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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 09-02-2017

Cooperacin Internacional al desarrollo
Los dilemas de las ONGD

Iosu Perales
El Viejo Topo


Tras ms de cuatro dcadas de existencia, el muy variado mundo de las Organizaciones No Gubernamentales de Cooperacin al Desarrollo (ONGD) vive hoy profundos dilemas. Ayudar a la mera sobrevivencia de las mayoras sociales del Sur o apoyarles decididamente en la transformacin de su forma de vivir? Esta interrogante debera ser el ncleo de toda reflexin y debate acerca del presente y futuro de la llamada Cooperacin al Desarrollo, y por consiguiente del papel de las ONGD.

Las ONGD de los pases del Norte desempean un papel importante en el sistema internacional. Manejan ms del 10% de la ayuda al desarrollo que circula por el mundo. Con el trmino de ONGD me refiero aqu a instituciones con un grado de profesionalizacin y que al menos cuentan con una oficina y una o ms personas en nmina. En los pases europeos, la OCDE tiene referencia de unas 4000 ONGD. Estos miles de ONGD cuentan con recursos financieros provenientes de los gobiernos, municipios y otros fondos privados recolectados entre la poblacin.

Sobre este universo de ONGD, desde redes, movimientos sociales y publicaciones alternativas, se vierten crticas al lugar que ocupan y a la funcin que ejercen de manera global. Estas observaciones son generalmente razonables en la medida en que expresan una preocupacin respecto a la posible subordinacin al papel que las instituciones econmicas y polticas ms poderosas que adjudican a las ONGD la funcin de bomberos de la pobreza y ejrcito humanitario destinado a sellar un hipcrita consenso moral en las sociedades del Norte.

Entre las crticas, las siguientes son las ms recurrentes: las ONGD se mueven en un terreno que se aleja cada vez ms de las posiciones solidarias; dependen de las donaciones de las gobiernos y agencias que subvencionan los proyectos; crean estructuras burocrticas y clientelares en los pases del Sur donde intervienen; contribuyen a vaciar y desnaturalizar los movimientos sociales tradicionales; sustituyen al Estado en aquellas funciones sociales que le deben ser propias; generan en las poblaciones del Sur una cultura de la dependencia que se comporta como clientelismo; compiten entre s. La presuncin general de que las ONGD son un instrumento poltico, econmico y meditico de los gobiernos que tratan de incluirlas en sus mbitos de dominio no es una exageracin.

Coincido en estas y otras preocupaciones, a las que hay que aadir la precariedad derivada de las polticas laborales de sustitucin de personal cualificado por jvenes contratados de acuerdo con el marco de la reforma impuesta por el Partido Popular. Muchas ONGD han descapitalizado recursos humanos y profesionales en aras de bajar sus costes mediante despidos.

Sin embargo entiendo que no puede interpretarse el trabajo de las ONGD de forma unvoca, y que es preciso distinguir entre la variedad de las mismas para localizar un buen nmero de organizaciones que s estn comprometidas con procesos sociales y luchas por el cambio poltico en clave popular. Ciertamente, un grupo de ONGD del Sur y del Norte trabaja en el impulso de procesos organizativos que articulan a bases campesinas y urbanas, a mujeres, indgenas, jvenes, con un enfoque democrtico, autogestionario y anti neoliberal. Precisamente, es en este punto donde las crticas generalistas al fenmeno de las ONGD tienen su punto ms dbil: al no localizar en la variedad de ONGD la existencia de experiencias netamente positivas, se comete el error de emitir sentencias poco inteligentes y poco justas. Hay ONGD que pese a las dificultades actan como independientes; son realmente solidarias y co-responsables de los problemas del Sur; estn arraigadas en la sociedad; cuentan con bases sociales; tienen aspiraciones de hacer de su trabajo un elemento de transformacin social.

En todo caso mi crtica a la llamada cooperacin al desarrollo parte de la certeza de que, como prctica general y teora, ha fracasado. Tras la segunda guerra mundial, la teora que afirmaba que un crecimiento importante de los pases centrales arrastrara tras de s el crecimiento de los dems pases, ha resultado ser lo opuesto a la realidad. Era una teora evolucionista que subordinaba la cooperacin al desarrollo econmico de los pases ricos, mientras asignaba ayudas-limosna a los pases del Sur. Luego, el Consenso de Washington puso en el centro a los mercados y la cooperacin internacional pas a ser cada vez ms funcional a ese objetivo central. Tras el fin de la guerra fra, sin la competencia de la Unin Sovitica, incluso esas ayudas al Sur han bajado en inters. En realidad, aunque las palabras cooperacin al desarrollo sigan encabezando los programas de ayuda institucionales (AOD), en lo que se piensa fundamentalmente es en amortiguar situaciones extremas y evitar males peores, cuando no simplemente en utilizarla como instrumento para intereses comerciales, como es el caso de la creciente ayuda ligada. Es un hecho por lo dems que las ayudas han descendido notablemente. La Unin Europea, la Agencia Espaola de Cooperacin han bajado sustancialmente los montos de donacin, sobre todo va ONGD.

Las instituciones econmicas mundiales, los gobiernos y los organismos internacionales, hace mucho tiempo que han renunciado al desarrollo real de los pueblos del Sur. En realidad, el Norte tiene la conviccin de que su propio modelo de vida, su bienestar, siendo impracticable a escala planetaria, se sostiene gracias a la desigualdad creciente entre regiones del mundo. Es por eso que de la apoteosis de las ONGD se ha pasado un escenario en el que la mayora de ellas son prescindibles, ocupando su lugar las empresas. De hecho tanto la UE como la AECID espaola vinculan cada vez ms la ayuda al desarrollo funcional a los tratados de libre comercio. La ayuda es enfocada como herramienta para paliar los daos colaterales de tratados lesivos para las poblaciones del Sur. Dando un paso ms, la poca actual est poblada de trampas: se llama solidaridad a lo que es en realidad una modalidad de mercantilismo en forma de crditos o de penetracin empresarial o, como mucho, un asistencialismo incapaz de afrontar el problema estructural de la pobreza.

La ayuda humanitaria

El caso de la llamada ayuda humanitaria es paradigmtico. Este tipo de cooperacin es creciente en las acciones de las ONGD, desplazando a los proyectos y programas productivos y sociales. Una mirada hacia las tendencias que apuntan los grandes donantes indica su intencin de adjudicar a las ONGD mayor participacin en acciones humanitarias y de emergencia, al tiempo que las acciones llamadas de desarrollo darn ms oportunidades a empresas y agencias locales con alguna relacin con los gobiernos. Existen de hecho ONGD especializadas en actuar en los casos de daos colaterales, bajo la proteccin de contingentes militares.

La estrategia de los grandes donantes tiene bastante lgica si consideramos que la cooperacin para la produccin, desarrollo de infraestructuras y transporte, comercializacin, etc., es proclive a ser utilizada por distintos ministerios de los gobiernos del Norte en la bsqueda de ventajas, para lo que es ms propio ir dando protagonismo a empresas y otros entes privados que a las ONGD. Por otro lado, es cierto que en momentos de catstrofes colocar a las ONGD en acciones televisadas tiene una triple ventaja: las ONGD tienen mayor credibilidad que los gobiernos locales en la distribucin de la ayuda; son representativas de una sociedad que ve en su actuacin un blsamo moral; se sita a las ONGD en un plano de accin en el que difcilmente pueden incidir sobre procesos sociales y polticos, e impulsar movimientos sociales locales all donde intervienen.

Del mismo modo, como la ayuda al desarrollo no podr nunca alterar o suplir las medidas estructurales que actan sobre la pobreza y la marginacin, la ayuda humanitaria no puede alterar el rumbo de los conflictos. Antes bien, la ayuda humanitaria no es nada sin accin poltica y una idea de justicia. Al menos las ONGD, al actuar en este campo, pueden aprovechar la presencia en el terreno para hacer una ayuda humanitaria que denuncie la violacin de los derechos humanos y contribuir a crear un opinin pblica sobre las causas estructurales de la pobreza y los motivos que provocan las crisis humanitarias.

Parto de la idea de que hay colectivos a los que se les debe auxiliar desde la razn moral del mal menor. No todas las acciones solidarias estn destinadas a transformar realidades; tambin es necesario aliviar el sufrimiento de millones de personas que tienen derecho a vivir sin ser por el momento sujetos de cambio social y poltico. Sin embargo hay dos modos de situarse ante el dilema de la ayuda humanitaria: con comodidad, con una actitud poco o nada crtica, o desde la incomodidad y el malestar, desde el ejercicio de la crtica.

En otros casos, la ayuda humanitaria es el paraguas de la prolongacin de conflictos que la ONU no es capaz de resolver caso Sahara- polticamente: la ayuda se utiliza para amortiguar la crisis y dejar que el tiempo pase y desgaste a una de las fuerzas en conflicto. Pero, por otro lado, la ayuda permite a los saharauis resistir sin rendirse. Como vemos un mismo hecho encierra contradicciones. En sentido positivo, mucha gente ha salvado la vida por la presencia de ONG extranjeras. Una ayuda humanitaria combinada con una vigilancia de los derechos humanos puede ser cuando menos interesante. En todo caso es interesante tratar que en el marco de las acciones humanitarias y de emergencia sea la propia poblacin la protagonista con capacidad de decisin. Considerar a las personas beneficiarias como a alguien a quien hay que dar cuenta de las acciones, no slo a las agencias e instituciones donantes.

En el caso de las ONGD con vocacin de cambio social, su independencia tiene que confrontarse continuamente con los programas y esfuerzos de cooptacin neoliberales, lo que significa inicialmente un ejercicio de crtica a conceptos que, al ser manejados por organismos neoliberales, han cambiado por completo su sentido original. En segundo lugar, su oposicin ha de pasar por construir estrategias alternativas que les permitan ser fieles a los movimientos populares, en tanto que acompaantes de procesos sociales de resistencia y de lucha por el cambio. Existen realmente espacios reales para una accin positiva que acompae eficazmente a los movimientos y las luchas populares en los pases del Sur? La encrucijada es permanente y obliga a un referndum diario, incluso de las ONGD ms volcadas a lo social, en el mbito de la llamada cooperacin al desarrollo.

Hasta el momento, mltiples experiencias con organizaciones y movimientos sociales indican que s es posible una cooperacin alternativa desde la consciencia de las grandes limitaciones de este tipo de solidaridad y de internacionalismo; pero tambin desde la certeza de que las ONGD de vocacin alternativa pueden impulsar con sus medios una matriz que articule, entre otros muchos, esfuerzos de economa popular con otros de poder local y democracia participativa; esfuerzos de lucha por el acceso a la tierra con otros de desarrollo de agricultura sostenible y cuidado de la biodiversidad; esfuerzos de organizacin social en la medida en que los proyectos no deben ser vistos como espacios separados y ajenos a las luchas generales.

Algunos principios bsicos:

1. La poblacin pobre y el principio de empoderamiento. La cooperacin al desarrollo debe tener como principio el protagonismo de las poblaciones destinatarias y de las organizaciones locales que las representan. La apropiacin de los proyectos y programas por parte de las comunidades, sectores y organizaciones implicadas, constituye una condicin elemental y a la vez decisiva, desde el primer instante de su identificacin hasta el final de su ejecucin. Este criterio esencial coloca a las ONGD internacionales en un lugar subordinado. Pero es importante hacer algunas precisiones:

Empoderamiento no significa trasladar a los pobres la responsabilidad plena de salir de su pobreza. La idea del protagonismo de los pobres no debe entenderse, de ningn modo, como un eximente de las responsabilidades del Estado. Empoderamiento, en nuestro enfoque, tampoco significa cargar sobre las comunidades pobres la sostenibilidad de servicios bsicos que son responsabilidad de las instituciones pblicas. Es por ello que concebimos la cooperacin al desarrollo en paralelo al fortalecimiento de organizaciones sociales que exijan de las autoridades polticas la implementacin de medidas sociales.

Bien entendido, el empoderamiento es una herramienta bsica; condicin necesaria para el despliegue de estrategias econmicas, sociales y polticas populares, construidas desde abajo. En la prctica ello nos lleva a asumir un criterio que consideramos importante: procuramos trabajar con aquellos sectores pobres conscientes de la necesidad de organizarse y de situar los esfuerzos por su propia sobrevivencia en el marco de un esfuerzo general de los pobres de un pas por transformar la sociedad.

2. Principio de asociacin con los socios locales. Las llamadas comnmente contrapartes o socios locales son los aliados con los cuales se planean estrategias sectoriales, territoriales y nacionales. Con ellos se establecen una relacin entre iguales, no jerrquicas, compartiendo diagnsticos y actuando de manera concertada, respetando siempre la iniciativa de las organizaciones locales.

De manera preferente se ha de trabajar por construir espacios estables y fuertes con socios locales que manifiestan un inters recproco. Con estos socios locales hay que avanzar en el diseo y consolidacin de estrategias de largo alcance, de modo que los instrumentos de la cooperacin sirvan de manera coherente al impulso de procesos sociales. Este procedimiento representa el deseo de las partes de ir ms all de una sumatoria de proyectos, estableciendo parmetros multidimensionales (dimensin social, econmica, poltica, cultural, transversalidades) para el desarrollo de estrategias integrales.

Desde este enfoque la solidaridad alcanza una concrecin de organizacin-relacin de alianzas que hace cmplices a ONGD locales y extranjeras en el marco de un proyecto, superando la clsica visin-relacin basada en la asimetra del que da sobre el que recibe. Este enfoque se inscribe en una nueva internacional de la solidaridad y de la responsabilidad global, ms all de las fronteras.

3. El impulso de procesos sociales. La cooperacin que propongo pretende animar y fortalecer procesos sociales, bien de carcter local-territorial, bien sectorial, bien de movimientos como los de mujeres. El concepto proceso social tiene en este caso un carcter multidimensional que abarca todas las facetas de la vida.

Los proyectos y programas aislados entre s y del entorno, por muy buena lgica interna que tengan, son insuficientes para el logro de impactos verdaderamente transformadores. Se hace necesario que cada accin forme parte de una visin y de una dinmica prctica amplia liderada por las poblaciones y organizaciones locales. Es en la unin de sinergias, en la complementariedad de actuaciones y de actores donde encontramos los efectos multiplicadores que la cooperacin necesita para alcanzar cuotas de desarrollo humano sostenible. De este modo la dinmica de proyectos que responde a una visin limitada y chata, debe ser superada por la dinmica de procesos que permite situar cada accin en el marco de una estrategia de largo alcance.

La participacin en procesos sociales invita a comprender mejor la pertinencia de la cooperacin al desarrollo que practican las ONGD, la necesidad de formular nuevos proyectos y programas que respondan de manera adecuada a los desafos territoriales y sectoriales, y la conveniencia de consolidar alianzas que permitan ser ms eficientes y lograr mejores impactos. Plantea asimismo un esfuerzo diligente para motivar la reunin de poblaciones locales y trabajar con ellas de forma estructurada.

4. El Desarrollo como construccin interna. Los principios de cooperacin descritos nos conducen al principio de que el desarrollo humanos sostenible es bsicamente una construccin interna, no el resultado de la ayuda internacional ni de la intervencin de las multinacionales y mercados globales. Un proceso que requiere una autntica colaboracin entre el Estado y las comunidades locales que toman responsabilidades en el marco de una reciprocidad. Esto es lo que llamo Desarrollo Endgeno Participativo que sita la economa popular, social y solidaria, en el centro de la intervencin, lo que constituye no una tcnica sino una opcin poltica.

Este enfoque de desarrollo como construccin interna contiene varias dimensiones que combinadas son un pilar central en la lucha contra la pobreza: a) una dimensin social particularmente expresada en la revitalizacin de la sociedad civil; b) una dimensin humana representada en la mejora de los sistemas de educacin, salud, empleo, rol de la mujer; c) una dimensin ambiental que se concreta en la valorizacin del medio ambiente como activo del desarrollo; d) una dimensin econmica como impulso de la economa popular, social y solidaria; e) una dimensin democrtica de fortalecimiento del poder local y de la participacin activa de la poblacin en los mbitos de decisin; f) una dimensin de gnero que debe desplegarse en todas las dems.

Todo ello se traduce en el esfuerzo por dar apoyo a colectivos y comunidades que trabajan por alternativa econmicas y de vida; el apoyo a organizaciones de autogestin y comunitarias; el respaldo a instituciones locales que promocionan una democracia participativa; el apoyo a proyectos y acciones de gestin cuidadosa del medio ambiente; el impulso de programas que favorezcan la promocin individual y colectiva de las mujeres. Sobre este ltimo punto, en la lnea de lo ya expresado sobre la igualdad de hombres y mujeres, se debe asumir plenamente el enfoque de Gnero en Desarrollo como un pilar bsico y decisivo de una visin alternativa del desarrollo que incorpore la economa del cuido o feminista.

El desarrollo como construccin interna nos induce a definir el Territorio (local, comarcal, de micro-regin) como el espacio por excelencia; actor decisivo que se erige en sujeto principal y en el que se renen las capacidades endgenas.

5. La Democracia en todas las dimensiones de la vida. En los ltimos aos se viene prestando gran atencin a los procesos de democracia poltica como garantes del Estado de derecho, de los derechos polticos y civiles individuales y colectivos. Las ONGD deben preocuparse, precisamente, en el hecho de que en la mayor parte de pases en los que intervienen, las democracias son frgiles, minimalistas e inciertas. Su fragilidad es paralela a la altsima concentracin del poder y a una enorme polarizacin social que nos permite hablar de sociedades desvertebradas con gran vulnerabilidad y realidades masivas de exclusin y marginacin.

Constatamos que hay una gran distancia entre los ideales democrticos que se proclaman y las realidades prcticas. En este contexto es la propia cooperacin al desarrollo la que se resiente al no encontrar el habitat sociopoltico idneo para su sostenibilidad y para la accin coordinada entre sociedad civil y Estado. Es por ello que se han de concebir las acciones de las ONGD, no slo como econmicas, sino como un enfoque en la construccin social de nuevas modalidades democrticas que abran amplios espacios de participacin de la sociedad. El desarrollo humano sostenible encuentra en la democracia participativa mejores posibilidades endgenas y mayo fuerza social concertada. Se trata por consiguiente de ir ms all de la democracia formal para dar lugar a un nuevo contrato social en el que las polticas pblicas se orienten al mejor reparto de la riqueza y a la socializacin de la poltica.

De acuerdo con lo anterior entendemos la gobernanza como el buen gobierno, no como mero orden pblico o paz social impuesta para el despliegue de planes neoliberales. Precisamente la lgica neoliberal trabaja por debilitar la dimensin social del Estado, deslegitimando lo pblico, y es un hecho real que tratar de hacer de las ONGD, mediante transferencia de recursos, los nuevos gestores de servicios que histricamente han sido definidos como propios del Estado es un error. No comparto en absoluto este enfoque. Considero que la cooperacin al desarrollo debe luchar por el rescate del Estado con polticas pblicas sociales y progresistas, con calidad democrtica. En este sentido debe establecerse el principio de unir sinergias entre Estado, comunidades, organizaciones locales y ONGD internacionales, en torno a estrategias desarrollo humano sostenible en lucha contra la pobreza estructural, desde la premisa de responsabilidades complementarias y distintas, nunca bajo la lgica de las privatizaciones.

La democracia es inseparable de los Derechos Humanos indivisibles. Ellos forman parte de principios vinculados tambin a la cooperacin. En este sentido, como explicitacin ms clara y simultnea ampliacin de los DDHH, se han de asumir los Derechos Econmicos Sociales y Culturales (DESC) como una agenda permanente de toda accin de cooperacin alternativa. Hay que trabajar desde el criterio innegociable de que los pueblos del Sur como los del Norte son sujetos de derechos y por consiguiente son de obligado cumplimiento por los gobiernos y organismos inter-gubernamentales.

Fuente: http://www.elviejotopo.com/topoexpress/cooperacion-internacional-al-desarrollo/



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