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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 08-02-2017

Cultura con pelota y mentores

Luis Toledo Sande
Cubadebate


Sin descontar que tambin ocurra en otros pases, especialmente del Caribe, en Cuba se disfruta llamando pelota , sin ms, a uno solo de los deportes que utilizan ese implemento, y se siente ms natural ese modo de nombrarlo que las derivaciones bisbol o beisbol del bautizo que le vino de su desarrollo en territorio de habla inglesa, los Estados Unidos. El sabor y la intensidad del uso de pelota como nombre familiar de ese juego expresa el serio ardor con que la nacin cubana lo ha hecho suyo de un modo que marca su cultura, su vida.

A estas alturas del campeonato otra expresin asociable con la omnipresencia del deporte mencionado, nadie se sobresaltar al or que con l sucede Cuba lo que en tantos sitios, incluido este pas, con el sexo: de tanto hacerse sentir, y hacer que se sienta, acapara para s, adems de placeres, recursos de la lengua: dgase del lenguaje, para fijar sin confusiones lo que aqu se quiere expresar. Si no se indica lo contrario, acto , adulterio , violacin , regla , penetracin y quin sabe cuntas palabras ms, y metforas, remiten por directo a la esfera sexual. Para volver al nombre popular del deporte aludido, pasa tambin con su plural: las pelotas , y con frases como estar en pelotas .

Vista histricamente, la introduccin de ese juego en Cuba suscit otro hecho: el pas se libr de la lidia de toros, representativa de la que fue su metrpoli colonial, Espaa. A juicio del articulista quien espera que al menos se le respete el derecho a expresarlo, aunque contrare, dicho sea con el camajn y apreciable narrador Carlos Loveira, a generales y doctores, sera deseable que algn (buen) deporte, nacido en el archipilago cubano o fuera de l, contribuyese a otro logro sansimo: erradicar la lidia de gallos y poner freno a la naciente aficin por la de perros, expresiones ambas del abuso de animales, incompatible con la mejor actitud ante la naturaleza, que abarca bienes como flora y fauna.

Cuando la pelota sera ingenuo suponer que prosper como continuidad del juego de batos de los indocubanos lleg desde los Estados Unidos a Cuba, ya en aquella nacin se formaba la potencia imperialista que planeaba apoderarse de la mayor de las Antillas. Pero en esta el pueblo abraz la pelota con pasin e inventiva tales que, aunque vino acompaada como otros deportes de su jerga de origen, acu conversiones como home en jon, home run en jonrn, hit en jit, short stop en sior y campo corto, fields en files y jardines,  y umpire en ampaya, adems de traducciones como receptor, de catcher, y lanzador, de pitcher, junto a otras equivalencias, tal la sincdoque goma por home.

El imperio se sali transitoriamente con las suyas y en 1898 se adue de Cuba por varias dcadas, a pesar del afn liberador protagonizado por los mejores patriotas de esta tierra. Pero, fuera del deporte, el habla nacional convirti cut ut, variante de interruptor, en catao, y espaoliz, como nombres genricos de refrigerador y de avena, la marcas comerciales Frigidaire y Quaker, mientras que se dira que para mantener la nocin de juego plywood, que equivale a madera prensada y se pronuncia plibud incluso entre personas instruidas y conocedoras del ingls termin en play wood, con su pronunciacin plibud.

Hoy, en medio de una revolucin antimperialista, abundan quienes se enredan en la telaraa llamada globalizacin, supuestamente mundial pero anclada en el predominio del ingls, y se despepitan impostando voces de ese idioma. En narraciones deportivas no falta el dislate de corring mal calco de running en lugar de corrido, y en aeropuertos y billetes de reservacin de pasajes del pas la capital de este no se llama La Habana, sino Havana. Pero eso, que el autor ha tratado en otros textos, no es tema central del presente artculo.

Volvamos a los deportes. En la carrera de relevo y de ciclos que se vincula, bien o mal, con el devenir histrico, hoy en la aficin nacional prospera el balompi, ms que con ese nombre, con espaolizaciones ftbol o futbol del que tiene en ingls: foot ball, y no parece venir de nuestra Amrica, donde tambin lo hay muy bueno, sino de Europa, de Espaa en particular. Bienvenida la diversificacin que le propicie a Cuba crecer en ms deportes, pero ese parece llegarle, sobre todo, con la fama de los bien pagados clubes Real Madrid y Barcelona. En Espaa misma otros clubes viven en la inopia y no sirven para ilusionar, anestesindolos, a jvenes que ni logran trabajo. Para estos como antes en los Estados Unidos la del Buick que usted tambin puede tener se fabrica la imagen por la cual hace casi una dcada el articulista escribi Hroes del ftbol, publicado en Cubarte.

Tal vez ante exaltaciones generadas por aquellos dos equipos se deba tener en cuenta la sugerencia risuea pero no desprevenida hecha por alguien que apunt que para el joven Jos Mart el dilema vital de Cuba fue O Yara o Madrid!, no O Bara o Madrid!. La realidad cambia, y a veces se cambia lo que no debera ser cambiado. Cosas variopintas pudieran montarse sobre las transformaciones iniciadas en el deporte cubano, en la sociedad cubana, por motivos que bastante ms que a cuestiones tcnicas responden a retos econmicos y de pensamiento vividos en el barrio y en el mundo.

Vase apenas un (mal) ejemplo: en un programa televisual cubano no de televisoras regidas por el capitalismo un presentador derroch impresentable entusiasmo sobre uno de esos tipos de competencias en que vale todo: aun darle patadas en el rostro al adversario y saltarle brutalmente sobre el pecho cuando un golpe lo ha derribado ya sobre la lona. S, aunque nunca apareciera la pgina donde presuntamente lo escribi lo habr dicho en alguna conversacin?, una vez y otra se valida lo atribuido a un gran hroe antillano que luch por Cuba y le conoci hasta la mdula: lo de no llegar o pasarse.

Desde sus orgenes aunque el pugilismo y otras formas de lucha cuerpo a cuerpo llegaron a extremos aberrantes como el circo romano el deporte se vincul a la mxima de mente sana en cuerpo sano. Tal aspiracin debe seguir iluminando la prctica deportiva en el mundo, y de modo especial en un pas cuyos ms relevantes y dignos despegues en dicho terreno se han debido, sobre todo, al carcter masivo de esa prctica: en l se halla la mejor base para lograr en competencias internacionales triunfos verdaderamente orgnicos.

La mente sana es inseparable de la buena educacin, con la que no son incompatibles las expresiones correctas de jbilo suscitado por victorias deportivas que se alcanzan gracias a ingentes esfuerzos. Pero por qu para seguir dentro de la pelota, aunque la realidad aludida concierne tambin a otros deportes propinar un ponche o conectar un jonrn debe celebrarse con gestos y palabras procaces? Por qu la inconformidad con la decisin de un rbitro se ha de expresar de manera agresiva o irrespetuosa tanto por parte de jugadores como de directores de equipo? El pblico que en estadios o por televisin ve un juego, merece lo mejor, tambin en cuanto a conducta.

La pasin puede ser digna, pero no ms que la buena compostura. El deporte, en que tanto se invierte, ni de modo involuntario debe ser cmplice de la grosera que infecta al pas. Un deportista puede ser un dolo para toda la poblacin, no solo para la infancia y la juventud, aunque en estas urja especialmente revertir y conjurar manifestaciones de violencia y chabacanera, y dems formas de conducta reprobable. Tal responsabilidad convoca a todo el personal que participa en juegos y competencias. Los rbitros en particular deben procurarse y tener una creciente superacin tcnica, no solo para la buena marcha de lo deportivo, sino para que su ejemplo contribuya a que la libra y el kilogramo se acerquen por lo menos a las diecisis onzas y a los mil gramos que deben tener respectivamente.

Quien arbitra no es un arcngel, sino un ser humano, y se equivocar; pero, al margen de las intenciones reales, en la suspicacia colectiva la reiteracin de errores puede acabar asocindose, de manera ms o menos consciente, con el desastre que hace aos representan las balanzas desajustadas en su funcionamiento y dolosamente manipuladas por dependientes inescrupulosos. Tan grave realidad es inseparable de la indisciplina social que ya es un hbito criticar pero no parece enfrentarse con eficacia, entre otras cosas porque se va viendo como si fuera normal: un hbito ms. Frente a ello tienen una misin que cumplir, desde el deporte, quienes dirigen, y eso, en la pelota, concierne visiblemente a los mentores de equipos, nombrados a menudo con la voz inglesa managers.

Por estos das la admiracin ha crecido en todo el pas, no solo en Granma, provincia del equipo que l dirige y de ella toma nombre en torno a un mentor de extensa trayectoria: Carlos Mart. Un consenso generalizado y natural le reconoce virtudes que, como la decencia, la mesura, el respeto a sus peloteros, a los rbitros y al pblico hacen de l un educador. Bsicamente eso debe ser en Cuba un buen director de equipo, y tal vez sobre todo cuando los deportistas del pas estarn cada vez ms vinculados con otras sociedades. El director de Granma no ser el nico en dar un buen ejemplo, pero de l se trata ahora.

Cuando este artculo se escribe, ese equipo, que gan el reciente campeonato nacional, ha tenido tres victorias y solo un revs en la Serie del Caribe, un desempeo que reverdece lauros del deporte nacional. Pero el autor, que no desea figurar entre quienes rinden culto al exitismo lcidamente rechazado por Darcy Ribeiro, se adelanta a los resultados finales de la competencia, para que la valoracin sustentada en el texto no se empae por posibles reveses propios del deporte ni dependa de la deseada y ojal conseguida victoria final.

Los resultados de un equipo responden, en gran medida, a la calidad, la disciplina y el tesn de sus jugadores. Pero nadie pondr en duda la importancia del cuerpo de direccin. Y Carlos Mart se ha ganado una reputacin que no es fruto de una campaa aislada. Vale recordar su papel de hace aos en un triunfo de Orientales, y su larga labor con el propio Granma. Tambin cuenta su quehacer con el equipo juvenil nacional, de donde viene su ascendiente sobre un receptor como Frank Camilo Morejn, representativo de Industriales y que por el uniforme granmense ha hecho y hace como si fuera un bien nacido de ese territorio, donde lo han acogido cordialmente como a uno ms (no menos) de ellos, al igual que a los otros jugadores con que ese colectivo se ha reforzado.

El respeto con que hablan de Carlos Mart sus jugadores (las comillas apuntan a que los peloteros no son una pertenencia esclava de quienes los dirigen), se corresponde con el modo como l los trata. Quizs no haya podido, o no se le ha propiciado hacerlo, buscar para sus muchachos hombres, seres humanos la solucin de algunos de sus problemas materiales bsicos, lo que debe constituir un mecanismo social irreductible a grupos descollantes. Pero se aprecia que no los humilla, no pasa de la plausible exigencia de rigor a crearles tensiones desmedidas que pudieran hacerlos perder juegos cruciales.

A quien no sea capaz de dirigir as a deportistas para no hablar de otros colectivos, aunque el asunto ni empieza ni acaba en aquellos no se le debera conceder tal autoridad, pues con ella puede generar ms deformaciones que rectitudes. Tal vez hasta en la manera de escoger refuerzos para el equipo que encabeza se aprecien rasgos aleccionadores en el mentor de Granma, y no sera injusto ni impertinente apuntar que su andadura deportiva es asimismo aunque el hecho sea aleatorio y el til fechismo no se deba tomar como algo fundamental un buen tributo, en su sexagsimo aniversario, al recorrido hacia la historia de la embarcacin que dio origen al bautizo de la provincia que ese equipo representa.

Mucho ms importante que alcanzar victorias concretas en competencias deportivas por muy valiosas y estimulantes que ellas resulten es y ser formar ciudadanos correctos, honrados, decentes, de buena conducta. Es a eso a lo que todo apunta que desea contribuir Carlos Mart, quien lo hace discretamente, sin aspavientos, sin necesidad de robar cmara, ni de ostentar prerrogativas. Nadie dude que, para ostentaciones, puede haber mscaras diversas, aunque a la postre sea fcil descubrirlas, y en ninguna esfera se deberan consentir hasta que los malos resultados estallen y se tornen visiblemente intolerables.

No es la primera vez que el autor escribe sobre pelota, ni este es su primer elogio a un mentor victorioso. Haberlo hecho antes le ha causado regocijos, y tambin alguna decepcin: hay quienes son capaces de enlodar su currculo deportivo, incluido su desempeo de managers, traicionando nombre y aureola maceicos. Pero el articulista intuye que el gua de Granma se mantendr fiel incluso al apellido que lleva, aunque probablemente nada lo una en consanguinidad fsica, s en la tica, al hroe que sign ese vocablo con el decoro, con la dignidad, con la estrella que ilumina y mata, y quema antes que incurrir en deslealtades a la patria y a la honra. No son una las dos?

Fuente: http://www.cubarte.cult.cu/es/article/48166



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