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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 10-02-2017

A cien aos de la Revolucin Rusa
El problema del pasado es que no pasa

Boaventura de Sousa Santos
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Este ao se conmemora el centenario de la Revolucin Rusa me refiero exclusivamente a la Revolucin de Octubre, la que sacudi el mundo y condicion la vida de cerca de un tercio de la poblacin mundial en las dcadas siguientes y tambin se conmemoran los 150 aos de la publicacin del primer volumen de El capital de Karl Marx. Juntar ambas efemrides puede parecer extrao, porque Marx nunca escribi con detalle sobre la revolucin y la sociedad comunista y, de haberlo hecho, resulta inimaginable que lo que escribiese tuviera cierto parecido con lo que fue la Unin Sovitica (URSS), sobre todo despus de que Stalin asumiera la direccin del partido y del Estado. La verdad es que muchos de los debates que la obra de Marx suscit durante el siglo XX, fuera de la URSS, fueron una forma indirecta de discutir los mritos y demritos de la Revolucin Rusa.

Ahora que las revoluciones hechas en nombre del marxismo terminaron o evolucionaron hacia el capitalismo, tal vez Marx (y el marxismo) tenga por fin la oportunidad de ser discutido como merece, como teora social. La verdad es que el libro de Marx, que tard cinco aos en vender sus primeros mil ejemplares antes de convertirse en uno de los libros ms influyentes del siglo XX, ha vuelto a convertirse en un best-seller en los ltimos tiempos y, dos dcadas despus de la cada del Muro de Berln, al fin estaba siendo ledo en pases que haban formado parte de la URSS. Qu atraccin puede suscitar un libro tan denso? Qu reclamo puede tener en un momento en que tanto la opinin pblica como la abrumadora mayora de los intelectuales estn convencidos de que el capitalismo no tiene fin y que, en caso de tenerlo, ciertamente no ser sucedido por el socialismo?

Muy probablemente, los debates que a lo largo de este ao se lleven a cabo sobre la Revolucin Rusa repetirn todo lo que ya se ha dicho y debatido y terminarn con la misma sensacin de que es imposible un consenso sobre si la Revolucin Rusa fue un xito o un fracaso. A primera vista, resulta extrao, pues tanto si se considera que la Revolucin termin con la llegada de Stalin al poder (la posicin de Trotsky, uno de los lderes de la revolucin) como con el golpe de Estado de Boris Yeltsin en 1993, parece cierto que fracas. Sin embargo, esto no es evidente, y la razn no est en la evaluacin del pasado, sino en la evaluacin de nuestro presente. El triunfo de la Revolucin Rusa consiste en haber planteado todos los problemas a los que las sociedades capitalistas se enfrentan hoy. Su fracaso radica en no haber resuelto ninguno. Excepto uno. En otros textos pienso abordar algunos de los problemas que la Revolucin Rusa no resolvi y siguen reclamando nuestra atencin. Aqu me voy a concentrar en el nico problema que resolvi.

Puede el capitalismo promover el bienestar de las grandes mayoras sin que est en el terreno de la lucha social una alternativa creble e inequvoca al capitalismo? Este fue el problema de que la Revolucin Rusa resolvi, y la respuesta es no. La Revolucin Rusa mostr a las clases trabajadoras de todo el mundo, y muy especialmente a las europeas, que el capitalismo no era una fatalidad, que haba una alternativa a la miseria, a la inseguridad del desempleo inminente, a la prepotencia de los patrones, a los gobiernos que servan a los intereses de las minoras poderosas, incluso cuando decan lo contrario. Pero la Revolucin Rusa ocurri en uno de los pases ms atrasados de Europa y Lenin era plenamente consciente de que el xito de la revolucin socialista mundial y de la propia Revolucin Rusa dependa de su extensin a los pases ms desarrollados, con slida base industrial y amplias clases trabajadoras. En aquel momento, ese pas era Alemania.

El fracaso de la Revolucin alemana de 1918-1919 hizo que el movimiento obrero se dividiera y buena parte de l pasase a defender que era posible alcanzar los mismos objetivos por vas diferentes a las seguidas por los trabajadores rusos. Pero la idea de la posibilidad de una sociedad alternativa a la sociedad capitalista se mantuvo intacta. Se consolid, as, lo que pas a llamarse reformismo, el camino gradual y democrtico hacia una sociedad socialista que combinase las conquistas sociales de la Revolucin Rusa con las conquistas polticas y democrticas de los pases occidentales. En la posguerra, el reformismo dio origen a la socialdemocracia europea, un sistema poltico que combinaba altos niveles de productividad con altos niveles de proteccin social. Fue entonces que las clases trabajadoras pudieron, por primera vez en la historia, planear su vida y el futuro de sus hijos. Educacin, salud y seguridad social pblicas, entre muchos otros derechos sociales y laborales. Qued claro que la socialdemocracia nunca caminara hacia una sociedad socialista, pero pareca garantizar el fin irreversible del capitalismo salvaje y su sustitucin por un capitalismo de rostro humano.

Entretanto, del otro lado de la cortina de hierro, la Repblica Sovitica (URSS), pese al terror de Stalin, o precisamente por su causa, revelaba una pujanza industrial portentosa que transform en pocas dcadas una de las regiones ms atrasadas de Europa en una potencia industrial que rivalizaba con el capitalismo occidental y, muy especialmente, con Estados Unidos, el pas que emergi de la Segunda Guerra Mundial como el ms poderoso del mundo. Esta rivalidad se tradujo en la Guerra Fra, que domin la poltica internacional en las siguientes dcadas. Fue ella la que determin el perdn, en 1953, de buena parte de la inmensa deuda de Alemania occidental contrada en las dos guerras que infligi a Europa y que perdi.

Era necesario conceder al capitalismo alemn occidental condiciones para rivalizar con el desarrollo de Alemania oriental, por entonces la repblica sovitica ms desarrollada. Las divisiones entre los partidos que se reclamaban defensores de los intereses de los trabajadores (los partidos socialistas o socialdemcratas y los partidos comunistas) fueron parte importante de la Guerra Fra, con los socialistas atacando a los comunistas por ser conniventes con los crmenes de Stalin y defender la dictadura sovitica, y con los comunistas atacando a los socialistas por haber traicionado la causa socialista y ser partidos de derecha muchas veces al servicio del imperialismo norteamericano. Poco podan imaginar en ese momento lo mucho que los una.

Mientras tanto, el Muro de Berln cay en 1989 y poco despus colaps la URSS. Era el fin del socialismo, el fin de una alternativa clara al capitalismo, celebrado de manera incondicional y desprevenida por todos los demcratas del mundo. Al mismo tiempo, para sorpresa de muchos, se consolidaba globalmente la versin ms antisocial del capitalismo del siglo XX, el neoliberalismo, progresivamente articulado (sobre todo a partir de la presidencia de Bill Clinton) con la dimensin ms depredadora de la acumulacin capitalista: el capital financiero. Se intensificaba, as, la guerra contra los derechos econmicos y sociales, los incrementos de productividad se desligaban de las mejoras salariales, el desempleo retornaba como el fantasma de siempre, la concentracin de la riqueza aumentaba exponencialmente. Era la guerra contra la socialdemocracia, que en Europa pas a ser liderada por la Comisin Europea, bajo el liderazgo de Duro Barroso, y por el Banco Central Europeo.

Los ltimos aos mostraron que, con la cada del Muro de Berln, no colaps solamente el socialismo, sino tambin la socialdemocracia. Qued claro que las conquistas de las clases trabajadoras en las dcadas anteriores haban sido posibles porque la URSS y la alternativa al capitalismo existan. Constituan una profunda amenaza al capitalismo y ste, por instinto de supervivencia, hizo las concesiones necesarias (tributacin, regulacin social) para poder garantizar su reproduccin. Cuando la alternativa colaps y, con ella, la amenaza, el capitalismo dej de temer enemigos y volvi a su voracidad depredadora, concentradora de riqueza, rehn de su contradictoria pulsin para, en momentos sucesivos, crear inmensa riqueza y luego despus destruir inmensa riqueza, especialmente humana.

Desde la cada del Muro de Berln estamos en un tiempo que tiene algunas semejanzas con el perodo de la Santa Alianza que, a partir de 1815 y tras la derrota de Napolen, pretendi barrer de la imaginacin de los europeos todas las conquistas de la Revolucin Francesa. No por coincidencia, y salvadas las debidas proporciones (las conquistas de las clases trabajadoras que todava no fue posible eliminar por va democrtica), la acumulacin capitalista asume hoy una agresividad que recuerda al periodo pre Revolucin rusa. Y todo lleva a creer que, mientras no surja una alternativa creble al capitalismo, la situacin de los trabajadores, de los pobres, de los emigrantes, de los jubilados, de las clases medias siempre al borde de la cada abrupta en la pobreza no mejorar de manera significativa. Obviamente que la alternativa no ser (no sera bueno que fuese) del tipo de la creada por la Revolucin rusa. Pero tendr que ser una alternativa clara. Mostrar esto fue el gran mrito de la Revolucin rusa.

Boaventura de Sousa Santos. Profesor de las universidades de Coimbra y de Winsconsin-Madison.

Fuente: http://www.pagina12.com.ar/19067-el-problema-del-pasado-es-que-no-pasa

Traduccin de Antoni Aguil y Jos Luis Exeni Rodrguez.



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