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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 15-02-2017

Adis a los muchachos
Argelia (Cauca), entre la nostalgia y la incertidumbre

Jos Antonio Gutirrez D.
Rebelin


En las noticias ha quedado la ltima marcha de las FARC-EP, en que 6.500 guerrilleros marcharon hacia las 26 zonas veredales en que se concentrarn en la transicin hacia la vida civil. Desde las profundidades de Argelia, Cauca, y seguidos de cerca por observadores de la ONU, salieron en direccin a la zona veredal de Buenos Aires (Cauca) los miembros del Frente 60 de las FARC-EP, Jaime Pardo Leal. El cario de la comunidad, cuando salieron el 29 de Enero del 2017 qued plasmado en un video hecho por lugareos, en el cual sin miedo, hablan y expresan su agradecimiento a una organizacin que sienten como una parte importante de su mundo. En el video se ve a la comunidad saliendo a su encuentro, a abrazarlos, despedirse, con globos, con llantos y con risas, recibindolos con carteles en los que se leen cosas como la siguiente: Guerrilleros de las FARC-EP, Frente 60 Jaime Pardo Leal. Gracias por estos 52 aos de lucha armada en defensa del pueblo colombiano [1], imgenes que recuerdan a las del escndalo montado por los medio en el Conejo, La Guajira [2] El sentimiento no es ni exagerado, ni est ensayado: la sinceridad de las expresiones de afecto y cario, espontneas, directamente del corazn, son sobrecogedoras, tanto en Argelia como en el Conejo. Esa simbiosis de insurgencia y comunidades campesinas que se dio en tantos aos de convivencia desmiente, una vez ms, el mito de una insurgencia sin base social de apoyo. Las montaas de Colombia siempre fueron, en realidad, una alegora de estas comunidades dispersas en todo el pas.



Despedida del 60 Frente Jaime Pardo Leal de laS FARC - EP Argelia Cauca

Uno de los dirigentes campesinos que habla primero en el video, dice que siente nostalgia nostalgia porque ya no estarn. Pero tambin hay mucha incertidumbre en la comunidad y muchos campesinos temen que el Estado arremeta en contra de las comunidades, militarice y practique una represin inclemente con los campesinos. Esta tendencia se est ya empezando a ver desde hace poco ms de un ao, en que el gobierno ha dirigido una agresiva poltica anti-narcticos hacia esta regin, en la cual la comunidad ha dependido del cultivo de la coca desde la crisis cafetera de comienzos de los 1990. Es por ello importante mantenerse alerta para denunciar cualquier intento de reprimir a los campesinos y dar solucin militar a un problema que es eminentemente poltico. Que las FARC-EP hayan renunciado a la poltica con armas, no significa que el Estado haya renunciado a la poltica con armas: eso jams hay que olvidarlo. Hoy, la nica defensa que tienen las comunidades es su propia organizacin y la defensa a ultranza de su autonoma.

Las agresiones recientes en medio del cese al fuego de las FARC-EP

En Argelia, desde finales de Octubre del 2015, mientras la insurgencia de las FARC-EP se encontraba en pleno cese al fuego unilateral, con la excusa de operaciones antinarcticos, se comenz a vivir la militarizacin del territorio, al que el ejrcito jams su hubiera atrevido a ingresar con este movimiento guerrillero activo. Esta situacin ha causado gran ansiedad y zozobra en la poblacin. Valga aclarar que estas agresiones se estn viviendo en todo el territorio colombiano, no solamente en el Cauca tambin en Putumayo, en el Catatumbo, por nombrar algunos de los casos ms sonados.

El mircoles 18 de Noviembre, militares del Batalln de Contraguerrillas N 37 Macheteros del Cauca y del Batalln de Infantera N 56 Coronel Francisco Javier Gonzlez, adscritas a la XXIX Brigada del Ejrcito, ocuparon militarmente la vereda El Encanto, en Argelia, Cauca, para adelantar tareas de erradicacin forzada, acosando y violentando a la comunidad. Las acciones se dirigieron de manera especfica en contra de miembros de la Asociacin Campesina de Trabajadores de Argelia (ASCAMTA), adherida a Fensuagro. Entre otras cosas, los pobladores mencionaron que los soldados amenazaron con volver a traer a los paramilitares a la regin, en donde an se recuerda el dolor con el que enlutaron a la comunidad en su paso por esa regin durante la dcada del 2000, gozando de todo el respaldo de la fuerza pblica, hasta que fueron expulsados por la resistencia de la comunidad y la confrontacin con la insurgencia.

Al da siguiente, 600 erradicadores, apoyados por soldados del Batalln de Alta Montaa N 3 Rodrigo Lloreda Caicedo, Batalln de Artillera N 3 Batalla de Palac, Fuerzas especiales y antiterrorista Nevada, llegaron aplicando una fuerza descomunal, ocupando casas y el centro comunal de los corregimientos de El Mango, Sina y La Belleza. Las protestas de la comunidad fueron respondidas a fuego, gases, golpes y piedras. A raz de estas acciones se desplazaron unas 80 personas, y hubo un muerto, asesinado por las balas del Ejrcito, el campesino Miller Bermeo Acosta (20 aos). Hubo tambin varios heridos de diversa consideracin: Jos Ivn Mosquera Bambague, Eduard Arvey Jaramillo Snchez y Carlos Andrs Ordez Galndez (de 15 aos de edad) en la vereda de La Mina; Jhonny Males Gmez (herido de bala), Jos Wilson Yonda (herido de bala) y Humberto Cadena Morales en la vereda de La Mina. Estos son los casos de mayo gravedad, pero se reporta que el total de heridos super los 15. Todos estos crmenes permanecen en la ms absoluta impunidad.

La situacin sigui tensa: el da 1 de diciembre del 2016, segn denuncias de la misma comunidad, tres soldados profesionales habran intentado violar a dos nias en Bujo, corregimiento de El Mango. Un transente, que pasaba justo cuando se estaba produciendo este hecho, logr evitar que el grotesco crimen se consumara. Cuando miembros de la comunidad fueron a protestar al campamento militar, fueron repelidos a bala por los uniformados, segn difundiera una comunicacin pblica [3].

El 19 de Marzo del 2016, la situacin sigui escalando: ese da aterrizan dos helicpteros en el poblado de Sina, en Argelia, de los que descienden un grupo de policas fuertemente armados, con material de guerra, que comienzan a agredir a la comunidad y allanar casas. La comunidad sali a detenerlos y confrontarlos, pues segn denuncias de la comunidad, haban llegado a robar dinero a las casas. La comunidad les logr arrebatar parte del dinero que se estaban llevando, as como algn material de guerra. En este operativo, se distingui un uniformado encapuchado, al que la comunidad luego reconoci como un provocador infiltrado que haba estado en la protesta en que haba muerto Miller Bermeo [4].

En base a este historial de agresiones de las autoridades, y gracias a la respuesta firme y organizada de la comunidad, se logr establecer una mesa de interlocucin (MIA) con el gobierno, convirtindose as Argelia en el nico municipio que logr tener una MIA propia, lo que es testimonio de los niveles organizativos de esta comunidad. Se realizaron algunas reuniones, pero hasta la fecha no se ha avanzado en la negociacin de las condiciones dignas para adelantar programas de sustitucin viables. Todava estn esperando que comience el trabajo para ellos presentar su plan de vida y desarrollo alternativo.

La comunidad exige respuestas y tiene propuestas

Pero en esa espera, y en momentos en que se organizaba el movimiento nacional de campesinos dedicados al cultivo de la coca, la amapola y la marihuana en el pas (la COCCAM), en el cual participaron activamente las comunidades de Argelia [5], el gobierno apareci con un acuerdo entre ste y las FARC-EP para la sustitucin voluntaria, aunque de voluntaria tiene bien poco, pues el gobierno se reserva el derecho a la erradicacin forzada en caso de que los campesinos no acepten. O sea que ms bien es un poco de maquillaje a la vieja poltica de la erradicacin forzada, aunque en este caso el garrote largo viene de la mano con una zanahoria chiquita. Esa zanahoria es el Programa Nacional Integral de Sustitucin de Cultivos (PNIS), un programa de intervencin en ms de 40 municipios, en un rea de 50.000 hectreas, en un ao, con la participacin de las FARC-EP. El presupuesto de este programa es de $1.000.000.000.000 (U$340.000.000), el cual se divide en montos de $10.000.000 anuales para proyectos productivos por familia. La capacidad real del gobierno de financiar estos programas sigue en veremos.

El programa es visto con mucho recelo por las comunidades, que argumentan que estara en contradiccin con el espritu original de lo negociado en La Habana. Ciertamente, este programa refleja el giro conservador que tuvo la renegociacin despus de la derrota del acuerdo original en el plebiscito del 2 de Octubre, renegociacin que se desarroll a espaldas de las comunidades [6]. En el enfoque que queda reflejado en este nuevo acuerdo, se sigue entendiendo la cuestin de los cultivos ilcitos como un asunto meramente individual de los cultivadores, desconociendo que hay comunidades completas que dependen de la coca aun quienes no la cultivan ni la procesan en regiones enteras el comercio, los transportes, hasta la provisin de servicios y la infraestructura dependen de la coca. Para estos campesinos, la coca no significa el mismo flagelo del que se habla en los centros urbanos del mundo; para ellos la coca significa la diferencia entre una pobreza digna, o una miseria absoluta. La coca ha sido la nica garanta para hacerse de los servicios elementales que el Estado no es capaz, ni tiene la voluntad, de garantizar a los ciudadanos. Los tiempos tampoco reflejan una comprensin real de la problemtica a tratar: el tema de los cultivos ilcitos lleva dcadas y cualquier estrategia de intervencin constructiva requiere de estrategias de largo plazo en el cual se vayan dando pasos graduales. Pero no, el gobierno espera que en un ao los campesinos sustituyan los ilcitos, cuando en esos plazos el gobierno es incapaz de ofrecer una estrategia de sustitucin viable. Cuesta creer que piensen que esto es una estrategia viable. Este acuerdo sigue convirtiendo en el centro del problema al campesino, sigue criminalizando a la mata y al cultivador, e ignora los mltiples niveles del problema, as como el hecho de que una solucin a largo plazo requiere un dilogo no slo con los campesinos, sino con la comunidad internacional, que debe replantearse una va fracasada como es la criminalizacin.

As las cosas, el gobierno sigue empeado en disear polticas antidrogas destinadas al fracaso. O mejor dicho, a un fracaso relativo, pues la represin golpea al campesino y a los sectores ms vulnerables de la cadena productiva, pero beneficia a los eslabones ms fuertes en esa cadena, los tentculos financieros y las mafias, que son los grandes ganadores de la poltica prohibicionista. Con el estrepitoso fracaso que se vaticina para esta poltica, se terminarn de caer dos mitos: aquel, repetido hasta la saciedad por la prensa amarillista y que pasa por verdad ante los desprevenidos, pese a no tener ninguna base objetiva, de que las FARC-EP eran el ms grande cartel del mundo; el otro mito, igualmente sin fundamento, es aquel de que los cultivos ilcitos se deban al conflicto y a la presin de la insurgencia sobre los campesinos y que sin FARC-EP, no habr problema de drogas.

Lo curioso de todo esto, es que el mismo gobierno que criminalizaba cualquier tipo de simpata de los campesinos con la insurgencia, hoy les exige obediencia ciega a ella. Se equivocan en pensar que el movimiento campesino son marionetas. Como hemos visto, los vnculos afectivos en muchas regiones, as como lazos polticos slidos entre las comunidades y la insurgencia son innegables: sin embargo, el movimiento campesino es autnomo, lo es ahora y lo ha sido siempre. Cualquier decisin que afecte a los campesinos debe ser consultado directamente con ellos, y los acuerdos que hayan alcanzado gobiernos e insurgencia, pueden servir como un referente, pero jams sern la ltima palabra. La negociacin para terminar el conflicto armado con la insurgencia de las FARC-EP no significa que el gobierno pueda pasar por encima de los campesinos, quienes se harn respetar a cmo sea de lugar. Tampoco esto significa que en determinadas regiones, por causas histricas o de otra ndole, no pueda haber mesas que dialoguen sobre los aspectos particulares de determinadas polticas. As, tanto la COCCAM como las MIAs siguen siendo herramientas vlidas de interlocucin y deliberacin para las comunidades campesinas que el gobierno no debera seguir ignorando o enfrentando por la va represiva. Esta actitud y la determinacin de las comunidades de no dejarse avasallar, sealan por donde vendrn los primeros conflictos del supuesto post-conflicto.

El reguero de sangre y lo que se viene

Y en medio de toda esta incertidumbre, los campesinos en Colombia ya ven, uno tras otro, como van cayendo en medio de la noche y niebla los dirigentes comunitarios y campesinos. No pasa un da prcticamente en que no haya un ataque, mortal o fallido, a un dirigente popular de base [7]. Parece que los paramilitares han aprendido la leccin y no van detrs de vctimas de alto valor, utilizando la jerga militar: pese a que se dice que se puede repetir en el post-conflicto el caso de la UP, lo que ahora se est viviendo es algo diferente. No creo que vayan a atreverse a golpear a la dirigencia de izquierda afn al proyecto de las FARC-EP, para evitar un escndalo internacional; tal parece que no les interesa golpear a intelectuales, o a candidatos, como fue en el caso de la UP en el perodo del 1986 hasta bien entrados los 90. Tal parece que lo que busca la nueva ola de terror, es golpear a las bases sociales que podra tener ese proyecto, a dirigentes comunitarios, a las organizaciones campesinas, a la mera base. As, buscan dejar cualquier proyecto alternativo como un cascarn vaco. En Argelia tambin se respira este temor y se ve con preocupacin que en muchos territorios que ha abandonado las FARC-EP, est entrando de manera campante el paramilitarismo, sin que nadie les perturbe la digestin.

No es que el gobierno no tenga capacidad de hacer algo ante este fenmeno o que no haya previsto este escenario que, en realidad, todo el mundo vea venir y se advirti hasta el cansancio [8]. Es que en realidad al gobierno no le interesa y nunca le ha interesado la seguridad de las comunidades. La nica violencia que el gobierno ha combatido, es la violencia subversiva cualquier otro tipo de violencia le es indiferente, o la aprueban incluso veladamente. En eso, la oligarqua colombiana sigue replicando la mxima atribuida al sicario conservador del Valle, el Cndor, cuando formaba grupos paramilitares con delincuentes comunes sacados de las prisiones en la dcada del 50: el nico crimen, deca, es oponerse al gobierno. Lo dems son pendejadas.

Los campesinos temen a lo que puede pasar. Temen al ingreso de bandas criminales, paramilitares y del propio ejrcito. Temen a que si empieza a correr la sangre campesina en su territorio, el carnaval del post-conflicto no repare en esas pendejadas. Mientras muchos analistas aplauden el desarme de las FARC-EP, en Argelia hay una ansiedad incomprensible para un pas que se acostumbr en ver en los insurgentes al coco que conocan solamente a travs de notas de prensa tenebrosas. Ese era el mismo pas que se escandaliz cuando los guerrilleros farianos se tomaban fotos en el municipio del Conejo en La Guajira: desconocen la Colombia profunda, y por eso creen que era algo aberrante, cuando es la norma en el trato de la insurgencia con la poblacin civil en incontables casos. Para comunidades como la de Argelia, la insurgencia eran, sencillamente, los muchachos, los que siempre estuvieron ah para apoyar una asamblea comunitaria, para poner orden ante los desmanes, para defenderlos de la agresin estatal, para defender lo nico que, como hemos dicho, les garantizaba un sustento relativamente digno despus de la cada del pacto cafetero en 1989 la coca.

La comunidad de Argelia est a la espera a ver qu pasa. El gobierno puede ignorarlos, como lo ha hecho hasta ahora, con su tendencia histrica al incumplimiento: incumplimiento a los reclamantes de tierra, incumplimiento a los cocaleros, incumplimiento a los campesinos, incumplimiento a los transportistas, y ahora tambin incumplimientos a los guerrilleros. Incumplimientos para dar paso luego a arrebatos represivos despus de todo, la arquitectura represiva del Estado se perfecciona con el nuevo cdigo de polica [9], mientras en el presupuesto, el sector militar aumenta, preparando la capacidad material para la conquista blica de los territorios dejados por la insurgencia [10]. Esto ltimo ha sido denunciado por dirigentes comunitarios de Argelia, que han sealado que detrs del hostigamiento contra los cocaleros est la intencin de desplazarlos para facilitar la extraccin minera a gran escala: existe conocimiento de que en el sector de La Belleza se busca extraer cobre y oro. Para negociar, la comunidad argeliana ha dado bastantes muestras de su buena disposicin: est en manos del gobierno evitar que las esperanzas de la paz terminen teidas de rojo. La comunidad de Argelia no tiene ms que su propia organizacin, su propia reserva moral, su propia experiencia de lucha, su propia unidad, para enfrentarse a estos peligros. Pero tambin cuenta con la solidaridad activa de muchas personas. Todos debemos estar vigilantes, rodear a estas comunidades, no abandonarlas, a fin de evitar que este escenario se materialice. Hoy todos debemos ser Argelia. 
 

Notas

[1] https://www.youtube.com/watch?v=cUZ_LegLGAU&t=3s

[2] http://www.semana.com/nacion/articulo/ivan-marquez-y-joaquin-gomez-en-la-guajira-gobierno-rechaza-su-presencia/461059

[3] http://prensarural.org/spip/spip.php?article18311 y http://prensarural.org/spip/spip.php?article18143

[4] http://radiomacondo.fm/2016/03/25/la-policia-patrulla-encapuchado-agrede-los-campesinos-cauca/

[5] Sobre la COCCAM, ver los siguientes artculos http://www.rebelion.org/noticia.php?id=222045&titular=a-prop%F3sito-de-la-%93gran-preocupaci%F3n%94-que-le-genera-coccam-al-jefe-de-sustituci%F3n-del- , http://www.rebelion.org/noticia.php?id=222264&titular=movimiento-de-campesino-de-cultivadores-de-coca-amapola-y-marihuana-coccam- y http://www.rebelion.org/noticia.php?id=222299&titular=lanzamiento-de-la-coordinadora-de-cultivadores-de-coca-amapola-y-marihuana-coccam-

[6] Sobre el plebiscito ver http://anarkismo.net/article/29655 y http://anarkismo.net/article/29690

[7] http://www.rebelion.org/noticia.php?id=219539&titular=colombia-sin-paz-y-ahogada-en-sangre-

[8] Ver, por ejemplo, el anlisis de Ariel vila quien repite la mantra de la supuesta falta de previsin por parte del gobierno http://www.razonpublica.com/index.php/videocolumnas/10005-las-zonas-dejadas-por-las-farc.html?utm_source=MadMimi&utm_medium=email&utm_content=Dudas+y+retos+de+la+sustituci%C3%B3n+de+cultivos+despu%C3%A9s+del+Acuerdo&utm_campaign=20170206_m137439934_Dudas+y+retos+de+la+sustituci%C3%B3n+de+cultivos+despu%C3%A9s+del+Acuerdo&utm_term=Ariel+_C3_81vila

[9] http://www.rebelion.org/noticia.php?id=222470

[10] https://www.desdeabajo.info/colombia/30456-presupuesto-general-de-la-nacion-2017-finanzas-para-la-guerra.html


Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.




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