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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 14-02-2017

Je suis Sudn del Sur

Guadi Calvo
Rebelin


Frente a cada uno de los atentados en occidente: Estados Unidos, Espaa, Reino Unido, Francia, Blgica o Alemania, la gente ha podido expresar su solidaridad de manera contundente, o bien asistiendo a los mltiples homenajes o bien llevando un flor al lugar del hecho, encendiendo una vela en su ventana o mnimamente expresando su dolor y su repudio en las redes sociales. Hemos visto miles de fotografas de las vctimas, entonces vitales con sus familias, sus mascotas o que atestiguan un logro: un ttulo, una jubilacin, un casamiento, una vacacin. Miles de esas fotografas tan iguales y tan prximas a las que cada uno de nosotros hoy puede atesorar en un cajn del armario o en la memoria de su celular.

Sin duda en sociedades habituadas al confort extremo, no estn preparadas para que un par de fanticos entre a la redaccin de una revista y limpie el honor de su Profeta, a disparos de Kalshnikov, o les rieguen de bombas una lnea de metro o le lancen encima un camin mientras se festeja algo.

El dolor, la ofensa, el odio, las preguntas de por qu? estallan en la conciencia de cada uno que se sabe potencial vctima, porque que no estuvo all por casualidad. Esos lugares cotidianos que se convirtieron repentinamente en cmaras de muerte, de la que un hijo se fue un rato antes o a la que su hermano lleg un rato despus.

La sociedad europea parece haber olvidado que fue capaz de generar, ya no poco ms de 70 aos, una formidable maquinaria de muerte que se haba instalado, justamente, a la vuelta de la esquina, ni se reclam nunca por tolerar los genocidios balcnicos apenas antes de ayer.

Pablo Neruda deca no hay espacio ms ancho que el dolor, no hay universo como aquel que sangra ese dolor no se explica, se conoce, porque todos en algn momento fuimos y volveremos a ser sus vctimas.

Pero todas esas palabras, todas esas imgenes son propiedad de occidente, a nadie por ejemplo en Sudn del Sur, se le ocurrira encender una vela, colocar una flor, o un cartel que diga Je suis John Gatluak , porque no habra ni flores, ni velas, ni crayones para homenajear a tantas vctimas, tan inocentes como las de Atocha, para recordar sus nombres. Esos muertos, son cadveres, que pronto deben desaparecer, o a fuego o en fosas comunes, claro esos montones de muertos y los calores podran disparar epidemias y responsabilidades. Hay que deshacerse de las vctimas, sin flores, sin velas sin homenajes. Son demasiados y no hay mucho tiempo para ocultar a los culpables.

Sudn del Sur, la ltima nacin que obtuvo el derecho a considerarse tal en 2011, desde diciembre del 2013, se encuentra en un virtual estado de Guerra Civil, cuando el presidente Salva Kiir, de la etnia dinka, pretendi quitarse de encima al vicepresidente Riek Machar de la etnia nuer , lo que dio lugar a algunos para llamar burdamente a estar guerra tnica cuando se sabe que es claramente un conflicto de inters de potencias y empresas occidentales, que se estn disputando no solo el petrleo, sino tambin el uranio, de uno de los pueblos ms pobres del mundo, que han tenido la torpeza de estacionarse sobre un mar de importantes y ricos yacimientos.

Al independizarse Sudn del Sur, se qued con el 75% de las reservas totales del antiguo Sudn, aunque la mayora de los oleoductos para exportar el petrleo y las refineras se ubican en Sudn. Lo que implica una interdependencia entre ambas naciones que esta generado cada vez ms tensiones.

Sudn del Sur cuenta con la tercera reserva petrolera ms importante de frica Subsahariana, el 90% de sus ingresos provena de la explotacin petrolera, hasta el inicio de la guerra. Desde entonces los yacimientos en produccin, han sido bloqueados por los combates entre los bandos rivales y sumar ms tensin con su vecino del norte Sudn, de quien se independiz despus de dcadas de espasmdicas guerras, que tiene la funcin de llevar el petrleo hasta los puertos del mar Rojo, por lo que recibe importantes comisiones.

La crisis econmica, producto de la guerra ha generado una escalada en los precios, con una inflacin 900%, que ha terminado dejando a la poblacin al borde de la hambruna, lo que la obliga tambin a constantes desplazamientos empujada por los combates y las matanzas tnicas, que no han podido impedir las permanentes y vulneradas treguas.

El aumento del combustible ha obligado a que las pocas industrias del pas, detengan su actividad, entre ellas una tan clave como la embotelladora de agua.

Las donaciones internacionales para construir fuente potabilizadora han desaparecido, sin que nadie pueda dar razn de su destino. Lo que est obligando a la poblacin a utilizar o agua contaminada, o a asaltar los pocos hoteles para extranjeros que todava funcionan y robar el agua en baldes y bidones, de las piscinas. Los hospitales carecen de todos los insumos para seguir funcionando, mientras que el estado solo sigue invirtiendo en armamento.

Los combates ms importantes se producen justamente en los estados petrolferos del norte del pas Alto Nilo y de Unidad, aunque ltimamente la guerra se ha extendido al sur hacia llegando a la frontera con Kenia Uganda y el Congo.

Los desplazados ya suman ms de 2.5 millones de personas. Poniendo a medio milln en un estado de vulnerabilidad absoluta, lo que implica que de manera urgente la asistencia sanitaria y alimenticia, se ponga en marcha.

Crnica de un genocidio anunciado.

El presidente Salva Kiir, acaba de habilitar a varias empresas libanesas para establecer una planta de fabricacin de proyectiles en Juba, la capital del pas, adems de haber incrementado de manera exponencial la compra de armamento.

Tras el fin de la temporada de lluvias, al tiempo que los caminos se hacen ms transitables y el suministro de armas a los distintos destacamentos es ms fluido, como ya ha pasado en aos anteriores se prevn nuevas y grandes matanzas. Esta situacin ha hecho que el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, denunciara la posibilidad de que se produzca un genocidio que rememor el ocurrido en Ruanda en 1994, que dej un milln de muertos en tal solo tres meses.

Por su parte los grandes productores de armamento han presionado a las autoridades internacionales para evitar que se declarara algn tipo de embargo a ambos bandos, para la adquisicin de sus productos.

Como para preparar el terreno para el genocidio y su posterior ocultamiento el Servicio de Seguridad Nacional, bajo las rdenes directas del presidente Kiir, ha iniciado una operacin para expulsar y deportar, tanto a periodistas, como personal de las diferentes ongs. En el caso de los periodistas locales, la suerte es muy diferente, desde 2012 ya son doce los hombres de prensa asesinados por sicarios de Kiir. Como lo marca el secuestro de Joseph Abandi, desaparecido en marzo de 2016, cuyo cuerpo fue encontrado tiempo despus en un cementerio con incontrastables signos de torturas.

El 11 de julio del aos pasado en Juba, despus de un combate que dej ms de 300 muertos entre los bandos, unos 100 hombres del presidente Kiir, tomaron el hotel Terrain y adems de violar a durante horas a cinco colaboradoras extranjeras de una ong, algunas relataron que fueron abusadas por ms de quince hombres, la violacin es de hecho moneda de pago del gobierno a su tropa.

La tropa tambin tortur y asesin a docenas de personas, en las propias instalaciones del Terrain, entre ellos el periodista radial John Gatluak, para despus lanzarse a saquear todo lo que se pudo.

Por su parte Unicef ha denunciado que desde el inicio del conflicto se han reclutado unos 17 mil nios, 1600 durante 2016, para las diferentes facciones en pugna. Segn la denuncia: En algunas escuelas, los soldados del Gobierno han sacado a grupos de 50 nios de clase para ponerlos a combatir de forma inmediata. La mayora de los menores son secuestrados al ser sorprendidos fuera de sus casas o convencidos por comida, algo de ropa, ya que enrolarse en alguna fuerza es la nica posibilidad de sobrevivir a la pobreza. Tambin existen denuncias acerca del asesinato de menores, con el solo efecto de evitar venganzas posteriores

La guerra que ya ha provocado ms de 50 mil muertos mal contados, arrasa aldeas y ciudades, sus habitantes al igual que sus propiedades son incinerados, la sofisticacin del odio espeluzna, muchos son obligados a tomar la sangre y a comer los cuerpos de sus familiares o miembros de la misma etnia.

Un solo saqueo a un depsito del Programa Mundial de Alimentos, signific la prdida de 23 millones de euros en provisiones, adems de vehculos y distintos materiales, sin reparar en los ciento de miles de personas al borde de morir de hambre.

Quizs la prxima vez que suceda un ataque en occidente, porque todo est dado para que ello suceda, entre tanta ingeniosa pancarta quizs a alguien se le ocurra levantar una que diga: Je suis, Sudn del Sur

Guadi Calvo es escritor y periodista argentino . Analista Internacional especializado en frica, Medio Oriente y Asia Central. En Facebook: https://www.facebook.com/lineainternacionalGC.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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