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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 16-02-2017

La papelera que devora Colombia

Camilo Alzate
Colombia Plural


Primero fue la tala de miles de hectreas de selva, despus la plantacin de pinos y eucaliptos. Como Cartn Colombia primero, como la irlandesa Smurfit Kappa hoy, la papelera se hizo fuerte, silenciosamente, aliada con el poder. Estamos cambiando agua por basura, denuncia un veterano ecologista.

En enero de 2016 el acueducto de Salento se qued seco. La quebrada Caas Gordas, afluente que abastece al municipio baluarte del turismo en el Quindo, haba perdido la totalidad de su caudal, era apenas un chorrito pantanoso debajo de las dos bocatomas que surten al municipio. Mientras la Corporacin Autnoma del Quindo responsabilizaba al calentamiento global, autoridades civiles del pueblo, campesinos y ecologistas de la regin apuntaron, una vez ms, a las cabeceras del afluente: todo, hasta los bordes mismos de la quebrada, est plantado de pinos. Segn dicen, son esas plantaciones forestales las culpables de la escasez del agua.

Este conflicto, que se repite en zonas rurales de Sevilla o Pereira, de Riosucio o Dagua, ajusta medio siglo en el pas con un nombre propio: Smurfit Kappa Cartn de Colombia, la multinacional que en 1969 comenz a adquirir terrenos montaosos a bajos precios para instalar cultivos forestales que sustentasen su demanda de madera en la elaboracin de pulpa papelera. Mientras el debate ambiental en Colombia se enfoca con preocupacin en los conflictos petroleros y mineros, la multinacional irlandesa exprime silenciosa miles de hectreas en el pas.

Ya en los aos 50 se acusaba a Cartn de Colombia (hoy parte de la irlandesa Smurfit Kappa) de arrasar las selvas del Bajo Calima (Pacfico) para emplear la madera produciendo pulpa papelera. 20 aos despus la compaa comenz a plantar pinos y eucaliptos, especies sobre las que la FAO (organizacin de la ONU para la Alimentacin y la Agricultura) alerta de que provocan consecuencias negativas sobre los suelos, la biodiversidad y los ciclos del agua, cuando reemplazan los bosques nativos de las regiones tropicales.

Pero las afectaciones no son solo a la biodiversidad y a los cursos de agua. La poltica de la compaa implica la concentracin de enormes extensiones de tierra en su poder, en latifundios forestales que fragmentan las comunidades campesinas, donde toda la dinmica social y econmica acaba trastocada. La oposicin de ecologistas y comunidades se ha saldado con amenazas y casos de homicidios que nunca se han investigado a fondo. Tambin hay abiertas varias reclamaciones de restitucin de tierras por comunidades indgenas y particulares. Hasta el Tribunal de los Pueblos reconoci en 2007 que Smurfit Kappa tiene una deuda ecolgica, social, econmica y cultural con el pas y el total de sus habitantes.

Smurfit Kappa Cartn de Colombia posea en 2015, segn sus propios datos, unas 67.926 hectreas en 454 grandes fincas entre las cordilleras central y occidental. Hay pinos y eucaliptos de Smurfit desde el nudo de Caramanta hasta las montaas del Macizo colombiano, y desde la vertiente del Magdalena hasta la del Pacfico. Un negocio rentable

Hoy Smurfit emplea a 2.500 operarios sobre terreno y posee una enorme y sofisticada planta de produccin de cartn, papel y empaques, en el municipio de Yumbo (Valle del Cauca). Mantener el volumen habitual de produccin requiere 830.000 toneladas de madera al ao, es decir, cada da entran a la planta alrededor de 300 camiones cargados con troncos provenientes de las montaas del centro y suroccidente colombiano. Las condiciones geogrficas de Colombia permiten que sus cultivos sean ms rentables y productivos que en cualquier otro lugar del planeta; plantaciones similares de pases con gran vocacin forestal como Chile o Canad tardan cuatro veces ms tiempo en crecer. La disponibilidad de luz todo el ao y de lluvias permanentes son las que posibilitan el rendimiento excepcional de los pinos y eucaliptos en el trpico. En una visita a Colombia, Michael Smurfit, antiguo presidente de la multinacional declar que en una industria como la nuestra, los grandes activos naturales, bosques y agua, han sido considerados como los elementos claves del xito.

Smurfit-Kappa es la papelera ms grande del mundo y hace presencia en una veintena de pases. En sus entraas tambin hay capital colombiano. En 1986 el Jefferson Smurfit Group, con sede en Irlanda, absorbi la Container Corp., empresa de capital norteamericano que controlaba a Cartn de Colombia, fundada en 1944 por inversionistas antioqueos.

Sin embargo, los socios nacionales nunca han perdido participacin en la compaa local: el Grupo Carvajal sigue siendo un accionista minoritario importante de Smurfit Cartn de Colombia. La multinacional opera en el pas bajo una complejsima red de empresas subsidiarias, contratistas y asociados, donde inversionistas colombianos terminan sumando sus intereses polticos y econmicos con los del capital extranjero.

Smurfit conform la Asociacin Colombiana de Reforestadores (ACOFORE) segn la investigacin del periodista Walter Broderick recogida en su libro El imperio del cartn, ACOFORE despleg un poderoso lobby entre polticos y congresistas para la aprobacin de legislaciones a su medida, entre ellas la ley del incentivo forestal que subsidia con dineros pblicos al gremio de cultivadores de rboles, donde la multinacional ejerca hasta hace muy poco un papel monoplico.

La larga sombra de la papelera

Cartn de Colombia ha respaldado las campaas de muchos polticos colombianos, incluyendo varios ex presidentes. Segn publicaciones de El Tiempo y La Silla Vaca la empresa figura entre las sociedades de capital extranjero y nacional que respaldaron el Gobierno de lvaro Uribe y sus campaas. En concreto en 2006 Alfredo Carvajal y Juan Martn Carvajal hicieron aportes de 20 millones de pesos. Ambos son propietarios del Grupo Carvajal, a su vez accionista de Cartn de Colombia. En el informe publicado por La Silla Vaca se constataba que el gerente y el presidente de Smurfit tambin donaron dineros a la primera campaa de Juan Manuel Santos.

Cartn de Colombia tambin ha sostenido proyectos conjuntos con la Federacin de Cafeteros y las Corporaciones Autnomas Regionales, entidades que tienen la responsabilidad de vigilar a la papelera.

Para comprender los vnculos de la multinacional con el establecimiento local basta echar una ojeada al libro Medio siglo sembrando el porvenir, editado por la empresa cuando cumpli cincuenta aos de presencia en Colombia: media docena de Presidentes desfilan en las fotografas conmemorativas de todos esos aos y una infinidad de polticos, empresarios y hasta militares aparecen posando con los jerarcas extranjeros y nacionales de la compaa.

Todos los gobiernos otorgaron o ratificaron permisos para que la multinacional explotara las selvas vrgenes del Pacfico en la regin del Bajo Calima, al norte de Buenaventura. Entre 1957 y 1974 la compaa recibi cerca de 120.000 hectreas en concesin, cuando an no se abasteca de sus propias plantaciones. A partir de ah, poco a poco la empresa fue hacindose autosuficiente con los cultivos por lo que acab abandonando la concesin antes de que acabara el plazo de 50 aos.

Despus de que la multinacional abandonara el bajo Calima en 1993, el periodista australiano Walter Joe Broderick visit la zona y realiz la investigacin sobre la trayectoria de Smurfit en el pas que plasm en El imperio del cartn. En este trabajo narr como la selva result devastada porque la compaa utiliz un sistema de corte conocido como tala rasa, que consiste en talar y extraer todos los rboles del terreno. Las comunidades negras e indgenas asentadas all, que dependan de los recursos del bosque y hasta entonces convivan en relativa armona con la selva, practicando slo cortes selectivos de madera, sufrieron las consecuencias sociales y ambientales de este modelo extractivo. Terminaron trabajando a destajo en aserros para la multinacional.

Mucha gente no nos perdona que aprovechramos bosques naturales durante muchsimos aos en el Bajo Calima admite Ricardo Gmez Londoo, responsable de la operacin forestal de Smurfit para el eje cafetero. Pero es que no era ilegal, y no es hoy en da ilegal, empresas como Maderas Pizano lo siguen haciendo en el Choc, concluye.

De la explotacin a la plantacin

Cartn de Colombia descubri en la dcada del 70 que su rentabilidad aumentara si dejaba de emplear la madera tropical de la selva, reemplazndola por fibras ms homogneas que podan cultivarse en el pas con una eficiencia excepcional. Fue entonces cuando arrancaron la poltica de plantaciones de pino y eucalipto, las dos especies forneas sobre las que los estudios de la FAO de 1987 denuncian los impactos negativos sobre los suelos, la biodiversidad y los ciclos del agua. La empresa logr mejorar variedades de eucalipto que alcanzan la altura de corte a slo 7 aos de plantados, y variedades de pino que tardan entre 16 y 18 aos. En ninguna otra zona del planeta el negocio forestal es tan productivo, ello se debe a las condiciones privilegiadas de luz y agua disponibles en el trpico.

A escala local, finqueros y medianos propietarios de tierras alquilaron sus predios para la instalacin de cultivos forestales bajo contratos de asociacin, o bien se dedicaron por su cuenta a talar los bosques nativos de sus propiedades y a sembrar conferas que terminaban cortadas rumbo a los molinos de la compaa. El modelo asociativo, mayoritario cuando Cartn de Colombia comenz su proyecto forestal, decay en los ltimos aos a medida que la empresa adquira extensos terrenos que ahora le permiten autoabastecerse de madera. La compaa aprob en 1974 un plan para comprar 30.000 hectreas en un lapso de 15 aos. 40 aos despus superaban las 67.900 hectreas en 454 fincas entre las Cordilleras Central y Occidental.

Sus tierras e encuentran repartidas en proporciones iguales en tres ncleos de explotacin norte, centro y sur que cubren los departamentos de Caldas, Quindo, Risaralda, Valle, Cauca y Tolima. Estas cerca de 68.000 hectreas suponen ms de la mitad de las plantaciones de la multinacional en todo el mundo, que suman poco ms de 104.000 hectreas. Su principal activo forestal se encuentra en Colombia.

Las consecuencias

La otra cara de tan fabulosa rentabilidad son las afectaciones a los cursos de agua y el impacto daino que los latifundios forestales han tenido sobre las comunidades campesinas, donde toda la dinmica social y econmica acaba trastocada.

Nstor Ocampo es un ambientalista de Calarc (Quindo), reconocido opositor a las plantaciones forestales. Ocampo viaj hasta Irlanda en 2001 para confrontar pblicamente a Michael Smurfit, el presidente de la compaa, durante una asamblea de la sociedad. Antes haba acompaado los primeros procesos de resistencia civil contra las plantaciones forestales en el pas: Conocimos del problema con los pinos en Darin, Valle del Cauca, desde 1982 explica. Nosotros creamos que era un problema de daos al medio ambiente, pero all descubrimos que era un asunto social, con implicaciones polticas, econmicas y hasta ideolgicas.

En los 80 la poblacin de Darin se organiz en un comit cvico llamado No al pino. Rechazaban la siembra de conferas porque su municipio, que antes se autoabasteca de alimentos, estaba perdiendo toda vocacin agrcola: ya no quedaba quien cultivara la tierra, las plantaciones de pino ocuparon terrenos frtiles, muchos jornaleros perdieron sus trabajos y aquello deriv en una profunda crisis social. Germn Meja, que luego sera alcalde del pueblo, lider la movilizacin. A Meja lo mataron unos sicarios en 1997, su muerte nunca se aclar.

Los casos de la dirigente campesina Dila Calvo, asesinada en Riofro en 1995; los ecologistas Gloria Sofa Zapata, Eder Alexander y Hernando Duque, asesinados en Beln de Umbra en 1998; la ambientalista Sandra Viviana Cullar, desaparecida en Cali en 2012, comparten semejanzas con el asesinato de Germn Meja. Todos ellos fueron lderes opuestos abiertamente al negocio forestal; todos quedaron en la impunidad. El portal Verdad Abierta revel que en 2015 un juzgado especializado abri un proceso de restitucin de tierras contra Smurfit Cartn de Colombia, debido a la solicitud de un campesino de Bolvar (Valle), quien manifest que tuvo que vender su finca a muy bajo costo por la presin de grupos paramilitares y bandas ligadas al narcotrfico que operan en la zona.

Un litigio similar sucede desde mediados de los 90 en la regin del Alto Naya con un par de fincas donde la multinacional plant pinos, pero que son reclamadas por una comunidad de indgenas paces, quienes hasta hoy ocupan los terrenos sin conseguir su titulacin. Tambin hay cultivos de Cartn de Colombia en la hacienda El Japio, donde otro grupo de indgenas exige desde 2005 que les entreguen la tierra como parte de los acuerdos con el Estado para reparar las vctimas de la masacre del Nilo.

Por ello, el Tribunal Permanente de los Pueblos, una reconocida instancia internacional que denuncia los abusos a los Derechos Humanos en el mundo, realiz en 2007 un juzgamiento pblico a la multinacional en Colombia, acusndola de tener una deuda ecolgica, social, econmica y cultural con el pas y el total de sus habitantes, especficamente con aquellos pertenecientes a las comunidades en donde ha establecido sus plantaciones forestales, en donde ha instalado sus plantas de produccin y en donde ha devastado por completo selvas tropicales y otros ecosistemas para abastecer de madera sus fabricas de papel y cartn para empaques.

Guillermo Castao, otro veterano ecologista fundador del movimiento ambientalista en el pas, resume en pocas palabras la disyuntiva de los cultivos forestales: Cmo es posible que cambiemos la riqueza ms grande de nuestra regin, que adems es de un inmenso valor histrico y natural, por unos cultivos que slo sirven para hacer cartn? Todo mundo sabe dnde acaba el cartn, es un producto que va a terminar en la basura. Estamos cambiando agua por basura.


Fuente original: https://colombiaplural.com/carton-devora-colombia-smurfit-kappa/




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