, pero este es el caso de un filsofo que intenta reconstruir el sujeto desde sus propios vacos e inconsistencias, incluso sin abandonar del todo al sufrido Descartes. Para quienes obviamente seguimos sosteniendo las militancias clsicas y tambin apoyamos a Assange, sin embargo deberamos sostener en primer lugar lo inadmisible de la figura de Trump, antes de postular que habr consecuencias inversas de sus biliosas acciones, gracias a su obtusa inhumanidad. Eso podr suceder; seguramente ya est sucediendo, pero si empezamos por ah, luego nos obligamos a declarar eh, pero nada que ver con Trump!, lo que en verdad, para Assange y todos nosotros, no debe ser una aclaracin a posteriori a pesar de Hillary y de que la CIA estaba ms de acuerdo con ella que con l, sino un punto de partida moral, para luego ser consistentes en la reflexin sobre lo inevitablemente paradjico de toda afirmacin poltica. Esto nunca dejar de ocurrir, si no el mundo entero estara a merced de los burcratas de la escucha secreta y su corte de difusores que se arrogan la primicia del anlisis de la palabra pelotudo* dicha de un modo que hasta la Real Academia organizacin no clandestina de Espaa dictaminara como uso irnico y de sentido reversible entre personas que se tienen confianza.

* Gilipollas, en castellano estndar.

Fuente: https://www.pagina12.com.ar/18679-assange



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