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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 16-02-2017

Incursiones en territorio comanche

Joxe Iriarte 'Bikila'
Rebelin


Uno de los aspectos mas interesante del libro Nafarroa Orain, escrito por Ion Orzaiz y Joxerra Senar, tiene que ver con la descripcin del fuerte sentimiento patrimonialista de los caciques de UPN que se manifiesta tanto en lo relativo a las instituciones navarras, consideradas como algo de su propiedad (con derecho a saquearlas sin complejos) como en su estupor ante la perdida momentnea de dichas instituciones ya enajenadas por advenedizos; el Gobierno del Cambio: Geroa Bai, EH Bildu, Ezkerra y Podemos (desde el exterior).

No se trata solo de la perdida momentnea de privilegios que, pueden pensar, sern recuperados en futuras contiendas. Se trata de la humillacin de ver lo que consideran su casa y su lar ocupada por extraos, por gentes ilegitimas en relacin a la Navarra de su imagen y semejanza. Tal consideracin, ciertamente, no la tienen con el PSN, con quien pueden reir y competir pero tambin compartir.

Al hilo de estas reflexiones, caigo en que el PNV tiene la misma conviccin respeto a la hiptesis (probada en la legislatura anterior en Gipuzkoa) de que EH Bildu (sola o con Podemos) pueda gestionar las diputaciones y Gobierno Vasco; tambin en lo relativo al PSE, quien aunque durante cuatro aos le arrebat Lakua con la ayuda del PP, es siempre un posible y amoldable socio. Y es que, aunque ideolgicamente conforman espacios diferentes, es ms fuerte su compromiso con el estatu quo, que es a fin de cuentas lo importante.

En realidad, PP y UPN, PNV y PSOE, no pueden consentir que se intente (lograrlo, dados los obstculos internos y externos es harina de otro costal) usar los gobiernos para otra cosa que no sea para lo que fueron creados: garantizar el buen funcionamiento del sistema capitalista en alguna de sus variantes. Fue la causa del descabalgamiento de Snchez ante el peligro de que pactase con Podemos y lo que motiv la furia anti-Bildu del PNV de Gipuzkoa.

Cuando Bildu gobern tanto en el rgano foral como en el ayuntamiento de la capital, el PNV se sinti herido en sus carnes, en parte porque entraron al choque intereses contrapuestos y, adems, se escenific otra forma de hacer poltica. Pero sobre todo, porque Bildu se atrevi, con mayor o menor fortuna, a gobernar. E incluso a llevar a juicio a lderes del PNV por irregularidades en la gestin. A ellos! que crearon y amueblaron la casa.

Frente a Bildu, el PNV no se limit a la mera oposicin institucional (desde dentro y fuera de Gipuzkoa); moviliz todos sus recursos, econmicos, sociales y polticos, incluida la calle, expandiendo sin ningn pudor todo tipo de bulos. Y lo triste es, que replegados a la gestin institucional dadas las ingentes tareas a asumir, no fuimos capaces de responder all donde se supone que somos ms fuertes: en la movilizacin popular. Ciertamente, el PNV goz de la estimable ayuda de los medios principales, sobre todo del DV, para confundir y movilizar a su favor la opinin pblica. Una prueba ms de coincidencia de intereses. Las campaas contra el puerta a puerta, la posicin a las medidas fiscales que segn ellos pondran en fuga a las empresas... todo en trminos similares al catastrofismo que actualmente propaga UPN en Navarra. Segn el PNV, Gipuzkoa era un desastre (incluida la gestin de Donostia 2016 de cuyo trabajo luego se aprovech) conducida por unos aventureros, incapaces de gestionar. Dira que incluso, en su empecinamiento con la incineradora ,van ms all de los intereses econmicos y de gestin de residuos en juego, pretendiendo sobre todo escenificar la derrota poltica de EH Bildu, echndole la culpa del caos existente en la recogida y gestin de residuos. Siendo en realidad lo contrario.

Y algo parecido, aunque de distinta forma, esta ocurriendo en Gasteiz y Nafarroa. El PNV manda en la alcalda de Gasteiz (con la ayuda de PSE, que en su momento no le apoy) gracias a EH Bildu, Irabazi y Podemos, que priorizaron impedir que Maroto el xenfobo gobernase. En contrapartida, hubo un pacto programtico que el PNV se ha saltado a la torera, y adems ante la negativa a aprobar un nuevo presupuesto que no recoge las exigencias mnimas para apoyarlo, no ha dudado en echar un rdago a la grande: O nosotros y nuestras condiciones, o el PP. Toda una leccin de la naturaleza clasista del PNV y tambin de los lmites de unas alianzas sin la supervisin y la presin popular ante los primeros sntomas de incumplimiento con lo pactado.

He odo voces lamentndose de la incapacidad para potenciar bloques ms o menos duraderos entre fuerzas de distinta naturaleza (por lo menos para ir hasta Maltzaga), como son el PNV y EH Bildu. Por el contrario, pienso que salvo en casos excepcionales como Nafarroa, y no de cualquier forma, es un error y adems es imposible. El PNV sabe de qu va el asunto, y no dar ni agua salvo que sea al precio por ellos fijado. Ms bien, y mas all de meras palabras dados los tiempos que se avecinan, preparmonos para la beligerancia.

Pasados los momentos de euforia, veo con preocupacin la evolucin del llamado cambio tranquilo, definicin tan del gusto de Uxue Barcos. Se dice que hay avances (nadie los niega) pero no se puede tensar demasiado la cuerda. No es de extraar tal conclusin, si tenemos en cuenta que Geroa Bai (y el PNV) ha impuesto de facto un gobierno presidencialista y personalista que poco tiene que ver con la correlacin de fuerzas reales (Geroa Bai frente al resto). Y ello ha sido posible porque Geroa Bai ha sabido aprovechar sus bazas en un escenario donde haba a toda costa que desplazar a UPN. Pero lo que es contencin (no se hasta que punto por imposicin o por agrado o si hay de las dos) a nivel de gobierno, no debera serlo a nivel de calle, lugar desde donde se puede exigir mayor rapidez y profundidad en los cambios, sin que ello redunde en beneficio de la derechota, que difcilmente se har cargo de dichas reivindicaciones.

Soy de los que piensan que las instituciones no son neutrales y que tienen fuertes lmites para ser usadas segn la mera correlacin de fuerzas electoral. Pienso tambin, que a pesar de ello son un terreno de disputa, si bien en campo del contrincante. Siempre y cuando no nos despistemos de la tarea principal: el establecimiento de un contrapoder hegemnico alternativo. Y eso se consigue, sobre todo nivel de sociedad civil, en la calle.

Participar en las alianzas inherentes al juego institucional, segn las circunstancias, puede ser necesario. Pero siendo conscientes de sus lmites, sus trampas, y sobre todo de donde poner el acento para poder crear y ensanchar los espacios contra-hegemnicos. Debemos ser conscientes de que tarde o temprano habr que planearse rupturas decisivas, sea en el terreno nacional o en el social. ltimamente observo que militantes partidarios de esa tesis, la van abandonado o relativizando a la vez que cobra fuerza la tesis de que la apropiacin de mayores cotas de poder institucional puede evitar traumticas rupturas mediante reformas progresivas.

El PNV est empeado en una huida hacia delante en materia de infraestructuras, las cuales adems de acarrear graves consecuencia medioambientales, van suponer una hipoteca econmica sin precedentes a largo y medio plazo: Incineradora y TAV son un botn de muestra. Y en lo nacional va a seguir en la misma tesitura. Su insistencia negociadora (si bien en este terreno pueden surgir desavenencias como en pago del cupo) va suponer un autntico obstculo para cualquier avance en materia de autogobierno y soberana, mas all de lo que el gobierno central este dispuesto a conceder. En ese camino, tendr al PSE de aliado.

Coincido con diferentes voces de mundo sindical y social que propician un soberanismo en su doble dimensin nacional y social. Por importantes que sean las consultas populares simblicas en las cuales son necesarias las gentes del PNV, EHB, Podemos y tambin del PSE. Ir mas all solo va a ser posible merced al trabajo conjunto y la activacin de las fuerzas polticas, sociales, y sindicales de izquierda, las cuales muy previsiblemente van a tener al PNV enfrente y no al lado. Y su cambio de actitud solo se dar si se ve confrontado a una dinmica que le ponga ante la espada y la pared. No se trata de copiar, sino de constatar, que en Catalua la burguesa nacionalista cambi de tercio no por la presin de los partidos nacionalmente ms radicales, sino por las gentes que empezaron reclamar la independencia frente a la imposicin espaolista.

Joxe Iriarte, Bikila - Alternatiba

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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