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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 08-02-2017

Tierra, territorio y vida

Jesus Gonzlez Pazos
Rebelin


La teora poltica, especialmente aquellas corrientes ms preocupadas por procurar cambios profundos hacia la justicia social y la redistribucin verdadera de la riqueza, histricamente se ha preocupado por el uso y abuso sobre la tierra. Todos guardamos en alguna parte de nuestra memoria, y as es colectiva, frases histricas cargadas de cierta heroicidad, como es el caso de la tierra para quien la trabaja o, tierra y libertad. Reivindicaciones permanentes que de una u otra forma han atravesado pocas y tiempos muy lejanos hasta nuestros das.

Hay quienes argumentarn rpido que esto son consignas felizmente superadas y propias de ideologas viejas. Ante ello solo habra que dejar hablar y, sobre todo, escuchar por ejemplo al movimiento jornalero en Andaluca, al sin tierra en Brasil o a los millones de personas campesinas que en Mxico han sido expulsadas del campo tras la entrada en vigor de los tratados de libre comercio firmados por este pas con Canad y Estados Unidos.

Pero lo que aqu queremos destacar va ms all de la vigencia de la reivindicacin sobre la tierra. La pretensin es mostrar cmo los postulados sobre sta estn siendo hoy afortunadamente enriquecidos y fortalecidos por corrientes de pensamiento y prcticas polticas y econmicas diversas. Corrientes en algunos casos no necesariamente nuevas, pero que se entrelazan de forma imprescindible con actuales formas polticas. Nos referimos a aquellas que hoy nos hablan no solo de la tierra sino de sta en relacin directa con un espacio mucho ms amplio, como es el territorio. Entenderemos mejor as cmo este enriquecimiento de conceptos, supone hoy que la lucha por la tierra y el territorio es parte esencial de los procesos de transformacin radical del modelo dominante y sus afecciones a la justicia social y a la vida sobre el planeta. Avancemos en ello.

La Va Campesina defini ya hace dos dcadas la Soberana Alimentaria como aquella accin poltica que proclama y ejerce el derecho de todos los pueblos de la tierra a definir, mantener y desarrollar sus propias polticas agrarias, de pesca, pastoriles, alimentarias, teniendo en cuenta la diversidad cultural, social y ecolgica. En este planteamiento, por cierto abiertamente antineoliberal, y en referencia directa a la tierra, la esencia radica en la capacidad de poder decidir por parte de esas poblaciones qu cultivan, as como sobre el acceso y control de las semillas, el agua y la propia tierra en su sentido ms amplio. Pues bien, esa visin totalizadora evidentemente da un paso ms all respecto a planteamientos precedentes y entiende ya el territorio como el espacio constitutivo fundamental para el ejercicio de la soberana alimentaria.

Otra corriente, aquella que reside en la historia y sabidura de los pueblos indgenas del mundo, ha aportado para la reflexin en las ltimas dcadas conceptos complementarios con los anteriormente citados y que el modelo dominante sigue sin querer entender. Sin embargo, este pensamiento filosfico, pero tambin profundamente poltico y econmico, cuestiona en sus races precisamente a ese modelo; posiblemente de ah viene el profundo desprecio o ignorancia hacia dicho pensamiento. Hablamos de un enfrentamiento sin remedio de paradigmas diferentes. La tierra no puede entenderse solo como un espacio explotable sin final; por el contrario y precisamente por su finitud, de ella debe de tomarse nicamente lo que es necesario para vivir en unos mrgenes ticos y de bienestar aceptables para las grandes mayoras. Con esta visin, y actuando consecuentemente, se evitara radicalmente el continuo proceso de explotacin, esquilmacin y agotamiento al que hoy se somete al planeta, con el objetivo principal de acumulacin y concentracin de riqueza en un cada vez ms exiguo porcentaje de poblacin, en aquellas minoras que acaparan las riquezas en detrimento de las grandes mayoras. Esta situacin, evidentemente, est cargada de injusticia social y poltica, pero tambin ecolgica. La bsqueda del mximo de beneficios econmicos a cualquier precio en este campo, lo est siendo a costa de una tierra finita. Se sobrepasa as su capacidad de sostenibilidad, que empieza a sufrir las consecuencias de ese agotamiento de los recursos, ya sean alimentarios, hdricos, energticos, etc. Hoy, muchas teoras cientficas hablan abiertamente de cmo el cambio climtico que ya padecemos, con las consiguientes catstrofes, no es sino la consecuencia directa de haber sobrepasado esa capacidad del planeta, de la tierra con maysculas.

Pues bien, el concepto de territorio de los pueblos indgenas, y como hemos visto de cada vez ms y ms organizaciones campesinas, va ms all de las consideraciones sobre la capa superficial de la tierra, esa que tradicionalmente hemos usado en los sistemas de produccin campesina. Por el contrario, se entiende como un espacio que engloba adems de la tierra, las profundidades de la misma, pero tambin las aguas, montaas, bosques y el espacio areo. Incluso entran nuevos elementos como cuando el feminismo comunitario nos habla de que el primer territorio a defender tiene que ser el propio cuerpo humano. Y en esta visin enriquecida del concepto de territorio el equilibrio entre todas sus partes es un elemento esencial que el modelo de desarrollo jams ha respetado. Incluso en las ltimas dcadas est rompiendo de forma ms flagrante con los procesos de extractivismo salvaje de mineras, hidrocarburferas, hidroelctricas o forestales.

Pero el territorio tambin tiene que ver no solo con lo que ste es, sino con la tenencia del mismo. Otro elemento que entra en choque frontal con el sistema dominante. Histricamente, el modelo occidental ha abogado por la propiedad privada, individual y masculina. Sin embargo, la tenencia en los modelos indgenas, en muchas ocasiones es colectiva, comunitaria y no masculinizante, lo que no implica que el uso y produccin necesariamente lo tengan que ser tambin, pero que supone una radical diferencia con el anteriormente citado. Como decamos ms arriba, hablamos de un duelo de paradigmas. Porque es tambin esa visin del uso y tenencia del territorio la que permite comprender mejor las cualidades de ste y los cuidados que sobre el mismo se deben ejercer para no sobrepasar su capacidad de regeneracin y asegurarnos la sostenibilidad de la vida hoy y para las generaciones futuras. La propiedad colectiva de la tierra es la matriz de la delincuencia y de la insurgencia, por ello hay que destruir e incorporar por la fuerza o por la va de acuerdos los territorios indgenas al modelo corporativo transnacional de propiedad privada. Son palabras del teniente coronel del ejrcito estadounidense Geoffrey B. Demarest, quien en los primeros aos de este siglo dirigi una serie de misiones de la universidad de Kansas, en Mxico y Centroamrica, para cartografiar los territorios indgenas. Nos permiten entender mejor las preocupaciones del sistema por cuestiones que a veces se nos presentan como marginales o folklricas, pero que ste hoy sigue percibiendo como un grave peligro para sus bases estructurales como modelo dominante.

En defensa del territorio. La extraccin de gas de roca a partir del fracking implica una muy importante ocupacin del territorio, en detrimento de otros usos. Se trata de una expansin de pozos, instalaciones y caminos que competir con otros usos como los cultivos, los pastos o los ecosistemas silvestres. Estas son palabras no de lejanos pueblos indgenas, sino del Sindicato Andaluz de Trabajadoras y Trabajadores (SAT), escritas en un comunicado que llamaba a la defensa del territorio, entendido tambin como un espacio que va ms all de la capa de tierra que se trabaja. Es un ejemplo ms de que hoy la tierra y el territorio son dos elementos que, afortunadamente, se han entrelazado en un continium que no se podr desenlazar si verdaderamente se quieren abordar problemas profundos del planeta que tienen que ver con cuestiones tambin estrechamente relacionadas. Como es la construccin de sociedades con justicia social y reparto real de la tierra, pero tambin con qu cultivamos, cmo lo hacemos, qu comemos, si todos y todas podemos alimentarnos, si avanzamos hacia el verdadero bienestar para las grandes mayoras y si, adems y sobre todo, mantenemos la vida sobre el planeta en condiciones de sostenibilidad del mismo y de las sociedades que sobre l habitamos.

Jesus Gonzlez Pazos es miembro de Mugarik Gabe

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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