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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 10-02-2017

Dilemas estratgicos de Podemos

Antonio Antn
Rebelin


En el actual proceso que culmina en su Asamblea Ciudadana (Vistalegre 2), Podemos se enfrenta a un dilema: la consolidacin o no de su capacidad transformadora. Lo que se ventila es el avance o el retroceso (o estancamiento) de la dinmica del cambio sociopoltico e institucional en Espaa (y su influencia en la Europa del Sur), as como su capacidad de arraigo social, estmulo de la participacin y la activacin cvica y carcter de la representacin poltica de las demandas populares. Esta dinmica afecta al grado de refuerzo o debilitamiento de las fuerzas del cambio y la accin articuladora de Podemos con sus aliados (Izquierda Unida en Unidos Podemos, las confluencias En Com Podem de Catalunya, En Marea de Galicia, Comproms de la Comunidad Valenciana-, as como las candidaturas municipalistas y otros grupos menores). Todos los sectores progresistas, partcipes del cambio poltico y social, estamos involucrados por sus decisiones y consecuencias.

Dos son las tareas principales en el medio plazo -hasta los aos 2019/20- que se van a decidir. Una, adaptar y dotarse de una orientacin poltica que, desde los grandes valores constitutivos de justicia social, igualdad y democracia, defina el camino, los objetivos, las prioridades polticas, las fuerzas sociales y las alianzas implicadas; todo ello con los objetivos de consolidar y ampliar el movimiento popular y avanzar en el cambio sustantivo, institucional y socioeconmico. Otra, conformar un mejor instrumento representativo y articulador, un partido-movimiento con una distribucin del poder interno e institucional ms transparente, democrtica e integradora, junto con una vinculacin ms fluida y participativa con sus bases sociales, los movimientos cvicos y la sociedad.

Son evidentes las diferencias polticas y organizativas que han cristalizado, aparte de otras tendencias menores, en tres grandes sensibilidades o tendencias (pablistas, errejonistas y anticapitalistas) con sus equipos (representados simblicamente por Pablo Iglesias, igo Errejn y Miguel Urbn) y sus documentos polticos correspondientes: Plan 2020, ganar al Partido Popular, gobernar Espaa; Desplegar las velas: un Podemos para gobernar, y Por la Revolucin Democrtica, por una Marea Constituyente. La confrontacin afecta a los dos temas clave: por un lado, la estrategia poltica y de alianzas y, por otro lado, la configuracin del partido-movimiento y la distribucin del poder interno y su legitimidad.

Hasta este momento, la imagen pblica, amplificada por los medios, es de profunda divisin. Aunque a veces se habla de proyectos complementarios, la polarizacin es abierta y las diferencias de fondo parecen insalvables. La dinmica es de confrontacin de tendencias para conseguir apoyos y lealtades y obtener la mayora de la organizacin. Est la incgnita sobre el desarrollo posterior de los equilibrios conseguidos en las estructuras dirigentes, el alcance de las divisiones internas y el grado de compromiso compartido sobre la orientacin poltica y la direccin y el liderazgo aprobados.

Se presupone que hay un inters comn por fortalecer Podemos (y sus aliados), que debera ser ms patente; adems, hasta ahora, es un fenmeno exitoso y no existen otras opciones operativas. Ambos hechos dificultan una dinmica hacia la escisin de unos u otros. Pero existe el riesgo, si no se cierra bien este proceso, de consolidar la dinmica de dar prioridad a la accin por la mejor colocacin relativa frente a los otros, del enquistamiento de la fractura y la prolongacin de la pelea interna por mejorar cada cual las posiciones orgnicas, la hegemona poltica y organizativa. Como dice Chantal Mouffe (En torno a lo poltico, 2007), vieja conocida de los dirigentes de Podemos, la diversidad puede ser una fuente de fortaleza, pero [si es excesiva, sin compromisos bsicos y sin regulacin] puede plantear problemas serios. En todo caso, la presin de la gente por la unidad y la participacin democrtica pueden ayudar deslegitimando las posiciones sectarias y autoritarias.

Un marco interpretativo sesgado

El conflicto no se produce segn el marco interpretativo que define el documento de Errejn y su equipo: dos proyectos antagnicos en los que la garanta para avanzar o ganar la tiene un grupo (errejonista) y la de perder o ser marginal el otro (pablista). Esa valoracin interesada puede recoger mejor los apoyos a su opcin de alguna gente inscrita. Pero a costa de reinterpretar negativamente la estrategia de Podemos seguida este ltimo ao, dejando de lado, precisamente, el posicionamiento sobre la principal iniciativa estratgica: la apuesta por un Gobierno de progreso compartido con el Partido Socialista y el rechazo a una posicin subalterna en el pacto continuista de PSOE-Ciudadanos. As, justifica la necesidad de un cambio de rumbo poltico y aspira a la hegemona organizativa en la direccin: el futuro para ser til y ganador estara en las manos de su corriente, desplazando a la tendencia pablista.

Definidos as los respectivos proyectos polticos (el documento de Iglesias no entra a valorar la estrategia de Errejn) la confrontacin antagnica es evidente. Pero la realidad es distinta. Por una parte, hay muchos elementos comunes, a veces instrumentalizados para legitimar la posicin propia, pero que conforman el bagaje y la experiencia popular de todo el proceso de cambio en Espaa. Por otra parte, existe una diferenciacin discursiva entre los lderes, de gran peso simblico pero con algunos fundamentos artificiales, junto a un contundente reagrupamiento, a veces simplemente sectario, y una polarizacin de poder, aun con un espritu dominante en la gente inscrita y bases electorales de unidad y colaboracin.

El fortalecimiento o debilitamiento de Podemos y su influencia poltica no viene derivado de si gana Errejn (tampoco de si gana Iglesias) sino de profundizar y destacar ese proyecto comn y una direccin plural y unitaria, a los que no sera muy difcil de acceder con voluntad, tolerancia y pragmatismo. Las diferencias (y deficiencias) polticas que existen, incluso sustantivas, podran haber dado lugar a la formacin de debates, sensibilidades y candidaturas diferentes, con el correspondiente reequilibrio de fuerzas en los rganos dirigentes segn la representatividad de cada cual y el ajuste de la orientacin poltica, segn el predominio de unas ideas u otras. El marco de debate y decisin hubiera sido ms unitario y el objetivo compartido de avanzar y ganar ms eficaz. No ha sido as y, en seguida, voy a analizar por qu.

Antes, concluyo esta consideracin previa: la resolucin del dilema de si este proceso de Asamblea Ciudadana sirve para potenciar o reducir la funcin poltica de Podemos no viene derivada de la apuesta por que ganen unos u otros (lo que tiene muchas implicaciones importantes). Va a venir de si se mejora o empeora la capacidad de articular un proyecto compartido y unitario y una dinmica integradora y democrtica. La solucin no es la imposicin de la mayora que salga sino la regulacin del pluralismo, la actitud integradora, la lealtad a las decisiones mayoritarias y la relativizacin de las grandes diferencias discursivas, algunas construidas instrumentalmente para sacar ventaja comparativa. En definitiva, con el desarrollo prctico del proyecto compartido, dejando en un segundo plano las diferencias que debern ir resolvindose con la experiencia prctica y el debate constructivo. Y ese reto est por ver cmo se afronta, incluso en las semanas posteriores.

Son positivos y necesarios los gestos de contencin y los compromisos parciales de todas las partes implicadas (aqu conviene citar la actitud encomiable de mediacin de Carolina Bescansa y Nacho lvarez, que han presentado la dimisin de sus cargos orgnicos por la frustracin de su intento). No obstante, han tenido un impacto limitado y todo aboca a una confrontacin abierta de proyectos y candidaturas a las estructuras dirigentes. Se trata de explicar el alcance y la profundidad de las diferencias, la dinmica del conflicto y sus efectos y, sobre todo, analizar el horizonte que se abre segn qu estrategia y qu nuevo equilibrio de fuerzas se produce.

Diferenciacin estratgica sin fundamentos reales

Me centro en el anlisis del documento de Errejn y dems firmantes, el ms complejo y difcil de valorar. En la primera parte (hasta la pgina 18) se hace un repaso crtico de la estrategia de Podemos tras el 20-D, el diagnstico de dos estrategias contrapuestas y los objetivos generales de su alternativa; en la segunda parte se desarrollan con ideas genricas, y en la tercera se concretan con medidas razonables. Veamos algunas definiciones y argumentos de lo primero, donde se concentra la polarizacin.

Tras la afirmacin de la existencia de las dos estrategias, el documento no entra en la explicacin o posicionamiento ante la estrategia real seguida por Podemos y liderada por Pablo Iglesias (y compartida por Errejn y la mayora de su equipo). Construye y le adjudica una estrategia ficticia, con la que se contrapone fcilmente. Est basada en actuaciones secundarias u opiniones de determinadas personas, pero no considera lo ms relevante de la estrategia expresada en el documento de Iglesias.

As, elabora discursivamente diversas dicotomas interesadas: su estrategia consistira en ganar o avanzar posiciones sociales e institucionales, la contraria en perder, estancarse o retroceder; la primera, en ir a la ofensiva y con iniciativa, ensanchando apoyos, la segunda a la defensiva, con los convencidos y en el extremo del tablero; la primera, con la transversalidad como garanta de relacin amplia y abierta con la gente, la segunda, encerrada en los sectores empobrecidos, preocupada solo por aglutinar a la izquierda, resistencialista y huyendo de compromisos institucionales.

Conecta con el esquematismo que se ha formado en los medios: moderacin (mayoras) frente a radicalidad (minoras); instituciones (utilidad) frente a protesta en la calle (marginalidad inoperativa). Solo que es irreal y refleja el pasado, la hegemona del bipartidismo y la ausencia de un gran campo sociopoltico y electoral popular y progresista.

La descalificacin del documento hacia la poltica representada por Iglesias es global: Podemos est perdiendo un tiempo precioso Si continuamos por la misma senda resistencialista que iniciamos tras el 20D, la restauracin estar mucho ms cerca. Por tanto, esta supuesta estrategia resistencialista traera consecuencias favorables para el adversario poltico. Implcitamente se llega a la lgica del enemigo interno que (objetivamente) bloquea el proyecto propio y beneficia al bloque de poder oligrquico o al Partido Socialista. La cultura sectaria y cainita se esparce por las redes sociales y en todas las direcciones y tendencias. Es la vieja tradicin en las izquierdas y sectores progresistas desde la Revolucin francesa y la 1 Internacional (las derechas y las oligarquas disciplinan a la gente con su poder).

En ese marco dicotmico y sesgado, no caben transacciones, solo vencer para cambiar de estrategia poltica y ncleo hegemnico. Ante la alternativa entre promover un Podemos ganador y nuevo, con amplio respaldo social e institucional, frente a un Podemos perdedor, minoritario y aislado (que reproducira las viejas deficiencias comunistas), estn claras las opciones prejuiciadas. Nadie quiere lo segundo. La capacidad de motivacin y cohesin se inclina hacia la solucin nueva y ganadora. Si en relacin a la descalificacin que algunos realizan de Izquierda Unida, ese discurso todava tiene algo de efectividad, respecto de la estrategia explicada en el documento de Iglesias no tiene credibilidad. Su debilidad o ilegitimidad es que es una construccin discursiva irreal, en funcin de crear una identidad para el reequilibrio de poder interno. La consecuencia es que muchas crticas y aportaciones concretas interesantes de ese documento del grupo de Errejn se desactivan ante la impugnacin global de la estrategia pasada que, adems, en gran medida ha sido compartida por ellos y legitimada muy mayoritariamente.

Se pueden admitir muchos errores y deficiencias en el proceso de negociaciones con el PSOE en torno al Gobierno de progreso, as como las dificultades de la coalicin con Izquierda Unida. El propio documento de Iglesias afirma: Durante ese periodo sufrimos un desgaste notable, cometimos fallos y el redactor de este documento cometi errores. Hubiera sido un buen ejercicio entrar en la valoracin en profundidad sobre qu aspectos de comunicacin, argumentos y decisiones tcticas fueron errneos o insuficientes. Solo muy parcialmente se hizo en su momento y ahora tampoco se entra, perdiendo la ocasin para debatir con seriedad, colectivamente y mejorar. En todo caso, hay que sealar que algunas equivocaciones derivan del sectarismo pero otras de lo contrario, de la ingenuidad sobre las oportunidades de acuerdo con el PSOE o la infravaloracin de las dificultades, aun manteniendo la mano tendida.

La apuesta por un Gobierno de progreso era acertada

El principal eje estratgico de Podemos (y sus aliados), el apoyo a un Gobierno de Progreso, compartido (en composicin y programa de cambio real) y el rechazo a una posicin subalterna que llevaba a legitimar el continuismo en Espaa, fue avalado por el 90% de los doscientos mil participantes en la consulta -y, por supuesto, de la gran mayora de IU y las convergencias- y con el acuerdo del propio Errejn (que hace unos das ha vuelto a ratificar defendiendo la autonoma de Podemos frente al pacto PSOE-Ciudadanos); no as de algn persona significativa de su equipo. Ese es el elemento estratgico relevante que ha condicionado todo el ao 2016 y que todava impacta.

El concepto de estrategia expresa la actuacin decisiva para cambiar sustancialmente las relaciones de poder. Pues bien, esa estrategia compartida con IU y las confluencias, era correcta. La contraria de avalar ese gobierno continuista, adems de la divisin interna, habra producido el desconcierto y la disgregacin de las propias bases electorales que no hubieran comprendido la renuncia al cambio.

Fuera de Podemos, precisamente en sectores de Izquierda Unida (Gaspar Llamazares), algunos socialistas procedentes de IU (Lpez Garrido), junto con algn dirigente de Comproms (Baldov) y de los grandes sindicatos, s plantearon ms tarde y abiertamente ese dilema: Participar o avalar un Gobierno de apoyo tripartito con PSOE y Ciudadanos, renegociando el pacto de stos ltimos. Podra ser un interesante debate estratgico pero la realidad se impuso. Ni Ciudadanos ni la direccin del PSOE, tal como explic Pedro Snchez, estaban por la labor; su estrategia continuaba siendo el aislamiento o la subordinacin de Unidos Podemos y el continuismo econmico, poltico y territorial con solo un recambio de lite gubernamental, con una hegemona clara de ambos.

Incluso la hiptesis desesperada de Snchez como Secretario General socialista, de emplazar a Unidos Podemos y confluencias (ms la abstencin de nacionalistas y sin abandonar a Ciudadanos) con un aval para un Gobierno socialista -con independientes- era, sobre todo, una estratagema preelectoral. Su vista estaba puesta en incrementar su hegemona interna y en las nuevas elecciones anticipadas en las que esperaba modificar a su favor la distancia con Unidos Podemos para negociar con mayor ventaja y rompiendo la paridad representativa. Pero, como se sabe, el poder establecido y los barones socialistas defenestraron a Snchez y anularon esa hiptesis (que, por cierto, si gana Snchez las primarias del Congreso socialista, -cosa improbable, pero todo podra pasar-, volvera a plantear, junto con el NO a Rajoy y las elecciones anticipadas).

Por tanto, no haba alternativa a la estrategia de Unidos Podemos y sus aliados de En Com Podem y En Marea. La triple alianza por la gobernabilidad del PP deja poco margen para un cambio gubernamental y sus principales polticas (techo de gasto, bloqueo territorial), aunque sigue siendo imprescindible su deslegitimacin pblica y el aprovechamiento institucional de sus resquicios. Por supuesto, la estrategia izquierdista, consistente en negar la posibilidad de cualquier acuerdo, mnimamente positivo, con el PSOE, s que habra sido contraproducente; pero ese sectarismo extremo prcticamente nadie lo defiende.

Existen bases para un acuerdo estratgico e integrador

En consecuencia, el documento de Errejn no menciona ni realza lo principal: El acierto estratgico de Podemos (e Izquierda Unida y las confluencias), aun con errores significativos en su implementacin. Ha sido compartido por la gran mayora del ncleo dirigente y por las bases, aunque se haya resentido una parte del electorado ante el machaque propagandstico de socialistas y liberal-conservadores. Reconocer los errores y limitaciones permite actualizar los ejes estratgicos y legitimar la direccin, pero su opcin, sin fundamentos discursivos slidos, ha sido la impugnacin de la orientacin general y el nfasis en la ruptura estratgica, el cambio de rumbo poltico, sin explicar propuestas muy diferentes, y el reequilibrio orgnico.

Por otra parte, sus deducciones dicotmicas y la caracterizacin de izquierdista, radical, marginal o sectario de la poltica de Iglesias no se atienen a la realidad de su diseo estratgico: La tensin restauracin-cambio requiere el impulso de un bloque poltico y social, de carcter popular, capaz de anudar a los diferentes sectores sociales que quieren avances y de articular no solo un plan alternativo de gobierno, sino un nuevo proyecto de pas Debemos articular y defender los intereses de la mayora social que ha sufrido la poltica de saqueo; esto solo es posible desde el protagonismo de los sectores populares que avanzan en la construccin de un pueblo sin miedo Situar en el centro de la agenda institucional las necesidades reales de las personas Debemos seguir construyendo el bloque histrico, social y popular Hoy tenemos que poner todos nuestros recursos institucionales, polticos y organizativos al servicio de la articulacin de una nueva voluntad popular (la negrita es del original). Incluso en los ttulos de ambos textos aparece el objetivo de gobernar desplazando a la derecha.

En el documento de Iglesias no se cuestionan los pactos con el PSOE en los mbitos municipales y autonmicos. Solo se constata unos hechos en el plano estatal o gubernamental: la mayora de la Gestora socialista y el bloque de poder que representa se han reafirmado en dos ejes de su estrategia poltica y de alianzas: colaborar con las derechas, garantizado la estabilidad institucional y el continuismo de la poltica econmica y territorial, con ligeros maquillajes; una voluntad compartida con el poder establecido de neutralizar y debilitar la dinmica de cambio que representa Unidos Podemos y sus aliados.

El avance necesario y significativo se puede producir en el campo social y cultural, en el ensanchamiento del electorado, en el arraigo social y la articulacin de la base popular; e, igualmente, en el mbito representativo y de gestin institucional en los mbitos territoriales. Pero, en el campo de la gobernabilidad estatal, dada la voluntad de la direccin socialista de favorecer el Gobierno de Rajoy (a no ser que cambie o Pedro Snchez vuelva a la Secretara General y, entonces, veramos), los cambios posibles son limitados y condicionados por la presin social y sus dificultades de legitimacin ciudadana. En ese triple nivel, con sus caractersticas especficas, es donde hay que desplegar la iniciativa y la vinculacin con la gente.

Es verdad que entre ambos documentos hay algunas diferencias sustanciales de contenido y lenguaje, incluso de filosofa poltica o ideologa; en particular, respecto del captulo sobre las tareas de fuerza de Gobierno y construir pueblo (ms desacuerdos habra entre ellos y el documento anticapitalista, Por la Revolucin Democrtica). Pero esas ideas sintticas aludidas antes no son muy diferentes y pueden ser base para conformar un punto de acuerdo sobre unos objetivos generales compartidos. Aunque, hoy por hoy, dada la limitada experiencia prctica y terica, su elaboracin no puede ir mucho ms all de afrontar las tareas a medio plazo de desarrollo de un amplio movimiento popular y ganar capacidad de representacin y gestin en las instituciones territoriales y gubernamentales tras el objetivo del cambio sustantivo en Espaa. Y en el horizonte, la transformacin del equilibrio de poder liberal conservador, hegemnico en la Unin Europea, autntico reto estratgico popular y progresista y del que apenas se habla.

Una tentativa de explicacin de la contundencia del equipo de Errejn es su creencia de que posee un armazn terico y una certeza estratgica superiores, por lo que su proyecto lo defiende con autntica firmeza y cohesin. Puede ser funcional para el agrupamiento de una tendencia interna en torno a esas ideas y liderazgos, que podra ser incluso mayoritaria. O, al mismo tiempo, para la negociacin desde una posicin de fuerza y firmeza de las cuotas de poder orgnico segn su representatividad y el condicionamiento de la estrategia a seguir. Pero ello a costa de extremar discursivamente la diferenciacin poltica con el equipo de Iglesias, desgastar muchas y buenas energas polticas, organizativas e intelectuales en una batalla en la que se ventilan ventajas relativas pero donde pierden todos. Y, adicionalmente, en caso de sacar mayora, una dificultad aadida para ejercerla de forma integradora.

La recomposicin de la unidad, dentro de la diversidad, y la iniciativa y articulacin poltica para el nuevo ciclo, costarn conseguirlas. Exige voluntad y capacidad, pero el nivel necesario de ambas est por demostrar, gane quien gane. El reto es garantizar que, a partir de ahora, ganamos todos.

En definitiva, el debate realista, argumentado y unitario, imprescindible para ajustar la estrategia y la organizacin y dar coherencia interna y capacidad de influencia y articulacin poltica, se ha sustituido por una polarizacin infundada y extrema. La confrontacin es muy real y contundente en su expresin poltico-organizativa y meditica, pero con pocos fundamentos con la realidad de Podemos (y sus aliados) y, sobre todo, respecto de sus necesidades estratgicas. En ese sentido, el plan para la Asamblea Ciudadana est a punto de ser fallido. Solo queda esperar que no empeore y reiniciar el proceso. Frente al sectarismo y la intransigencia, presentes en algunas personas y mbitos, es necesario el pragmatismo, la tolerancia y el autntico compaerismo.

Hay poco debate estratgico, poco dilogo, y la confrontacin injustificada no tiene marcha atrs. La legitimidad de los proyectos la podr determinar el conjunto de personas inscritas, as como la preponderancia de la poltica a seguir y la hegemona en la distribucin del poder interno. Solo cabe esperar la negociacin de una tregua o un compromiso bsico sobre el respeto a los equilibrios mandatados y la altura de miras colectiva para articular una poltica consensuada, ya que de manera realista no hay grandes diferencias estratgicas aunque s discursivas. Y, adems, una integracin organizativa basada en la colaboracin, el respeto al pluralismo y la unidad. El temor, la venganza y la prepotencia de los ganadores, sean unos u otros. El riesgo, la prolongacin del conflicto y el estilo poco democrtico de afrontarlo, con el debilitamiento del proyecto. La solucin, superar el sectarismo interno, afianzar la integracin y volcarse en defender a las capas populares y promover el cambio social y poltico.

Antonio Antn. Profesor de sociologa de la Universidad Autnoma de Madrid. Autor de Movimiento popular y cambio poltico, UOC.

@antonioantonUAM

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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