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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 13-02-2017

El ciclo se ha cerrado (I)

Gregorio Morn


En el momento que estamos gobernados por las derechas ms corruptas e incompetentes, las izquierdas estn empeadas en disimular lo ms posible para que no se noten sus inclinaciones. No se trata de repetir las bobadas de que no hay derechas ni izquierdas, o aquella chuscada orteguiana tan citada antao por todo fascista espaol que se preciara: ser de derechas o de izquierdas son dos maneras de ser idiota (cito de memoria).

Este ao se celebran, o se sepultan depende del ngulo con que se analice, cien aos del borrascoso 1917, y cuando se dice 1917 mezclamos dos revoluciones en Rusia. La de febrero, con Kerenski y la socialdemocracia, que no fue poca cosa, y sobre todo los diez das que estremecieron el mundo, que relat con pluma maestra un periodista norteamericano, John Reed (1919). La revolucin rusa de octubre de 1917, la de Lenin, Trotski y los bolcheviques, fue no slo el comienzo de un ciclo revolucionario exitoso y fallido, pero incontrovertible, sino el hecho histrico ms importante del siglo XX. Tanto que su eco y sus consecuencias duraron cien aos; algo sin precedentes.

Abrieron ese ciclo de revoluciones que hizo tambalearse al mundo y que provoc el terror de la derecha, que la llev a meterse en aventuras criminales que parecen hoy apenas carne de historiador que reparte responsabilidades como si fuera un juez venal. Pero el contenido de aquellas revoluciones rusas, su ambicin, sus proyectos luego frustrados, cuando no convertidos en dictaduras sangrientas, abrieron un tiempo en el que an se aspiraba a conquistar los cielos, como haba dicho Karl Marx de la Comuna de Pars.

Eso se acab. Los restos de los naufragios revolucionarios fueron dejando un poso de corrupcin y nepotismo y mucha retrica. Hasta tal punto que se puede decir que toda la verborrea de la derecha liberal conservadora que domin brutalmente el siglo XIX se traslad como por ensalmo a esa nueva clase que tena el poder fuertemente agarrado a partir de una revolucin y no les quedaba ms que la retrica y la represin. Tantito igual que haba hecho el enemigo de clase unas dcadas antes. Burguesa emergente, nomenklatura impasible.

Pero lo ms llamativo fue la decadencia de una clase obrera que haba perdido absolutamente cualquier conciencia de clase y quera ser como mnimo aristocracia sindical. Conforme gran parte de los obreros fueron desapareciendo por los avances tecnolgicos y se convirtieron en dignsimas piezas de museo, cargadas de historias, de fracasos, de estafas (algn da se explicar Asturias y su minera como un fenmeno espectacular de laminacin de aquella que fue, o haba de ser, la sal de la tierra), lleg la calma salpicada de rabia.

Los partidos o grupos con aspiraciones a ser una alternativa al capital ms feroz que conocieron los tiempos no estn formados por trabajadores asalariados, que venden segn el canon marxista su fuerza de trabajo, sino por profesores. Si hay algo que caracteriza el final del ciclo revolucionario que se abri en 1917, y que ya antes cantaba La Internacional, que hoy suena a charanga de desvergonzados Arriba parias de la tierra, en pie famlica legin, tiene como un eco sarcstico puesto en boca de miles de profesores, catedrticos eso que da ahora en llamarse enseantes. Lo primero que habra que hacer es inventarse un himno y dejar de burlarse de un pasado duro y sangriento, y evitar La Internacional, que ya es cancin para nostlgicos de la derrota o funcionarios sin demasiados escrpulos.

Con el final del ciclo revolucionario se acab La Internacional. Lo dems son payasadas. Qu revolucin se puede hacer con funcionarios del Estado? Hay que variar el marco y el rumbo si el ciclo presuntamente revolucionario se ha terminado. Ahora, a lo ms, transformaciones profundas y una tica poltica de respeto ciudadano, que incluya no robar a los colegas, que no otra cosa es estafar, tirar de comisiones por favores subterrneos, y todas esas variedades que han ido creando los funcionarios de un Estado corrupto; cuando ms altos, ms corruptos. Que el ms importante y respetado lder sindical de la minera en Asturias, sede del mtico SOMA-UGT, tenga cuenta en Suiza por valor superior al milln de euros se traduce en muchas cosas, empezando por una puntilla mortal a un sindicato que no comparta con la mafia mtodos y ambiciones.

Ya no hay obreros, salvo excepciones honrossimas, que voten a la izquierda. Se desplazan a la derecha, y en su mayora a la radical extrema derecha, porque la que antao fue radical extrema izquierda se pas de vueltas y est copada por funcionarios, voluntariosos enseantes, que se dira ahora, que tienen todo garantizado subida aqu, bajada all, pero un Estado protector contra el que ellos en su mayora lucharon. En parte les concedieron ese estado que ahora contemplan soberbios y admirados, igual que las clases bajas, los restos obreros, aseguran una cierta estabilidad frente a la tropa funcionarial que tiene muy lejos la idea y hasta la ambicin de conquistar los cielos. Dejemos los cielos para los curas y los ngeles, y peguemos los pies en tierra porque se acab la solidaridad fuera de las oenegs, que felizmente no son partidos polticos!

No hace falta ser un lince para detectar signos de decadencia en una izquierda, la espaola, cuyo ciclo inici su mortal cada en 1982, cuando muerto el dictador rodeado de los suyos, iniciada una invencin acadmica de gran xito entre la gente llana y gran fortuna entre los que invertan en futuro, que se llam transicin, la poblacin no me atrevera a decir ciudadana, que es trmino muy ligado a la libertad de criterio y a la conciencia crtica decidi una gran apuesta. Llevar la izquierda al poder, aquel PSOE de Felipe y Alfonso. Entre otras cosas no haba opcin posible que no fuera esa, o un seor cuyo nombre no debera ser borrado de los anales de la inanidad poltica, Landelino Lavilla. Gente seria y formada, funcionario del Estado desde siempre y con muy alta calificacin.

Todo se fue al carajo, pero eso s, muy risueos, porque el PSOE tena la leccin aprendida y estaba advertido que el ciclo aquel de las revoluciones y los cambios profundos estaba en la UCI del hospital de la historia. El ciclo apenas poda ya respirar arrollado por una derecha segura de que tena una larga extensin en el tiempo y que no haba peligro en el horizonte. No hay cosa ms patticamente divertida que un partidete, Ciudadanos, que naci en Barcelona, por el que nadie daba un duro, dirigido por un tal Albert Rivera, orador de concurso. Empez con un puado de notables y cndidos intelectuales, convencidos de que la socialdemocracia no estaba bien representada en Espaa. Tard unos aos, pocos, para conseguir hacerse un figura respetable en un mundo poltico como el espaol, poco inclinado a la respetabilidad. Pero lo logr y es su mrito.

Lo primero que hizo en su reciente congreso es dejar de ser socialdemcrata para definirse como liberal. Qu otra cosa iba a hacer un tipo ambicioso con ganas de tocar poder a costa de lo que sea y que no se note que la poltica es trabajo que tiene mucho que ver con la carnicera? Si el ciclo aquel que se inici en 1917 en Rusia se fue agotando hasta llegar a la pobreza y luego a la miseria caben dos opciones: esperar tiempos mejores, y para ello se requiere tiempo (que algunos ya no tendremos), y voluntad de poder. Lo dems son discusiones semnticas con florete, arma especialmente inadecuada para la pelea en campo abierto.

Fuente: http://www.lavanguardia.com/opinion/20170211/414237362414/el-ciclo-se-ha-cerrado-i.html



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