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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 11-02-2017

El Emperador Claudio y yo

Susana Merino
Rebelin


Il arrive, il arrive, gritaban al unsono un centenar de personas que se haban reunido para recibirlo en cuanto se pudo divisar la roja flor de arce, insignia de la lnea area canadiense, estampada en el fuselaje del Boeing que, por sobre el Atlntico, asomaba desde el norte. Agitaban mientras tanto con inusitado entusiasmo otros tantos banderines con los tradicionales colores de la ensea del pas, tan parecida a la francesa a excepcin de uno de sus colores, que es imposible no sentir lo cerca y vigente que est an la dominacin colonial.

El avin aterriz tan suavemente como increblemente suelen hacerlo las aeronaves de ese porte y carrete hasta el edificio del moderno aeropuerto Port Bouet de Abidjan. El entusiasmo de la multitud se acrecentaba hasta el paroxismo. Cuando se abri la portezuela del avin y pusieron la escalerilla, sin la menor demora apareci el rostro sonriente y siempre despejado de Claude, quin a pesar del largo viaje no acusaba cansancio, sino que pareca descender de los cielos con una inefable beatitud.

Inmediatamente cuatro fornidos guardaespaldas del presidente marfileo aproximaron al pie de la escalera una especie de silla gestatoria en la que sin demasiados miramientos hicieron sentar a Claude para transportarlo hasta el final de una larga alfombra roja adonde lo esperaba su excelencia Alassan Ouattara el actual presidente de Cte dIvoire. Claude se hallaba ciertamente desconcertado no esperaba tan caluroso recibimiento y en su cabeza rondaba una sola idea: cmo huir de all, l no estaba hecho para los honores, aunque le haban explicado que eran necesarios para lograr la estabilidad del pas (!). En realidad no se trataba de una idea del actual presidente, sino que haba venido conformndose desde los tiempos en que el mximo hacedor del pas Felix Houphout-Boigny intuy que, prximo a dejar el poder, las tensiones entre el norte y el sur del pas, sus diferentes etnias y sus diferentes regiones, se acrecentaran y que en consecuencia el pas se deslizara irremediablemente hacia una cruenta guerra civil. Juzg necesario entonces imaginar algn subterfugio que pudiera garantizar no solo la estabilidad del pas, sino su permanencia en el tiempo. Fue entonces cuando uno de sus ministros le sugiri: Y si nombrramos un emperador que estuviera por encima de todas las facciones polticas e inspirara respeto y temor y se comprometiera a no desconocer la autoridad del presidente?

Houphout qued encantado con la idea, reuni al Consejo de Ministros, explic la iniciativa y no solo no encontr oposicin sino que recibi el ms incondicional de los apoyos. Surgi entonces la primera dificultad, quin podra desempearse con suficiente lealtad como para no convertirse en una amenaza destituyente para los futuros presidentes? Fue necesario realizar una nueva asamblea de ministros para escuchar propuestas y adoptar una decisin. Luego de largos cabildeos alguien propuso: Creo que lo mejor sera encontrar un descendiente de Carlomagno, el emperador medieval tan apreciado por los franceses por su ecuanimidad, su valor y por haber adems consolidado un imperio a partir del Sacro Imperio Romano Germnico y que aunque muri a principios del silglo IX su memoria se ha mantenido intacta a travs del tiempo y hasta nuestros das.

Tampoco esta vez hubo oposicin y bien pronto comenzaron los preparativos para iniciar una paciente bsqueda por los vericuetos de la historia y en todos los continentes que dur ms de quince aos pero que con el tiempo dio sus frutos.

Con tal objeto se convoc a los ms conocidos estudiosos de la genealoga a quienes encomendarles la tarea de encontrar algn descendiente de Carlomagno y la bsqueda se inici, qu duda cabe, en Francia pero se fue extendiendo luego a otros continentes, Amrica del Norte, del Sur, las AntillasUno de los primeros descubrimientos fue que pareca ser que Carlomagno haba sugerido an en vida, que con el nombre Claude, en referencia al Emperador romano Claudio, al que admiraba fervientemente, fuera peridicamente bautizado por lo menos uno de los miembros de sus futuras generaciones.

En consecuencia se restringi la bsqueda a los descendientes de franceses llamados Claude y de ese modo se extendi la investigacin al Quebec y posteriormente por causas imprevisibles a Hait. Fue en esta ltima en la que los investigadores se encontraron con el primer tropiezo serio. Haba llegado entonces a odos de su presidente Jean Claude Duvalier, hijo del famoso Papa Doc que, como su padre, gobernaba dictatorialmente al pas, la noticia de la bsqueda de un descendiente de Carlomagno que se llamara Claude. Ni lerdo ni perezoso, y ambicioso como era, instruy a sus esbirros para que difundieran la noticia de que era l el buscado descendiente del antiguo emperador francs.

Llegada que les fuera la noticia a los investigadores, fue casi inmediata la decisin de ir a Hait a entrevistar a ese Jean Claude, que bien pudiera hallarse vinculado por lazos de sangre al ascendiente francs. Grande fue sin embargo la decepcin de ambos al comprobar que no exista el menor indicio de la relacin potencialmente buscada y lo increblemente cierto es que sin siquiera imaginarlo haban estado a un paso de encontrar al verdadero Claude porque muy cerca de all en la Parroquia de Santa Bernardita de la barriada de Martissant, en el mismo Port au Prince resida entonces y ejerca su labor misionera el protagonista de esta historia, ubicado muchos aos ms tarde en su natal provincia canadiense de Qubec.

Negarle la pretensin de convertirse en un descendiente de Carlomagno y lo que era an ms para el ambicioso Duvalier en Emperador de Cte dIvoire no poda sino generarle la ms violenta de las reacciones y as fue como esa misma noche aparecieron en la residencia en que se hallaban alojados los dos expertos cuatro enormes tontons macute que a punta de pistola los obligaron a marcharse precipitadamente de Port au Prince, lugar en el que juraron no volver a poner los pies.

Mientras tanto, alertado por algunos colegas y tratando en parte de eludir un no deseado destino en aquel lejano y misterioso pas del frica nuestro futuro emperador decidi trasladarse al sur de Chile dispuesto a ejercer su vocacin misionera entre los mapuches de la Auracania junto a los que vivi largos aos ajeno a espurias ambiciones y a nobiliarias pretensiones. Varias veces sin embargo se vio obligado tambin all a declinar algunos insistentes ofrecimientos de los mapuches, que prendados de su carcter y de su oratoria insistan en convertirlo en su lonko es decir en el cacique de una de sus comunidades afincadas apenas al sur del Bo Bo.

Transcurridos varios aos en el seno de aquel pueblo indmito y bravo que haba resistido durante siglos la dominacin incaica y luego la espaola y que sigue resistiendo las imposiciones de una cultura que no le es propia, decidi nuestro Claude regresar a su pas de origen para continuar all cumpliendo con su compromiso bblico y evanglico.

De modo que no lo sorprendi aquella tarde la visita de ese par de extranjeros que en nombre de un pas lejano y nunca mencionado en las noticias cotidianas, venan a ofrecerle la posibilidad de integrar un proyecto vinculado al desarrollo social y humano de un territorio en el que la pobreza pareca ser uno de los indicadores ms terriblemente representativos. Nada le dijeron entonces del proyecto del presidente de Cte dIvoire pero todo Trois Rivieres saba aunque se lo mencionara soto voce que aquellos dos visitantes haban llegado con el nico propsito de localizar all al nico descendiente, desconocido hasta entonces, del gran Carlomagno y tambin era vox populi que disponan ya de las pruebas para confirmarlo, aunque se desconoca quin sera y con qu objeto.

Y as fue como nuestro confiado y entusiasta misionero se embarcaba pocos das despus, acompaado siempre, eso s, por aquellos dos misteriosos personajes en un inesperado viaje hacia el frica ecuatorial cuyo destino final sera Abidjan.

De modo que volviendo a su llegada podramos recordar que se encontr de pronto con aquel inslito recibimiento que nadie pareca tener intenciones de explicarle. As fue que se hall de pronto con un seor de mediana edad muy atildado que poniendo rodilla en tierra busc su mano izquierda para besarle un anillo que desde luego no encontr y al que trat de pedirle que se irguiera dicindole: Mais, non, mais non que el genuflexo pareca no escuchar. A rengln seguido aparecieron dos o tres obispos y un arzobispo un poco ms circunspectos an que le tendieron sucesivamente sus respectivas manos y que tampoco le dieron a entender cul era el motivo de tanto rendez vous.

Claude atnito y al mismo tiempo desolado no acertaba a comprender en lo ms mnimo lo que suceda a su alrededor pero sigui mostrando su natural bonhoma a la espera de que los acontecimientos le fueran develando el inexplicable misterio que lo haba conducido sin imaginarlo siquiera a tan extraa situacin. Sonaron de pronto unas agudas trompetas y el primero que lo haba saludado genuflexamente lo tom del brazo y al son de las fanfarrias lo fue conduciendo hasta un imponente, negro y descapotable automvil al que lo invit a subir.

El recorrido fue corto, acompaado siempre por los msicos y por mucha gente que se agolpaba a lo largo de la ruta para verlos pasar. Finalmente se detuvieron y muy ceremoniosamente siempre bajaron del automvil y el que llamaban Presidente y otros acompaantes se instalaron junto a l en un enorme saln, cuyos muebles estilo renacimiento le recordaban los viejos castillos europeos que alguna vez haba visitado en condicin de turista. Pero era evidente que aqu no haba sido recibido como turista y le pareca demasiada movilizacin para un simple cura de barrio como se consideraba a s mismo, pese a la importancia que hubiera podido tener el mencionado proyecto a cuyo requerimiento haba respondido con su mejor e invariable buena voluntad.

Y fue all entonces cuando se devel el misterio. Haba sido convocado por las ms altas autoridades polticas y eclesisticas del pas para que en su carcter de descendiente directo de Carlomagno asumiera la dignidad de Emperador de la nacin con el objeto de garantizar la paz interior y la prosperidad de sus ciudadanos. Claude es un ser fuerte y absolutamente sensato y lo que estaba escuchando le estaba resultando a tal punto una caja de sorpresas que sinti que su fsico y su cabeza casi lo arrastraban al desvanecimiento, pero como tantas otras veces en su vida, en situaciones difciles, logr superarlo y pudo seguir escuchando las razones y los argumentos con que trataban de convencerlo hasta que aunque sin reponerse todava del sofocn, acept la propuesta marfilea dispuesto a seguir dando de s lo mejor y a hacer todo lo posible para ayudar a que toda aquella aparentemente honesta gente pudiera solucionar sus problemas.

No dud ni un instante de que estando en sus manos la posibilidad de contribuir a la pacificacin del pas y a su progreso su deber estaba all y su compromiso con ese pas que an deba conocer sera irreversible durante todos los aos que le quedaran por vivir. Respir hondo y se dispuso a seguir las instrucciones que todava deba recibir. En primer trmino le informaron que la ceremonia de coronacin ya se hallaba completamente preparada y que se realizara en la hermosa catedral de Santa Mara de la Paz, sita en otra de las ciudades ms importante del pas, Yamusukro. Aquella catedral, le informaron, fue construida a imitacin de la Baslica de San Pedro en el Vaticano y es uno de los templos ms grandes del mundo, capaz de albergar hasta 18.000 personas en su interior y a unas 300.000 en la explanada rodeada de columnatas que imitan la de Bernini. No le era desconocida su existencia y menos an su historia de despilfarro ya que su costo de 300 millones de dlares, en un pas carcomido por la pobreza, resulta ciertamente ofensivo. Claude trag saliva y se dispuso a aceptar las responsabilidades de su futuro cargo con la conviccin de que ciertamente su aporte podra y debera ser positivo.

Tal como estaba previsto, pocos da despus, mejor dicho exactamente a una semana de su llegada, lo instalaron en una nueva y suntuosa residencia y el da de su coronacin, rodeado del fasto ms inimaginable fue conducido a la Catedral, colmada de fieles, de curiosos y de toda una nutrida y variopinta concurrencia llegada de todos los rincones del pas. Sinti un poco de vergenza y otro poquito de miedo Qu lejos estaba todo aquello de sus sueos de construir un mundo mejor! Subi lentamente los tres peldaos que lo llevaban al frente del altar donde ya lo esperaba una especie de trono dorado, tapizado en rojo y tachonado de perlas o algo parecido. Le haban puesto un manto recamado en oro y muy cerca de all sobre el altar alcanz a ver una corona de hierro, probablemente similar a la que se supone habra portado Carlomagno. Cerr los ojos y dijo para s, sea lo que Dios quiera, espero no haberme equivocado al aceptar este ofrecimiento que tanto difiere de mi vida pasada y de mi promesa de ayudar a los ms necesitados cualesquiera fuere el nivel de sacrificio que tenga que realizar.

De pronto una mosca lo despert, se sacudi la modorra y vio junto a s a un enorme muchacho negro que desde un chiringuito cercano haba venido a ofrecerle algo de beber. Reconoci que se haba quedado dormido en una reposera en la que haba cado exhausto luego de una larga caminata por la costa de Abidjan. Se llev instintivamente las manos a la cabeza, para comprobar si an estaba all la pesada corona que haba sentido ceir su sien comprobando con alivio que todo no haba sido ms que un extrao sueo del que acababa de despertar para emprender ahora s la verdadera tarea para la que haba sido convocado en su lejano Qubec...

Se levant, se sacudi la arena que llevaba adherida a sus piernas y a sus pies y ya un tanto ms tranquilo emprendi el camino de regreso a su hotel.

Y yo? Qu estoy haciendo yo finalmente en esta historia? Nada. Rien du tout simplemente la estoy escribiendo

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso de la autora mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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