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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 13-02-2017

Entrevista a Carlos Alberto Ruiz Socha, asesor jurdico de la delegacin de paz del ELN
"El proceso que est por abrirse con el ELN no puede ser exprs, de paz barata"

Ainara Lertxundi
Gara


Carlos Alberto Ruiz Socha es asesor jurdico de la delegacin de paz del ELN con autorizacin del Gobierno colombiano y de Noruega, uno de los pases garantes. En 1998 y 2000 particip en los encuentros llevados a cabo en Maguncia (Alemania) y Ginebra (Suiza) entre esta guerrilla, el Gobierno y representantes de la sociedad civil para explorar vas de solucin al conflicto armado.

Antes de poner rumbo a Quito, donde este martes se instalar la mesa de conversaciones entre el ELN y el Gobierno de Santos tras la liberacin del excongresista Odn Snchez y el indulto a dos presos, el abogado Carlos Alberto Ruiz Socha particip en Bilbo en una conferencia sobre la construccin de la paz. En entrevista con GARA, el asesor jurdico de la guerrilla autorizado por el Gobierno colombiano y apoyado por Noruega, uno de los pases garantes remarca la importancia de abordar las causas del conflicto, porque no se trata solo de hablar del trnsito de la guerrilla a la legalidad con garantas y seguridad jurdica, sino de acordar una mnima agenda de lo que llamaramos la deuda social con los sectores ms pobres. Ruiz Socha tambin ejerci de asesor de las FARC-EP en La Habana.

Las reuniones mantenidas a principios de enero en Quito lograron destrabar el proceso y fijar una nueva fecha para la instalacin de la mesa de conversaciones, en suspenso desde el 27 de octubre. Qu ambiente se vivi durante esas jornadas?

Hubo un ambiente positivo, de cordialidad, de respeto por la diferencia y de voluntad por ambas partes de llegar a un acuerdo que destrabara la situacin. Era la primera vez que el jefe de la delegacin del Gobierno, Juan Camilo Restrepo, se vea con la del ELN. Hubo un talante de dilogo y de nimo constructivo. El ELN claramente flexibiliz su posicin renunciando a postular a los dos comandantes que haba propuesto inicialmente y proponiendo, en su lugar, a dos presos lisiados de guerra que caben dentro de la categora de delito poltico que el Gobierno peda. Tambin apart temporalmente la discusin sobre el derecho humanitario. No polemiz y facilit la fase pblica.

Usted tambin ha ejercido de asesor jurdico de la delegacin de paz de las FARC-EP en La Habana. Qu diferencias y similitudes ve entre ambas mesas?

Ambas insurgencias han manifestado una voluntad de superar el conflicto armado por la va dialogada, sealando la necesidad de abordar sus causas polticas, econmicas y sociales, y a sabiendas de que un conflicto tan profundo no se supera de la noche a la maana. No se trata nicamente de hablar del trnsito de la guerrilla a la legalidad con garantas y con seguridad jurdica, sino de acordar una mnima agenda de lo que llamaramos la deuda social con los sectores ms pobres. Eso qued plasmado en la Agenda de 2012 entre el Gobierno y las FARC y aunque, tras la renegociacin por la victoria del No, hubo muchos recortes a las aspiraciones que se haban formulado, hay un conjunto de compromisos que el Estado debe cumplir. En ese sentido, el ELN considera prioritario hablar de lo que est pasando con los sectores sociales que sufren las consecuencias de un modelo econmico y social excluyente. Ambas insurgencias estn motivadas por esa idea de transformacin social. Las diferencias estn impuestas por los tiempos y algunas concepciones. Obviamente, el modelo de dilogo con las FARC no contaba con la sociedad civil como actor protagnico. En el caso del ELN, los dilogos contarn no solo con las dos partes contendientes sino que en la agenda est estipulado que habr un papel protagnico de las organizaciones sociales. Esa es una primera diferencia, porque en La Habana no estaba concebido as. El propsito de la Agenda con el ELN es ir consensuando una serie de medidas que vayan generando un nuevo clima de entendimiento, porque el ELN ha expresado que solo bajo nuevas circunstancias hablar del tema de las armas. Dicho esto, destacara que ambos procesos son complementarios. El pas tiene que interesarse y luchar por la implementacin de lo acordado en La Habana y por articular los diagnsticos y propuestas que surjan de la mesa con el ELN.

La participacin de la sociedad es uno de los ejes del dilogo de Quito. Sin embargo, el plebiscito del 2 de octubre registr un rcord histrico de abstencin, situndose en el 62%. Cmo se pretende activar a una sociedad cuando menos aptica?

Sin lugar a dudas, hay una inmensa cantidad de personas que se sienten apticas e indiferentes. Lo han sido frente a la guerra y existe el riesgo de que lo sean frente a la paz. Es cierto que la abstencin puede ser reflejo de esa apata, pero tambin de un cansancio que no necesariamente es apata. Se sienten defraudados por la clase poltica, por sus rutinas y mecanismos. Existe una cultura que ha banalizado y menospreciado el dolor del conflicto. A una parte de la poblacin no le interesa qu camino se va a tomar, ni en la guerra ni en la paz. Esa apata generalizada no ser vencida de la noche a la maana, pero puede que en la medida en que los sectores organizados convoquen a otros sectores arrinconados por la cultura de la indolencia y por el analfabetismo poltico se sientan interpelados y, paulatinamente, participen.

En 2018 habr elecciones presidenciales en Colombia, los procesos de cambio en los pases de la regin no atraviesan por su mejor momento, la Casa Blanca ha afirmado que revisar el acuerdo con las FARC Cmo se vive desde dentro esta complicada coyuntura?

El ELN ha valorado esas dificultades, pero la peor apuesta sera cerrar toda posibilidad porque el entorno es negativo. Aunque es arriesgado lo que se abre, hay mucha fuerza y esperanza por parte de los sectores organizados y tambin de gobiernos y corrientes progresistas de la regin que se identifican con el proceso. Se van a debatir temas difciles pero, si hay voluntad, sern abordados con rigor para buscar un entendimiento bsico, no un cambio radical. Lo que no puede ser, y en eso he sido crtico respecto al proceso de La Habana, es una paz barata que se limita a un proceso de resolucin del conflicto armado, en el caso de las FARC parcialmente, porque la extrema derecha sigue atentando contra los movimientos populares. En lo que llevamos de ao, han asesinado a ocho lderes sociales. En 2016, fueron 117. Estamos ante una campaa de exterminio.

No percibo una paz positiva en el sentido de que an no se han producido transformaciones sociales crebles y fehacientes. No ha supuesto una redistribucin bsica; en Colombia los sectores pudientes no han sacrificado en lo ms mnimo sus expectativas de negocio ms bien han aumentado. Aun as, es una paz por la que debemos trabajar. As como el proceso con las FARC dur casi cinco aos, el que est por abrirse con el ELN no puede ser un proceso exprs, de paz barata. Debe ser lo ms acelerado posible; no se trata de cunto tiempo dure, sino de que refleje una voluntad real de cambio, y no de engao.

El Gobierno de Santos es consciente de que puede avanzar mucho pero que, seguramente, quedar una parte pendiente. El ELN tiene una visin a medio y largo plazo y es consciente de que no se negocia con un Gobierno sino con el establishment. No es el mejor momento por los factores internacionales, pero es el que ha tocado.

El ELN ha expresado en reiteradas ocasiones su disposicin a dialogar con lvaro Uribe.

El propio Santos ha invitado al Centro Democrtico a ser parte de la delegacin gubernamental y el ELN acepta que haya un representante de lvaro Uribe. Es una frmula que ya ha ensayado. Personalmente estuve en los dilogos celebrados en Maguncia en 1998, y dos aos ms tarde en Ginebra, entre el ELN y la sociedad civil. Quines estaban ah? Entre otros, el empresario Sabas Pretelt de la Vega ministro de Interior de Uribe. All se plante que el dilogo deba ser entre todo el arco de la sociedad civil y que dentro de ella estn empresarios, ganaderos, latifundistas con concepciones de extrema derecha, sindicalistas y defensores de derechos humanos con propuestas de transformacin social, porque si realmente se quiere llegar a un consenso sobre los cambios bsicos que requiere el pas, hay que dialogar con quienes detentan el poder, sea Santos, Uribe, Vargas Lleras... para saber cules son sus expectativas y qu estn dispuestos a ceder. Esto agrega complejidad al proceso pero tambin nitidez. La esperanza es que cedan en algo, porque puedes firmar un acuerdo como en La Habana, pero si los poderes fcticos no estn dispuestos a ceder en algo, va a ser muy difcil y van a impedir que Santos cumpla. Y si no se abordan los problemas bsicos, a la vuelta de diez aos tendremos otras expresiones de resistencia ms o menos organizadas.

Con la experiencia acumulada a lo largo de casi dos dcadas, qu expectativas tiene frente a este nuevo proceso?

Dignificar la poltica no significa un trato cordial entre las partes contrarias, sino atajar la corrupcin o la muerte por hambre de nios. No es decente que se est asesinando por pensar distinto, por organizar a las comunidades o que estemos haciendo un recuento de nios muertos de hambre: 100 en la Guajira, 70 en el Putumayo y otros tantos en el Choc, y que nada pase mientras los recursos se pierden en las redes de la corrupcin. Debe haber demostraciones de que efectivamente existe un inters por solucionar los problemas bsicos de la poblacin ms empobrecida. Se trata de que los sectores mayoritarios que han estado excluidos de los beneficios sociales y econmicos tengan la posibilidad de plantear sus diagnsticos y que vean cmo sus derechos empiezan a ser respetados gradualmente. Deben de tener la certeza de que ahora s se les est atendiendo en lo ms bsico. Eso significara que estamos en otra dimensin.

Fuente: http://www.naiz.eus/es/hemeroteca/gara/editions/2017-02-05/hemeroteca_articles/el-proceso-que-esta-por-abrirse-con-el-eln-no-puede-ser-expres-de-paz-barata



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